Arturo Jauretche y la suerte Bertoldo: elecciones y corporaciones mediáticas

Publicado: 1 diciembre, 2015 en Ensayos

Por Jorge Torres Roggero (Publicado en Solidaridad Global, UNVM)

El artículo de Arturo Jauretche que voy a comentarte se publicó el 17 de noviembre de 1941, en FORJANDO,  modesto periódico de  la localidad de Rojas, provincia de Buenos Aires.  Era un  Jauretche solamente conocido por El paso de los Libres, publicado en 1934, poema gauchesco que  lamentaba la caída del gobierno popular de Irigoyen, la apostasía del radicalismo y condenaba el golpe militar de Uriburu que sólo había traído miseria al pueblo.

FORJANDO, como lo declara su nombre, era una publicación de F.O.R.J.A (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) que fue fundada en 1935 por Arturo Jauretche, entre otros. Su manifiesto postulaba: “el proceso histórico argentino en particular y el americano en general revelan la existencia de una  lucha permanente del pueblo en procura de su soberanía para la realización de los fines emancipadores de la Revolución Americana, contra las oligarquías como agentes de los imperialismos en penetración económica, política y cultural, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América”

En plena década infame, proclamaban que los medios de comunicación y transporte, las empresas monopolizadoras del comercio exterior, la mayor parte de las empresas de servicios públicos, las más grandes estancias, las mejores tierras de la Patagonia, todas las grandes tiendas, todas las empresas que tienen ganancias y están protegidas por el Gobierno Argentino, los directores del Banco Central que manejan la moneda y el crédito y las Islas Malvinas eran inglesas. Pero también la educación, los grandes medios periodísticos, las instituciones culturales, las sociedades de escritores, habían sido tomados por el pensamiento colonial. Porque el sometimiento ocurre primero en las mentes. Por eso el dominio colonial no necesitó en Argentina un ejército de ocupación: la oligarquía se ocupó de organizar las instituciones y las leyes para favorecer el dominio extranjero y reprimió con saña todo intento popular de rebelión. El intelectual ejerció con eficiencia, a cambio de prestigio y prebendas, su principal función en el aparato legal del coloniaje: oficiar de  policía epistemológica sobre la mente de los argentinos. Así fue cómo se consumó la ominosa separación entre lo que se piensa y lo que se vive. Lo cierto es que ese 17 de noviembre, un fervoroso militante, llamado Arturo Jauretche, publicó en un ignoto periódico de Rojas un artículo titulado “Opinión pública y democracia”.

Eran las vísperas de nuevos comicios del Régimen, al votante le cabían dos opciones: las “baladronadas de los entregadores del radicalismo” que se hicieron electoralistas para no pelear; y las habituales profesiones de fe democrática de los conservadores que harán fraude. Tal situación, lo llevó a escribir “sobre la suerte de la democracia en el mundo”. En un pueblo de la provincia de Buenos Aires, entrampado en el dilema de optar entre la mentira y la violencia, “se refleja la suerte de los pueblos todos”

En efecto, en los países totalitarios los pueblos están sometidos a regímenes de violencia; pero en los países democráticos,  la dictadura es ejercida por los grupos financieros. Lo totalitarios reprimen la formación y manifestación de la conciencia popular, pero los “cabecillas de la plutocracia”, mediante el “manejo organizado de los medios de comunicación, impiden que los pueblos “tengan conciencia de sus propios problemas” y los resuelvan “en función de sus propios intereses”. Los grupos capitalistas, postula Jauretche, tienen en sus manos la universidad, la escuela, el libro, el periodismo y la radiotelefonía: “No necesitan recurrir a la violencia para reprimir los estados de conciencia que les son inconvenientes. Les basta con impedir que ellos se formen”.

Le dan al pueblo la posibilidad de elegir entre dos fuerzas políticas, pero antes se cuidaron muy bien de imposibilitar que las fuerzas políticas respondieran a las necesidades populares. Existía la Unión Cívica Radical, dice Jauretche, pero movilizaron el soborno con sus cuantiosos medios económicos: así se levantó la abstención radical y sus dirigentes coparticiparon “en los crímenes contra el pueblo y la Nación”: “El director del trust eléctrico, o de cualquier otro trust, tiene hoy en sus manos el control de todas las noticias, de todos los editoriales, de todos los comentarios periodísticos. Desde su despacho sale debidamente controlado el material informativo con que ha nutrirse el ciudadano. De su visto bueno depende el buen nombre de un candidato, de un partido, de una acción cualquiera.”

De tal modo, el ciudadano cree que elige y sólo se limita a elegir entre la reducida lista que los financieros “han decretado apta para el consumo popular”. Los políticos saben que antes de someterse a la elección deben tener el visto bueno del capital financiero; y el visto bueno se obtiene a cambio de la entrega de los intereses del pueblo y de la patria. Así, el día de la elección, el pueblo solo elige dentro de la opción que los “financieros” autorizan.

Recurriendo a un personaje de la cultura popular, Jauretche dice que el director de la corporación le ha dejado al votante la suerte Bertoldo: elegir cuál es el árbol en que lo ahorcarán. alude así a un personaje de la literatura popular, de gran circulación en la época, basado en un cuento medieval recopilado por Giulio Cesare Croce en 1620, aumentado a través de los siglos, titulado Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, que narra las peripecias de un hombre rústico, pero inteligente y astuto que abandona el campo por el palacio del rey gracias a su habilidad para resolver los enigmas que el soberano proponía y para sortear las trampas que la reina le  tendía. Largos años sirve al rey con sus consejos. Condenado a morir por las argucias de la reina, pide que se le permita elegir el árbol en que lo ahorcarán. En el cuento, el astuto Bertoldo se salva. Pero en las grandes democracias, el pueblo “es un paralítico con la ilusión de la libertad al que las pandillas financieras usurpan la voluntad”.

“Es que la democracia, postula Jauretche en 1941,  está en crisis porque no ha sabido adecuar su aparato jurídico a las realidades económicas de la hora. Esta crisis proviene de  que el Estado no ha sabido limitar el poder de la finanza, sino que ha sido limitado por esta. ¡Y qué decir entonces de los países, como el nuestro, donde la finanza, a sus males propios, une el de ser extranjera! (…) El problema que en los países plutocráticos es un problema puramente interno, entre nosotros está vinculado a la existencia de una soberanía Nacional auténtica. Necesitamos liberar a la Nación para liberarnos dentro de ella”

Jorge Torres Roggero

Córdoba, 22/06/15

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