El escándalo de la riqueza (scandalum pharisaicum)

Publicado: 13 agosto, 2009 en Noticias y política

por  Jorge Torres Roggero

 

            Hasta el 6 de agosto de 2009, los argentinos no habíamos soportado aún, al menos en forma tan paranoica y  literal, el ataque del pensamiento “único-céntrico” (colonial) de los medios sobre la conciencia del pueblo. Esta vez el escándalo nuestro de cada día destinado a engullir el escándalo anterior fue, desembozadamente, la palabra “escándalo”.  Lo interesante es que, por primera vez, el escándalo reveló su carácter de ocultación, de  deformación y  embotamiento del nivel crítico del otro.

            La secuencia se inició con el repentino “escándalo” de escuchar a Hugo Biolcati, Presidente de la Sociedad Rural, achacándole la culpa de la pobreza al gobierno nacional. La resonante denuncia hacía coro con el uso por parte del obispo Alcides José Pedro Casaretto de ciertos estudios de la Universidad Católica Argentina que elevaban la pobreza al 40% de la población. La cadena semántica se completó en la página web del arzobispado de Buenos Aires que difundió en agosto una misiva papal de mayo. En ella Benedicto XVI alienta a los católicos a ser generosos con sus aportes a la colecta anual de Cáritas  para afrontar la “escandalosa pobreza” que aqueja a la Argentina. Esa fue la señal para que el “escándalo de la pobreza”, con profusas reduplicación de imágenes visuales de distintas épocas, refrendado por la mediática credibilidad del clero, pusiera en funcionamiento la maquinaria destinada a impedir un mejor conocimiento de la verdad. Se velaba así la complejidad de lo real mediante la mostración del aspecto perverso de lo escandaloso. La frutilla del postre mediático fue el sermón del cardenal Jorge Bergoglio en la celebración popular de San Cayetano. Como fondo, el croar idiosincrásico y oportunista de la oposición.

            El término escándalo transcribe a través del latín el vocablo bíblico “to skándalon” que significa el palo clave de la trampa,  la trampa misma y, en sentido metafórico, todo lo que hace caer. Es un impulso que la mayoría de las veces inclina al mal, pero la Biblia también ofrece ejemplos de tensión positiva.

            De tal modo, en el Antiguo Testamento, aparece con frecuencia  el pedido a Dios para que  libre a los creyentes del “lazo”, de “la trampa”, de las “acechanzas de los malvados”. La palabra significa también incitación al pecado: los ídolos paganos se convierten en “escándalo” para las almas de los hombres. También el oro (la riqueza) era para los israelitas un medio de incitación al pecado (Ez 7,19).

            En el Nuevo Testamento el escándalo procede de Dios al hombre y tiene que ver con la fe. Los caminos de salvación siguen derroteros muy distintos de los que los hombres imaginan. Resulta que el Salvador es un humilde carpintero  destinado a una muerte violenta en la cruz, o sea es un escándalo invencible( Jn 7, 27.41). Por eso para Jesús es escándalo todo aquello que lleva al abandono de la fe y aquel que lo provoca merece una terrible maldición (Lc.17,1).

            Podemos seguir, entonces, algunas líneas ocultas de la palabra escándalo. Ya vimos como en el Antiguo Testamento la ambición del oro era un obstáculo para el creyente. En la comunidad cristiana primitiva el apóstol Pablo recomendaba a los corintios que tuvieran consideración con los débiles puesto que podía constituir un escándalo la concurrencia a los banquetes sacrificiales en los templos paganos. Esos banquetes con excesos de  rico  “escandalizaban” a los humildes. Los desbordes paganos sólo  podían servir de “tropiezo o escándalo al hermano”(Rom 14,13). De tal modo, los vicios aparecen ligados a la ostentación de poder. Es conocida la sentencia evangélica: “¡ Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!”(Mc.10.24; Mt 19.23; Lc 18.24)

            Una evolución posterior de la palabra escándalo la refiere a la ocasión que provoca iniquidad y suscita, por lo tanto, ira, indignación, porque causa daño moral o material.Otra forma consiste en producir o “causar escándalo”con el  objeto de ocultar algo.¿Qué se oculta? La respuesta está en Martín Fierro: es la política del tero que en un lado pega el grito y en el otro tiene el “nidito”: los paraísos fiscales, la especulación, la evasión y otras formas de dominio y explotación. Hay muchas variantes. Pero veamos el scandalum pharisaicum y su poder de producir el choque de una acción buena con una actitud maliciosa.

            Volvamos al inicio. La acción piadosa de la colecta y la burocrática exhortación del Papa a los fieles se convierte en escándalo mediático destinado a ocultar el verdadero origen de la pobreza, canonizar los movimientos destituyentes con baño de agua bendita e invisibilizar la red maldita de  privilegios que oprime al pueblo argentino. Lo impiadoso es el uso de la religión como un instrumento más de conspiración contra un gobierno que intenta poner límites, con errores, omisiones y también traiciones, a los privilegios de la minoría que acapara la renta. Veamos la secuencia.

            Biolcati, camuflado en su envoltorio “gringo”, ajeno al antiguo patriciado, es el mascarón de proa y nave insignia del ataque del “imperialismo internacional del dinero” (Pablo VI) al pueblo argentino. Recibido de abogado en Universidad Católica Argentina, heredero de la empresa familiar SALuis Magnasco y Cía., en  algún momento fue el mayor proveedor mundial de leche de la multinacional Nestlé. Su avioneta Piper Navajo le permitió recorrer los piquetes de los patrones agrarios y, cierta vez, llegó a Coronel  Suárez en una avioneta bimotor que, si no es de su propiedad, el alquiler le costó alrededor de 1400 dólares diarios (La Voz del Interior, 09/08/09). Este es el profeta que amenaza con castigos y denuncia el escándalo de la pobreza en Argentina. Nada sobre los peones rurales en negro y sometidos a salarios de hambre. ¿Y qué sobre los campesinos criollos arrojados de sus campos y condenados a las villas miserias? ¿Qué de los argentinos aborígenes despojados de su “hábitat”,  qué de las culturas masacradas y de los miles y miles de compatriotas que padecen en la “pampa gringa” los efectos tóxicos del glifosato, del aumento de las muertes por cáncer o leucemia? Escándalo. Martín Fierro, a quien recurrió en su discurso  para ocultar  su nidito, también los definió. Es la política del chimango que “está sobre el cuero y dando gritos”, es decir, “hago escándalo mientras me devoro todo”. Sin embargo, su pecado  no es contra el Espíritu Santo: es contra los pobres.

            Ahora bien, el vocero del obispo Casareto que fue quien salió a reafirmar el escándalo de la pobreza reforzando la interpretación torcida de los medios a raíz de la exhortación de Benedicto, se llama Eduardo Serantes. Todos lo vieron. Este ingeniero es director de uno de los más poderosos  fondo de siembras del país (Cazanave & Asociados), coordinador del Fondo Agrícola de Inversión Directo (FAID), asesor de empresas agroindustriales y de servicios, responsable del programa de trigo candeal de Molinos Río de la Plata, de Trigalia y el programa de girasol oleico para Dow AgroSciences (H.Verbitsky, PAGINA 12, 10/08/09). Esto explica los altares, misas y bendiciones a las “herramientas” de los patrones de cortaron rutas a sangre y fuego, produjeron desabastecimiento y aumentos de precios. Es decir, eran ricos que, para no resignar una porción de su renta, se dedicaron a “producir” pobres. Ciertamente, se convirtieron en piadosos reproductores del “rico evangélico”. Decíamos que el sermón de Bergoglio es el descenlace previsto y ampliamente amplificado como gran final por los medios. Mientras discutíamos porcentajes y nada de la problemática profunda, el cardenal daba fundamento pragmático y poético al “escándalo” procurando  hacer gala de un populismo no  vivido, ni sentido. El pensamiento plebeyo es invisible y no puede ser percibido por los que hablan de “clientelismo”, “barones del conurbano” o “patota sindical”. Buscando  la complicidad de los fieles,  se dedicó prepear confianzudamente a Jesús para que rinda cuenta por la oprobiosa pobreza.

Obró como el   jesuita que fue a predicar ejercicios espirituales a la parroquia del Cura Brochero. Meditaba sobre la pasión de Cristo, pero su  retórica  no lograba conmover a los fieles. Entonces Brochero se hincó a su lado y le dijo: “Padre, mis paisanos no lo entienden si así les habla”. Y empezó: “Mira hijo, lo jodido que está Jesucristo […] Por ti tiene jodidos y rotos los labios…”. Brochero eligió el escándalo de la Cruz, recurrió a la fe para redimir los pecados individuales y sociales de sus feligreses en su mayoría pobres. Bergoglio, con un sociologismo soberbio, prefirió “excluir” a los pobres: “son dejados de lado como “descarte” en verdaderos volquetes existenciales”. La metáfora de los contenedores existenciales padece de una incurable insensibidad y reproduce la poética del “siempre habrá pobres”. Los académicos hablan, generalizando, de exclusión y marginalidad. El escándalo consiste en arrojar lo extraño -el otro- fuera de las fronteras de la existencia aunque se los necesita, contradictoriamente, para explotarlos. Imposible negar los pobres totalmente desvalidos, a la espera de caridad y ayuda, pero abundan  los extremadamente dinámicos. Tienen  iniciativas y resisten. Ante la decadencia y  disolución del capitalismo tóxico, los pobres son los nuevos sujetos propulsores de una  historia emancipadora y se los percibe como una amenaza para el sistema. Los poderosos  los necesitan para promover la caridad y la protección y para ello se los descarta  en una misma bolsa de  desposeídos de identidad y capacidad de reacción. Se invisibiliza así la potencialidad de los sectores populares con sus organizaciones y sus espacios de producción, de fiesta, de cultura y organización. Lo que brota del campo social profundo no es percibido en los campus universitarios, ni en las instituciones civiles y eclesiásticas. La racionalidad unicéntrica, al no poder identificar sus espacio de búsqueda con hábitos establecidos y normas de urbanidad, impulsan a los medios de comunicación a concentrarse en la descripción de cuestiones formales, hechos políticos menores y abren espacios a personajes insignificantes y escandalosos. Ambientes académicos, elites políticas y económicas, empiezan a temer a los pobres y sus organizaciones, o sea, los arroja al “volquete existencial” de Bergoglio. Pero cuando Bergoglio dice que “la gente ya tiró la toalla” bordea el peor escándalo: ¿Será acaso el abominable pecado contra el Espíritu Santo, el pecado contra la Esperanza?

            Ajenos a esta secuencia de poder, algunos curas toman la palabra del pueblo.En Córdoba, el padre Nicolás Alessio, párroco de San Cayetano, dijo que es “casi una inmoralidad que Biolcati hable de pobreza” y lo acusó de “cómplice en los noventa de la exclusión más tremenda que sufrió la Argentina”. Por su parte, el padre Gerardo Castellano,  del Santuario de San Cayetano, informó que los peregrinos donaron 45780 kilos de alimentos y 10890 bolsas de ropa y calzado. “Lo notable -aseguró- es que las donaciones son de gente pobre para otra gente pobre. Por ahí traen una bolsita de yerba o arroz, y así vamos sumando […] traen alimentos y ropa porque saben lo que se necesita […] aquí no vienen empresarios con camiones repletos de comida, sino pobres que dan desde su pobreza”.(PAGINA 12,08/08/09).

 

Jorge Torres Roggero

10/08/09

Anuncios
comentarios
  1. José Ignacio dice:

    Excelente el Blog, Profe. Lo voy a Linkear a mi Blog: revistadigitalmacedonio3.blogspot.com, con su debida autorización …!!!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s