EL ODIO FELIZ Y EL CORONEL SIN NOMBRE

Publicado: 1 julio, 2018 en Borges, Ensayos, Eva Perón, H. A. Murena, Jorge Torres Roggero, Literatura Argentina, Perón
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por Jorge Torres Roggero

evitaEl odio feliz de Borges

Polemizando sobre literatura argentina, Borges resume la cuestión con este oxímoron festivo: “por eso creo que el hecho de que algunos ilustres escritores argentinos escriban como españoles es menos testimonio de una capacidad heredada que una prueba de la versatilidad argentina(1998: 198)”.

Ahora bien, una búsqueda que profundice una precaria contextualización nos enfrenta a un cierto antagonista oculto de Borges, cuya irrupción en una disputa académica puede suscitar escrúpulos metodológicos y fervorosas peticiones de impertinencia. Ese polemista oculto ( Borges elude nombrarlo para descalificarlo como interlocutor) es el principal objeto del “odio feliz” que organiza sus ensayos, es el fantasma (creación mental) que espanta al círculo guardián del prestigio intelectual de las minorías cultas de mediados del siglo pasado. Igual que al  Maligno, no se lo nombra. ¿Quién es el polemista oculto? Contextualicemos.

En un conocido cuento, H.A. Murena[i]  relata cómo una aparición repentina produjo desagrado y seducción a la vez. Un coronel de “brazos y cuello tal vez ligeramente cortos”, de “movimientos desenvueltos” y “expresión jovial” aparece de golpe en el velorio de un general y se dedica a inventar juegos y entretenimientos fuera de lugar. Olvidados de la pesadumbre, los asistentes se entregan a “articular palabras con la boca cerrada, pero de modo que, a través del sonido nasal, resultasen inteligibles”. El “patio se llenó de ruidos extraños, grotescos y hasta repugnantes”. Las frases parecían tener “un sentido obsceno” que el narrador no alcanzaba a entender. El coronel, desconocido para todos, impresiona por la “fascinación” que ejerce, ante maridos tolerantes y casi complacidos, sobre las mujeres. Hasta el abatimiento de la muchacha que está velando a su padre  parece olvidarse de su parentesco con el muerto. De pronto, el narrador,  un militar retirado por los sucesos del año 30, comienza a percibir  que la piel de ese otro desconocido y seductor, “había tomado un color oscuro, terroso”. Cuando el recienvenido se quitó el saco, siente llegar hasta él “una vaharada de olor fuerte, ácido, acaso a sudor demasiado concentrado”. Cuando por fin logra salir, el coronel insiste en acompañarlo un trecho y le va destinando frases provocativas e hirientes. La cara de ese otro impertinente “era muy oscura, demasiado oscura ya”, llena de pelos. Además, parecía más bajo y más hinchado. Durante el sepelio, todos parecen haberlo olvidado. Abochornados, hacen como si no hubiera existido. Sin embargo, cuando al día siguiente,  el narrador acude a la casa del muerto, “sintió un olor punzante”. La hija lo atribuyó al exceso de flores, pero  el relator  sabía que “era el mismo olor ácido, vagamente fétido, que había sentido cuando en aquella noche mi acompañante se había quitado el saco”.

Ciertamente, la alusión al líder y a los rituales de la masa peronista son más que evidentes. No hay ruptura discursiva entre este cuento y El Matadero de Echeverría: lúcida transparencia de una clase, en un mismo lugar histórico[ii].

El polemista oculto

El auditorio de Borges tiene claro que el polemista oculto es sobre todo Juan Domingo Perón. Aunque parezca extraño, Borges, en cuestiones de literatura, historia y cultura, y mediante el uso de los sobreentendidos de su clase, ensaya respuestas incesantes a algunos discursos llamados “académicos” de Perón[iii].

El primero fue pronunciado nada menos que en la Academia Argentina de Letras[iv] con motivo del Día de la Raza y en homenaje a la memoria de Don Miguel de Cervantes Saavedra en el Cuarto Centenario de su nacimiento (1947). El segundo, fue pronunciado cuando las universidades argentinas  otorgaron al Presidente el título de Doctor “Honoris Causa” por su obra a favor de la Cultura Nacional (14/11/1947) [v]. En ambos textos Perón profiere una taxativa defensa de la tradición hispano-criolla ante “las corrientes de egoísmo y las encrucijadas del odio que parecen disputarse la hegemonía del orbe”. A la fuerza y al dinero, Argentina, “coheredera de la espiritualidad hispánica”, “opone la supremacía vivificante del espíritu”. Cobra así sentido homenajear a Cervantes en el Dia de la Raza como triunfo de una concepción que impulsa a asumir riesgos por el “bien y la justicia”. El “jugarse enteros” es una empresa gaucha que “ostentan orgullosos los quijotes de nuestras pampas”.

Rechaza el concepto biológico de raza y sostiene que es “algo puramente espiritual” que hace que nosotros seamos lo que somos y nos impulsa a ser lo que debemos ser, por “nuestro origen y nuestro destino”. Es un “sello personal indefinible e inconfundible”. Queda claro quién era el polemista oculto: era un coronel “sin nombre”, sin progenie, que hablaba en nombre de unos cabecitas negras ignorantes y bárbaros que se habían adueñado de las “instituciones de la República”.

Ahora bien, la amenaza devenía en que no sabían “nada a su respecto”[vi]. La irrupción del coronel desconocido infiere un tajo a  la tradición militar y unitaria:  como antaño el federal José Hernández, en Buenos Aires, donde todos se conocían, no causaba impresión. Lo  curioso es que el coronel, así como Borges organiza y administra la herencia estética y social permutando signos y fatigando el código, prestidigita  las creaciones libres del campo social echando mano a las reservas morales de la cultura occidental. Curiosamente, ambos profesan creencias y rituales de la historiografía liberal.

Para la mentalidad del grupo social de Borges los antepasados hablan constantemente y forjan la identidad individual y social. En ese sentido, nos permitimos recordar un interesante texto de Mariano de Vedia y Mitre en su biografía del Deán Funes[vii]. Allí sostiene que toda criatura humana hace el camino de la vida acompañada de huéspedes interiores: “Todos llevamos dentro de nosotros mismos, sin sospecharlo quizá a veces por hallarse en los lindes de la subconciencia, a los antepasados que son nuestra propia tradición y nuestra propia historia” […..] “Por mi parte, he hecho el viaje de la vida en compañía de mis propios antepasados, de quienes asistieron y no como simples testigos, al nacimiento y la formación de la patria”(1954:647.648).

Ahora bien, la progenie de Perón carece de nombre en esa historia. Es un recienvenido en quien no se sabe quién habla: o la algarabía de un reciendesembarcado inmigrante o una india lenguaraz[viii]. En ambos casos, caterva anónima  que desconocen lo que se “cifra en el nombre”. Mariano de Vedia y Mitre  nos advierte acerca de hombres deshabitados de huéspedes interiores: “Los desheredados de la tierra, los que sufren el hambre y el dolor de muchas injusticias sociales, no llaman siempre a sus huéspedes interiores por un movimiento de afinidad y simpatía. Muchas veces evocan esas imágenes secretas y aun ignoradas golpeados por la desesperación y aun por el odio que hicieron nacer en su alma figuras de exterminio, a veces de redención”(1954: 647) .

Por lo tanto, Perón no debe ser nombrado porque en él no hay nombres: “Yo pensaba todas las mañanas: ese hombre de cuyo nombre no quiero acordarme, está en la Casa Rosada”[ix]: “Ni Perón era Perón, ni Eva era Eva, sino desconocidos y anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología” [x].

Su única resistencia era aludirlo en las conferencias que daba “siempre con alguna burla”. Borges odiaba a Perón y odiaba al peronismo por considerarlo un despliegue de vulgaridad [xi].

Pero he ahí que el repudiado advenedizo inviste, paradójicamente, la máxima jerarquía militar y cívica. No era un patricio. Su poder residía en un sujeto histórico sin nombre o que, hasta ese momento, sólo había sido nombrado con los signos del desprecio. Ese sujeto cultural era el operador anónimo de la gesticulación y los códigos de ese mestizo abierto a la modernidad tecnológica y social.

Juan Perón, Eva Duarte[xii], hijos “del viento”, fundan su prosapia en la masa sin nombre y eligen como lugar y estancia el torbellino de la multitud. Fue en medio de la plaza (el patio), del griterío espantoso del 17 de octubre, en que cumpliendo una sentencia borgeana, supieron para siempre quiénes eran. Borges, que se vanagloriaba, como Mármol, no de sus prisiones, sino de la confortable estadía de su hermana en una comisaría,   alude sin cesar a un criollo y a un pueblo con mucho de entelequia infantil. Será por eso por lo que, en la continuidad de su curiosa polémica con el peronismo, terminó por abominar desde el fútbol hasta la parrillada: “La parrillada es inmunda” […] “Me acuerdo el reto que me dio mi padre el día que le conté que había estado en el Mercado del Abasto y había comido chinchulines y parrillada. Me dijo: “¿Pero no te da vergüenza a vos? ¡Un criollo comiendo esas cosas! Esas cosas se reservan para los mendigos y para los negros. Ningún señor come esas cosas”. La verdad es que son inmundas. Son las vísceras de los animales, la parte más innoble”. (En: Stortini;1986: 169).

El enunciado anterior, no es mera banalidad. Sin embargo, el odio expreso a Perón, suyo, familiar, social y de los huéspedes interiores, era el modo de concentrar en un emblema el desprecio hacia su propio pueblo. Por eso sus conjuros, su amor sin suelo a Buenos Aires, su espanto.

La letra con sangre

Llegamos así a  dos de los episodios más tristes del S.XX argentino: los golpes militares de 1955 y 1976 y su corte de acólitos civiles. Figura prominente de la intelectualidad antiperonista, Borges relata su primera visita a un presidente de la República y no ahorra sorna para los cabecitas negras en un día emblemático: Poco después -declara-  el 17 de octubre, fui con un grupo de escritores a saludar al General Lonardi (…)Estábamos en la Plaza de Mayo, había tímidos peronistas en las esquinas que, de vez en cuando, alzaban los ojos al cielo esperando un avión negro, según se decía. Yo pensé: “Qué raro. Voy a entrar a la Casa Rosada. En la Casa Rosada no está el dictador y por primera vez en mi vida, va a darme la mano un presidente de la República…Todo esto tiene algo de sueño” [xiii].

De esa entrevista salió con el cargo de Director de la Biblioteca Nacional por petición de la revista Sur, la SADE, la Sociedad Argentina de Cultura Inglesa y el Colegio Libre de Estudios Superiores, aquel en que dictó su famosa clase.

Veintiún años después, también poco después de un golpe militar, vuelve a darle la mano a un presidente de la República. El diario La Prensa (20/05/1976) cronica una conversación de dos horas de un grupo de escritores con el General Videla. Son Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Leonardo Castellani y el presidente de  SADE, Horacio Esteban Ratti. Van a solicitar cargos y prebendas para los escritores. Voy a obviar las declaraciones de Sábato que afirmó que se llevaba un impresión excelente de Videla y lo consideró “un hombre culto, modesto e inteligente”. Los periodistas debieron recabar estas declaraciones en la vereda del Banco de la Nación porque ni siquiera los dejaron acercar a la explanada de la calle Rivadavia “de donde fueron conminados a retirarse”.

Borges, en una comunicación posterior, declaró que fue una “reunión muy grata y que el presidente le pareció una persona simpática y amable”. “Le agradecí personalmente -agregó- el golpe del 24 de marzo que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado la responsabilidad del gobierno”. El presidente de la Nación -dice la crónica- “se mostró satisfecho con los representantes de la cultura argentina”.

Sólo Leonardo Castellani se excusó de formular declaraciones. Es vox populi, que el único de los representantes de la cultura argentina que se animó a reclamar por los escritores desaparecidos (Haroldo Conti) fue este poco estudiado escritor que, además, era cura, nacionalista y no peronista.

Y aquí viene el cierre con el marco del segundo epígrafe elegido. Es el de George Steiner y se los recuerdo: “Sabemos que algunos de los hombres que concibieron y administraron Auschwitz habían sido educados para leer a Shakespeare y a Goethe, y que no dejaron de leerlos”.

Abro, sin embargo, esta otra posibilidad de cierre. Borges, Marechal, Scalabrini, cómplices generacionales, coincidieron hasta el final en algo: reconocer  como amigo y maestro a Macedonio Fernández. Es más, la última vez que Borges y Scalabrini compartieron un lugar y una tarea, fue en febrero de 1952. Ambos hablaron ante los restos del maestro. Borges asegura que recordó algunas bromas de Macedonio; Scalabrini, en tono más angustiado, aludió a las profundidades de un pensamiento capaz de armonizar metafísica y humorismo. Según las malas lenguas, Macedonio se había convertido al peronismo[xiv] .

Jorge Torres Roggero

NOTAS:

[i] Cfr. “El coronel de caballería” en: Murena, H.A., 1974, El coronel de caballería y otros cuentos, Caracas, Editorial Tiempo Nuevo.

[ii] El coronel es Perón; el patio, Plaza de Mayo. Nuevos códigos de comprensibilidad: ruidos extraños, grotescos, obscenos. Rituales: quitarse el saco. Hedor: componente social, masa sudorosa.

[iii] Perón, Juan Domingo, 1973, Una comunidad organizada y otros discursos académicos, Bs.As., Ed. Macacha Güemes.

[iv] Rodeaban a Perón: María Eva Duarte, el embajador español José María de Areilza, los miembros del poder ejecutivo, los académicos de número. Además, miembros del Cuerpo Académico y representantes de instituciones culturales y universitarias. Carlos Ibarguren era el presidente de la Academia y Arturo Marasso se refirió a la obra cervantina.

[iv] El tercer discurso académico, de tono universalista, es el pronunciado en el Primer Congreso Nacional de Filosofía (Mendoza, 9/4/1949)

[iv] Murena (1973: 11)

[iv] Vedia y Mitre, Mariano de, 1954, El Deán Funes, Buenos Aires, Ed. Guillermo Kraft

[iv] Emilio J. Hardoy compara a Rosas y Perón: “ En Rosas prevalece la herencia moral del conquistador español implacable con moros y herejes, duro y cruel con sus siervos, pero también consigo mismo. En cambio en Perón prevalece el legado araucano, duro y cruel solamente con los demás, falso y flojo, codicioso y audaz (…) en el hombre Perón aparece el araucano cuya sangre recibió de su madre mestiza Juana Sosa…”. Bonifacio del Carril: “Simulaba con una facilidad evidentemente heredada de sus antepasados. El discurso que Lucio V. Mansilla puso en boca del cacique Mariano Rosas (Excursión. Cap.LII.) parece escrito por Perón” (Sidicaro: 1996, 82-83)

[iv] En revista PAJARO DE FUEGO, setiembre de 1977. Cit. en Galasso, Norberto, 1988, La búsqueda de la identidad nacional en Jorge Luis Borges y Raúl Scalabrini Ortiz, Rosario, Homo Sapiens

[iv] Cfr. EL CRONISTA, 10/1201975; cit. en Galasso (1998: 152)

[iv] Galasso (1998:149)

[iv] En diferentes ocasiones fue llamada por Borges “dama de burdel”, prostituta, p….(sic). Cfr. Galasso; cfr. et. Stortini, Carlos R., 1986, El diccionario de Borges, Buenos Aires, Sudamericana

[iv] Sorrentino (1974:90). En 1956, Borges habla con impiedad sobre los peronistas fusilados y torturados por la Revolución Libertadora: “Después la gentes se pone sentimental porque fusilan a unos malevos”(29/06/1956). Advierte a Bioy Casares para que no firme un petitorio a favor de Sábato que ha renunciado como director de Mundo Argentino “tras denunciar torturas aplicadas a obreros peronistas”.( Bioy Casares, 2006, 176 y 181).

[v] El tercer discurso académico, de tono universalista, es el pronunciado en el Primer Congreso Nacional de Filosofía (Mendoza, 9/4/1949)

[vi] Murena (1973: 11)

[vii] Vedia y Mitre, Mariano de, 1954, El Deán Funes, Buenos Aires, Ed. Guillermo Kraft

[viii] Emilio J. Hardoy compara a Rosas y Perón: “ En Rosas prevalece la herencia moral del conquistador español implacable con moros y herejes, duro y cruel con sus siervos, pero también consigo mismo. En cambio en Perón prevalece el legado araucano, duro y cruel solamente con los demás, falso y flojo, codicioso y audaz (…) en el hombre Perón aparece el araucano cuya sangre recibió de su madre mestiza Juana Sosa…”. Bonifacio del Carril: “Simulaba con una facilidad evidentemente heredada de sus antepasados. El discurso que Lucio V. Mansilla puso en boca del cacique Mariano Rosas (Excursión. Cap.LII.) parece escrito por Perón” (Sidicaro: 1996, 82-83)

[ix] En revista PAJARO DE FUEGO, setiembre de 1977. Cit. en Galasso, Norberto, 1988, La búsqueda de la identidad nacional en Jorge Luis Borges y Raúl Scalabrini Ortiz, Rosario, Homo Sapiens

[x] Cfr. EL CRONISTA, 10/1201975; cit. en Galasso (1998: 152)

[xi] Galasso (1998:149)

[xii] En diferentes ocasiones fue llamada por Borges “dama de burdel”, prostituta, p….(sic). Cfr. Galasso; cfr. et. Stortini, Carlos R., 1986, El diccionario de Borges, Buenos Aires, Sudamericana

[xiii] Sorrentino (1974:90). En 1956, Borges habla con impiedad sobre los peronistas fusilados y torturados por la Revolución Libertadora: “Después la gentes se pone sentimental porque fusilan a unos malevos”(29/06/1956). Advierte a Bioy Casares para que no firme un petitorio a favor de Sábato que ha renunciado como director de Mundo Argentino “tras denunciar torturas aplicadas a obreros peronistas”.( Bioy Casares, 2006, 176 y 181).

[xiv] Cfr. Galasso, Norberto, 1998, La búsqueda de la Identidad Nacional en Jorge Luis Borges y Raúl Scalabrini Ortiz, Rosario, Homo Sapiens, p.145

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