Archivos de la categoría ‘lealtad peronista’

por Jorge Torres Roggero

1.- Ramón Carrillo: lealtad al paloPerón y Carrillo

Los convido con algunos retazos de un librito que he titulado El Angel Sanador, y versa sobre Ramón Carrillo. He obviado en este nota la profusa bibliografía científica del Dr. Ramón Carrillo, su fama internacional. Tampoco menciono las prácticas médicas que llevan su nombre. La brevedad sólo me permite aludir a las fases principales de su labor en favor del pueblo que desarrolló como primer Ministro de Salud Pública de la historia argentina. Ser ministro fue su mayor rasgo de humildad y entrega, su mayor renunciamiento. Pero sobre todo, como se verá en mi libro, lo distinguió la inquebrantable lealtad al general Perón y a la causa peronista. Aun en la extrema pobreza, en la soledad, la intemperie y la muerte.

En los textos sagrados, así como, a veces, descienden ángeles aulladores que anuncian a los pueblos el castigo por sus prevaricaciones, o el anuncio de una nueva era; también descienden ángeles sanadores destinados a aliviar el dolor de los humanos, la miserabilidad de las multitudes. En nuestra tradición bíblica, Rafael es un  ángel sanador: provee salud y alimento.

Carrillo, científico de fama mundial y extraordinario neurocirujano, puso su conocimiento al servicio de los humildes. Fue un ángel sanador. Renunció al brillo académico, y se entregó entero a poner en actividad el derecho del pueblo a la salud , a una vida digna, a la alegría de vivir.

Como la mentalidad argentina en el ámbito universitario estaba marcada por la colonización cultural y el pensamiento del amo extranjero pensaba en la mente de “los que pensaban”, había adoptado un hilarante método cuando iba a presentar una idea nueva y era, por lo tanto, resistida por carecer de bibliografía extranjera. “La atribuía a Melonopski y no a Carrillo”. Como nadie se animaba a preguntar quién era Melonopski, o sea a confesar su ignorancia, lograba una rápida aceptación.

Si algo lo distinguió, fue su lealtad a la causa peronista y al Jefe, como designaba a Perón asemejándose en esto a Leopoldo Marechal. En el apartado siguiente, les regalo la mejor y más completa alabanza a la virtud clave de la lealtad que dejó como testamento a sus hijos. Ni Perón llegó a tal grado de desarrollo de la lealtad en su libro Filosofía Peronista.

Perón, por su parte, dio a Carrillo el mejor título que le cabía: maestro. Según Roberto Di Sandro, Perón dijo una vez: “Yo tengo un maestro del cual aprendí mucho de lo humano y su sencillez”. Preguntado por Américo Barrios: “Y ¿qué es lo que aprendió de él, General?” La respuesta fue muy reducida, pero con mucho contenido: “Aprendí esas cosas sencillas, pero reveladoras que hacen al conocimiento de la condición humana, y a las relaciones entre las personas. Algo que vale tanto como un “placer” para transitar la senda justa del hombre: la verdadera”. Y repetía: “Sólo un hombre fue mi maestro y de él aprendí algo trascendente: la condición humana y la verdad.” Admirable sencillez de Perón reconociendo una cualidad superior: la de maestro.

Cuando Carrillo arribó al Ministerio lo halló lleno de políticos “contreras” y trabajó con ellos a pesar del clima hostil que creaban. Su principio de convivencia era “no hacer nunca mal a nadie.” Jamás dejó cesante a un funcionario, aun de alta graduación, por razones de ideología política. Logró así que, en su Ministerio, no hubiera intrigas ni enconos. Dice el Dr. Germinal Rodríguez: “Carrillo no trabajó, ni para la gloria, ni para su beneficio personal”. Entremos, entonces, en los intersticios de su pensamiento. Pensemos con él la Patria y prójimo.

1.- Una palabra clave

La historia del peronismo es recorrida, desde sus inicios, por la palabra lealtad. En cierto sentido, la lealtad define a un peronista cabal. En sus escritos, Perón insiste con frecuencia en esta virtud. Si bien no se detiene en largas disquisiciones, deja en claro que la lealtad está fundada en la fe, es decir, en la confianza entre quienes deber ser compañeros y amigos, entre jefe y subordinado. No es estática. Para Perón, es una “virtud definitoria del peronismo”. Un hombre leal es un hombre en el que se puede confiar ciegamente tanto en las ideas como en la acción. En toda acción es fundamental la lealtad del compañero. Si no es leal, es un traidor. Y, ¿cómo llegar a un objetivo con un traidor?

Para el justicialismo la lealtad aporta un contenido eminentemente político. Es un condición sine qua non para lograr los objetivos comunes. Cada compañero necesita confiar en la lealtad del que marcha a su lado. Cada Pueblo necesita confiar en su Conductor. Claro que, el conductor también debe entregarse en cuerpo y alma a sus compañeros y a su pueblo: “La lealtad -lo ha expresado Perón- es la base de la acción; lealtad del que dirige, lealtad del grupo hacia sus dirigentes. La lealtad no puede ser nunca una condición a una sola punta” (24/07/1947).

Ramón Carrillo dejó en unas hojas sueltas lo que podemos considerar una herencia moral para sus hijos cuya adolescencia no pudo disfrutar a causa de su prematura muerte. Son las llamadas “diez palabras simbólicas”. No las vamos a desarrollar puesto que no disponemos de espacio. Las consignamos: solidaridad, tolerancia, verdad, conocimiento, libertad, amor, fe, alegría, utopía, honradez. Esas serían las diez virtudes del hombre, pero, para Ramón Carrillo,  lealtad es la “palabra clave”. Nos atrevemos, en consecuencias, a bautizar al texto de Carrillo que sigue con el nombre de:

3.- Himno a la lealtad peronista

 “La lealtad es una resultante de las diez virtudes del hombre.

1.- De la solidaridad: Con los humildes y desgraciados, y con todos aquellos a quienes les brinda su amistad, simpatía o afecto.

2.- De la tolerancia: Para saber perdonar al jefe, al amigo o subordinado sus pequeños errores y defectos humanos, propios de la imperfección.

3.- De la verdad: O sea la aptitud para sabérsele (sic) decir al amigo, al jefe o al subordinado, y decirle con la prudencia del sabio, la persuasión del maestro, la energía del hombre, pero decirla, si es que de su conocimiento el amigo puede escapar de la traición y la felonía.

4.- Del conocimiento: Para extraer todo aquello, que permite saber, porque se es leal a un persona o a  un ideal o a su patria. Con las personas hay que ser sólo consecuentes, pero hay que ser leal a lo que ellos representan o simbolizan.

5.- De la libertad: Porque sólo siendo independientes ( y dotado de valor) se puede afrontar las consecuencias angustiosas que tarde a temprano acarrea la Lealtad. Solo en la Libertad, se es leal sin titubeos.

6.- Del amor: Porque el amor no se conquista, ni se retiene sin lealtad, que a su vez no es más que una forma superior del amor, lo que no está alcance de cualquier desgraciado.

7.- De la fe: La fe implica confianza, porque solo se es leal a aquello en que se confía ciegamente.

8.- De la alegría: Porque no hay mayor fuente de emoción íntima y profunda que la satisfacción de sentirse leal, de no haber violado jamás la palabra dada, ni el compromiso contraído, ni el deber. Deber, palabra, compromiso, si no se cumplen, originan tristeza, angustia. Sólo la lealtad es fuente de alegría.

9.- De las utopías: Todo idealista (un grado más allá) utopista, es forzosamente leal a sus ideales y escéptico con respecto al cumplimiento total de las utopías.

10.- De la honradez: La honradez no es más que una forma parcial de la Lealtad. Se es honrado, porque antes se aprendió a ser leal; la lealtad origina la honradez humanizada e inteligente, y no la honradez estúpida y mojigata de los libros de moral.

Hay que ser honrados y comprender que otros no pueden serlo, sin humillarlos y difamarlos por eso. Enseñarles y evitar que sigan la labor fácil y no crear condiciones de organización tales que estimulen la deshonestidad.

Muchos son deshonestos porque la oportunidad y la tentación se les brinda todos los días. Sólo en último extremo castigar a los deshonestos. Pero entonces sí, castigarlos con toda la fuerza y el poder disponible.

Mucha gente roba un pan; esa persona no es deshonesta ni un delincuente. Es un hombre.”

(Ramón Carrillo)

Fuente:

CARRILLO, Arturo et alii, 2005, 2ª Edición, Ramón Carrillo, el hombre, el médico, el sanitarista, Buenos Aires,  Carrillo Ediciones.