Sobre los “perduellis”

Publicado: 23 febrero, 2016 en Ensayos

por Jorge Torres Roggero

1.- La oligarquía maléfica

Lo sacrificó tLOS PERDUELLISodo: tranquilidad, trabajo, libertad. Para salvar la integridad de la patria, luchó y denunció incansablemente los negociados y maniobras entreguistas en la década de 1930. La bautizó para siempre: Década Infame. Sufrió prisiones. En aquel entonces, los políticos oficialistas, como en el Jujuy de hoy, daban órdenes a policías y jueces; y, lo más común era que se detuviera al denunciante mientras los entreguistas gozaban de absoluta libertad. Más aún, se procesaba a los denunciantes para silenciarlos, mientras los representantes de los monopolios extranjeros eran amparados para que saquearan el país.

Estoy hablando de José Luis Torres (1901-1965), el periodista tucumano que en sus artículos y sus libros denunció los negociados y fraudes del gobierno de Agustín P. Justo; señaló la defección de Alvear en el negociado de la C.H.A.D.E. (la casa radical se construyó con los ladrillos de la traición); desocultó el negociado de tierras del Palomar (origen de la fortuna Noble-Clarín); fustigó la violación de los derechos humanos y laborales en los ingenios “Leach’s Argentine  States” y “Ledesma Sugar States” (verdaderos estados en la entraña de la patria). Los dueños de los ingenios “El Tabacal” (Patrón Costas et caterva), “La Mendieta”, “Concepción” traían a los zafreros en vagones jaula y hacían nombrar diputados provinciales a sus capataces que, de acuerdo al sistema de entonces, los nombraban senadores nacionales en las asambleas legislativas. Como senadores, sólo levantaban la mano para traicionar la patria. Pero, sobre todo, J.L. Torres puso al descubierto las maniobras antinacionales de Federico Pinedo, Ministro de Hacienda de la Nación, famoso por recibir diez mil libras esterlinas para redactar un proyecto de ley favorable a los monopolios ingleses del transporte.

Si realmente no queremos caer presos de la coyuntura ni en el cotorreo de las internas como campo de caza de caudillitos “perduellis”, volvamos a leer Algunas maneras de vender la Patria (1940), Los Perduellis (1943), La Década Infame (1945), La Oligarquía Maléfica (1953) de José Luis Torres. Lectura siempre atrapante, seremos arrebatados por ráfagas de indignación e impotencia, pero con esta certeza: los “perduellis” que hoy quieran restaurar ese mundo ideal de la oligarquía en su peor acepción (“conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio”, RAE), deberán sortear, todavía, si es que realmente hemos sido dignificados por Evita y empoderados por Cristina, la “grasa militante”. Pero, ¿por qué resistir y combatir a los “perduellis”?

2.- Los “perduellis”

La palabra “perduellis” sirvió para identificar en la Roma republicana a los traidores a la patria. El crimen contra la patria, el “perduellio”, era el más grave de todos después del sacrilegio. ¿Por qué era el más grave? Porque las maquinaciones y deslealtades contra la patria, si bien dañan al individuo, destruyen, sobre todo, la solidaridad, el tejido social de la comunidad política. Si es punible infligir un daño al prójimo, ¿cuánto más infligírselo a la comunidad?

Curiosamente, el crimen gravísimo del “perduellio” desapareció de los códigos, de los diccionarios y hasta de la conciencia colectiva. Con el advenimiento del capitalismo individualista, los trusts,  las corporaciones sin patria, adoradoras del “dios-dinero” (Francisco dixit) y dueñas, hoy en día, del control mediático, ejercen el “etnocidio electrónico” de los pueblos y avanzan en la construcción del “hombre cero” que resulta presa fácil de los “shocks” económicos que destruyen los estados nacionales.

Te hacen creer que todas las ideas, incluso las que atentan contra la supervivencia de la patria, pueden convivir en un consenso bobo en que nos distraemos mirando volar globitos, mientras los CEOS de las corporaciones se sientan al festín de los buitres, cierran las puertas  de la Casa de Gobierno, las plazas y las calles al pueblo, y se arrodillan frente a Jefes de Gobierno que han desatado el odio, la destrucción, el despojo, las migraciones trágicas (verdaderas deportaciones), la destrucción del planeta, de los pueblos, de los estados y las culturas.

En Los Perduellis, José Luis Torres publicó la presentación, ante el juez de instrucción Ramón F. Vásquez, de un escrito contra la sucesión Otto Sebastián Bemberg y Josefina Elortondo de Bemberg por defraudación en el impuesto hereditario. La querella contra Bemberg estaba destinada a recuperar para el estado fondos millonarios e indispensables para el fomento de la instrucción primaria, pero el juez no hizo lugar al “pretendido rol de querellante” del periodista porque introduciría un “verdadero desorden jurídico”. O sea, el orden jurídico consistía en mantener para siempre la impunidad de los poderosos. Recordemos que el justicialismo sancionó a Bemberg, pero la Revolución Libertadora le devolvió lo mal habido.

3.- Algunas acciones perduéllicas

a) Juventud traicionada por sus maestros

José Luis Torres denuncia cómo el “feudalismo financiero” colocó en los gobiernos, en los ministerios públicos, en los congresos y en las cortes de justicia, a hombres dóciles y dispuestos a cumplir su designio maléfico.  A esos mismos les entregaron las cátedras de las universidades. Los maestros de las generaciones del porvenir debían ostentar los mismos atributos que los encargados de gobernar, legislar o dictar fallos.

El periodista tucumano ofrece una lista de profesores de la Facultad de Derecho (todavía sus textos ofician de manuales) que, a la vez, eran abogados y/o directores de los grandes monopolios  británicos. Transcribo una lista precaria, pero pido que se consulte en el libro La oligarquía maléfica (Freeland, 1973) para completar la nomenclatura de las cátedras a su cargo y de su participación en las empresas extranjeras: Juan Agustín Moyano, Agustín N. Matienzo, Manuel F. Castello, Clodomiro Zavalía, Eduardo Bidau, Félix Martín y Herrera, Juan Antonio González Calderón, Rodolfo Bulrich, Adolfo Orma, Vicente C. Gallo, Carlos Meyer, Alejandro Shaw, Atanasio Iturbe, Emilio F. Cárdenas, Alejandro Unsain, Carlos Saavedra Lamas. Según Torres, “los encargados de los intereses de los cuervos de las finanzas en el país de los argentinos, eran las encargados de la formación de las mentes juveniles”. El autor rescata, sin embargo, en la cátedra universitaria, a Rafael Bielsa: “un buen servidor del país”.

Me detendré en uno de estos seudogogos. En 1957, cuando ingresé a la universidad, regía el decreto 4161: uno podía marchar preso sólo por nombrar en voz alta a Perón. Las hogueras de la Revolución Libertadora ya habían consumido, en la Plaza de Mayo, los ejemplares del libro La traición de la oligarquía, de Armando Cascella. Mis profesores (la mayoría sin títulos universitarios, con secundario incompleto, maestros normales, profesores de enseñanza media con inquietudes filosófico-literarias) habían sido nombrados a dedo con el solo título de gorilas. Recuerdo que la profesora de Literatura Hispanoamericana nos recomendaba, con elogios, un libraco de alrededor de 600 páginas. Era una historia de la literatura escrita por Guillermo Leguizamón. Transcribo, botón de muestra, el párrafo que le dedica José Luis Torres:

“Guillermo Leguizamón (sir William), profesor de Derecho Romano y de Literatura, Director de los ferrocarriles ingleses, Presidente de los directorios locales de los ferrocarriles “Oeste”, “Sud”, “Nor” y “Este”; de la “The Western Telegraph Co. Ltd.”; del “Ferrocarril de Ensenada y Costa Sud”; de “The Buenos Aires Southern Dock Co. Ltd.”; de la “Compañía Muelles y Depósitos del Puerto de la Plata”; representante legal de la “Compañía de Aguas Corrientes de Bahía”; negociador de convenios de carnes con los gobiernos de su Graciosa Majestad Británica en representación del gobierno argentino. ¡Y tenía tiempo para enseñar literatura!” Los invito a consultar el libraco en la biblioteca de mi amada F. F. y H, U.N.C; y a revisar el pacto Roca-Runciman para calibrar al negociador.

Ninguno de los profesores arriba nombrados era CEO de menos de dos empresas extranjeras. ¿Por qué será que los predicadores del diálogo y el consenso quieren mirar para adelante, donde no hay nada; y odian sumergirse en la historia viva donde está agazapado el porvenir?

b) Los jueces perduellis

Según José Luis Torres, el Poder Judicial es el enemigo “nato, virtual y necesario” de cualquier gobierno de orientación nacional, popular y democrática. Todo gobierno que afecte privilegios (“el noli me tangere de los jueces burócratas”), “provoca –dice- la hostilidad de quienes siempre han actuado en los tribunales, en forma simultánea con políticos sucios, con parlamentarios sometidos y venalizados, porque (…)  son inamovibles y el juicio político solamente existe en la letra de las leyes que se sancionaron para no aplicarse nunca.” Tanto en la Corte como en la Cámara Federal, se designan hombres de toda confianza de las grandes empresas y monopolios.

Torres da como ejemplo algunos nombres de conjueces de la Corte: Rodolfo Bullrich, abogado jefe de los Ferrocarriles Sud y Oeste; Miguel Laphitzondo, co-director, con Federico Pinedo, en La Continental; Carlos Saavedra Lamas, abogado de la Sociedad Anónima Puerto de Rosario, director de CITRA, filial de CADE, ambas dependientes de SOFINA; Diógenes Taboada, director del Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico; Emilio Cárdenas, vicepresidente del Banco Central de la República, presidente del Ferrocarril Santa Fe, ex presidente de la Junta Consultiva de Abogados de Ferrocarriles Extranjeros de Argentina y ex profesor de Derecho Administrativo. La lista sigue.

Pobre el litigante argentino en contra de las empresas del imperialismo que recusara a un juez. Los monopolios extranjeros tenían un buen número de conjueces de brillantes antecedentes para llenar la “grieta”. Por eso, todos los pleitos iniciados por razones de bien general contra las corporaciones, sobre todo las más grandes, extranjeras y con incidencia en la economía popular, eran fallados a favor de las empresas. Además, todos los decretos leyes de orden económico-social eran declarados inconstitucionales. Siempre es inconstitucional, de acuerdo a los fallos de los tribunales, todo lo que se opone a los designios de la oligarquía o las pretensiones de los monopolios.

Según Torres, los interesados en mantener el imperio de la mentira argumentaban que la remoción de jueces daba la sensación de inestabilidad. En realidad, eran los argumentos de la prensa capitalista que siempre estuvo al servicio de los “trusts”, de los monopolios, de los “holdings”, de las oligarquías y privilegios. Es la prensa que publicaba los avisos de Bemberg a cambio de su silencio cómplice. Lo mismo sostienen “los abogados de las empresas; los políticos en disponibilidad que reciben sueldos de los monopolios y consorcios a título de adelantos para cuando se encuentren en el gobierno, esperanza esta que a ratos los pone alegres, mientras los patriotas están invadidos por una razonable angustia”.

c) La historia “perduéllica”

Paso a citar este angustiado párrafo de José Luis Torres. ¿Cómo no sentirse turbado?

“Los argentinos del futuro sufrirán así una confusión tremenda. La historia la escribirán en su día los historiadores de alquiler, y se harán desaparecer los trabajos de quienes traten de ilustrar la conciencia de la posteridad con espíritu de honradez y justicia. Ya ha ocurrido lo mismo, con respecto al pasado. Tal vez la historia del futuro la escriban los hijos de los hombres que forman el equipo de intelectuales y técnicos extranjeros que ahora escriben subvencionados por la CADE y la SOFINA, para empresas editoriales de la SOFINA  y de la CADE, los tratados de economía, los opúsculos de las finanzas, que ahora se están publicando profusamente para convencer a los argentinos de las ventajas que para nosotros tiene el coloniaje como sistema político, de la honradez de los holdings, de la legitimidad de los monopolios, de la necesidad de los trusts, del desinterés e idealismo de los mercaderes, del patriotismo de los “carteles” económicos mediante los cuales un escaso número de hombres de presa influyen en la vida de los argentinos desde el extranjero, despreciando un país que lo acepta todo, antes y después de revoluciones salvadoras”.

4.- Pueblo alegre y oligarquía rabiosa

La obra de José Luis Torres se dirige, como signo nuclear, a denunciar un sistema de gobierno de venalidad y entrega, organizado especialmente por Federico Pinedo, “monstruo del perduellio” y “augur de catástrofes” que acusó al autor de “falta de respeto al derecho establecido”.

¿Alcanzaría con recordar la creación del Banco Central? El trámite fue clandestino y sorpresivo la sanción. El proyecto se trajo escrito desde Inglaterra, fue presentado al Congreso sin traducir y aprobado en una noche por ambas cámaras sin leerlo. En el directorio de Banco solo se daba lugar a tres representantes oficiales. Los otros once representantes eran de bancos privados extranjeros y nacionales. Pero los bancos denominados argentinos eran, a su vez, sociedades anónimas cuyas acciones estaban en poder de empresas capitalistas, también anónimas, domiciliadas en el extranjero. El Banco Central, creado por ley, resultaba así  un banco privado manejado por capitalistas de imposible individualización. De tal modo, los enemigos de la patria estaban en condiciones de apoderarse del Directorio del Banco y del manejo de nuestra moneda. La lista de acciones “perduéllicas” es enorme y el espacio mínimo. Invito a buscar los textos, a hundirse en el pasado como en las propias entrañas. Todo futuro viene del pasado. Allí podemos ver lo que nos espera. Sólo hay dos caminos posibles: patria o colonia.

En un escrito de Pinedo sobre el inicial peronismo lo acusaba de ciertos errores con palabras que  parecen de la prensa vendepatria de hoy. Según el gran oligarca, nos encontrábamos “solos, aislados y débiles”, y además, “pobres, sin reservas y desunidos”. Por supuesto, con un estado hipertrófico. ¿Les suena ese lamento?

José Luis Torres postula que, a un pueblo alegre, corresponde una oligarquía rabiosa. Pinedo sostenía que “volcándose sobre la colectividad una masa inmensa de recursos, todo el mundo se sintió más rico, todo el mundo tenía la sensación de que podía gastar más, y los gastos de unos creaban los recursos de los otros”.

¿Por qué la rabia por la alegría de todo el mundo? ¿Por qué no alegrarse de crear recursos para otros y todos entre sí? A la oligarquía le da rabia cuando un gobierno termina con la “economía de la escasez”, “impuesta desde arriba, porque nunca, que se sepa, anduvieron “escasos” ni Pinedo, ni Groppo, ni Patrón Costas, ni Bemberg, ni Justo, ni Dreyfus, ni Alvear, ni Ortiz, ni Bunge, ni Culaciatti, ni ninguno de los que mantenían en su país, pero solo para el pueblo, la “economía de la escasez”. La lista de “perduellios” es larga, pero aquí concluyo.

Sólo quería recordar, contra los que exaltan “el silencio”  del Gral. San Martín, que nuestro Libertador jamás calló su condena a los traidores: “Lo que no puedo concebir, dijo, es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía, ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. La execración de los “perduellis”, o “vendepatrias” en el lenguaje de Perón, no caduca. Como entre los romanos, perdura más allá de la tumba.

Dejo, por fin, las últimas palabras de José Luis Torres en La oligarquía maléfica: “Con la verdad no se traiciona. Se traiciona con hechos, realizados con el ojo encandilado por la codicia y con la mano abierta como garra de buitre. Lo dicho, dicho queda, para siempre. Y detrás de lo dicho, mientras viva, estoy yo, LAUS DEO.”

Jorge Torres Roggero, Córdoba, 22/02/16

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comentarios
  1. Eduardo Figueroa dice:

    Muy buen aporte estimado Jorge. Estoy detrás de su bibliografía que espero poder encontrar. La vitalidad y patriotismo de sus líneas siguen vigentes en esto momentos tan crueles del capitalismo debocado

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