Entre el Caballo de Troya y el Centauro (Peronismo y cultura clásica)

Publicado: 4 diciembre, 2011 en Argentina, Ensayos, Noticias y política

 

por Jorge Torres Roggero

 1.- La tradición mediterránea y América

Un frecuente y porfiado lugar común refiere que Vidas Paralelas de Plutarco era el libro de cabecera de Perón. Basta una somera incursión por sus obras, para refrendar su pasión por la ejemplaridad de la cultura clásica. En efecto, muchos de sus más conocidos”apotegmas” son citas de la antigua sabiduría mediterránea (greco-romana-judeo-cristiana).

El mundo mediterráneo, reducido a mero pintorequismo, hace más de un siglo que es permanentemente subalternizado por la prepotencia anglosajona. Basta mirar, en estos días, los apuros de Portugal, Italia, Grecia, España. Según los ingleses, son los “cerditos” (pigs) de la zona euro.

Se trata, sin embargo, de aquel  occidente que ostentaba el culto del “deus invictus” cuya imagen también  nosotros los argentinos enarbolamos como emblema nada menos que en “el sol incaico”  en nuestra bandera. Somos los que  esperamos  “el alba del gran día” que vislumbró  Yrigoyen y la “hora de los pueblos” cuyo sordo clamor anunciaba a Perón el advenimiento de la “comunidad organizada”.

Nos enorgullecemos de ser un pueblo “multígeno” de tradición occidental mediterránea (Grecia, Roma, España, Medio Oriente, Norte de Africa) hondamente enraízado en la origienariedad de América y futuro protagonista del universalismo en marcha.

 Rubén Darío, poeta y profeta, lo sintetizó con fuerza de vaticinio en su oda “A Roosevelt”: “Más la América nuestra, que tenía poetas/desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,/ que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,/ que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;/ que consultó los astros, que conoció la Atlántida/ cuyo nombre nos llega resonando en Platón,/ que desde los remotos momentos de la vida/ vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,/ la América del grande Moctezuma, del Inca,/ (…) esa América/ que tiembla de huracanes y que vive de amor,/ hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive./ Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.”

2.- Los discursos académicos de Perón

El primero fue pronunciado en la Academia Argentina de Letras con motivo del Día de la Raza y en homenaje a la memoria de Miguel de Cervantes Saavedra en el Cuarto Centenario de su nacimiento (12/10/1947). El segundo, fue expuesto cuando las universidades argentinas  otorgaron al Presidente el título de Doctor “Honoris Causa” por su obra a favor de la Cultura Nacional (14/11/1947). El tercero , de tono universalista, es el presentado en el Primer Congreso Nacional de Filosofía (Mendoza, 9/4/1949) titulado La comunidad organizada.  

En el segundo de estos discursos, Perón perfila los contornos de nuestro acervo tradicional: “ la cultura greco-romana, de  la que debemos ser y somos continuadores, y que fue en su tiempo inicial síntesis de las que florecieron anteriormente, como la caldea , la persa y la egipcia, culturas que se desvanecieron en el tiempo posterior a Alejandro para ser absorbidas definitivamente por las formas helenísticas”. Sostiene que la pervivencia de la cultura griega constituye un  prodigio. En efecto, no sólo apareció y floreció cuando los helenos existían, formaban pueblos, organizaciones políticas, sistemas artísticos, órdenes arquitectónicos y escuelas filosóficas. Lo admirable sobreviene cuando se advierte  que, después de sometidos, disgregados y desaparecidos como Estados, los helenos continuaron fecundando con su cultura los siglos hasta el presente. Recuerda que en el pórtico del templo de Apolo en Delfos habían grabado la máxima: “Nada con exceso. La medida ante todo” Según el primer apotegma, “todo exceso es en sí un mal”, y, según el otro, “la medida es en sí un bien”. La contradicción exceso/medida se reformularán constantemente como signo de la comprensión de la vida tanto en la filosofía, como en la política como en el arte: “Todas ellas nos darán el sentido del equilibrio, la fórmula mágica del arte de conducir hombres y gobernar pueblos”.

Explica luego cómo se desarrollaron los valores helenos en Roma y cuál fue el aporte de Roma. Postula que el verdadero poderío de Roma se desarrolló en su organización administrativa y su genio militar entendido como defensa del territorio. “La definición y evolución de su Derecho y en el cultivo de su Lengua” , propagados a todos los pueblos, contribuyeron “a universalizar y refundir la cultura greco-romana en el mundo conocido cuya capital era Roma”.

España, que dio emperadores, filósofos y poetas a Roma, fue la encargada de depositar en América el legado de una cultura que en sus últimos tiempos era cristiana. Unos hombres llegan a las “las islas y tierra firme de Indias”, “letrados unos, analfabetos los más, clérigos otros, pero todos impregnados de esa cultura milenaria y la siembran junto con su fe, su lengua y su sangre”.

 Semillas de una cultura ya mestiza antes de llegar y despreciada por los soberbios, sus romances y sus canciones, sus tradiciones y sus costumbres, saturados por siglos de civilización son resignificados por los pueblos aborígenes que interpretan y cantan en sus lenguas antiguas leyendas  medievales europeas.

Un buen dia, por decisiones que vienen de otro continente, nace la Universidad de Córdoba del Tucumán como centro irradiador de la tradición mediterránea: “Y así se realiza el milagro que nos hace legatarios de la cultura clásica”. Somos, pues, orgullosamente mestizos. En nosotros conviven, y se contradicen etnias y culturas:. maravilloso “tinku” que procrea una humanidad nueva. Tal el destino universal propio de un pueblo “multígeno”, como nos caracterizó Scalabrini. Forma aún no inteligible de un “hervidero humano” en que etnias y culturas deben aprender a amar para sobrevivir y aportar el “hombre nuevo”  de “la hora de los pueblos”.

3.- Una lectura popular del Quijote

En su homenaje a Cervantes,  Perón profiere una taxativa defensa de la tradición hispano-criolla ante “las corrientes de egoísmo y las encrucijadas del odio que parecen disputarse la hegemonía del orbe”. A la fuerza y al dinero, Argentina, “coheredera de la espiritualidad hispánica”, “opone la supremacía vivificante del espíritu”. Rechaza el concepto biológico de raza y sostiene que es “algo puramente espiritual” que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por “nuestro origen y nuestro destino”. Es un “sello personal indefinible e inconfundible”.

Constituimos Hispanoamérica. Con fines imperialistas, voceros asalariados y encumbradísimos, han propalado el estribillo de nuestra inferioridad e incapacidad para manejar los propios  intereses. Doble agravio: mentira y ofensa al decoro de nuestros pueblos.

Insiste en que nuestra herencia cultural hispánica funciona como  nexo con la cultura occidental: “España, nuevo Prometeo, fue, así, amarrado durante siglos a la roca de la Historia. Pero lo que no se pudo fue silenciar su obra, ni disminuir la magnitud de su empresa que ha quedado como magnífico aporte a la cultural occidental”. Tras  elogiar  a Yrigoyen por la erección del día de la raza (lo decretó en un  momento en que EE.UU. esgrimía la “ley del garrote”), Perón relaciona el día de la raza con la ubicación de Argentina en el mundo y en la historia: “la historia, la religión y el idioma nos sitúan en el mapa de la cultura occidental y latina, a través de la vertiente hispánica”.

Sin embargo, el aspecto más original de su disertación es el señalamiento del carácter popular del Quijote.  Cervantes,  en su obra, “subordina todo aparato erudito a la llaneza de la exposición extraída de la auténtica veta del pueblo, en los aforismos, sentencias y giros propios del ingenio”. Considera que  “el dicho” o apotegma  es una fórmula, no de explicabilidad, sino de persuación.

La lectura de Cervantes de Perón  privilegia el valor de los refranes populares. Resalta, asimismo, su conciencia social y, con letra  de Persiles y Segismunda, enfoca su propia crítica a los intelectuales prebendarios, cuyo prestigio sufría el descentramiento de la vida social como una suerte de ominosa degradación: “Los satíricos, los maldicientes, los malintencionados, son desterrados y echados de sus casas (…) sin que les quede otra alabanza que llamarse agudos sobre bellacos y bellacos sobre agudos…”

Precisa, entonces, las función de lo autóctono en la literatura y el arte: “Feliz el pueblo cuyos prosistas y poetas, clérigos y soldados, nobles y plebeyos, artistas y artesanos, viven enamorados de las bellezas de su tierra. La literatura española está impregnada de lo que puede llamarse amor geográfico”.

Esta erótica del suelo, no invalida la empresa universal de los pueblos hispano-criollos. Se trata de una apertura ajena a toda expansión bélica y centrada en los valores humanos. Su postulado principal predica  que  ningún mortal está obligado a soportar la injusticia de verse preterido en los goces de la vida, “por no haber nacido en un círculo de privilegiados” ( 1973: 156).

Coincidiendo con un leitmotiv recurrente de los modernistas, Perón entrevé una resurrección del Quijote. Desde una postura marcada por el milenarismo, siente crujir los cimientos de Occidente porque confunde la defensa de la Democracia con la protección de los intereses del capitalismo. Una nueva y sangrienta tiranía puede entronizarse en el mundo. En consecuencia, “Hoy más que nunca debe resucitar Don Quijote y abrirse el sepulcro del Cid Campeador” .

Este uso del pensamiento popular, valorado como creación de los pueblos hispano-criollos, pide ser considerado como un aporte original a lo que podríamos llamar una filosofía de la historia. En sus discursos a los universitarios, Perón opone ciencia pura y ciencia verbalista. Su propuesta reiterada para transitar del yo al nosotros supone un deslizamiento de la cátedra feudo al instituto y de este a la agrupación de institutos. La cultura, señala, es la energía básica de la nación. Por su  filiación greco-romana-cristiana y gracias al legado hispánico, nuestro pueblo se ha puesto en camino hacia un irreversible universalismo: “La declaración de nuestra independencia política dio entrada a todos los vientos de opinión y a todas las luces y sombras del saber” (1973: 184). En resumen, España escondió sus tesoros en América , o sea, el saber de “sus filósofos, humanistas, poetas y artistas”; de “sus juristas, místicos y teólogos”.

4.- Avatares del “caballo de Troya”

Perón recurría a la cultura clásica no sólo para referirse a los grandes motivos de la cultura universal, sino que también aprovechaba las enseñanzas de los grandes textos clásicos para su aplicación a la lucha política coyuntural.

En 1971, el dictador Lanusse quería imponer elecciones amañadas. Con Perón proscripto, se ilusionaba con un apoyo del peronismo o, por lo menos, de sectores del movimiento dispuestos a negociar. Pretendía ser candidato a presidente de una rara entente. Presentó entonces, como una imagen de tolerancia y democracia, de pacificación y diálogo, el Gran Acuerdo Nacional. No era la primera vez en nuestra historia que el sistema en crisis, con el pretexto de la “crispación” y con la ofrenda de un falaz consenso, procedía a camuflar el continuismo con nombres sonoros: Acuerdo, Conciliación, Ley Sáenz Peña, Contubernio, Unión Democrática.

Es entonces cuando Perón desnuda la falacia del  Gran Acuerdo Nacional mediante el recuerdo del Caballo de Troya:  “Ya los antiguos nos habían enseñado a desconfiar de los halagos del enemigo, y aquello que los helenos no habían podido lograr en diez años de cruento y permanente asedio, lo consiguieron en una noche por medio de la astucia: el caballo de Troya, considerado como una ofrenda brindada a los dioses por los griegos, fue la ruina de una ciudad. Años después, Virgilio en su Eneida pone en boca de Laoconte – sumo sacerdote – “Timeo danaos et dona ferentes” ( desconfía de los griegos y más aún cuando hacen ofrendas). Es decir, desconfiemos de los enemigos sobre todo cuando nos halagan”  (Juan Perón, 1971).

Aviértase que no sólo se apoya en la tradición homérica, sino que recurre con fluidez a la versión latina (Eneida) para remarcar la lección política.

 En esa época la tradujo también al criollo cuando dijo: “  Ven conmigo a pescar, le dijo el pescador a la lombriz”. Lo que se busca es que nosotros seamos la lombriz”.

5.- Licurgo, precursor del justicialismo

Evita, en sus clases sobre Historia del Peronismo, postulaba que Licurgo bien podría ser considerado un precursor del justicialismo. Consideraba que había que estudiarlo y comprenderlo. En efecto, Licurgo “fue quien realizó, tal vez por primera vez en el mundo, el ideal justicialista que establece que la tierra debe ser del que la trabaja. Es así, como Licurgo repartió la tierra de los espartanos en partes iguales; y se dice que, en los tiempos de cosecha, Licurgo comentaba, al ver todas las parvas iguales, que parecía que la Laconia era una herencia que se había repartido entre hermanos, porque todas las parvas de toda la Laconia eran iguales.” Señalaba, además, que para que existieran menos pobres y menos ricos, hizo desaparecer el dinero. La revolución económica consistía en acuñar monedas de hierro para que desaparecieran la codicia y la avaricia. Más aún, para destruir el distingo de clases, dictó una ordenanza que obligaba que todas las puertas fueran iguales tanto en las mansiones señoriales como en las humildes casas.

Gracias a esto, Esparta tenía conciencia social. Cada uno se sentía responsable del destino común. Tenían personalidad individual y organización social. Pero todavía no era el justicialismo. Ese era el espartano: “Pero frente al espartano podemos oponer a la masa de los ilotas, que sumaban más de 200.000, y estaban excluidos (…) no tenían condición de pueblo, no podían reunirse, llevar armas, salir de noche y, como se multiplicaban terminaron por autorizar a los jóvenes la cacería de ilotas un día al año”.

De tal modo, el ejemplo de Esparta sirve para ilustrarnos sobre la lucha de los pueblos “para pasar de la esclavitud a la libertad, de la explotación a la igualdad y de ser un animal de trabajo a sentirse y ser hombres”.

6.- Alejandro Magno y la oligarquía

Perón, por su parte, en sus clases de Conducción Política, también recurría con frecuencia a la cultura clásica greco-romana. Refiriéndose a una clase de Evita sobre la oligarquía y su carácter de sirena devoradora que siempre está tentando a los peronistas con sus modos de vida, con su pasión por los círculos cerrados, con el hedonismo, el egoísmo y con su tendencia a la “acepción de personas”, la parafraseaba así:

“Decía ella que Alejandro el Grande, que sin duda fue un rey descamisado, al salir de Macedonia regaló todos sus bienes preservando para él sólo la esperanza, también cayó en manos del sentido y del sentimiento oligárquico”. Así fue como Alejandro, que siempre había sido un rey descamisado, al apoderarse de Persia, entró al palacio de Darío,  vio su trono de oro y exclamó: “Esto sí que se llama ser rey”. Entonces se aculturó, se asimiló a los persas y “cayó en manos de la oligarquía otra vez”. Conclusión del ejemplo: “Le pasó lo que dice la señora que no nos tiene que suceder a nosotros. Los conductores han caído mucho en eso.” Y continuaba Perón: “Yo voy a seguir tratando de los otros conductores, de los que no se asimilaron a la oligarquía”.

7.- El Centauro: camino a la armonía

En Comunidad Organizada Perón recurre al mito griego del Centauro. “En varias ocasiones ha sido comparado el hombre al centauro, medio hombre, medio bruto, víctima de deseos opuestos y enemigos; mirando al cielo y galopando a la vez entre nubes y polvo.” Luego de sostener que la comunidad a que aspiramos es aquella donde la responsabilidad y la libertad son causa y efecto, donde existe una “alegría de ser” fundada en la persuasión de la dignidad propia, donde el “individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa”, Perón retoma el símil: “ En cierto modo, (…) equivale a liberar al centauro restableciendo el equilibrio entre sus dos tendencias naturales. Si hubo épocas de exclusiva acentuación ideal y otras de acentuación material, la nuestra debe realizar sus ambiciosos fines nobles por la armonía.  No podremos restablecer una Edad-centauro sólo sobre el musculo bestial ni sobre su solo cerebro, sino una edad-suma-de-valores, por la armonía de aquellas fuerzas simplemente físicas y aquellas que obran el milagro de que los cielos nos resulten familiares”.

 Fuentes:

PERON, Eva, 1971, Historia del Peronismo, Buenos Aires, Editorial Freeland

PERON, Juan Domingo, 1973, La Comunidad Organizada, Buenos Aires, Ediciones Cepe

                                   ,  1973, La Comunidad Organizada y otros discusos académicos, Buenos Aires, Macacha Güemes.

                                   ,   1971, Conducción Política, Buenos Aires, Editorial Freeland

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