Carlos Fayt y una profecía de Arturo Jauretche. Los Homoglobos, el doctorcito de sombrero aludo y el Guinness de la incoherencia

Publicado: 24 noviembre, 2016 en Arturo Jauretche, Ensayos, Marechal, Noticias y política, resistencia peronista, Revolución Libertadora
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 por Jorge Torres Roggero (Artículo publicado en la revista El Avión Negro, Córdoba)

1.- Los Homoglobos

En el quincarlos-faytto círculo de su viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia, Leopoldo Marechal nos arroja, aferrados a una soga y entre violentas ráfagas, sobre una multitud de “hombres de goma inflados casi hasta reventar”. Son los Homoglobos. Sus gestos, fríos y solemnes; su discurso, “un verdadero camposanto de lugares comunes”. Está relatando la invención del Personaje o Figurón. El Personaje no es un “ente real” sino un “ente de razón” inventado por alguien. La esencia del Personaje es precisamente su falta de esencia, el vacío absoluto. Un Personaje bien cocinado habla siempre con supuesta idoneidad tanto de la situación de Medio Oriente como de la cocina egipcia o las internas peronistas.

Esta cosa pensaba mientras leía un artículo de Claudio Fantini, “La exclusividad de la impudicia” (La Voz, 01/11/ 2014) en que, tras “cartonear” en el basural a cielo abierto de la bibliografía más gorila, se solaza en numerar las impudicias peronistas. Lo que los demás deben ocultar, postula, los peronistas lo pueden ostentar. La culpa es de la “sociedad” que lo permite, que siente pánico ante el poder que detesta a los pusilánimes y “vive con la sensación de que solo el peronismo sabe sujetar el poder”. El artículo es una elegía, una lamentación anacrónica, una añoranza del golpismo, un solemne auto sacramental para ofrecer justificaciones a cualquier intento desestabilizador.

En eso estaba cuando terció Jauretche. Según el forjista, los figurones son el resultado de una técnica de fabricación: “La firma del personaje, o la simple aparición frecuente y destacada en los grandes diarios, sirven para construir el prestigio, prestigio que una vez logrado sirve a su vez para prestigiar las ideas y los hechos que el prestigiado apoya con su autoridad. Así constituido, el “figurón” va afirmando su personalidad a través de la cátedra, el libro prestigiado por los mismos medios, las academias, los premios científicos y literarios, las instituciones que consolidan el renombre adquirido (…) Es toda una construcción artificiosa y regulada cuyo acceso se logra a medida que se acredita la obsecuencia al aparato, y se da la certidumbre de que responderá con el prestigio que se le presta, dando prestigio a su vez”.  Y aquí es donde entra a tallar la historia del “doctorcito del sombrero aludo”.

2.- El doctorcito del sombrero aludo

Como siempre, Arturo Jauretche no se anda con vueltas para ilustrar su pensamiento. En 1958, proféticamente, nos mostró el nacimiento y los primeros pininos de un personaje que en nuestros días da mucho que hablar y que él había catalogado ya en épocas de FORJA. Decía Jauretche: “Para que mis lectores vean, por ejemplo, cómo se fabrica un personaje, los voy a invitar a que sigan la publicidad periodística sistemática que se le está haciendo a una llamada “campaña de educación democrática”, cuyo objeto es ir fabricando con tiempo un nuevo personaje que lo será, a la distancia, aunque sea una “distancia larga”, como decía Balbín, un mozo que fue candidato a la presidencia de la República y que desde luego tuvo prensa favorable.

“El personaje que están fabricando es un doctorcito Fayt que un día, con el título nuevecito, un sombrero aludo de esos de ribete, y tres guantes, los dos para ponerse y el de llevar en la mano, se apareció en FORJA y se afilió. “Pidió en seguida la tribuna y se la dimos tres veces. A la tercera lo llamé y le dije: “Vea, joven, usted no entiende lo que es FORJA, porque usted es un liberal crudo y su puesto está en el Partido Socialista. Acerté, porque actualmente actúa en el mismo y habla, habla, habla; ¡la pucha si habla!, y tiene prensa a bocha como que La Nación y La Prensa le dedican todas las semanas su buen cuarto de columna. Están fabricando un comodín, como hay tantos”.

Jauretche escribía esto en polémica con la Revolución Libertadora. Los profesores peronistas habían sido expulsados de la universidad. El decreto 6043 de Aramburu prohibía que fueran admitidos en los concursos. José Luis Romero, interventor en la Universidad de Buenos Aires precisaba aún más las restricciones a: “Los que hayan propuesto o participado en actos individuales o colectivos, encomiando la obra de la dictadura, realizados dentro o fuera de la Universidad, invocando o no su condición de universitarios”. El pretexto puede ser Perón o, en su momento, Yrigoyen. Pero el objeto es siempre el monopolio de la universidad por el pensamiento anti-nacional y oligárquico.

Recordemos. El 5 de setiembre de 1930, el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA dictó una resolución en que asume como propio “el imperativo enunciado, en forma indeclinable por la conciencia juvenil, de exigir la renuncia del Presidente de la Nación, Sr. Hipólito Yrigoyen y la inmediata restauración de los procedimientos democráticos dentro de las normas constitucionales”. El decano golpista era Alfredo L. Palacios y los secretarios Julio V. González y Carlos Sánchez Viamonte. Tres personajes del socialismo cuya “transparencia” dice haber heredado “el doctorcito de sombrero aludo”. Son los famosos “maestros de juventud”. Gracias a ellos, los estudiantes reformistas apoyaron los golpes que voltearon los gobiernos populares de Yrigoyen y Perón.

En 1955, hubo jueces (Orgaz, Galli, Soler, Busso) dispuestos a avalar cualquier medida contra el pueblo y la patria. El “cansancio moral” que pretextaban nos les impidió declarar la constitucionalidad del Decreto-Ley 4161/56 que prohibía cualquier alusión a Perón, su esposa, y su doctrina. Ante el cuestionamiento a las sanciones impuestas a un periódico que elogiaba la obra de la Fundación Eva Perón y el pedido que se declarara inconstitucional la sentencia porque reprimía el derecho de expresar por la prensa aquello que, “bueno para unos y malo para otros, había quedado incorporado a la historia política del país”, la Corte desechó el reclamo. Consideraba absolutamente razonable que, en un período post revolucionario, las autoridades surgidas de la revolución establecieran restricciones a la propaganda contrarrevolucionaria, a la exaltación de las doctrinas y del estado de cosas que dieron origen, precisamente, a la revolución. Y pensar que, en nuestros días, la Corte avala las cautelares que blindan el poder hegemónico de las grandes corporaciones mediáticas, financieras y económicas.

Fruto tardío de la restauración oligárquica de 1955, sombra inasible del doctorcito al que Jauretche profetizó una “distancia larga”, el Dr. Carlos Fayt persiste en recitar la melopea que lo autoconstruye como personaje impoluto y letrado. Lo poco que sabemos de él proviene del reportaje concedido a la revista Lecciones y Ensayos de la Facultad de Derecho. Veamos cómo explica su llegada a la cátedra universitaria en la Universidad de la Plata y, luego, en la UBA.

“Producida la revolución que depone a Perón, dice, se designan interventores en las universidades y están libres las cátedras. Yo recibo la invitación del designado Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata para hacerme cargo de la cátedra de Historia de las Instituciones Representativas, pero también estaba vacante la de Derecho Político. Al poco tiempo de desempeñar la primera, hablé con el Decano y le dije que me parecía que iba a ser más útil en la segunda, me interesaba más la cátedra de Derecho Político. (…) Después de esto me ofrecen la cátedra que estaba vacante, que era la única que existía, en la Capital Federal, es decir, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, me refiero a la cátedra de Derecho Político”.  Como es fácil advertir, el relato contiene una especie de milagro: se depone al tirano, se intervienen las universidades y, maravillosamente, las cátedras quedan libres, en oferta para “doctorcitos de sombrero aludo”. Nada dice de la persecución a los docentes (aún a los no peronistas), nada de las proscripciones, nada del asalto impune a las organizaciones estudiantiles peronistas, nada de la entrega descarada de las cátedras y cargos universitarios a socialistas, comunistas y algunos radicales “reformistas” y a sus “maestros de juventud”. El “personaje” Fayt todavía era socialista. En 1969, Jauretche agrega esta nota a su predicción de 1958: “A estas horas, 1969, ya está fabricado, en profesor universitario, concurre a toda clase de congresos y es personaje en puerta para académico. Reemplazaría a los Sánchez Viamonte y a los Linares Quintana ya muy deteriorados por el uso, y bolillas demasiado conocidas”

Estaba recogiendo los frutos de la “campaña de educación democrática” encarada junto a su maestro, Carlos Sánchez Viamonte, autor de un libro de Derecho Constitucional que fascinó a Fayt. Sánchez Viamonte, feroz antiperonista, fue autor de un Compendio de Instrucción Cívica. Y ese es el costado comercial de las campañas de educación cívica del doctorcito y su maestro. Tras la caída de Perón, se instauró en la escuela secundaria la materia Educación Democrática y, hasta en las escuelas religiosas, el manual obligatorio fue el de Carloncho Sánchez Viamonte, socialista, pero de “familia patricia” y alta sociedad.

A Fayt tampoco le fue tan mal. Según él, durante la Revolución Libertadora, en sus campañas de educación democrática, “se proporcionó tribuna a los sin tribuna”. Fueron una experiencia de tolerancia, civilización política y participación popular. Sin embargo, algo calla el “doctorcito de sombrero aludo”: en ese momento, millones de peronistas estaban proscriptos, ni siquiera podían pronunciar el nombre de su conductor sin marchar presos. ¿Qué democracia predicaba? Por cierto, nada de denuncia sobre fusilamientos, torturas, operaciones masacre, clausura de periódicos, derogación por decreto de la Constitución. Tampoco cuenta un episodio frecuente en sus jornadas cívicas: a veces, los pibes de la naciente juventud peronista en la resistencia le arrebataban el micrófono, gritaban “¡Viva Perón!”, y salían corriendo para no ser detenidos.

Eso sí, tras un viaje a Europa para orientarse sobre cómo organizar su materia, logró sistematizarla en sus libros de Derecho Político, textos canónicos en las facultades de derecho. Y como Sánchez Viamonte, escribió también su Compendio. Fue, confiesa, “un acto de amor a los estudiantes”, “para facilitarles las cosas”. Con esa sinopsis “podían recordar esa materia y repasarla en dos horas antes de dar el examen”. El éxito lo “convierte en un clásico” y en texto obligatorio en universidades de Paraguay y Perú. En Argentina, más de once ediciones. Buen negocio el de la democracia y la transparencia socialista: un compendio, una prolija recopilación de teorías sin sustento en nuestra realidad, dan pingüe ganancia en universidades y facultades en que los profesores simulan ser apolíticos y los alumnos recitan de memoria.

3.- El Guinness de la incoherencia

En los últimos tiempos, el doctor Carlos Fayt, ahora de 97 años, vocal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se ha convertido en el centro de una polémica político-judicial en virtud de que se mantiene en el cargo pese a su avanzada edad. Distintas voces del gobierno consideraron que el juez debería dejar el cargo, e incluso desde el propio Poder Judicial crecen los comentarios sobre su real capacidad para ejercer sus funciones puesto que ya no concurre asiduamente el Palacio de Justicia de Plaza Lavalle.

Ya vimos cómo la revista Lecciones y Ensayos le dio pie, en una larguísima entrevista, para que se autoconstruyera como personaje de la democracia. Sin embargo, el eje predominante en sus memorias, es un acendrado antiperonismo. Su libro Naturaleza del Peronismo, si nos atenemos a la autobiografía, es apenas una inocente compilación en que hace gala de una generosa amplitud en la elección de los colaboradores. Sin embargo, la introducción, de 130 páginas, es un manual de antiperonismo. De acuerdo a su criterio, el peronismo, que carece de entidad propia, puede obedecer a tres factores:

1-El peronismo es simplemente Perón; o sea, “el peronismo sería un producto de la voluntad de poder del coronel Perón”.

2.-El peronismo es la versión argentina del fascismo italiano. “El peronismo sería un producto del nacionalismo argentino, que convirtió a las masas obreras en su instrumento, despojándolas de su espíritu de lucha”.

3.-El peronismo fue una necesidad histórica y sería la expresión de la lucha de los nuevos sectores de la clase media y de los sindicatos, pero como meros instrumentos. Para Fayt, “el peronismo es por naturaleza un movimiento fascista y totalitario, de un paternalismo elemental y directo”. Siempre, confiesa, “critiqué a los partidos -al peronismo y al radicalismo- que compran votos”. Por eso, en su libro no habla de la soberanía argentina sino de la “sobornería” argentina.

En este momento, el juez Fayt, Homoglobo ilustre, sigue respondiendo, ya mecánicamente, a las instituciones que le consolidan el renombre adquirido y lo “necesitan vivo”. Es conocida por todos la acordada que “re-re-reeligió” a Lorenzetti como presidente de la Suprema Corte de Justicia desde marzo de 2016 cuando todavía le faltaba un tercio de su mandato. La irregularidad de esa reelección adelantada puso de manifiesto que el Dr. Carlos Fayt no concurría desde hacía un mes al Palacio de Justicia y le llevaron todo redactado para que lo firmara en su casa. Jorge Caballero, en una nota de Tiempo Argentino titulada “La corte de la minoría automática”, pone en dudas la idoneidad del juez. “No son, dice, sus habilidades pasadas o el ritmo de su respiración lo que está en discusión”. La pregunta, sostiene, “es si Fayt entiende lo que firma o le hacen firmar un documento que “lo ubica en un lugar cuando estaba en otro”.

Comentando esta nota, la Presidenta CFK, ante la andanada de republicanismo y transparencia democrática de Clarín y la oposición que denuncian ataques a la Justicia por parte del gobierno, demuestra la contradicción de la corporación mediática y desestabilizadora. En efecto, el 24/08/1999, Clarín criticaba que no se aplicara la cláusula constitucional de los 75 años en el conocido “fallo Fayt” que exime al juez, en aquel entonces de 81 años, de cumplir con dispuesto en el artículo 99, inc.4to., denuncia la actitud corporativa del Poder Judicial y la declara contraria a la “voluntad política de los legisladores y los constituyentes”. La contradicción entre la postura actual de Clarín y la de 1999, según la Presidenta, “merece el Guinness de la incoherencia”.

Volviendo a Marechal: la historia del Homoglobo, o Personaje, o Figurón, que se aliena a tal punto que deja de ser el mismo para “pillársela” y pasar a ser la ficción de los intereses que lo construyen y le insuflan la bolsa de oxígeno del prestigio, se titula en realidad: “Invención y muerte del Personaje”. Muerte del “Personaje”, entiéndase bien. Nosotros sólo nos entretuvimos en desatar el pico del globo para que silbe al aire y escape de su envoltura. Su pneuma será bendecido por Monseñor Poli que llamó a Fayt “venerable y sabio letrado” y advirtió que, al cuestionarlo, se vulneraba “el orden constitucional” y las “normas éticas fundamentales de la convivencia pacífica”. ¡Otra vez la Libertadora!

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