LA LEY DEL ODIO

Publicado: 25 julio, 2010 en Argentina, Noticias y política

 

      

 

(video extraído de la película de Leonardo Favio Peron, Sinfonia de un sentimiento )

 

Genealogía de la Unión Democrática

por Jorge Torres Roggero

(Publicado en SOLIDARIDAD GLOBAL, N° 14, Abril 2010

http://webnueva.unvm.edu.ar/index.php?mod=voces )

 

 

1

            El 9 de octubre de 1945  Perón renunció a los cargos de Vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y  Previsión. Anoticiados de su caída, estudiantes y señoras improvisaron manifestaciones por la calle Florida: “¡Ya se fue!”

            Hacia el mediodía un grupo de obreros visitan al coronel en su casa. Le dicen: “Usted ya ha cumplido con el ejército…¡Ahora es nuestro! ¡Ahora es el líder de los obreros!” Deciden allí  que Perón se despida de los trabajadores con un acto en la Secretaría de Trabajo. A las 19 horas, 70.000 personas llenaron las inmediaciones del edificio al grito de “¡Perón Presidente! En memorable discurso, el coronel reafirmó: “Los trabajadores deben confiar  en sí mismos, y recordar que la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero”.

            Durante la desconcentración, los que vivaban a Perón se cruzaban con los que vociferaban “¡Ya se fue!” Hubo disparos contra los peronistas desarmados. La “gente  bien” se enfurecía ante su actitud alegre, su aire de victoriosa derrota. No los entendían y, como no podían entenderlos, los odiaban. Ya en el primer Centenario, J.V. González  llegó a considerar al odio como un resorte sicológico de nuestra historia.

 

2

                        Según algunos historiadores, junto con la Revolución de Mayo, surgieron dos Argentinas: a) la de una oligarquía  que se reservó el uso de la razón, de los beneficios de la libertad y la civilización; b) la de “los pueblos” que se encolumnaron tras los caudillos porque para ellos eran menos tiránicos que el “código” de los patrones y los “doctores”.

            En consecuencia, la historia argentina se debate  entre la “lucha por la ley” y “la lucha por la libertad”. Dos conceptos en pugna: una legalidad a medida del opresor de adentro y de afuera frente a una libertad nacida de las profundidades cuyo rostro caótico asusta a minorías  incapaces de entender al pueblo porque para ello deberían dejar de explotarlo y renunciar a sus privilegios.

 

3

             Perón estaba preso. La Unión Democrática (radicalismo, socialismo, democracia progresista, comunismo) optó por la “ley”: exigir la entrega del gobierno a la Corte. Su acto de presentación fue en el Luna Park. Lo presidían tres gigantescos retratos: Churchill, Roosevelt y Stalin. 

            No faltaron las “fuerzas vivas”: Bolsa de Comercio,  Sociedad Argentina de Escritores,  Confederación Argentina del Comercio, la Industria y la Producción,  Confederación de Sociedades Rurales, F.U.A.,  Cámara de Comercio Británica,  abogados de  empresas extranjeras,  damas elegantes de la Junta de la Victoria, Colegios de Abogados y de Ingenieros y la prensa casi sin excepción.

 

 4

                        En los días previos a las elecciones del 24 de febrero de 1946 se desataron la impaciencia y el desprecio. Tamborini, el candidato de la U.D. se jactaba de no pertenecer al grupo obrerista del radicalismo irigoyenista. Carentes de diarios, periódicos y órganos de propaganda, los peronistas escribían las paredes con tiza y carbón y pegaban fajas con la consigna: “O Braden o Perón”. La noche del 24 de febrero, en base a datos provisorios, la Unión Democrática celebró el triunfo.

 

5

             Pero faltaban  escrutar los suburbios y los departamentos de campaña. Los descamisados, los que marcharon el 17 de octubre cantando y bailando, habían defendido sus consquistas una  vez más.

            Sin embargo, ¿ está la ley del odio condenada a repetir su historia? La legalidad oligárquica padece, cada tanto, síndromes histéricos de “institucionalidad” que la impulsan inexorablemente al insulto, la descalificación y la crueldad.

            A mediados del S.XX, vivaban al cáncer porque el odio, en su ignorancia, no sabía que era eterna; ya en el siglo XXI, rinden culto a la carótida (“ Lo intentaste carótida. Gracias lo mismo”). Son los monstruos de la razón hegemónica.

            Pero la ley del corazón, fundamento de la solidaridad y la alegría del pueblo como sujeto histórico, es inmarcesible, “es un canto de libertad y una risa de libertad y una danza caliente de libertad” (Marechal)”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s