LUGONIANAS

Publicado: 8 abril, 2018 en Ensayos

Poetica depor Jorge Torres Roggero

Celebramos el centenario de la Reforma Universitaria. En los aprontes y prolegómenos de actividades académicas y culturales, vislumbramos cierto reduccionismo que pareciera orientar el pensamiento reformista hacia un perfil de influencias ideológicas que no lo abarcan totalmente, ni definen su singularidad llena de aperturas. Es por eso que inicio una serie de textos testimoniales de diversos autores argentinos. Comienzo con Leopoldo Lugones.

El pensamiento de Lugones, en la época de la Reforma, ejerce una marcada influencia tanto en Saúl Taborda como en Deodoro Roca. Lugones fue un activo protagonista de la lucha reformista.Tan así es, que en el año I, número 1, el Boletín de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales publica “La historia del dogma”, parte II del libro Dogma de obediencia que permaneció inédito durante 93 años. Recién en  2011, la Biblioteca Nacional publicó la versión completa en la Colección Los Raros, con estudio preliminar de Cecilia Larsen y María Pía López.

El director del Boletín de 1921 era Arturo Capdevila. En la presentación del texto lugoniano sostiene que la obra ofrecida representa la “altura culminante” del pensamiento político lugoniano. Más aún, advierte que “La historia del dogma” “bien  pudo titularse Las nuevas bases”. Anticipa que en números sucesivos se editarán la tercera y la cuarta parte, pero no la primera y quinta. De acuerdo a su criterio, el carácter revolucionario de las mismas comprometía “la índole puramente científica de la  publicación.”

Como vemos, Capdevila, a contrapelo de la Reforma, censura el pensamiento lugoniano en nombre de un cientificismo dogmático. En efecto, Lugones en ese libro previene sobre la falsificación de la historia y, a la vez, traza el posible perfil de un orden social nuevo. En el texto publicado, sostiene que el Imperio Romano fue obra de la plebe y que bien podría definirse como la primera “dictadura del proletariado”. Se respiraban los aires de la Revolución Rusa y , además, el texto se caracteriza por una marcada tendencia anarquista. El imperio, según revisa con copiosa bibliografía, tuvo como fin la justicia social, la reforma educativa, la educación pública y la reinvindicación de la mujer entre otras conquistas populares. No este el lugar para explayarme sobre estos temas. En todo caso, si les interesa, pueden acudir a  la lectura de mi libro Poética de la  Reforma Universitaria (Ed. Babel, Córdoba, 2009). Se verán allí, además, otros aspectos generalmente no tratados, o tratados desde distinto ángulo de visión, sobre el acontecimiento de 1918 que se memora. Como soy sapo de otro pozo (y a pesar de ser Profesor Emérito), seguramente no seré convocado ni a un panel.

El fin de  “lugonianas”, como será el de “marechalianas”, “artlianas”, “peronianas” (et sic de coeteris), es presentar textos de autores argentinos que, desde mi punto de vista, son significativos y sugerentes: textos que nos siguen interpelando, que nos hablan sin cesar y son una “canción desesperada” en el vocerío de la larga marcha del pueblo. He espigado en un solo libro de Lugones, Prometeo, publicado en 1910, en el Centenario. Quedo en deuda con La Grande Argentina, en que se realiza la crítica a la democracia anglosajona de la década infame, se traza una semblanza del soldado que generalmente se malinterpreta, y proclama el sueño de una Argentina potencia, pero no imperialista. Lugones era un desesperado patriota que, ante la traición y la entrega, ensayó diversas respuestas ideológicas. Fue un argentino cabal, una personificación trágica de nuestras contradicciones. Nunca ejerció el poder, fue un explotado más, una víctima selecta de la oligarquía y del sometimiento infame de la patria al imperio británico. Murió quejándose de que “mientras en Buenos Aires se mendigaba con medias de seda”, en las provincias del interior, no alcanzaba ni “para andar en alpargatas”. ¿Predecía la contradicción  libros/alpargatas y el advenimiento de los cabecitas negras?

Los dejo con Lugones de 36 años, a solas. Es enfático, metafórico y rico de vocabulario. Viene bien, a veces, saborear un texto como quien pela con los dientes una dura y apetitosa costilla.

LUGONIANAS

 (Textos tomados de Lugones Leopoldo, 1962, Obras en Prosa, Madrid, México, Buenos Aires, Ed. Aguilar)

1.- Egoísmo y trabajo

“El trabajo excesivo nos ha vuelto egoístas y malos, vale decir enfermos, al no dejarnos tiempo para realizar, mejorándonos, el cultivo de la simpatía. Agobiados de tarea, enloquecidos por adquirir bienes cuyo disfrute es imposible o angustioso, las mismas reglas de la educación elemental claudican, entre los estrujones de la runfia. La indiferencia ante el daño ajeno es una avara defensa del bien propio miserablemente confundida con la aislada glotonería de la fiera. […] El tiempo cuya duración medimos con nuestra propia vida, y que como vida debiéramos apreciar, equivale para nosotros a dinero. Así, en vez de disfrutarlo, la amonedamos sin advertir que la hucha de tal tesoro es la tumba, y lo que se compra con él, la fatalidad antes gratuitta de la muertte. […] Y tristes nos consumimos, labrando para la nada nuestra vida inútil, a semejanza de los míseros alfareros, ocupados en rodear eternamente con un poco de barro, otro poco de tiniebla y vacío.” (p. 1057)

2.- Patria y justicia

“La justicia es el fundamento de toda patria, y por lo mismo, es la iniquidad la que destruye las naciones. No hay para estas muerte física sin esa previa defunción moral. […] Es la compasión de los mutuos dolores lo que ha de regenerarnos, no la organización del egoísmo por científica que sea. Caso de asistencia pública, la pobreza exige ahora como remedio esencial el regenerador derecho al trabajo. A la asistencia por medio de la caridad, ha de sustituirse la asistencia por medio del trabajo. Esta es la compatibilidad superior con nuestro concepto de dignidad humana” (p. 1059)

3.- La solidaridad en la dicha

“La felicidad, o sea la salud del alma, es un negocio colectivo. Y así como la solidaridad de la higiene comporta un interés eminente, porque de lo contrario las plagas infecciosas son el castigo del egoísmo, la solidaridad de la dicha constituye el supremo interés para las sociedades cuyo porvenir amenaza el egoísmo con un castigo peor: el odio convertido en tentadora voluptuosidad para los débiles y en vengativa satisfacción para los fuertes. […] Hay que socializar ante todo el ideal de la dicha, haciendo entender a los hombres que no es posible la felicidad aislada de uno solo entre una mayoría de desdichados. Porque la felicidad es ante todo una satisfacción de justicia; mientras esto no exista en realidad, tampoco habrá verdaderos dichosos” (p.1061)

4.- Egoísmo, patria, oro

“El egoísmo es el gran enemigo de la patria y debiera curárselo como una enfermedad maldita. Empieza por renunciar a la salud del espíritu con el pesimismo y acaba por renegar de la patria con la traición.[…] País donde todo se compra y se vende, acaba por tener un precio. Nación donde sólo impera la fuerza y se vende, acaba por abandonarse al más fuerte. El oro no ha de ser otra cosa que un agente de la justicia para la expansión civilizadora que el país debe a las naciones hermanas. El sable ha de ser el perro de la justicia, noble y bravo como dicho animal, pero nunca sustituido a aquella. Únicamente los ciegos van precedidos por su perro. Ni es de hoy el error que según la piratería científica podríamos llamar política darwiniana.”(p. 1070)

5.- El oro que viene de afuera

“La preocupación de amontonar el oro que viene de afuera no comporta honra ni mérito. Es, a lo sumo, una virtud doméstica de orden enteramente inferior, si se las compara con las grandes labores de civilizar y libertar. […] Sin un centavo en sus arcas, inculto y casi despoblado, el país conmovió a América ha un siglo con acto exclusivamente moral: el Grito de Mayo. Su bandera flameó por todo el continente entre la admiración de los pueblos.[…] Preguntémosnos cuando fue más el país para la América y el mundo. Si entonces con su miseria generosa, o ahora con sus cientos de millones de oro y su población sextuplicada. El hecho es absoluto: entonces valíamos mucho más.” (1070/71).

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