ESTUDIOS LITERARIOS: UNA NUEVA GENERACIÓN

Publicado: 30 abril, 2012 en Ensayos, Libros, Literatura

(Introducción escrita para el libro de Andrea BOCCO, 2004, Literatura y Periodismo (1830-1861). Tensiones e interpenetraciones en la conformación de la literatura argentina, Córdoba, Argentina, Ed.Universitas/Ed. Fac. de Filosofía y Humanidades -UNC)

“Derecho ande el sol se esconde

Tierra adentro hay que tirar.

Algún día hemos de llegar…

Después sabremos a dónde.”

(José Hernández, Martín Fierro)

 1.- Abriendo rastrilladas

El prólogo, o previo discurso, suele  cumplir diversas funciones. A veces está dirigido a facilitar la comprensión del texto y en ese caso se subestima y toma como objeto de ludibrio al incierto lector. Otras, adolece de la mala fama de las recomendaciones, de prurito didáctico o de afectación panegírica. En nuestra literatura, entre los prólogos escritos por otro que no sea el autor, debemos referir  algunos famosos prefacios de Borges que, habiendo creado por sí mismos  modos alternos de  concebir el acto de la escritura, sobreviven al texto prologado o le aportan una insaciable  obsecuencia póstuma a  la zalamería de ciertos  críticos.

Frente a  tanta variedad, estas simples palabras reportan la humilde pretensión de registrarse  sólo como una presentación. Por supuesto,  debe quedar claro que lo que exhibimos  no es la pura materialidad de un texto, sino todo lo que carga y trae adentro, así como su antes y después. En efecto, lo que estamos testificando es la presencia de una nueva generación de críticos y estudiosos de la literatura que, emergiendo en la Universidad de Córdoba, no tiene vergüenza de ser lo que es; acepta la precariedad como un componente básico del conocimiento y la práctica como una actividad esencial para la producción teórica.

Andrea Bocco, desde el Grupo de Estudios Literarios del Cono Sur y  SILABARIO, Revista de Ensayos y Estudios Geoculturales, viene a anoticiarnos, en Literatura y Periodismo(1830-1860), que ningún material que nos aporte la realidad pasada, presente o futura es deleznable para la construcción de un conocimiento que nos comprenda a todos como materia viva de las contradicciones creadoras que constituyen la presencia real del pueblo en la historia.

2.-“ Olfatiando el viento”

No es casual, aunque parezca insólito, que seamos inducidos a citar dos autores lejanos en el espacio, sujetos geoculturales diversos y a lo mejor encontrados, pero que resumen algo de lo que pretendemos apuntar. El primero es uno de los más valorados por el llamado pensamiento postmoderno. Nos referimos a F. Nietzsche y  postula: “Donde estés, cava profundamente. Debajo de tus pies está la fuente”. Primera condición de este libro: una notable originalidad que discurre, como el manantial hernandiano, desde la entraña misma de nuestra realidad discursiva. Es que, en esta cuestión de cavar, por estos pagos podemos desentrañar el agua escondida “olfatiando el viento” como Martín Fierro o la Biblia como Atahualpa. O cavando donde estamos, siempre que haya “duraznillo blanco”: “Busco agua olfatiando el viento,/ Y dende que no soy manco, / Ande hay duraznillo blanco/ Cavo y la saco al momento”. Olfatear, cavar: ¿qué? ¿dónde? Todo parece indicar que hay distintos y, a veces, teóricamente innombrables modos de conocer. En todo caso, debemos admitir que nos “dan aliento” o voz como el viento que respiramos; y sustento, como el suelo o pago con su masa de saberes y afectos.  

Da gusto, entonces, el arte de la autora para reflexionar, a partir del despliegue de la propia libertad, sobre los supuestos teóricos seleccionados. Esto la habilita para construir instrumentos metodológicos propios y capaces  de crear categorías  configuradoras  de  modelos de análisis de suma eficacia y adecuados a la materia seleccionada..

La segunda cita que acude a este discurso previo es de alguien muy citado en otra época y hoy preterido o recordado con vergonzante remordimiento por intelectuales y teóricos. Se trata de Mao Tse-tung y predica lo siguiente:“Los más ridículos son aquellos que se suelen llamar los “sábelotodo”, que habiendo adquirido conocimientos vagos, fragmentarios y superficiales se consideran “número uno del mundo”, lo que testimonia precisamente el mal juicio de su aptitud. […] Por eso son tan ridículos los “sábelotodo”. Los chinos tienen un refrán muy antiguo: “Si uno no entra en la guarida del tigre, ¿cómo podrá apoderarse de su cachorro?” Este refrán puede aplicarse con toda justeza tanto a la práctica como a la teoría del conocimiento. El conocimiento separado de la práctica es inconcebible”.

Lo que queremos decir es que este libro conforma , en primer lugar, el advenimiento de nuevas prácticas en el campo de la investigación literaria; y, en segundo lugar, la certeza de que estas nuevas prácticas implican tanto una profundización del conocimiento como un medio de modificar una realidad opresiva. Entrar en la cueva del tigre es entrar en la heterogeneidad de las contradicciones, es el paso del confort intelectual a un clima crítico o tiempo del juicio. Significa renunciar a ser “sabelotodo” (los profesionales son los que saben, los que poseen, los que dan) para mezclarse con los que buscan a tientas, con los otros y a veces como los otros. Se trata, nada menos, de aprender los saberes que ya no sabemos.

Literatura y periodismo se vislumbra como un paso adelante en la disciplina desde la que habla. La búsqueda y el análisis minuciosos de fuentes poco o nada frecuentadas por la crítica literaria, ostenta una pertinencia abierta a las redes y nudos complejos de nuestra historia discursiva como representación de la historia sin más.

No es vano, entonces, consignar como un mérito de este libro  que la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Córdoba convida a los lectores, su carácter  notablemente personal. No es frecuente que un joven investigador encare la construcción de su propio modelo de análisis y que el mismo resulte aplicable y eficaz para la dilucidación del problema seleccionado. Este libro resulta así, no una hábil concatenación de citas teóricas paralelas al discurso expositivo básico, sino un diálogo rutilante entre teoría y texto, una trama compleja, apasionante y clara. Si sumamos a las características ya señaladas, un estilo conciso, bien articulado y de fácil fluidez, estamos ya en los límites de convertir esta presentación , vaya deslizamiento, en una invitación a leer sin prejuicios un texto  que comporta una nueva mirada, una flamante representación .

Jorge Torres Roggero

 

 

 

 

 

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