En defensa del Populismo

Publicado: 21 abril, 2009 en Argentina, Noticias y política

En defensa  del populismo

Por  Jorge Torres Roggero

 

 

 

I.- Poética y política

 

Si bien este blog fue abierto para difusión de mi último libro: “Confusa Patria”, voy a aprovechar el espacio para ciertas reflexiones estético-políticas. Comienzo recordando que mi libro “Elogio del Pensamiento Plebeyo”  fue dedicado, en tu totalidad, a la vindicación del tantas veces vilipendiado y proscripto populismo.  El discurso académico suele decretarlo teóricamente no existente. Ahora bien, en Argentina por lo menos, los dos únicos movimientos de masas del siglo XX  capaces de estructurar una totalidad abierta, creadora y de profunda construcción democrática, son, sin dudas, el irigoyenismo y el peronismo.

Estos movimientos movilizan y organizan grandes sectores sociales, abren el todo cerrado, lo convulsionan y se presentan como el nudo en que la voz del pueblo se densifica y se pone en contacto con el sentido profundo de la realidad.

La “barbarie ilustrada” siempre ha etiquetado al sujeto histórico popular con estampillas infamantes: chusma, descamisados, cabecitas negras, vagos, malentretenidos, aluvión zoológico, hormiguero de gentes mal trajeadas, conjunto de las más distintas cataduras, de pelo duro y ojos aindiados, calzados de alpargatas, con las patas metidas en la fuente. Esos  motes de desprecio (seleccionados de distintos “autores”) van acompañados con frecuencia por un sobrenombre animal (“peludo”) o una connotación equivalente. Con esto se quiere reducir al pueblo a representar lo meramente instintivo, lo solamente “espontáneo”. Pero esas fajas de seguridad siempre fueron asumidas por los sujetos del pensamiento plebeyo como signos de identidad o de protesta y provocación. Como clamaba Eva Perón: “…el insulto fue recogido y transformado en bandera de trabajo, de justicia y de paz” (en: “ Por qué soy peronista”).

Chusmas o descamisados, venían a triturar una totalidad cerrada, a ampliar el campo social,  económico y gnoseológico. De golpe, se multiplican los sujetos creadores, capaces de instaurar gestos y ritos conciliadores con el trabajo que deja de ser un espacio de explotación para ser codo con codo, liberación y fiesta.

Los “gestores” de esos movimientos, que el pueblo mismo convierte en auctores (autoridad) en la medida en que se convierten en “la gran voz” de los que no tienen voz,  organizan la práctica histórica en el momento en que todavía es sólo habladuría, rumor sordo, climax difuso de una praxis vital. Ellos asumen la situación, la enuncian y proclaman el tiempo nuevo. Esa “buena nueva” es una poética. Los movimientos populares constituyen la liberación del cuerpo social en un nuevo escenario, amplían el volumen vital  y por eso son, como dice Ricardo Mosquera en Yrigoyen y el Mundo Nuevo (1951), un fenómeno de intelección vital. De tal modo, tanto el drama individual como la crisis social, confluyen hacia “el gran día”( son claros ejemplos dos días de octubre, uno en 1916, otro en 1945). El discurso de los populismos es, por lo tanto, una poética del Mundo Nuevo que no consiste en una importación de ideas e instituciones más o menos progresistas, sino en la búsqueda mediante la razón poética, con el rigor de la inquisición ciéntifica, del punto de fusión entre pasado y futuro, del momento en que esos términos antagónicos operan armoniosamente en la realidad cotidiana.  En ese marco es necesario estudiarlos. Son poesía y profecía.

Mosquera, refiriéndose al contenido poético-profético del “El Telegrama”(1921) de Yrigoyen, dice.: “Poesía es creación. Si la razón poética es la facultad que desde los abismos de la inconciencia trae al plano inteligible verdades más profundas que las sometidas a una simple mecánica silogística, los elementos persistentes de la acción política estarán sometidos entonces a esa razón. El campo de la creación artística y la historia misma se determinan por fuerzas poéticas, productos del inconsciente personal y colectivo”.

 En el enigmático “telegrama”,  H. Yrigoyen imagina “la barca de lo humano” arrastrada por la “eterna corriente de los destinos de la vida”, “flotando sobre el misterio de lo insondable”, a la deriva, “hacia la aurora”. Tengamos en cuenta que, de este reclamo de Yrigoyen a la deslealtad de Alvear, tomaron su nombre y su lema los jóvenes radicales de F.O.R.J.A: “todo taller de forja parece un mundo que se derrumba”. Ellos, con Jauretche, Homero Manzi, Scalabrini y otros, fueron los “forjadores” del pensamiento nacional.

 

II.- Yrigoyen y Perón

 

Yrigoyen exalta el océano como corriente eterna, como misterio insondable: sólo quien se sumerge en sus aguas profundas podrá emerger con las mareas. Es en lo profundo donde “los abismos de abyección se despiertan a la luz y claman a los cielos su querer de redención”. “El Telegrama” es sólo una especie de epítome de las fecundas ideas dispersas en los doce tomos (Ley 12839; 1949) de proclamas, decretos, fundamentaciones de leyes e informes que forman la desconocida obra de Yrigoyen.

Tanto Yrigoyen como Perón postulan que el universo es impulsado por una especie de razón inmanente. Ellos se presentan, no como actores de una razón individual, sino como hermeneutas de una razón universal que ambos llaman Providencia. Y Perón, a veces, “fatalismos de la historia”.

Son los que ven y anuncian la “Hora  Eterna”, las “albas del Gran Día” y esperan confiados en que nada detendrá la marcha de los pueblos. En efecto, Yrigoyen propugna el logro final de la libertad y la fraternidad mediante la colaboración y la solidaridad: “Debe esperarse el advenimiento de una nueva era de concordia entre las naciones, inspirada en los nobles sentimientos de solidaridad y fundada en una íntima colaboración de los pueblos unidos para alcanzar esa altura constantemente anhelada por la humanidad a través de las visicitudes de la historia”(Ley 12839:138).

Juan Domingo Perón, por su parte ( cuya obra escrita, todavía no compilada  en su totalidad, llevaba en 1991 veinticinco tomos publicados) postula que ya no se puede pensar con el concepto pequeño de naciones. Ha llegado el momento, propugna, de pensar en la Tierra “que es la que nos comprende, nos alimenta y nos sostiene a todos”. Vivimos la etapa del continentalismo y avanzamos a grandes pasos a una “integración total de todos los hombres de la tierra”. Este pensamiento, ya enunciado en Política y Estrategia (1952), se complejiza y reitera hacia finales de la década del 60. Desde esa época consta su preocupación ecológica. La autodestrucción del planeta supone “heterogeneidad de causas y da lugar a heterogeneidad de respuestas”. Exige, además, respuestas no sólo nacionales, sino de cooperación internacional.

El continentalismo es la transición necesaria al universalismo que, por otra parte, es un momento culminante y fatal de la evolución. El Estado Continental, forma única de poder de nuestros pueblos, se configura en la unión progresiva sobre la base de la vecindad geográfica dentro del concepto de comunidad organizada.  “La comunidad debe ser conscientemente organizada. Los pueblos que carecen de organización pueden ser sometidos a cualquier tiranía. Se tiraniza lo inorgánico, pero es imposible tiranizar lo organizado. Además, como una vez expresé, la organización es lo único que va más allá del tiempo y triunfa sobre él” (Perón: “El modelo argentino para el proyecto nacional”).

 Ya en la  Verdad Nº 19, que cualquier peronista sabe de memoria, se afirma: “Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un Pueblo libre”. Un Estado organizado es el que  amolda las formas  de organización al sentido  y  al ritmo de la evolución. Sus componentes aceptan “integrarse” porque sienten como propia la comunidad y viven “en la convicción libre de que no hay diferencias entre sus principios individuales y los que alienta su Patria” (1976:98). Las incógnitas históricas del presente, afirma Perón, “no retrasarán ni un solo día la marcha de los pueblos por grande que  su incertidumbre nos parezca”.(Perón: “La hora de los pueblos”).

El dirigente político piensa que es él quien dirige y encausa la evolución de los pueblos. Pero el hombre sólo opera  el sistema periférico. Dicho sistema es el campo posible de las revoluciones  y, a la vez, lo único que al hombre le es permitido hacer para ponerse de acuerdo con la evolución. Pero el hombre no domina la evolución que es obra de la naturaleza y del fatalismo histórico. El es solamente un agente que crea un sistema para servir a la evolución y estar dentro de ella. En  realidad son “los grandes movimientos populares los que llevan a la HORA DE

“LOS PUEBLOS”.

 “En la evolución de la humanidad esa hora llega muy de tanto en tanto y caracteriza a las grandes revoluciones. El interregno entre dos de ellas suele ser de calma y evolución. En las revoluciones los hombres son instrumentos del pueblo y las oligarquías se destruyen o desaparecen. En las épocas de calma los pueblos suelen ser instrumentos de los hombres y las oligarquías se fortalecen y dominan. ( Perón en: “Política y Estrategia”,1952)

Toda unión, trasnacionalización, globalización o planetarización hecha a espaldas de los pueblos, está condenada a desaparecer: son estrategias de disolución. Los imperios, desde este punto de vista, llevan en sus entrañas la semilla de la autodestrucción.

Perón, con el lenguaje sencillo de la poética popular, recurre a veces a relatos simples y llenos de humor criollo. Veamos esta breve  “parábola de la gallina”: “A este noble animal se lo puede matar, desplumar, meter en el horno,asarlo y aun comerlo. Todo eso puede hacerse con él. Lo que no se puede es hacerle poner un huevo a la fuerza. Lo que los imperialismos necesitan de los pueblos son sus “huevos” y esos no se los podrán hacer poner a la fuerza”. (en: “Política y Estrategia”).

 

III.- Derivaciones

 

He propuesto un tema de reflexión y he seguido el sistema más humilde: plantear una invariante y ofrecer posibles variantes operativas. Les dejo las siguientes: 1) Muchos han despreciado el ingenio y el poder del pueblo, pero, a largo plazo, han pagado caro su error (Perón:1952;212); 2) El pensamiento popular o  pensamiento plebeyo, se expresa a través de sus gestores (Yrigoyen, Perón)  y se manifiesta  “como razón poética”; 3) Es necesario que la política deje de ser  sólo  una técnica de trenceros, coimeros e insensibles, y se manifieste, como un arte, como una poética. Perón sostenía que así  como una “Piedad” de Miguel Angel no puede ser creada por un organismo técnico-escultórico, tampoco en la conducción política puede surgir una obra de arte prescindiendo del artista. “La conducción impone una permanente e ininterrumpida creación”. 4) El conductor político es un artista, quizás un profeta: “La hora de los pueblos se está acercando. Algunos no sentirán su llamado. Muchos cometerán el error de enfrentarlos. Otros tentarán la tontería de engañarlos, pero los pueblos pasarán. […] Luego vendrá la unión de los irredentos y sobre los despojos de la infamia comenzará a construirse una nueva vida. Esos serán nuestros pueblos y nuestras vidas”(Perón,1952; 248).

Sería interesante si,  raspando en el fondo de sus corazones, radicales y peronistas sinceros dejaran resonar, otra vez,  “la gran voz” de los dos queridos “Viejos”. Como herederos de los “mancebos de la tierra” (S.XVII), de los “gauderios” (S.XVIII),  de la “democracia federal” de los “caudillos” (S.XIX), a lo mejor ha llegado la hora de que exijan a sus dirigentes para que “marchen a la cabeza” del pueblo. De lo contrario, sólo les quedará una alternativa: “marchar con la cabeza de los dirigentes” (Perón), para, ante todo, “desinfectar la morada profanada por todas las heces de la fiesta crápula” (Yrigoyen).

 

Breve bibliografía: LEY 12839, 1949, Documentos de Hipólito Yrigoyen. (Apostolado cívico. Obra de Gobierno. Defensa ante la Corte), Buenos Aires, Senado de la Nación; Mosquera, Ricardo, 1951, Yrigoyen y el Mundo Nuevo, Buenos Aies, Raigal; Perón, Eva, 1953, Por qué soy peronista, Subsecretaría de Informaciones,  Buenos Aires. Reedición: s/f. , Ediciones Argentinas, Bs.As.; Perón, Juan Domingo,1952, Política y Estrategia, Buenos Aires, Imprenta López; Perón, Juan Domingo, 1973, La hora de los pueblos, Buenos Aires, Ediciones  Argentinas; Perón, Juan Domingo,1976, El modelo argentino para el proyecto nacional,  Buenos Aires, Ediciones del Modelo argentino; Torres Roggero, 2002, Elogio del Pensamiento Plebeyo, Córdoba, Ediciones Silabario 

 

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comentarios
  1. Anett dice:

    Existen diferencias de dogmas entre políticos carísmaticos como en este caso.Pero siempre el pueblo sabe discernir, pues él reclama sus necesidades .La política es un arte cuando su principal protagonista e ideólogo sabe encausar la mente colectiva,haciéndose partícipe de los requerimientos de la mayoría popular.

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