“YO LE PIDO A SAN JAURETCHE, QUE VENGA LA BUENA LECHE”

Publicado: 31 agosto, 2009 en Argentina, Noticias y política

 

(Sobre el fervor gauchisojero de Eduardo Buzzi como tributo cipayo a la Sociedad Rural)

 

         por Jorge Torres Roggero

 

         La jaculatoria del título, préstamo de  Los Piojos, es un conjuro para levantar un contrafuerte simbólico frente a las apropiaciones mal habidas de la agrocracia sojera que, no sólo despoja al pueblo de tierras,  montes y recursos naturales, sino también avanza sobre los símbolos, consignas y conquistas culturales de todos. En pos de sus objetivos, enlodan palabras (p.e. “bases”) y no dudan en montar los caballos de fuerza de sus 4×4 autoerigidos en “gauchos alzados”, víctimas de una hipotética persecución de la “autoridá”. Llama la atención el descaro con que los agrogarcas de la pampa sojera, avergonzados de  bombachas y alpargatas bigotudas, camisetas mordidas de honesto sudor y fajas negras para el aguante de los riñones (símbolos de la dignidad pionera de sus abuelos gringos) han comenzado a titularse “gauchos” pero distinguiéndose, eso sí, de los “fuin”, sus peones criollos.

         Es el nuevo rostro de la vieja  oligarquía que primero exterminó al gaucho; y luego,  ya convertido en entelequia,  lo hizo objeto de culto en el “sagrario de su alma” (Güiraldes) y se apoderó de sus vestimentas, costumbres, arte, léxico. De tal modo, aniquilado el gaucho, proletario real, se convirtió en una convención, en símbolo de distinción de los “hijos del país” de la Sociedad Rural como bandera contra la “plebe ultramarina” de los inmingrantes.

         Cuando observamos el uso redundante que comete Eduardo Buzzi de dos versos del poema gauchesco El Paso de los Libres de Arturo Jauretche, descubrimos la pata de la sota patronal sojera. Venga o no venga al caso el federado repite sin cesar: “es pa’todos la cobija/ o es pa’ todos el invierno”. Está claro que así, solitos, los dos versos ya no significan “pa’todos”, sino “pa’nosotros”, o sea, el poder agrogarca dispuesto a apoderarse del gobierno en su propio provecho. Sabemos que oligarquía significa: el poder en manos de unos pocos  en su propio provecho.

         Descubrimos así que el uso mutilado del poema es parte del plan de los patrones rurales y grupos concomitantes para apoderarse de los símbolos, dichos y consignas que creó la cultura popular en su lucha contra los golpes de estado y por la justicia social, en su resistencia a la entrega de la patria al extranjero y en la reafirmación del  derecho del Estado Democrático a intervenir en la distribución de la riqueza,

         Don Arturo publicó el poema en 1934. Lo escribió cuando estaba preso en Corrientes porque había intervenido en la patriada de la “última montonera” radical cuando ya el Comité Nacional  del partido había rendido sus banderas a la oligarquía y participaba de la vergonzosa entrega del país durante la Década Infame. (Escuchen, Oh Morales, oh Cobos, oh caterva,  la admonición de la historia). Don Arturo había puesto el cuero en la patriada y escribió el poema para vindicar a los compañeros muertos: “cincuenta y tres que cayeron/sirviendo a una causa noble”. El radicalismo antirigoyenista se vendía, la Sociedad Rural celebraba. ¿Qué es entonces el poema?

         1.- Es una lamentación por la caída del gobierno popular de Yrigoyen y una condena del golpe militar de Uriburu que sólo había traído miseria al pueblo. Jauretche imagina a la Patria como una “niña” abusada por ricos y extranjeros: “A la patria se la llevan/ con yanquis y con ingleses/ al pueblo mal le parece/ pero se hacen los que no oyen:/ desde que falta Yrigoyen/ la han sacado de sus trece”. La “gente ricacha”, clama el poema, la va “dejando en hilachas”: “Y tiene que andar la niña/ cuidándose de los Jones/ pues son los mismos patrones/ los que preparan la ronda, / como a sirvienta de fonda/ le tiran los manotones.”

         2.- Según el poema: “los encargaos de la entrega/ siempre son los oligarcas;/ el pueblo engañao se embarca/ (…) y según entra en la manga/ le van poniendo la marca”. El pueblo, denuncia, es obligado trabajar por la comida o sea en negro: “de modo que así les toca/ seguir cuidando el rodeo:/ como el morral, el empleo/ es a medida ‘e la boca”. El trabajo no sólo es en negro, sino que reviste caracteres de esclavitud: “El que trabajo consigue/ no sabe cuánto ni cómo;/ calladito agacha el lomo/ p’aviarse con un mendrugo”. Pensamos que, ante similar aprovechamiento de la desocupación por los patrones, más desdichados son los peones rurales actuales. Su sindicato ha tomado partido por los patrones, no exige su lugar en el “diálogo” entre Mesa de Enlace y Gobierno. Traiciona así la tradición del “estatuto del peón”. Traiciona a Perón como los radicales del 30 traicionaron a Yrigoyen.

         3.- Jauretche profetiza, en 1934, qué esconde la Sociedad Rural y su comparsa “bajo las banderas”: solamente un nacionalismo xenófono que se funda en una separación tajante entre ricos y pobres: “si es pobre es raza de Judas/ si rica…¡nacionalismo!”.

         Cualquier televidente ha visto en los piquetes “gauchisojeros”  una gigante proliferación de banderas argentinas y una vocinglera exaltación del desinterés y heroísmo de los próceres de todos. El grupo se los apropia, mutila su pensamiento y nos distribuye muñones mediáticos en profusos “informativos”. La palinodia se completa con la repetición mecánica del himno reducido a una especie de jingle. Esa situación, ya fue vivida por Jauretche en la década del 30: “con eso pelan el himno/ el escudo y la bandera./ ¡Ah!, si Belgrano supiera/ que si una llevan al viento,/ en la gurupa, a los tientos,/ esconden la verdadera”.

         La denuncia de Jauretche a la oligarquía es clara. Tras la máscara del patriotismo, del federalismo, esconden “las razones verdaderas”: las operaciones golpistas. Aunque parezca paradójico, su objetivo es seguir prendidos a la teta del Estado. Si uno los escucha no dejan de hacer notar un temple especial: la “bronca”. Se la pasan con bronca, no se sienten escuchados. Pero como sólo tienen bronca, carecen de razones. Tampoco escuchan las razones de los verdaderos pobres a cuya protección acude el Estado que nos comprende a todos. Ya lo dijo Martín Fierro: “pues son campanas de palo/las razones de los pobres”.

         Disfrazados de pobres, bajan quejumbrosos de sus cuatro por cuatro, mandan los peones en negro para que atraviesen en las rutas viejas rastras y  la chatarra de las máquinas de los abuelos a las que deshonran. Ver a los ricos llorando pobreza, no da bronca, clama al cielo aunque los obispos se hagan los sordos,  culpen al gobierno y rieguen con agua bendita los cortes de ruta.

         Mirando de lejos, sin animarse a ser lo que deben ser, entregados al cálculo infinitesimal, acompañan esa quejumbre hipócrita un coro de fantasmas: son los políticos apóstatas, traidores a Yrigoyen,  traidores a Perón, a Lisandro de la Torre, a J.B.Justo, a Marx.

         Pero la lectura atenta del poema gauchesco de Jauretche depara otras sorpresas aún. También fue plagiado por Biolcati, cuando en su discurso de la Sociedad Rural, trazó la alegoría de la “vaca mansa” a punto de clausurar sus ubres. En el poema de Jauretche la que va quedando “hilacha” es la Patria. Y los que se prenden a la teta son los oligarcas: “Decían que la lechera/ se estaba quedando flaca;/ tocó al ternero la saca/ y hoy que tiene el hijo a dieta: ¡Hasta toros en la teta/ se han prendido a la vaca!”.

         ¿Queda claro ahora el sentido del poema de don Arturo? La lechera flaca (la Patria); el hijo a dieta (el pueblo); y el toro (Sociedad Rural, capital tóxico, evasores), prendido a la teta. Si se apropian de la vaca del Estado y nadie pone freno a su renta (Gropo ganó 200.000.000 de dolares y dice que quiere ganar más), entonces sobrará la carne. Pero miren lo que pasará. Jauretche lo decía en 1934: “La vida se ha hecho tan dura/ que comer es cosa seria;/ la carne sobra en la feria/ pero no en la mesa ‘el pobre;/ ¿ qué importa entonces que sobre/ si sólo engorda Miseria?”

         Resumiendo. Jauretche, preso por sus luchas contra el golpe de Estado, la entrega del país y la reducción del pueblo a la miseria, escribió el poema gauchesco cuyos dos versos recita mal y fuera de contexto el gauchisojero Eduardo Buzzi.

         Scalabrini Ortiz describió con justeza la situación de discurso de don Arturo en 1934 que por cierto no es ajena a los designios de los patrones panzones de la Mesa de Enlace: “El gobierno del General Justo, además de su obra de entrega al extranjero (…) retiró del alcance de las delegaciones populares la dirección y fiscalización de los resortes de la vida nacional. El manejo del crédito de moneda (…) fue cedido a una sociedad anónima particulaar, que se llamó Banco Central. Juntas, que se integraban con representantes de las corporaciones allegados a los grupos financieros. Hasta los directores de las instituciones existentes fueron modificados en ese mismo sentido reaccionario y excluyente de la voluntad popular. La Bolsa de Comercio, la Unión Industrial y la Sociedad Rural tenían de esta manera una influencia que se le negaba al parlamento.”

         Prestemos oído a Scalabrini. El paso confesado de los que dicen defender la democracia y el federalismo, es apropiarse del Parlamento y luego escarnecerlo.

         Para ello necesitan diputados y senadores improvisados, sin partido, sin unidad de concepción, inermes ante el poder del capitalismo internacional. Es la política de la calesita: los parlamentarios pueden cambiar, pero la calesita sigue en el mismo lugar.

         Quizás nos vendría bien reflexionar sobre este “principio” de Scalabrini Ortiz: “Principio de la comunidad fundamental de la riqueza natural, porque la propiedad es una delegación de la fuerza de la organización colectiva que la hizo posible y que la mantiene. El propietario es un mero tenedor de una fracción de esa riqueza común, con cargo de rendir cuenta de su utilización”.

Jorge Torres Roggero

Córdoba, Argentina,  31/08/09

 



Consulte:

JAURETCHE, Arturo, 1974, El Paso de los Libres, Buenos Aires, Peña Lillo Editor;      SCALABRINI ORTIZ, Raúl, 1972, Yrigoyen y Perón, Buenos Aires, Plus Ultra

CIRO MARTINEZ, Andrés,  2000, en: Los Piojos, Verde Paisaje del Infierno, Bs.As., El Farolito

 



 

 

 

 

 

 

 

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