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por Jorge Torres Roggero

El retrato de Ramón Carrillo es obra de la pintora Ángeles Crovetto

Carrillo, 35x50 Angeles1.- Una vanguardia sanadora

Acabo de leer ( agencia Hispan tv, 8/4/20) que Siria denuncia a la inteligencia turca. La acusa de estar planeando propagar el CoronaVirus en Idlib para que contagie a todo el país. Por otra parte, señala que los embargos de Occidente sabotean los esfuerzos del estado sirio para combatir la epidemia global. Dada la fuente, pienso: ¿ esta  noticia también podrá leerse como parte de la previsible guerra psicológica entre los contendientes?

Como simple literato, inexperto en estrategias bélicas y relaciones internacionales, me limito a develar en la noticia cómo, a pesar de desmentidas múltiples de grandes potencias, no se puede descartar, los ejemplos sobran,  el sobrevuelo trágico de la guerra bacteriológica ni el aleteo torpe de  la guerra psicológica como posibilidad cierta de estos tiempos peligrosos.

Esta comprobación me recordó al gran sanador argentino, el Dr. Ramón Carrillo. Todos sabemos, o deberíamos saber, que en apenas ocho años cambió la idea de salud en Argentina. Organizó un sistema de prevención y asistencia cuyos despojos subsistentes (tras la depredación de golpes y gobiernos oligárquicos) aún cobijan a los argentinos. Su objetivo era poner la ciencia al servicio del pueblo y, en armonía con el corazón, como soporte básico en la tarea de construcción de la comunidad organizada. Para ello, creó una secretaría para desarrollar  la ciencia-arte de la cibernología. Pero como esta temática nos llevaría a impensadas digresiones, los invito a  revisar la realización concreta del humanismo peronista y la relación prodigiosa entre Perón/Carrillo/Evita, en mi libro Ramón Carrillo. El Ángel Sanador. (Editorial Fundación Ross, Rosario).

2.- La guerra bacteriológica

Recordemos ahora a Carrillo a través de dos textos anticipadores. En Contribuciones al Conocimiento Sanitario del Hombre nos es dado acceder a las clases dictadas en 1950 ante los señores jefes y oficiales de la Escuela de Altos Estudios. Se publicó con el título  La guerra psicológica. Carrillo incita en esas páginas, con lenguaje llano y riguroso, a la coordinación entre médicos y militares para preservar la salud de los cuadros y lograr una relación integral con la comunidad. Todo como manera de organizar el poder de la Nación.

En 1953, Carrillo pronuncia, ante los altos mandos militares, una conferencia titulada La guerra bacteriológica. La exposición va encabezada por un detonante epígrafe. Su autor es Benjamín Cohan, delegado norteamericano ante las Naciones Unidas. El 19 de agosto de 1952 dijo: “…los Estados Unidos no se atarán las manos para el uso de cualquier arma atómica, química o bacteriológica contra la agresión.”

Carrillo comienza advirtiendo que se habla en todas partes de guerra bacteriológica. El propone que se la denomine, más bien, guerra biológica. Y se pregunta: ¿es un arma ofensiva, defensiva y/o de sabotaje?

En realidad, sostiene, poco se han estudiado las “nuevas técnicas que han de ser utilizadas en esta nueva forma de lucha”. Por lo tanto, conviene encarar el problema “sine ira et studio”: “Nadie quiere la guerra, ni la guerra soluciona nada. Pero hete aquí que la guerra existe y que incluso es considerada por muchos como ineluctable…La guerra es una consecuencia del poderío y no de la debilidad”.

Reflexiona luego sobre la relación entre el mejoramiento de las condiciones de vida y el progreso técnico que la guerra procura. Reconoce que conocimientos biológicos debidos a las últimas guerras hubieran demorado siglos en épocas de paz.

Ahora bien, la guerra biológica, como toda guerra, tiende a ejercer violencia “sobre las fuentes mismas de la vida espiritual y material más que sobre los cuerpos mismos y las cosas inmateriales”. La guerra biológica es un procedimiento bélico todavía inédito. “Pero no ocultemos que, en estos momentos, miles de hombres de ciencia, en varios países se ocupan y trabajan con ahínco en el tema de la guerra biológica”.

Carrillo asegura que si bien los argentinos “no fabricamos armas secretas, no tenemos laboratorios de guerra, no preparamos saboteadores ni planes de invasión”,  tenemos sí o sí que enfrentar los problemas que puede aparejar una guerra “con armas gérmicas”. Se trata de “organizar la defensa, las previsiones médicas”, es decir, todo cuanto puede connotarse con la expresión “frente sanitario interno”.

Surge, entonces, la pregunta: ¿Carrillo avisó, quizá inconscientemente, sobre peligros sobrevinientes tipo Corona Virus e ideó las formas de organizar la defensa de la comunidad organizada? Pensemos que la pandemia actual es considerada por las principales potencias como “un poderoso enemigo invisible” y cotejan las acciones en su contra con una “guerra”. Por más que se disimule, todos rumian en sus adentros lo que Carrillo ya anticipó en 1953: ¿si efectivamente la pandemia es un acto bélico? En tal caso, resulta del todo imposible identificar al agresor.

Ante esta destrucción de la vida por medio de otras vidas, vidas animales y vegetales porque “hasta el mundo silencioso de las plantas podrá intervenir en una guerra humana”, Carrillo registra los propósitos de la guerra biológica y la relación entre epidemia y  guerra. Rompe los  eslabones de la cadena de agresión mostrando cómo una pulmonía se convierte en epidemia. Distingue las epidemias artificiales con fines militares y se pregunta si es posible desencadenar una guerra bacteriológica y cuáles son los gérmenes patógenos utilizables y sus características. Por fin, se detiene a describir las posibles armas bacteriológicas de una próxima guerra. Clasifica, básicamente, cuatro grupos de posibilidades: a) gérmenes que se propagan por contacto; b) gérmenes que necesitan vectores; c) gérmenes de infección hídrica y alimentaria, y d) gérmenes de transmisión por vía aérea.

El punto d) es el que nos aproxima, de un modo singular, al virus que en este momento nos azota. Por eso nos vamos a detener, con Carrillo, a revisar el problema de los gérmenes de propagación aérea.

carrillo sanador3.- Los gérmenes de propagación aérea

Los gérmenes que se propagan por vía aérea son numerosos y, por supuesto, de verdadera importancia en una guerra bacteriológica. Carrillo cita los virus de la gripe epidémica o influenza, el bacilo diftérico, el virus de la viruela, los bacilos del muermo y de la peste pulmonar, los virus de la neumonitis y de las enfermedades eruptivas de la infancia, entre otros.

Sobre los gérmenes de los grupos anteriores (a,b,c) tienen una gran ventaja estratégica: su fácil diseminación de persona a persona porque se reproduce a pesar de las medidas profilácticas individuales y colectivas. A los saboteadores sólo les toca elegir cuál germen es más conveniente usar. Por supuesto que ante cada caso concreto, los encargados de la ejecución de un plan de ataque bacteriológico deberán estudiar las condiciones de “inmunidad colectiva de la ciudad elegida y usar el germen infeccioso que más ajeno haya estado a las epidemias o endemias registradas allí en los últimos años”.

Es claro que la preparación del material infeccioso no es tan fácil técnicamente. Los virus requieren “cultivos en estrictas condiciones”. Como se desarrollan en embrión de pollo (1953), son de peligroso manejo y difícil ocultamiento al contraespionaje. ¿Cómo infectar colectividades? Carrillo presenta algunas posibilidades. Por ejemplo, la pulverización de virus liofocilizados, en condiciones artificiales, pero ¿“tiene el mismo poder difusivo que cuando son transportados en gotitas de saliva y mucosidades que se expelen al toser, estornudar, hablar”? Estoy seguro de que estas palabra de hace 67 años resultan familiares a un lector actual.

También, piensa Carrillo, hay que conocer “el grado de concentración óptimo, la duración del poder infectante, la resistencia del virus a las inclemencias naturales, luz, humedad, calor, etc. antes de pretender su empleo como arma biológica”.

A esta altura, Carrillo hace un balance del estado actual (1953) de las armas biológicas y llega a la conclusión de que se sabe poco y que no sabemos los que otros saben: “Como se ve, aquí y en esta materia, es más  lo que  se ignora que lo que se sabe, o mejor aún, no sabemos lo que posiblemente otros ya saben, en especial aquellas naciones que están en estado de pugnacidad bélica”.

Eso sí. El disertante deja constancia de que los “gérmenes de transmisión aérea” constituyen una de las armas bacteriológicas más peligrosas. ¿Por qué? “Porque se utilizan virus para los que no tenemos todavía una terapéutica eficaz.” En este punto, Carrillo deja una advertencia: el virus de la gripe epidémica (la “gripinha” de Bolsonaro) “tiene sobre los demás la ventaja estratégica de que no sólo es más activo, sino que los enfermos que no mueren por infección quedan por mucho tiempo incapacitados en una penosa convalecencia”. De paso, el Ministro se vanagloria de que la viruela como arma de guerra no tendría efecto en la Argentina: la población está bien vacunada y los pequeños brotes que se han registrado se extinguen sin tener apenas difusión.

4.- Estrategia de la nueva arma y un final hegeliano

Según Carrillo, el arma bacteriológica sirve lo mismo para una incursión aérea como para un incursión de saboteadores. En tal caso, “sería casi imposible la demostración de que se trata de un ataque deliberado de esa especie”. Ante esta aseveración, ¿nos surge alguna inquietud referida a la cuarentena que estamos sobrellevando? ¿Y si los murciélagos son inocentes y el pangolín es un calumniado cuasi quirquincho asiático?

Ahora bien, la guerra biológica también puede ser adaptada a la guerra psicológica. En efecto, nada hay mejor que una epidemia (pandemia) “para crear un estado de angustia y terror, principio y fin de los objetivos de la guerra psicológica”. Lo que sí es cierto es que un arma gérmica puede ser usada para provocar una cifra importante de muertos, o simplemente para discapacitar, por un tiempo pero a discreción, a determinado núcleo de población. A veces es más importante acrecentar “el número de inválidos, físicos o psíquicos, que matar ese mismo número de personas”. Y aquí nos acucia otra pregunta actual: ¿por qué la covip 19 prefiere el pellejo guañusco de los ancianos? No hace mucho, Cristina Lagarde, vieja conocida, dijo que la excesiva cantidad de viejos era un lastre para la economía mundial.

Carrillo, en el curso de su disertación, continúa con una hipótesis que combina guerra bacteriológica y atómica. Sin embargo, nos interesa resaltar la insistencia de Carrillo en la necesidad de lograr “mantener la moral de la población”. Con esa expresión quiere significar que es fundamental lograr un pueblo sin epidemias y con un “elevado potencial psicológico”.

Por eso, fiel a su misión, desarrolla la metodología sanitaria para afrontar una guerra biológica. Considera importante que el Ministerio de Salud Pública de la Nación tenga “un programa de paz con todos los elementos de movilización para la guerra bacteriológica”. Todo está pensado en función de la soberanía científico-técnica, alimentaria y productiva.

Habrá que desarrollar personal técnico, institutos de fabricación de materiales curativos (sueros, antibióticos), vacunas, para las fuerzas armadas y para la población. Habrá que tener suficiente stock de medicamentos y materiales de diagnóstico, utensilios y máquinas de uso en las campañas profilácticas y saneamiento de localidades infectadas. También habrá que formar personal encargado de la educación sanitaria del pueblo y desarrollar institutos de investigación de nuevas técnicas ofensivas y defensivas con armas bacteriológicas. ¿Cómo no emocionarse ante esta visión de una Argentina potencia en que las fuerzas armadas son “un pueblo en armas” y el pueblo el objeto de todos los desvelos de sus gobernantes? Si no hubiera sido interrumpida esta cadena virtuosa de creatividad y solidaridad, ¿podríamos imaginar el resplandor de la Nueva Argentina?

Carrillo, que era un gran humanista, concluye con una referencia filosófica. Recuerda que Hegel era hostil hacia “la ciencia experimental” y daba innumerables ejemplos de la “amoralidad del saber científico”: “No hay ningún descubrimiento científico  -terminaba Hegel- y no habrá ninguno, en el futuro, que no ostente el doble aspecto: el bueno y el malo de la ciencia”. Quería demostrar la falta de ética del saber científico. Sin embargo, sostiene Carrillo,  Luis Pasteur y Roberto Koch demuestran lo contrario: “fundadores de la bacteriología”, salvaron de la muerte a millones de vidas humanas. De tal modo, los anti hegelianos aseguraron que la ciencia no podía ser instrumento de destrucción.

Carrillo concluye así: “Hasta la fecha, a pesar de todos los proyectos y preparativos de guerra bacteriológica, los hechos han dado la razón a los anti hegelianos. Quiera Dios que el arma bacteriológica jamás sea dirigida contra el  hombre y ojalá -en este terreno al menos- Hegel no tenga razón. He dicho.”

Jorge Torres Roggero

8 de abril de 2020.

Fuentes:

Torres Roggero, Jorge, 2019, Ramón Carrillo. El Angel Sanador, Rosario, Editorial Fundación Ross

Carrillo, Ramón, p.d.f., La Guerra Bacteriológica, en Electroneurología, Buenos Aires. http.://electroneubio.secyt.gov.ar/index2.htm

Carrillo, Ramón, 1951, La Guerra Psicológica, Contribución al Conocimiento Sanitario, Buenos Aires, Talleres Gráficos Ministerio de Salud Pública de la Nación.

por Jorge Torres Roggero

eva oaz

1.- La obra como fuente de doctrina: la Fundación Eva Perón

Estas líneas persisten en lo que hemos llamado, en anteriores entradas, “el realismo feminista” de Eva Perón y el justicialismo. Sus actos y realizaciones, impulsados por energías generosas, dirigidos al bien común, enarbolaban la bandera de los oprimidos con espíritu constructivo, fraternal y apasionadamente patriótico. Sus orientaciones surgían de los profundos adentros de la cultura popular: todos se sentían parte de la obra de Juan y Eva Perón, todos priorizaban el derecho de los trabajadores a una asistencia mejor y digna de su condición humana. Las mayorías se sentían ejecutoras de  una nueva etapa cuyo capítulo inicial consistía en la dignificación del pueblo trabajador. El pueblo todo, hombres y mujeres, constituía una vanguardia creadora empeñada en reparar la injusticia mediante una reorganización económica dirigida a recuperar a las mayorías trabajadoras que sólo conocían las migas “del peremne banquete de los poderes ensoberbecidos y olvidados de Dios y sus hermanos productores”.

Por eso, en las obras de Perón y Evita, se hacía hincapié en el rescate del trabajador explotado, del anciano desvalido, del niño abandonado, la concubina, la desamparada. Eva Perón acudía al rescate del ser humano atrapado en situaciones límites. Percibía el dolor en carne propia y tendía su mano para sacar de la miseria a los caídos y abrirles , así, la posibilidad de divisar un horizonte. Sabía diferenciar entre pobreza y miseria. La miseria es una exigencia desesperada que no puede soportar demora. En La Razón de mi Vida, expresa: “devolver a los pobres lo que todos los demás les debemos, porque se lo habíamos quitado injustamente”. A partir de estas prácticas del peronismo, se deduce con claridad que la praxis solidaria es fuente de pensamiento vivo y articulador de totalidades abiertas y fraternales.

Consideremos, entonces, dos institutos de la Fundación “Eva Perón”: Los Hogares de Tránsito y El hogar de la Empleada. Quizás esto nos ayude a comprender cómo la praxis conlleva gérmenes doctrinarios, y hasta teóricos. Pero son intrínsecos, como un poder adviniente y todavía venidero.

Los Hogares de Tránsito vinieron a suplantar los antiguos asilos dependientes de la Sociedad de Beneficencia. ¿Cuál era la finalidad de estos Hogares? Evita decía (19/6/48): “remediar la escasez de viviendas (…), amparar al necesitado, al que momentáneamente no tiene lugar. Los acoge todo el tiempo necesario hasta que ayuda social le encuentre trabajo y le proporcione vivienda para que pueda llevar una vida tranquila y sentirse orgulloso de ser argentino.

El Hogar facilitaba “alojamiento, excelente comida, eficaz asistencia espiritual, material y moral”. A los niños se les brindaba recreación, clases de labores, costura, dactilografía: y “todo aquello que le puede ser útil”. En otras palabras, los servicios de los hogares de tránsito procuraban obtención de empleo, tratamiento médico, ropas, ayuda pecuniaria.

Si bien se recibía a todos los necesitados sin discriminación, en la categorización de problemas, tenían prioridad las mujeres con hijos, ya sean solteras, viudas o separadas: “las mujeres desamparadas fueron las primera beneficiadas con sus servicios y contención gratuitos”: “Durante el período 1947 a 1949, Evita trabaja pensando más exclusivamente en la mujer, ya que es en ese lapso cuando se dedica al tema del voto femenino y, además, agiliza la nueva política carcelaria femenina creando guarderías infantiles para las reclusas con hijos, habilitación de peluquerías y cursos de profesiones cortas, actividades recreativas, cine, teatro, deporte e implantación del trabajo remunerado” (Ferioli, 1989).

Ya hemos tratado, en una entrada anterior, sobre el Hogar de la Empleada. Su función era albergar a “mujeres del interior que llegaran a Buenos Aires para trabajar, tenía capacidad para 500 personas y para el acceso se requería no ganar un sueldo mayor a $500 (el sueldo mínimo de una empleada era de $300, para 2949) y no tener familiares directos en Capital Federal. Se les cobraba una mensualidad mínima que se fijaba con relación al ingreso de la pensionista, en concepto de derecho de pensión” (Mazzuchi, 2002).

Era un edificio de once pisos “amueblados y decorados con un lujo y buen gusto llamativos”. Nueve pisos estaban destinados a dormitorios. Un piso llamaba la atención: albergó a las pensionistas próximas a casarse y que pronto abandonarían el Hogar. Se llamaba “el piso de las novias”. En el último piso se hallaban los consultorios médicos y odontológicos con atención gratuita. La terraza era un solarium, con reposeras y mecedoras. El edificio, además, contaba con biblioteca, sala de costuras donde se dictaban cursos. Había una sala de música con una colección de discos de pasta y proyectores de cine sonoro.

El Hogar se mantenía, en gran parte, con la recaudación del restaurante que funcionaba en el entrepiso. Abierto a todo público, el comensal podía servirse un menú fijo o a la carta. En ese local funcionó la “Peña Eva Perón”. Evita cenaba allí con frecuencia rodeada de poetas y escritores. Acudían, entre otros, Castiñeira de Dios (su fundador), Fermín Chávez, C. Martínez Paiva, Julia Prilustzky Farny, Juan Ponferrada, J. Ellena de la Sota, José María Fernández Unsain, María Granata, Héctor Villanueva y Gregorio Santos Hernández. En esas reuniones, tras compartir con Evita una cena amistosa, recitaban sus poemas y los ponían a consideración de sus colegas.

En un folleto de la Fundación, transcripto por Néstor Ferioli, se postula que la ciudad es un centro de atracción para las jóvenes del interior. Es así como, el sistema de trabajo en cadena se aprovecha de esta búsqueda de nuevos horizontes. “La muchacha empleada u obrera es a veces un símbolo de la tumultuosa ciudad. Se nos presenta como signada por una madurez prematura en la mirada, viviendo en pensiones oscuras donde se intenta engañarla, en la puerta de negocios u oficinas a la hora del almuerzo y en los días festivos se la puede ver en largas caminatas caracterizadas por la soledad y la tristeza.”

2.- La visibilización de las mujeres compositoras de música  

La “mujer del pueblo”, en la terminología peronista, se refiere a la totalidad de la mujer en su condición de trabajadora y compañera. La designación abarca, por lo tanto, a las caídas en la miseria, a la empleadas asalariadas y, también, a las trabajadoras de la cultura.

Este aserto emerge de un artículo del músico Juan Francisco Giacobbe titulado “La Argentina se expresa en su música”. En ese escrito, publicado en el primer tomo de Argentina en marcha, traza un esbozo del patrimonio musical como “arte de significación nacional”.

Según el autor, si bien la música es un lenguaje universal en cuanto a la “lógica idiomática”, no lo es en función de la etnofonía.  En tal sentido, la música argentina es rapsódica: “Trozos de sensaciones de todas las latitudes; retazos de emociones de todos los horizontes; añoranzas y recordatorios de todas las razas, se suman para hacer su núcleo y darle una vida auténtica, que halla, en su comienzo, su realización en la forma espontánea de lo improvisado y que pasa por la inevitable angustia de perseguir el origen de toda representación: su forma.”

La estética argentina pena en busca de su forma “como germen de la totalidad de la vida”. Pero solamente en el arte llamado popular lo argentino ha encontrado su forma. Y la forma popular se traduce en rapsodia :“Todo estado de perfección estética va precedido siempre por la inquietud rapsódica, por una labor de búsqueda y amalgamiento que, evolucionando en el tiempo, fija el tipo artístico de una pueblo”.

Ese arte “en acto”, “en formación”, en su sentido formal es rapsódico. Desarrolla, entonces, la influencia del paisaje en el fenómeno etnofónico argentino. Repasa las características de los ritmos pampeanos: gato, malambo, firmeza, vidalita. Ellos son testimonio y germen del paso de  la etnofonía al género sinfónico.

Pasa luego a describir el momento actual de la etnofonía argentina. Rescata la labor de Andrés Chazarreta, J. Gómez Carrillo y Oscar Beltrame. Destaca los logros de Carlos Vega y Julián Aguirre. Exalta el imperativo etnofónico que triunfa como fórmula universal organizativa en el cierto tipo de óperas. Recuerda a  Alberto Williams, Alejandro y José Berutti, a Felipe Boero. Tras un recorrido por la música popular etnofónica y sus posibilidades universales, se detiene en la música suburbana.

Señalaremos dos aspectos. El primero es una cita de autoridad. El autor recuerda a Curt Sach,  que “en su extraordinaria y densa Historia Universal de la danza, cierra la historia con una referencia que dice así: “Siglo XX, la era del tango”.

Un segundo aspecto es la interesante posición de Giacobbe sobre el origen del tango. Postula que el tango es antológico. Reúne “aportes meridionales europeos”, o sea, hispánicos e itálicos, más el soplo criollo. Rechaza la influencia afro: “En el principio del tiempo, de un lado está el canto de la Europa pobre, y del otro, el canto de la pampa pobre”. La cadencia del tango, entonces, “deriva de la pobreza y el proletariado”, y nace en aquel período inevitable de las grandes progresiones históricas, en que las urbes, para superarse, necesitaban de la “combustión de muchas almas y de muchas sangres”. Es expresión sensible del conventillo como plasmación social y edilicia. Se relaciona, asimismo, con la aparición de un “nuevo argentino”, el “hijo de gringo”. Se detiene en los grandes poetas del tango: José González Castillo, Celedonio Flores, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo y Cátulo Castillo.

Como puede advertirse, no faltan en la reseña de Juan Francisco Giacobbe, ni los aportes originales, ni el costado polémico. Ahora bien, cuando se propone tratar lo que habitualmente se considera música culta aparece, de modo insólito, lo que hemos llamado “realismo feminista del peronismo”. Por primera vez, la mujer es incluida y visibilizada en la historia de la música argentina. Esta aparición se concreta cuando pasa a ocuparse  del “cultivo superior de la música”, o sea, de la que “daríamos en llamar: culta”.

Comienza por mencionar nuevos cultores de la ópera: Gilardo Gilardi, Floro Ugarte, Athos Palma, J. Torre Bertucci, Carlos López Buchardo. Observa cómo la creación del Conservatorio Nacional y el Conservatorio Municipal dieron pábulo a una generación moderna y a la proliferación de distintas tendencias. Surgen, así, los atonalistas: Juan Carlos Paz y Jacobo Fischer; los modernistas de tendencias avanzadas: Juan José Castro, Washington Castro y otros. El autor agrega nombres y orientaciones: Angel Lasala, M. Walman, Iglesias Villoud, Carlos Guastavino  y E. García Morello.

Entre tantos nombres, de golpe, Giacobbe hace un aparte: “Detalle aparte merece la actuación de la mujer en la música y en la vida argentina. Un renacer de fuerzas bien condicionadas y mejor dirigidas ha hecho que el elemento femenino tan apartado en los siglos de la composición musical haya venido a ocupar un lugar de seria estimación al lado de la creación masculina”. Es bueno señalar, en el párrafo citado, que la aparición de la mujer en la música está relacionada con su “actuación” en la “vida argentina”. Es cierto que todavía se habla de un “elemento femenino” cuyas fuerzas han sido “bien condicionadas y mejor dirigidas”, pero hay un hecho irreversible: la mujer “apartada por siglos de la composición musical” ocupa un lugar junto al hombre.

Observa que no sólo se dedica la mujer a la pequeña composición y al arte menor de planos elementales, sino que “resuelve y se empeña en arquitecturar el arte de trascendencia ideal”. Encara, así, la sinfonía, el concierto, el poema sinfónico y “aún la ópera”. Todos estos géneros, proclama, han sido ensayados con “plausible dedicación por la mujer argentina”.

En ópera se ha destacado Isabel Curubeto Godoy con la obra Pablo y Virginia, primera obra lírica compuesta por una mujer compositora y representada en el teatro Colón en 1946. Pia Sebastiani, salida del arte moderno, sobresale con Estampas Argentinas, concierto para piano y orquesta. Elogia, también la empeñosa actividad de Elsa Calcagno y Magda García Robson que fue la primera mujer directora del Conservatorio Nacional de Música.

Cortamos aquí esta sucinta exploración del “realismo feminista” de Eva Perón y su proyección en la doctrina peronista. Se trata de la dignificación de la totalidad de la vida humana, de la construcción de una comunidad organizada en que el individuo (cualquiera sea su género) se realiza en una comunidad que también se realiza. Se parte de una fe como certeza de lo que está por venir, como convicción de lo que se espera: la justicia social “en acto” y la soberanía de la Patria como motor de “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación”.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba

Fuentes:

AA.VV., 1947, t.1, Argentina en marcha, Comisión Nacional de Cooperación Intelectual, Buenos Aires.

Ferioli, Néstor, 1989, t. 1 y 2, La fundación Eva Perón, Buenos Aires, CEAL, Biblioteca Política.

Mazzuchi, Silvia Elizabeth, 2002, La Fundación Eva Perón, Buenos Aires, Ediciones U.P.C.N., Pcia. de Buenos Aires.

carrillo-1-640x381por Jorge Torres Roggero

En 1951, en los albores de la cibernética, Ramón Carrillo da cuenta de la creación del Departamento de Cibernología de la Nación. Tanto en el ámbito oficial, como en los sectores más críticos al gobierno, recibieron la noticia con asombro y desorientación. ¿Qué era lo que se escondía bajo el nombre enigmático de Cibernología? Para unos era un delirio, para otros un objeto de ludibrio, una prueba de la desmesura e ignorancia de los  “cabecitas negras”. Revisando algunos conceptos de Ramón Carrillo  en “Sobre Cibernología o el arte del gobierno”,  en  DINÁMICA SOCIAL (N° 19, marzo de 1952), se nos ocurrió la peregrina idea de relacionarla  con la Comunidad Organizada  y el Modelo Argentino. ¿Había meditado Carrillo sobre la utopía peronista de la Gran Armonía entre individuo y colectividad, la liberación del hombre insectificado y la alegría de ser como fundamento de la comunidad? ¿Habrá sido objeto de conversación entre los dos humanistas, entre el Jefe y el Sabio, “el arte de gobierno”, “ la comunidad organizada”, “el plan estratégico”?  Si Perón y Eva Perón fueron los testigos de casamiento de Ramón y Susana Pomar, seguramente compartían también sus más íntimas disquisiciones sobre el destino del hombre y de la Patria. Eso me impulsó en llamar a estas breves elucubraciones: “bosquejo de una comunidad organizada en el siglo XXI” como resultado de una verdadera “ciencia del hombre”. Ahora bien, antes de iniciar nuestra entrada al campo todavía inquietante de las reflexiones en que Ramón Carrillo habla de Cibernología y biopolítica, se impone una aclaración que solo tiene el objeto de distinguir para entender.

Me refiero a Michel Foucault y sus estudios sobre biopolítica. En tal sentido, es oportuno señalar que Carrillo se funda en un humanismo más próximo a la afectividad popular que al racionalismo instrumental del sabio francés que entiende a la biopolítica como mejora de la salud popular practicada por medio de dispositivos de vigilancia y control de los fenómenos sanitarios. Se trataría de una arquitectura de poder tendiente a estatizar lo biológico. La biopolítica sería un dispositivo de primer orden para conformar un saber destinado a la maximización de biopoder ejercido sobre “seres insectificados”. En otras palabras, la medicina social como estrategia de control. Por supuesto, este esbozo  no pretende discurrir sobre los distintos indicadores biopolíticos a través de la historia, ni sobre el uso del Estado como ordenador violento. Sólo queremos distinguir, postergando debates necesarios, dos características básicas en el concepto de biopolítica: Foucault, más cercano al positivismo mecanicista, habla de un biopoder sectorial; Carrillo, desde el humanismo peronista, despliega una poética abierta e integradora, un verdadero  arte de gobernar en que el sujeto es el pueblo. Nuestro sabio se empeña en crear las bases de una “eubiótica”, o sea, una ciencia de la salud superadora del “higienismo” “porque amplía con su lente los pequeños y grandes factores del bienestar humano”.

Eva Perón hablaba del derecho victorioso del más ” débil”. En consecuencia, a lo mejor la historia de nuestras luchas por la vida, de la selección de las especies y del dominio del más fuerte, no es la verdadera historia. Pero, como en la microbiología, existen otras posibilidades. Está comprobado que, mediante la cooperación, el débil logra sobrevivir y sobreponerse a la agresión del más fuerte. Refiriéndose a esto, dicen los microbiólogos Lynn Margulis y Dorion Sagan en Microcosmos: “La competencia en la cual el fuerte gana ha recibido mucha mejor prensa que la cooperación. pero ciertos organismos superficialmente débiles han sobrevivido formando parte de entidades colectivas, mientras el representante de los fuertes, al no haber aprendido el truco de la cooperación, fueron arrojados a la pila de los residuos de la extinción evolutiva”.

De tal modo, no seríamos seres autónomos, sino eslabones de una cooperación simbiótica. La vida es una forma de cooperación. Surgiendo de la confusión y el caos, se realimenta. La supervivencia no es una especialización de los más aptos, no es el dispositivo de un biopoder; es, en cambio, la cooperación como la más potente operación de cambio evolutivo.

A partir de una intuición poética, Kropotkin  postulaba una interpretación del origen de las especies diferente al determinismo positivista. En su libro Socorro Mutuo, plantea: “Si nosotros preguntamos a la naturaleza quienes son los más aptos, si los que continuamente guerrean entre sí o los que se respaldan mutuamente, vemos de inmediato que los animales que adquieren habito de socorro mutuo son indudablemente los más aptos. Tienen más oportunidades de sobrevivir y alcanzar, en sus clases respectivas, el mayor desarrollo de inteligencia y organización corporal”.

Cibernología y Cibernética

Carrillo postula la necesidad de crear un nuevo arte de gobernar. Para ello había que superar la etapa del método analítico que “despedazó la realidad humana” y se dedicó a estudiar  “fragmentos científicos” sin relación entre sí. Esto impidió pensar en “los fines de la vida humana o en su mejoramiento con relación a su integridad”. Obsérvese que Carrillo habla de fines, lo que implica una escatología; y, de “integridad”, o sea, a la necesidad de tener en cuenta componentes supra corporales del sujeto histórico pueblo. No sin antes referirse a la etimología común entre Cibernética y Cibernología (manejar un timón, gobernar o dirigir) se ocupa de establecer sus diferencias: “La Cibernética, pensaba Carrillo, ensaya establecer una teoría general de las máquinas de controles automáticos y  susceptibles de registrar datos de un problema determinado resolviéndolos en un tiempo mucho más corto de lo que podría hacerlo el cerebro humano. Con tales máquinas la cibernética empieza su marcha, sin duda, asintótica, hacia la realización del cerebro artificial. Su punto de arranque tanto como sus objetivos son, pues, completamente distintos a de la Cibernología.

La Cibernética parte de la mecánica y tiende hacia una mecanización cada vez más completa del trabajo del hombre, incluso el trabajo del intelecto, con el objeto de economizar esfuerzo y tiempo.”

Si prestamos atención, observaremos que, en esta caracterización, prevalecen vocablos referidos a valores cuantitativos: máquinas, controles automáticos, registro de datos, economía de tiempo cuyo objeto es un rumbo fijo: la meta final del cerebro artificial. Pero claro, la marcha es asintótica, es un aproximarse sin cesar a una meta a la cual nunca podrá arribar.

Entonces, para establecer diferencias , y llegar al componente totalizador que Carrillo atribuye a la cibernología, recurre a una serie de aproximaciones que van ampliando el horizonte de comprensión y, a la vez, precisando nuevos aspectos. En primer lugar, la cibernología cambia los fines con respecto a la cibernética. No mecaniza y ni altera el uso de los recursos científicos, pero los destina a humanizar el Estado y el Gobierno: “La Cibernología sería, entonces, la ciencia integral del hombre.”

Pero ¿ cuál es la finalidad que dirige todos los esfuerzos cibernológicos? Carrillo responde: “es la de incrementar el bienestar y hacer posible la felicidad, en términos colectivos, concebido esto en el sentido más elevado, como abarcando, desde la satisfacción de las necesidades fisiológicas hasta los aspectos psíquicos, toda la vida del hombre.” Se accede así a una segunda definición que ubica a la cibernología entre las ciencias humanas: “ es una ciencia que reúne todos los conocimientos relativos al hombre con la finalidad de promover su bienestar y felicidad.”

Cibernología y biopolítica

La tercera aproximación al concepto de cibernología se relaciona con la felicidad a la que se atribuye un carácter eminentemente social. El yo no es feliz si no lo es también el otro: “Hablo de la felicidad, la felicidad humana, que sólo es concebible dentro de una colectividad, pues el hombre es “par excellence” un ser social.” La cibernología, entonces, es también una praxis científica que se corporiza en reglas que permiten organizar la vida de las “comunidades humanas”. De tal modo,  la tercera definición de Cibernología tiende a enfocar su carácter de ciencia aplicada: “la Cibernología es la ciencia y arte de organizar las comunidades y gobernarlas. La biopolítica es una de sus técnicas.” Llegamos así al uso del término “biopolítica” en la visión de Ramón Carrillo. En primer lugar, habrá que señalar que es “una” de las técnicas de la cibernología. Recordemos que, desde el punto de vista peronista, la práctica social surge del seno del pueblo que es un totalidad abierta. Es lo integrador en contradicción viva con lo sectorial.

Entonces, la Cibernología es, según Carrillo: “el estudio integral del hombre a los fines de la organización científica de los pueblos y, en especial, de su gobierno, para procurar el bienestar y la felicidad total o del mayor número de individuos, asegurando el pleno desarrollo de la personalidad de cada uno sobre la base de una eliminación, lo más completa posible, de los factores ataxiológicos o desordenadores.” El factor ataxiológico es el desorden o falso orden. El falso orden es el que naturaliza, por ejemplo, la esclavitud que, según las épocas, puede ser producida por la explotación del hombre por hombre “o por la pobreza y la miseria producidas por el desorden económico y la falta de organización de los pueblos en cuanto a sus posibilidades de desarrollo material y espiritual. (…) Si el hombre no piensa cibernológicamente, jamás encontrará una salida al atolladero adonde nos ha conducido nuestra actual civilización.” Es la idea de caos compartida con Perón. El conductor político no conduce lo organizado sino lo orgánico, lo hirviente de vida. El caos sobreviene de lo profundo del pueblo, allí habla sin cesar, crea formas de poder que, para los “factores ataxiológicos” o agentes del falso orden, son monstruos amenazadores. Carrillo aplicó, por ejemplo, a la salud cierta idea sobre la existencia de un atractor extraño como operador de auto ordenamiento. En sus consideraciones sobre la planificación de la salud considera que toda organización es apasionante porque sólo es estática en el papel. En “cuanto surge la vida” o simplemente contrasta con la “proclividad del hombre a preferir senderos trillados a la picada en el monte abrupto”, es cuando vale la pena organizar algo. Entonces, cuanto se refiere a la vida de los semejantes, es un acto de amor. Primero, obrar sin exclusiones; después, fundamentar conceptualmente la acción. Como su amiga Evita, estaba convencido de que lo incluyente es el amor. Si me falta teoría, puedo incluir con el amor que, según Evita, “alarga la mirada de la inteligencia”. Entonces, la cibernología sería una ciencia axiológica y valorativa; pero, a la vez, técnica y práctica, una biopolítica. Es ciencia de vivir; y arte de inculcar la vida. Surge, entonces, la pregunta sobre el medio adecuado para superar el fetichismo cientificista al servicio del poder material, para “humanizar el capital” y la organización de la vida humana. Para eso llega a una cuarta aproximación a la Cibernología: “definida, pues, por su objetivo, el hombre, podríamos también definirla por el medio que maneja para alcanzarlo, esto es, el Estado. Desde este punto de vista, la Cibernología sería la ciencia y la técnica de la organización y conducción del Estado, fundado en el conocimiento, lo más completo posible, del hombre y de la sociedad y de las leyes naturales que regulan su existencia y su conducta a fin de asegurar un mínimo de bienestar y felicidad a un máximo de individuos. Pero solo  el Estado organizado sobre la ciencia y la técnica, puede promover un profundo cambio en la educación, en la vida cotidiana del hombre-masa, en sus hábitos y costumbres, regular sus instintos, perfeccionar su salud y prolongar su vida útil; solo un Estado técnicamente organizado puede cumplir un plan que sirva al hombre mismo y no al Estado; puede así el Estado organizar el trabajo colectivo, ubicar las masas humanas en ciudades urbanística y sanitariamente concebidas; crear viviendas dignas y legislar con respecto a las leyes naturales.”

El Estado cibernológicamente concebido

El papel cibernológico y ordenador atribuido al Estado es imposible sin una concepción del otro . Solo cuando incluyo al otro soy yo. Pero, entonces, somos. Somos tiempo acumulado (memoria colectiva), el individuo aislado es una abstracción, una categoría. La individualidad es en sus raíces una empresa colectiva (cooperativa). Es una secreta interconexión de universos. Existimos con todo el cuerpo y con el cuerpo de los otros. “Existo, luego pienso”, decía Rodolfo Kusch. Más aún, en esa organización del caos que es el Estado, cuando pensamos, no sólo piensan con nosotros los “otros hombres”, sino también los muertos: “Debemos reconocer, postula, que en un Estado y en una sociedad planificada, el hombre  no puede ser concebido sino en función de los demás hombres. Porque no sólo pensamos con el cerebro, sino que pensamos con todo el cuerpo; el hombre aislado es una utopía, ya que si bien  piensa y siente con su cerebro y su cuerpo, también piensa y siente con el cerebro y el cuerpo de los otros hombres. El hombre aislado es un artificio filosófico. Dependemos de todos los que nos rodean, incluso de los muertos que nos han legado su espíritu y sus obras.(…) La Cibernología y su técnica, la biopolítica, no son meras doctrinas filosóficas o científicas, constituyen un botiquín para una medicina de urgencia de la humanidad”. La cibernología, sería así, una “integración de integraciones” Por eso ambicionaba que los hospitales argentinos no fueran “casas de enfermedades”, sino “casas de salud”. El hospital carrilliano no solo era un centro asistencial para curar, sino también  un centro de cultura con sus salas de conferencias y de proyección cinematográfica para enseñar al pueblo a “vivir en salud”.

Arturo Carrillo, en un libro colectivo (cibernológicamente escrito, diríamos) titulado Ramón Carrillo, el hombre, el médico, el sanitarista, da cuenta del especial pedido de su hermano para que se dieran a conocer sus propuestas cibernológicas.  El original, inédito, consta de “18 capítulos escritos en el exilio, tipeados en una Olivetti, amarillentos y olvidados que guardaba con mucho celo su esposa Susana”.

Esto debe inducirnos a formar equipos para estudiar la obra y vida de Ramón Carrillo, sus proyectos y realizaciones, su filosofía antropológica, su entrega total al otro, a la felicidad del pueblo argentino. Este insigne “maestro” (así la consideraba Perón), como muchos otros del primer peronismo sufre todavía exilio y persecución. Después de todo, su vida y su obra fueron una actualización y puesta en práctica permanente de una de las 20 verdades. Aquella que considera al justicialismo como “una filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humana”.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito, Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba, 22 de abr. de 19

Fuentes:

Los datos, citas y transcripciones que hemos desarrollado reconocen las siguientes fuentes de consulta:

ALZUGARAY, R.A., 1988, Volumen I y II, Ramón Carrillo, el fundador del sanitarismo nacional, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina

BREVETTA RODRÍGUEZ, Miguel A., 1972, “La otra cara de Ramón Carrillo”. En: Cuadernos de Cultura, Municipalidad de Santiago del Estero, Año III, N° 6, octubre 1972.

CARRILLO, Arturo et alii, 2005, 2ª Edición, Ramón Carrillo, el hombre, el médico, el sanitarista, Buenos Aires,  Carrillo Ediciones.

CARRILLO, Ramón, 1947, Tres tomos, Plan analítico de salud pública, Buenos Aires, Ministerio de Salud Pública de la Nación

CARRILLO, Ramón, 1949, Dos tomos, Política sanitaria argentina, Buenos Aires, Ministerio de Salud Pública de la Nación

CARRILLO, Ramón, 1951,  Dos tomos, Teoría del hospital, Buenos Aires, Ministerio de Salud Pública de la Nación.

CARRILLO, Ramón, 1952, “Sobre la Cibernología o el arte del gobierno”. En: Revista Dinámica Social, Año II, N° 19, marzo de 1952.

CARRILLO, Ramón, 1952,  “Introducción a la Cibernología y a la biopolítica ( los espacios del hombre)”, en Hechos e Ideas, Nos. 98-99, Mayo y junio 1952, Buenos Aires.

CARRILLO, Ramón, 1974, “El criterio biológico en el reordenamiento económico de la alimentación en la Argentina”. En: Hechos e Ideas, Año 1, N° 1, mayo/junio 1974.

MAZZUCHI, Silvia Elizabet, 2002, La fundación “Eva Perón”, La Plata, Ediciones U.P.C.N., Pcia. de Buenos Aires.

BRIGGS, J. y PEAT, R.D., 1990, Espejo y Reflejo: del caos al orden, Barcelona, Gedisa Editorial

Hacia 1941 publicó dos títulos hoy inhallables: uno de carácter sociológico, Desarrollo de la industria agropecuaria en Santiago del Estero; otro, Caracteres etnográficos y sociológicos de la población de Santiago del Estero. Una lectura para- textual de los títulos hace suponer que su preocupación estaba dirigida al interior de su provincia y a las condiciones de la población más desvalida.

Por otra parte, no debemos olvidar que su obra filosófica fundamental permanece inédita. Destinada a cursos de postgrado en universidades brasileñas, la redactó en el exilio y contiene un mensaje de carácter universal referido a la salvación del hombre en lo que considera una crisis terminal de la civilización occidental. Se trata de Teoría General del Hombre (28 tomos y un tomo resumen).