VOLVÉ, DIEGO, VOLVÉ

Publicado: 11 julio, 2010 en Libros, Literatura

VOLVÉ, DIEGO, VOLVÉ

(por Jorge Torres Roggero)

Este poema fue publicado en mi libro Eucalypto y otros poemas a comienzos de los 90. En ese momento, Diego Maradona era denigrado en Europa. Argentinos vergonzantes destilaban ríos de tinta tóxica y negra mala leche. Entonces, escribí de un tirón el poema  y lo separé en dos partes según una inmemorial retórica. La primera parte es una “declaración del tema”. Da mi versión del contenido de  la segunda, que en realidad, fue escrita en primer término. La poética que me dictó ritmo y materia, ahora lo juno, es la del “arraigo” como diría el inolvidable Rodolfo Kusch.

Declaración del tema:

El caso Maradona me pegó en el alma. Siempre vi al Diego como a un argentino sin doblez, cuya fuerza residía en sí mismo, en su familia, en un amplio seno cultural del que se sentía parte y que lo protegía adonde quiera que fuera. Y le pasó lo mismo que a nuestro pueblo. Lo tentaron las luces de un supuesto Centro, los espejitos de colores: quiso ser lo que no era. Y entonces lo condenaron y lo echaron al infierno. Arrancado de raíz, su barbarie fue un estorbo y no una fuerza. Pero siempre se puede volver al “ser-que-somos”, al sólo estar en que uno se edifica a sí mismo, donde la antigua semilla halla tierra propicia para el fruto.

 

Volvé, Diego, volvé

               

                  1

Nuestros antepasados, caro Diego,

se largaron de allá porque ya no bancaban

la malaria sin término, la policía brava,

la corrupción de arriba, la ley del gallinero.

Aquí se entreveraron con los que estaban de antes

y en cálido amasijo con la carne doliente

de este lado y del otro, de padentro y pajuera,

de anteayer, de mañana, de hoy y quiénsabecuándo,

hicieron este pueblo que te lleva en su entraña

y es el pulso invisible de tu zurda de oro

que desanda la huella del alfabeto pánico

que (Rubén me perdone)

resonaba en las sabias sandalias de Platón

y en la planta descalza de Netzahuacoyotl

                                            

         (“…sos una flor de yuyo

                                             que perfuma el corazón…”)

 

2

 

Por eso, caro Diego, venite con nosotros,

aquí tu vieja tiene los brazos siempre abiertos

y entrarás en su seno como en la bombonera

cuando subleva cánticos la alegría del pueblo.

Picará su redondo alborozo el de la zurda,

florecerá el baldío de tu alma que en Europa

apagó el chisperío matinal de tu risa; secó sin compasión

campanillas rosadas (intimaban con tapias

que a Georgie emocionaron: “fue un instante

no avaro de eternidad”, decía); dejó morir de pena

pálidas madreselvas que entoldaban de fresco

el amargo que al viejo le templó el desamparo.

¡ En Fiorito te espera escondida en un tarro

una estrella de trapo más hermosa que el sol,

jugosa como el fruto que se oculta en el aire

de la pollera alada que te ampara y alienta!

                                            

                                             (“…sólo una madre nos

                                             perdona en esta vida

                                             es la única verdad                 

                                             es mentira lo demás…”)

 

3

 

Volvé, volvé, Pelusa, remontaremos juntos

los ríos que nos dieron un nombre y un destino.

El surubí te espera con su piel misteriosa

donde están dibujados tu futuro y el mío.

(Saludamos las señales de humo de tu pipa,

oh viejo Marechal, compañero y hermano

del fuego y la esperanza.)

El gran pez que en su agalla porta una cruz de oro

a remontar te llama la furiosa corriente,

a recobrar la oculta fuente de tu alegría

donde bebe el guasuncho en cuya frente esplende

el carbunclo de sangre que espanta los demonios

cura el daño y protege de la envidia.

                                             (“Siempre siempre la oruga

                                             quiso ser mariposa

                                             que lo digan Discépolo

                                             y el bandoneón”)

 

4

Volvé, volvé, Pelusa, ya hiciste la difícil,

¡qué caño le pusiste al Norte y al jet set;

le gambeteaste todo al tano y al inglés!

Pero no nos piyemos de prepotencia hermano,

(que lo digan los chicos que semillan bandadas

en la húmeda negrura de la turba y la bruma)

nada de magia blanca, nada de magia negra,

el arma que nos arma nos sale bien de adentro,

la cuestión es pisarla,

tenerla,

hacer la pausa,

tocarla de taquito,

bolear de mediavuelta,

amagar con la zurda,

darle con la de palo,

hamacarse,

poner el freno,

hacer arar el pasto,

desbordar por la punta,

tirar centro pasado,

pisar fuerte en el área,

sentir olor a gol,

gritarlo desde el alma antes que la redonda

se morfe los piolines,

pero eso sí, Pelusa, como vos lo inventaste

siempre con la cabeza levantada, ¡siempre!

                                            

                                             (San Juan Moreira ora pro nobis,

                                             ora pro nobis Namuncurá….)

 

Jorge Torres Roggero, 1991, Eucaypto y otros poemas, Córdoba, Ediciones Argos.

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