Mestizaje y confusión de lenguas: el “más acá” del discurso hegemónico en América

Publicado: 6 noviembre, 2011 en Argentina, Ensayos, Libros, Literatura, Noticias y política
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 1.- Modos de conocer

            A partir de categorías, debidamente fundamentadas, como rumor, habladuría, rezongo permanente y de lo no formalizado del sujeto histórico plebeyo al que se ha dado en llamar  pueblo, configuramos un operador estructural: el hervidero espantoso. Es un lugar de confusión y mezcla, desde él habla el sujeto social pueblo y su predicado es el acto de pensar lo innombrable.

            En cuanto partes de ese todo, nuestra función es vencer el miedo paralizante de ser primitivos para poder radicarnos y pensar lo propio. La palabra arraigo es, según Kusch, uno de los signos de un pensar mestizo no vergonzante. Y como todo lo que implica raíz se relaciona con suelo, surge con claridad que , sin suelo, no hay sentido.  “Y ese suelo así enunciado –dice Rodolfo Kusch- que no es ni cosa, ni se toca, pero que pesa, es la única respuesta cuando uno se hace la pregunta por la cultura”. ¿Cómo animarse a nuevos modos de conocer más acá (que es donde estamos) del canon? ¿Cómo socavar los sistemas y su enunciación: el discurso oficial del poder hegemónico ( económico, político, religioso)?

            En América, la discontinuidad no es un más allá sino un más acá de ese discurso. América es la extensión, la travesía por donde  fluye una habladuría ilimitada, continua, sorda. Dicho discurso,  rechazado y soterrado siglo tras siglo, peticiona una puesta en actividad. Actualizarlo, impele a reconstruir el habla, las evidencias orales escondidas en los recovecos de  transcripciones sometidas a  filtros de  reglas legales y  secuestradas en una poderosa contextura en que se combinan procedimientos gráficos y orales. De tal modo, los registros letrados  dejarán de ser un almacén de informaciones neutras o represoras para representarse como un despliegue de “prácticas discontinuas” que a veces se cruzan o se yuxtaponen, pero también se ignoran y se excluyen.

Sin embargo, la energía histórica, las luchas por el poder, han puesto en evidencia que los pueblos no necesitan del saber de los intelectuales porque desde siempre saben lo que quieren. A pesar de la invalidación de su bulla discursiva por núcleos enunciativos  que esgrimen su legitimidad desde las  llamadas “instancias superiores de la cultura”, la “plebe pauperum” sabe que su poder se hunde en lo más profundo de su raíz de humanidad y que su  tarea consiste en producir la vida y la dignidad del vivir.

Toca a los intelectuales, apegados a la lectura y siempre al borde de la letra muerta, tratar de auscultar los rumores que hablan entre dientes en esa enigmática prolongación de nuestro cuerpo que es la escritura. Tanto la voz como la letra son proyecciones de los cuerpos que padecen y gozan los sistemas dominantes   (religiosos, políticos, económicos). La letra amordaza, amortigua, sume en latencia al griterío subyacente. Caído en el anonimato, el pueblo se convierte en un careciente total. Privado de nombre en la racionalidad dominante, desconfigurado como categoría, queda excluído de todo registro.   Por eso  los documentos escritos, empeñados en  transmitir acciones corporales, mentales, emocionales, concluyen por estampar series de imágenes congeladas.

            La  cuestión se resuelve, entonces, poniendo en actividad la más vasta franja de lenguaje desechado para que, movilizando  energías íntimas, se haga oir. Y con sus voces, tras ellas y con ellas, una algarabía de gestos, ritos y acciones olvidadas suban  al escenario.

             En esa línea, y en consonancia con los enunciados anteriores, se pueden leer mis dos últimos libros: Confusa Patria. Borges y las zonceras. Otros ensayos geoculturales y, en otro registro, mis rastreos en un libro totalmente dedicado a Reforma Universitaria: Poética de la Reforma Universitaria. En ellos probamos la eficacia de nuestros “operadores semánticos” en  la dilucidación de diversos autores y temas.

 

2.- La encru(z)cijada del creyente

             En estos días, pude concluir un nuevo libro todavía inédito: Brochero y su tiempo. Cultura Popular, Santidad, Política. Recurro en él a una atenuación de la lengua académica y dejo irrumpir tanto la oralidad como las vivencias personales. Procuro activar una dialéctica in fieri (en acto) entre sujeto individual y sujeto histórico. En realidad, ambos polemizan en un mismo cuerpo: el mío. Se producirán , entonces, continuidades y discontinuidades y un constante va-i-vén entre el yo y el nosotros. Transcribo, a modo de ejemplo, algunos fragmentos del “Introito” de mi nuevo libro:

            “Siempre me llamó la atención el modo en que diversos textos biográficos presentan la figura de José Gabriel del Rosario Brochero (1840-1914). Valoraba su conocimiento, su piedad, su fervor, pero con frecuencia quedaba con la impresión de haber contemplado un telón de fondo atiborrado de paisajes, cosas y figuras congeladas que no se movían ni se interrelacionaban entre sí.

            Me entregaré, entonces, a reescribir esas historias para ver si hay cosas que todavía no nos han dicho. Habrá que empeñarse en enhebrar tramas y remendar retazos discursivos para que balbuceen y den rienda suelta a la heterogeneidad de la vida.

            Nadie  espere cronologías, sino la focalización de núcleos de sentido. Nadie se asuste de ver aparecer rasgos hasta ahora ocultos tras piadosos eufemismos. Será un relato pero no una biografía, tampoco un libro de investigación, a lo mejor un desvalido ejercicio  de hermenéutica.

            Se desplegará para ello un modo irregular de leer textos conocidos y de poner en actividad ciertos significantes dormidos para que el “alma del alma” de Brochero nos diga todo lo que tenga para decirnos o seamos capaces de escuchar. Aunque sea en sordina, bueno será escuchar las voces de los hombres y mujeres cuyo bien procuró, cuya amistad gozó, cuya ayuda agradeció siempre y a quienes amó profundamente.

            En consecuencia, el punto de partida de estas reflexiones brocherianas es el convencimiento de que, con frecuencia, gran parte de la bibliografía dedicada a su vida ha renunciado a una mejor inserción del santo en la historia real de nuestro pueblo. Un santo también es un sujeto histórico y no sólo un sujeto individual y seráfico. Habrá que aceptar, que bajo la charca barrosa de la cultura popular, se desliza una corriente subterránea y fecunda, corre el río rumoroso e incesante de los “gérmenes del Verbo”.

            Los santos son parte de un pueblo y están a la intemperie en el remolino de la historia. Brochero venía de las campañas cordobesas  que se mantenían fieles a la tradición de un federalismo democrático y con fuerte arraigo en la cultura popular. Fue así como  llegó un momento, al final de su vida, en que tuvo que definirse políticamente ante los atropellos que sufrían sus paisanos de parte de sus amigos de ayer. Como entregado a Dios y mensajero de su misericordia, supo vislumbrar el mensaje profético de Hipólito Yrigoyen. Por eso mandó “bandadas de cartas” para apoyar al naciente radicalismo acosado por la represión y el fraude en Traslasierra.

                        Nadie se extrañe, entonces, si en los  temas que abordo en estas páginas se topan a cada rato religión y política. Tentado estuve de seguir los pasos de Pierre Bourdieu y Monique de Saint-Martin  en lo que llaman la “eficacia simbólica” y en el modo en que aplican sus conocidas teorías sociológicas (campos de poder, capital simbólico, habitus, poder dominado, castración simbólica, entre otros) para describir la “tecnología social” de la Iglesia en Córdoba, Argentina.

            Entonces me pregunté qué es ser santo en Argentina y Latinoámerica, cuántos santos “oficiales” existen, cómo llegaron a los altares y cuál es su inserción en el corazón de las masas humildes sumidas en “crisis” sin término, pero siempre dispuestas a la esperanza, al codo con codo comunitario, blandiendo sin cesar el arma pacífica de su pobreza y de su alegría salvífica.”

           

 

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comentarios
  1. […] Mestizaje y confusión de lenguas: el “más acá” del discurso hegemónico en América A VERDAD SOLIDA PARA TODA LA VIDA […]

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  2. Juan Carlos Priora dice:

    Estimado Dr. Jorge Antonio Torres Roggero:

    Interesante el artículo “Mestizaje…”, pero atrapante el introito del libro sobre el cura gaucho: José Gabril Brochero a quien descubrí gracias a los comentarios de Félix Luna y los artículos en Todo es Historia. Gran amigo de Miguel Juárez Celman. ¡Felicitaciones!
    Juan Carlos Priora, Prof. Emérito UAP.
    Libertador San Martín, Entre Ríos, 7 de noviembre 2011.

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