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 por Jorge Torres Roggero (Artículo publicado en la revista El Avión Negro, Córdoba)

1.- Los Homoglobos

En el quincarlos-faytto círculo de su viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia, Leopoldo Marechal nos arroja, aferrados a una soga y entre violentas ráfagas, sobre una multitud de “hombres de goma inflados casi hasta reventar”. Son los Homoglobos. Sus gestos, fríos y solemnes; su discurso, “un verdadero camposanto de lugares comunes”. Está relatando la invención del Personaje o Figurón. El Personaje no es un “ente real” sino un “ente de razón” inventado por alguien. La esencia del Personaje es precisamente su falta de esencia, el vacío absoluto. Un Personaje bien cocinado habla siempre con supuesta idoneidad tanto de la situación de Medio Oriente como de la cocina egipcia o las internas peronistas.

Esta cosa pensaba mientras leía un artículo de Claudio Fantini, “La exclusividad de la impudicia” (La Voz, 01/11/ 2014) en que, tras “cartonear” en el basural a cielo abierto de la bibliografía más gorila, se solaza en numerar las impudicias peronistas. Lo que los demás deben ocultar, postula, los peronistas lo pueden ostentar. La culpa es de la “sociedad” que lo permite, que siente pánico ante el poder que detesta a los pusilánimes y “vive con la sensación de que solo el peronismo sabe sujetar el poder”. El artículo es una elegía, una lamentación anacrónica, una añoranza del golpismo, un solemne auto sacramental para ofrecer justificaciones a cualquier intento desestabilizador.

En eso estaba cuando terció Jauretche. Según el forjista, los figurones son el resultado de una técnica de fabricación: “La firma del personaje, o la simple aparición frecuente y destacada en los grandes diarios, sirven para construir el prestigio, prestigio que una vez logrado sirve a su vez para prestigiar las ideas y los hechos que el prestigiado apoya con su autoridad. Así constituido, el “figurón” va afirmando su personalidad a través de la cátedra, el libro prestigiado por los mismos medios, las academias, los premios científicos y literarios, las instituciones que consolidan el renombre adquirido (…) Es toda una construcción artificiosa y regulada cuyo acceso se logra a medida que se acredita la obsecuencia al aparato, y se da la certidumbre de que responderá con el prestigio que se le presta, dando prestigio a su vez”.  Y aquí es donde entra a tallar la historia del “doctorcito del sombrero aludo”.

2.- El doctorcito del sombrero aludo

Como siempre, Arturo Jauretche no se anda con vueltas para ilustrar su pensamiento. En 1958, proféticamente, nos mostró el nacimiento y los primeros pininos de un personaje que en nuestros días da mucho que hablar y que él había catalogado ya en épocas de FORJA. Decía Jauretche: “Para que mis lectores vean, por ejemplo, cómo se fabrica un personaje, los voy a invitar a que sigan la publicidad periodística sistemática que se le está haciendo a una llamada “campaña de educación democrática”, cuyo objeto es ir fabricando con tiempo un nuevo personaje que lo será, a la distancia, aunque sea una “distancia larga”, como decía Balbín, un mozo que fue candidato a la presidencia de la República y que desde luego tuvo prensa favorable.

“El personaje que están fabricando es un doctorcito Fayt que un día, con el título nuevecito, un sombrero aludo de esos de ribete, y tres guantes, los dos para ponerse y el de llevar en la mano, se apareció en FORJA y se afilió. “Pidió en seguida la tribuna y se la dimos tres veces. A la tercera lo llamé y le dije: “Vea, joven, usted no entiende lo que es FORJA, porque usted es un liberal crudo y su puesto está en el Partido Socialista. Acerté, porque actualmente actúa en el mismo y habla, habla, habla; ¡la pucha si habla!, y tiene prensa a bocha como que La Nación y La Prensa le dedican todas las semanas su buen cuarto de columna. Están fabricando un comodín, como hay tantos”.

Jauretche escribía esto en polémica con la Revolución Libertadora. Los profesores peronistas habían sido expulsados de la universidad. El decreto 6043 de Aramburu prohibía que fueran admitidos en los concursos. José Luis Romero, interventor en la Universidad de Buenos Aires precisaba aún más las restricciones a: “Los que hayan propuesto o participado en actos individuales o colectivos, encomiando la obra de la dictadura, realizados dentro o fuera de la Universidad, invocando o no su condición de universitarios”. El pretexto puede ser Perón o, en su momento, Yrigoyen. Pero el objeto es siempre el monopolio de la universidad por el pensamiento anti-nacional y oligárquico.

Recordemos. El 5 de setiembre de 1930, el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA dictó una resolución en que asume como propio “el imperativo enunciado, en forma indeclinable por la conciencia juvenil, de exigir la renuncia del Presidente de la Nación, Sr. Hipólito Yrigoyen y la inmediata restauración de los procedimientos democráticos dentro de las normas constitucionales”. El decano golpista era Alfredo L. Palacios y los secretarios Julio V. González y Carlos Sánchez Viamonte. Tres personajes del socialismo cuya “transparencia” dice haber heredado “el doctorcito de sombrero aludo”. Son los famosos “maestros de juventud”. Gracias a ellos, los estudiantes reformistas apoyaron los golpes que voltearon los gobiernos populares de Yrigoyen y Perón.

En 1955, hubo jueces (Orgaz, Galli, Soler, Busso) dispuestos a avalar cualquier medida contra el pueblo y la patria. El “cansancio moral” que pretextaban nos les impidió declarar la constitucionalidad del Decreto-Ley 4161/56 que prohibía cualquier alusión a Perón, su esposa, y su doctrina. Ante el cuestionamiento a las sanciones impuestas a un periódico que elogiaba la obra de la Fundación Eva Perón y el pedido que se declarara inconstitucional la sentencia porque reprimía el derecho de expresar por la prensa aquello que, “bueno para unos y malo para otros, había quedado incorporado a la historia política del país”, la Corte desechó el reclamo. Consideraba absolutamente razonable que, en un período post revolucionario, las autoridades surgidas de la revolución establecieran restricciones a la propaganda contrarrevolucionaria, a la exaltación de las doctrinas y del estado de cosas que dieron origen, precisamente, a la revolución. Y pensar que, en nuestros días, la Corte avala las cautelares que blindan el poder hegemónico de las grandes corporaciones mediáticas, financieras y económicas.

Fruto tardío de la restauración oligárquica de 1955, sombra inasible del doctorcito al que Jauretche profetizó una “distancia larga”, el Dr. Carlos Fayt persiste en recitar la melopea que lo autoconstruye como personaje impoluto y letrado. Lo poco que sabemos de él proviene del reportaje concedido a la revista Lecciones y Ensayos de la Facultad de Derecho. Veamos cómo explica su llegada a la cátedra universitaria en la Universidad de la Plata y, luego, en la UBA.

“Producida la revolución que depone a Perón, dice, se designan interventores en las universidades y están libres las cátedras. Yo recibo la invitación del designado Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata para hacerme cargo de la cátedra de Historia de las Instituciones Representativas, pero también estaba vacante la de Derecho Político. Al poco tiempo de desempeñar la primera, hablé con el Decano y le dije que me parecía que iba a ser más útil en la segunda, me interesaba más la cátedra de Derecho Político. (…) Después de esto me ofrecen la cátedra que estaba vacante, que era la única que existía, en la Capital Federal, es decir, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, me refiero a la cátedra de Derecho Político”.  Como es fácil advertir, el relato contiene una especie de milagro: se depone al tirano, se intervienen las universidades y, maravillosamente, las cátedras quedan libres, en oferta para “doctorcitos de sombrero aludo”. Nada dice de la persecución a los docentes (aún a los no peronistas), nada de las proscripciones, nada del asalto impune a las organizaciones estudiantiles peronistas, nada de la entrega descarada de las cátedras y cargos universitarios a socialistas, comunistas y algunos radicales “reformistas” y a sus “maestros de juventud”. El “personaje” Fayt todavía era socialista. En 1969, Jauretche agrega esta nota a su predicción de 1958: “A estas horas, 1969, ya está fabricado, en profesor universitario, concurre a toda clase de congresos y es personaje en puerta para académico. Reemplazaría a los Sánchez Viamonte y a los Linares Quintana ya muy deteriorados por el uso, y bolillas demasiado conocidas”

Estaba recogiendo los frutos de la “campaña de educación democrática” encarada junto a su maestro, Carlos Sánchez Viamonte, autor de un libro de Derecho Constitucional que fascinó a Fayt. Sánchez Viamonte, feroz antiperonista, fue autor de un Compendio de Instrucción Cívica. Y ese es el costado comercial de las campañas de educación cívica del doctorcito y su maestro. Tras la caída de Perón, se instauró en la escuela secundaria la materia Educación Democrática y, hasta en las escuelas religiosas, el manual obligatorio fue el de Carloncho Sánchez Viamonte, socialista, pero de “familia patricia” y alta sociedad.

A Fayt tampoco le fue tan mal. Según él, durante la Revolución Libertadora, en sus campañas de educación democrática, “se proporcionó tribuna a los sin tribuna”. Fueron una experiencia de tolerancia, civilización política y participación popular. Sin embargo, algo calla el “doctorcito de sombrero aludo”: en ese momento, millones de peronistas estaban proscriptos, ni siquiera podían pronunciar el nombre de su conductor sin marchar presos. ¿Qué democracia predicaba? Por cierto, nada de denuncia sobre fusilamientos, torturas, operaciones masacre, clausura de periódicos, derogación por decreto de la Constitución. Tampoco cuenta un episodio frecuente en sus jornadas cívicas: a veces, los pibes de la naciente juventud peronista en la resistencia le arrebataban el micrófono, gritaban “¡Viva Perón!”, y salían corriendo para no ser detenidos.

Eso sí, tras un viaje a Europa para orientarse sobre cómo organizar su materia, logró sistematizarla en sus libros de Derecho Político, textos canónicos en las facultades de derecho. Y como Sánchez Viamonte, escribió también su Compendio. Fue, confiesa, “un acto de amor a los estudiantes”, “para facilitarles las cosas”. Con esa sinopsis “podían recordar esa materia y repasarla en dos horas antes de dar el examen”. El éxito lo “convierte en un clásico” y en texto obligatorio en universidades de Paraguay y Perú. En Argentina, más de once ediciones. Buen negocio el de la democracia y la transparencia socialista: un compendio, una prolija recopilación de teorías sin sustento en nuestra realidad, dan pingüe ganancia en universidades y facultades en que los profesores simulan ser apolíticos y los alumnos recitan de memoria.

3.- El Guinness de la incoherencia

En los últimos tiempos, el doctor Carlos Fayt, ahora de 97 años, vocal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se ha convertido en el centro de una polémica político-judicial en virtud de que se mantiene en el cargo pese a su avanzada edad. Distintas voces del gobierno consideraron que el juez debería dejar el cargo, e incluso desde el propio Poder Judicial crecen los comentarios sobre su real capacidad para ejercer sus funciones puesto que ya no concurre asiduamente el Palacio de Justicia de Plaza Lavalle.

Ya vimos cómo la revista Lecciones y Ensayos le dio pie, en una larguísima entrevista, para que se autoconstruyera como personaje de la democracia. Sin embargo, el eje predominante en sus memorias, es un acendrado antiperonismo. Su libro Naturaleza del Peronismo, si nos atenemos a la autobiografía, es apenas una inocente compilación en que hace gala de una generosa amplitud en la elección de los colaboradores. Sin embargo, la introducción, de 130 páginas, es un manual de antiperonismo. De acuerdo a su criterio, el peronismo, que carece de entidad propia, puede obedecer a tres factores:

1-El peronismo es simplemente Perón; o sea, “el peronismo sería un producto de la voluntad de poder del coronel Perón”.

2.-El peronismo es la versión argentina del fascismo italiano. “El peronismo sería un producto del nacionalismo argentino, que convirtió a las masas obreras en su instrumento, despojándolas de su espíritu de lucha”.

3.-El peronismo fue una necesidad histórica y sería la expresión de la lucha de los nuevos sectores de la clase media y de los sindicatos, pero como meros instrumentos. Para Fayt, “el peronismo es por naturaleza un movimiento fascista y totalitario, de un paternalismo elemental y directo”. Siempre, confiesa, “critiqué a los partidos -al peronismo y al radicalismo- que compran votos”. Por eso, en su libro no habla de la soberanía argentina sino de la “sobornería” argentina.

En este momento, el juez Fayt, Homoglobo ilustre, sigue respondiendo, ya mecánicamente, a las instituciones que le consolidan el renombre adquirido y lo “necesitan vivo”. Es conocida por todos la acordada que “re-re-reeligió” a Lorenzetti como presidente de la Suprema Corte de Justicia desde marzo de 2016 cuando todavía le faltaba un tercio de su mandato. La irregularidad de esa reelección adelantada puso de manifiesto que el Dr. Carlos Fayt no concurría desde hacía un mes al Palacio de Justicia y le llevaron todo redactado para que lo firmara en su casa. Jorge Caballero, en una nota de Tiempo Argentino titulada “La corte de la minoría automática”, pone en dudas la idoneidad del juez. “No son, dice, sus habilidades pasadas o el ritmo de su respiración lo que está en discusión”. La pregunta, sostiene, “es si Fayt entiende lo que firma o le hacen firmar un documento que “lo ubica en un lugar cuando estaba en otro”.

Comentando esta nota, la Presidenta CFK, ante la andanada de republicanismo y transparencia democrática de Clarín y la oposición que denuncian ataques a la Justicia por parte del gobierno, demuestra la contradicción de la corporación mediática y desestabilizadora. En efecto, el 24/08/1999, Clarín criticaba que no se aplicara la cláusula constitucional de los 75 años en el conocido “fallo Fayt” que exime al juez, en aquel entonces de 81 años, de cumplir con dispuesto en el artículo 99, inc.4to., denuncia la actitud corporativa del Poder Judicial y la declara contraria a la “voluntad política de los legisladores y los constituyentes”. La contradicción entre la postura actual de Clarín y la de 1999, según la Presidenta, “merece el Guinness de la incoherencia”.

Volviendo a Marechal: la historia del Homoglobo, o Personaje, o Figurón, que se aliena a tal punto que deja de ser el mismo para “pillársela” y pasar a ser la ficción de los intereses que lo construyen y le insuflan la bolsa de oxígeno del prestigio, se titula en realidad: “Invención y muerte del Personaje”. Muerte del “Personaje”, entiéndase bien. Nosotros sólo nos entretuvimos en desatar el pico del globo para que silbe al aire y escape de su envoltura. Su pneuma será bendecido por Monseñor Poli que llamó a Fayt “venerable y sabio letrado” y advirtió que, al cuestionarlo, se vulneraba “el orden constitucional” y las “normas éticas fundamentales de la convivencia pacífica”. ¡Otra vez la Libertadora!

Tapa del LibroYa apareció TUMULTOS DEL CORAZON. PENSAMIENTO NACIONAL, POPULAR Y DEMOCRÁTICO , Editorial Fundación Ross, Rosario

El tumulto como forma de rebelión y organización del pueblo

El “tumulto” ha sido siempre, en nuestra historia real,  manifestación de la democracia popular criolla. Desde la mirada del intelectual académico, se la consideró, sin más, irracional, desestructurada, plebeya e imposible de percibir y sistematizar .  La lógica del dominador, eclesiástico o civil, nunca pudo con ella.

A partir de 1945, el sujeto histórico del tumulto pasa a ser el “cabecita negra”. Los nombres del desprecio marcan una secreta continuidad histórica censurada que en este libro toma la palabra: gauderios, tupamaros, vándalos, montoneros, gaucho, chusma, orillero, cabecitas negras, descamisados. La lista de la discriminación y la mentira es infinita.

Pero esos sujetos históricos, que en épocas de desprecio y desolación, son como un rezongo de tenaz resistencia, a veces toman la palabra. Su tumultuosa voz no pontifica desde la retórica como razón explicativa y meramente repetitiva, sino desde la creación “en acto”, o sea, desde  una poética. Eso es lo que vamos a disfrutar: la revolución como gran acto poético, como canto coral, como solidaridad, como amistad y alegría de ser.  A esa otra lógica se refirió la Presidenta de los Argentinos ante los que se escandalizaban por los tumultos del pueblo en el sepelio de su marido y compañero: “Somos peronistas, siempre estamos en medio del tumulto. No vamos a cambiar justo ahora”.

Por primera vez, se estudia la poética implícita en dos textos casi desconocidos. El discurso en que Juan Domingo Perón catequiza a los obispos; y Juan Moreno, el gran poema gauchipolítico de la resistencia peronista escrito y publicado en Rosario en 1964. Su autor fue secuestrado y asesinado por la Triple A.

¿Por qué llamamos profetas a Jauretche y Scalabrini Ortiz? ¿Cuáles son las profecías de Perón para el S.XXI? ¿Qué tal se llevan los “negros peronistas” con la cultura clásica grecorromana? Estas y otras cuestiones se abordan en estas páginas.

Solicítelo a: Editorial Fundación Ross; Córdoba 1347; 2000-ROSARIO. Tel: 0341-4485358/ 4404820. E-mail: silvinaross2003@yahoo.com.ar

También a: Editorial Babel; Alvear 75; CP 5000- CORDOBA; Tel. 0351-4215696

E-mail: babelediciones@gmail.com

1.- Santiago I

El 9 de julio de  2009 publiqué en este blog un artículo titulado “Malaquías II” en que se reflexionaba sobre la actitud de la Jerarquía Eclesiástica en los frecuentes golpes de estado que asolaron nuestras patrias bicentenarias. Curiosamente, el rasgo común que definía la intervención clerical no era compartir la precariedad y la intemperie del  “pueblo de Dios”, sino una consciente complicidad con los sectores oligárquicos, las corporaciones y “el imperialismo internacional del dinero”, como diría Pablo VI.

Hace sólo unos días  la historia se repitió en Paraguay. El presidente de la Conferencia Episcopal paraguaya conminó al ex obispo Fernando Lugo para que renunciara “dado el bien nacional y para preservar la paz y evitar más violencia y muerte”. Seguramente, el sermón tendría que haberse dirigido a los terratenientes que acaparan la tierra y la riqueza del país y no a un bien intencionado presidente democrático con las manos atadas por la oposición y la conspiración mediática.

Pero algo más pasó. El nuncio apostólico del Vaticano, Eliseo Ariotti, fue el primer representante diplomático en encontrarse con el golpista Federico Franco. Antes que EE.UU., antes que las potencias hegemónicas que expolian nuestra región, Ariotti lo hizo “para honrar a las autoridades paraguayas” en una “conversación muy personal”. Mientras el nuevo presidente sólo  ha generado el rechazo de los países de la región, la Iglesia Católica lo reconoce con extrema celeridad.

Añádase este otro detalle. El Nuncio Apostólico celebró una misa a la concurrió el Presidente y 300 selectos feligreses. La prensa publica la foto de Franco recibiendo la comunión de manos del Prelado (Cfr. Página 12, 24/06/12).

Ahora bien, si nos atenemos al título canónico, Nuncio Apostólico significa que se trata de un enviado para anunciar la Buena Nueva que Cristo encomendó a los apóstoles. Ciertamente, ante tal conducta, no podemos menos que recordar a Santiago I, 2-9:

“Hermanos míos: no queráis conciliar la fe de nuestro Señor Jesucristo con la acepción de personas.  Porque si entrando en vuestra congregación un hombre con sortija de oro y ropa preciosa y entrando al mismo tiempo un pobre con un mal vestido, ponéis los ojos en el que viene vestido brillante, y le decís: siéntate tu aquí en este buen lugar, mientras que decís al pobre: tú estate ahí en pie o siéntate acá a mis pies, ¿no es claro que hacéis distinción dentro de vosotros mismos y os hacéis jueces de sentencias injustas? Oíd, hermanos míos muy amados, ¿no es verdad que Dios eligió a los pobres en este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que Dios prometió a los que le aman? Vosotros, al contrario, habéis afrentado al pobre. ¿No son los ricos los que os tiranizan, no son esos mismos los que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue sobre vosotros invocado?”

Los obispos paraguayos, el Nuncio Apostólico ¿hicieron acepción de personas, se quedaron “con los hombres con sortija de oro y ropa preciosa”, con los 300 mercaderes del templo y mandaron a la plebe de los pobres a la intemperie, al medio de la plaza, para que fuesen gaseados, apaleados, atropellados por la policías y las fuerzas de seguridad? Ciertamente, era la plaza el lugar santo para la sagrada liturgia.

2.- Víctimas y verdugos

 El día 4 de julio de 2009 me llegó un mail extraño. Reproducía un correo del cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Madariaga. Dos cosas me llamaron la atención. Por un lado, la copia adjunta del “Comunicado de la Conferencia Episcopal de Honduras” en apoyo del golpe de estado; por otro, una lacrimosa victimización. En efecto, en pocas líneas, el cardenal se justifica por no haber dado antes ningún pronunciamiento sobre el golpe de estado porque los prelados nececitaban “tener documentos y fue difícil obtenerlos”: “Pero hoy lo hemos hecho. Lo lancé por radio y televisión y a los 5 minutos me amenazaron de muerte. Hay venezolanos violentos y mucha milicia popular armada.[…] Pero no tengo miedo. En caso me toque el viaje al cielo allá estaré mejor”. Es el viejo simulacro de la “persecusión” religiosa lanzado desde cómodas poltronas y con la guardia pretoriana ofrecida por los golpistas.

Mientras el dignatario usaba los medios de comunicación para avalar la legalidad del golpe y darle el apoyo oficial de la Iglesia, los movimientos sociales, sindicales y la sociedad civil sufrían una salvaje represión militar. Los miles de manifestantes que esperaban a Zelaya en protesta pacífica  fueron víctimas de francotiradores apostados en el aeropuerto. Allí, entre el pueblo humilde, estaba el primer “martir”.  El Cardenal, que había enseñado a su discípulo Mel Zelaya “la opción por los pobres” en el Colegio San Miguel, atrincherado con los golpistas, no se pronunció sobre lo que le hicieron a su alumno ni a su desprotegida familia.

3.- Recuerdos del 55

 Debo confesar que no soy dado a las reminiscencias inútiles. Pero no pude dejar de evocar lo que aconteció en Argentina durante la Revolución Libertadora de 1955. Reviví la bronca adolescente: curas convertidos en “comandos civiles”, unidos a la oligarquía y el imperialismo para despojar al pueblo de sus derechos bajo el lábaro constantiniano de “Cristo vence” (In hoc signo vinces).

Desde entonces, como diría Jauretche, llevo muchas “cuadreras corridas” y he aprendido ciertas cosas. Me bastó ver los noticieros de CNN y Telesur para conocer la calaña de los golpistas y el fervor de los humildes y desheredados que defienden una esperanza. Pienso para mis adentros que, con errores y deficiencias, en Honduras recién estaba comenzando lo que los argentinos afrontamos en la década del 40: el advenimiento de la justicia social. Desgraciadamente, como en 1955, la jeraquía católica se puso de nuevo codo con codo con la oligarquía. No es nuevo en Latinoamérica: lo mismo pasa en Bolivia, en Ecuador, en Venezuela y en la Argentina presente.

El episcopado esconde, tras un lenguaje hipócrita de falsa pacificación, sus opciones políticas. Abusando de un sociologismo barato y antievangélico en que se da por sentado que las categorías de “clientelismo” y “populismo” modelizadas por izquierdas y derechas neoliberales son verdad revelada, hacen oídos sordos al clamor de los humildes y se ponen abiertamente del lado de la ola golpista que ha comenzado a recorrer América. Como en la época de la Independencia, la Jeraquía Católica hace suya la palabra del dominador y tiembla, con el miedo de Caín, ante la creciente emancipación de los pueblos.

Volvamos al paradigma que nos ofrece 1955 como categoría de análisis y grito de alerta. En ese entonces, la jerarquía católica comenzó a  alarmar a la opinión pública fingiéndose víctima de una persecución más ominosa que la de los emperadores romanos. Sermones y panfletos violentos de circulación libre, refutaban esa pretensión de “mártires”. La principal calumnia que se echaba a volar desde las sacristías era que  Perón pretendía fundar la Iglesia Justicialista Argentina. Cruzados de la “causa justa”, la oligarquía, las fuerzas armadas y el imperialismo cerraron la operación de pinzas imponiendo a sangre y fuego la “ortodoxia” democrática frente a la supuesta “segunda tiranía”. ¿Persecución religiosa, mártires? Perón, como ahora Zelaya, había dado sobradas pruebas, no de santidad, sino de su vocación cristiana. En un discurso ante todos los obispos había confesado: “Declaro, pues, mi fe católica. Quiero señalar que siempre he deseado inspirarme en la enseñanza de Cristo”. Nuestra religión  “es la religión de los pobres, de los que sienten hambre y sed de justicia, de los desheredados y sólo por causas que conocen bien los eminentes Prelados que me honran escuchándome, se ha podido llegar a una subversión de valores y se ha podido consentir el alejamiento de los pobres del mundo para que se apoderen del templo los mercaderes y poderosos y, lo que es peor, para que quieran utilizarlos para sus fines interesados”.

         El padre Pedro Badanelli, en un libro titulado Perón, la Iglesia y un cura, señala que la persecución denunciada por la Iglesia se debió al intento de subordinar al poder civil, convertirse en cabeza de puente de la oligarquía e impedir así el ejercicio por parte de Perón de sus obligaciones de gobernante. Como les había aclarado a los obispos, el presidente se ocupó  simplemente de legislar, como él decía, para todos los argentinos “porque nuestra realidad social es tan indiscutible como nuestra realidad geográfica”.

         Lo que la Iglesia menos debe esperar de un católico es que gobierne para su exclusivo interés. Por eso el derrocamiento del gobierno popular en 1955, se debió fundamentalmente a la gran traición del clero. Fue, en última instancia, el resultado de una “batalla que el capitalismo internacional le ganó al obrero argentino”. Badanelli postula que el error del clero argentino fue ponerse de parte del capitalismo. ¿Por qué, se pregunta el cura en 1960, si uno mira el mapa mundial pareciera que todos los que amparan a los “obreros” son “tiranos”; y todos los que los explotan son “demócratas”?

4.- Malaquías II    

 La triste vida de los obispos argentinos y latinoamericanos discurre entre visitas a empresas, casas aristocráticas, oligarcas de todo pelaje y “doctores”. En una palabra, inmersos en la “vida social” (cfr. La razón de mi vida) terminan atrapados en una red de compromisos políticos. Dice Badanelli: “Es muy frecuente ver a un obispo tomando el “té de las cinco” en casa de las señoronas”, pero es difícil encontrarlos tomando un mate familiar y solidario en el rancho de un pobre.

         Encarnizados y solapados enemigos de Evita,  emprendieron con sistemático encono el ataque a la Fundación. Se empeñaron al resucitar las viejas fórmulas de dominación: la Conferencias Vicentinas y los “bonos de pan” de empingorotadas Damas de Beneficencia. Nadie les restaba mérito a estas “buenas obras”, pero resulta incomprensible la animosidad de los clérigos hacia la Ayuda Social y, lo más lamentable, su extensión a la persona de Evita, que padeció el odio furioso y la calumnia de los curas.

         Los obispos, según Badanelli, piensan al unísono y, cualquiera sea la circunstancia nacional que analicen, siempre dicen la mismo. Las farragosas cartas pastorales, redactadas generalmente por uno de ellos, conforme a un esquema acordado y a una especie de patern cínicamente edulcorado, dicen siempre lo mismo y eso es “unanimidad de criterio”. Sería interesante realizar un currículum de un obispo de Argentina y Latinoamérica. Las más de las veces de cuna humilde, va poco a poco dejándose enredar por los intereses de los “benefactores”. Los “benefactores”, generalmente prominentes explotadores de sus trabajadores, son la fuente de su poder. No hay congregación religiosa que carezca de latifundios o tambos en la pampa húmeda, yerbatales en Misiones, bodegas en Cuyo, estancias en la Patagonia. O sea son también “productores rurales” y encuentran natural bendecir los cortes de ruta de los patrones golpistas de aquí y el asalto al poder en Honduras. No existe corazón más duro que el de un cura. En vano clamó el “excomulgado” Perón su  actitud cristiana, en vano reafirma Zelaya su religiosidad y pide comprensión y una mirada compasiva al Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, su maestro y catequista.

         El 7 de marzo 1955, Monseñor Crisanto Luque, junto a veintidós obispos, publica una pastoral del Episcopado de Colombia que Badanelli refutó en una Carta Abierta. Como parte del plan desestabilizador en Argentina, el documento condena la doctrina justicialista. Sostenían los prelados colombianos que la justicia del peronismo no era la del evangelio y que el peronismo era peligroso para los católicos.

         Pero eso no fue todo. En un comentario de la Radio del Vaticano, en ocasión de una fiesta patria posterior al golpe de 1955, la Iglesia se congratula por el “anhelado retorno a la normalidad en Argentina” y pide colaborar con los usurpadores. Recuerda que los “recientemente pasados acontecimientos”, cuyas consecuencias aún “sufre” el país, “ha mostrado de qué manera el sentimiento católico está profundamente arraigado en el pueblo argentino”. Propugna que hay que contribuir al “retorno de la paz segura y verdadera” para que en “estos momentos históricos de la Nación Argentina, sepa demostrar a la Iglesia la gratitud que merece” y “sólo los derechos de la Iglesia únicamente pueden fortalecer” a los espíritus y asegurar un futuro digno. ¿Qué colaboración pide el Vaticano? ¿Con los vende-patria, los fusiladores de heroicos militares del pueblo,  los asesinos de los obreros de José León Suárez,  los masacradores de Lanús, Berisso y tantos otros lugares, los responsables de más de quince mil encarcelados?

         Esto parece pasado, pero en Honduras y en toda América Latina, salvo dignas excepciones, la Jerarquía Católica es propensa a vilipendiar, denunciar y calumniar a sacerdotes y fieles comprometidos con la “opción por los pobres”. Pareciera que Medellín y Puebla no hubieran sucedido y su voz sigue resonando en el desierto. Por eso el cardenal hondureño y sus obispos, pueden decir que el golpe ha sido “apegado a derecho” y que “cuando fue capturado” la “persona requerida” “ya no se desempeñaba como presidente”. Lo acusa, además, como “responsable de los delitos de: CONTRA LA FORMA DE GOBIERNO, TRAICIÓN A LA PATRIA, ABUSO DE AUTORIDAD Y USURPACIÓN DE FUNCIONES”. Desgraciadamente esa no era la Palabra que debían anunciar. Eran ventrílocuos de los usurpadores. ¿Nada sobre la represión contra los pobres? ¿Y  sobre los muertos pacíficos (“bienaventurados los pacíficos”) que no eran por cierto “milicia popular armada”?

         En 1955, los curas cordobeses, apacentados por el refinado Monseñor Lafitte, vitalicio aspirante a cardenal, escondían las armas en los altares del templo. Convirtieron “la tierra santa” en arsenal de guerra. Con las manos de bendecir, empujaban a los jóvenes de Acción Católica a la muerte y al odio.

         Desde entonces, las masas populares dieron la espalda a la Iglesia. Ahora los clérigos ya no visten sotana y hasta los obispos lucen de sport, pero en aquel entonces, lo recuerdo con pena, cuando un obrero veía un cura tocaba “fierro” o gritaba “cuervo”. En los vagones del ferrocarril era frecuente esta inscripción  referida a la “Córdoba heroica”: “mate un cordobés y dos curas”. ¿Barbarie? No, sólo profecía, recitado humilde de Malaquías II:

         “Y ahora a vosotros sacerdotes, os digo: maldeciré vuestras bendiciones y las maldeciré porque no pusisteis mi gloria sobre vuestros corazones. Porque los labios del sacerdote deben guardar sabiduría, más vosotros os habéis apartado del camino y habéis escandalizado a muchos por violar mi ley. Por lo cual os he hecho yo también despreciables y viles ante los ojos del pueblo, porque no guardasteis mis caminos y tratasteis la ley con acepción de personas. Y aun esto habéis hecho: cubristeis de ignominia el altar del Señor, de lloro y de gemido, de manera que no miraré más el sacrificio que me ofrecéis, ni recibiré de vuestras manos cosa alguna que pueda aplacarme”

Fuentes: “Comunicado de la Conferencia Episcopal de Honduras”, Tegucigalpa, 03/07/09; Misiva del Cardenal  Oscar Andrés Rodríguez Madariaga por correo electrónico del 04/07/09; Badanelli, Pedro, 1960, Perón, la Iglesia y un cura, Buenos Aires, Editorial Tartessos; Perón, Juan Domingo, 1973, Una comunidad organizada y otros discursos académicos, Buenos, Ed. Macacha Güemes; Malaquías II, (espigado entre versículos 1-13 por Badanelli).

 

En una ficha manuscrita, perdida entre apuntes varios, hallé este “semitexto” en que presentaba el recién horneado Nº 9 de SILABARIO. Hoy estamos preparando el Nº 15 de nuestra sólida revista/libro. Confiado en su pervivencia, reproduzco el viejo texto porque creo que nos representa:

“Como director de Silabario, junto a todos los integrantes del Grupo de Estudios Literarios del Cono Sur y a Pablo Heredia, actual  director del equipo de investigación, agradecemos la presencia de todos ustedes y celebramos con alegría que nos acompañen en este momento de presentación del Nº 9.

Cuando lanzamos el Nº 1, en noviembre de 1998, teníamos el propósito de persistir, de mantener la calidad de cada tomo y sabíamos que el único modo era extender a la revista dos de las prácticas internas del grupo: apertura mental y  solidaridad.

En realidad, no puede existir una sin la otra. Su función, digamos, es coexistir. ¿Cuál era el camino o método? Someternos, ante todo, a la ley del corazón que hace posible la solidaridad y muestra el camino para derribar los muros mentales, los alambrados de las vulgatas al uso, para aceptar a todos aquellos que comparten nuestras búsquedas sea cual fuere su modo de pensar.

El subtítulo de nuestra revista: “Revista de estudios y ensayos geoculturales”,  indica, por un lado, la necesidad de implicar la propia vida con el objeto de nuestras investigaciones. Después de todo, los sinónimos de la palabra latina studium, no están relacionadas con cuestiones tecnoburocráticas. Fijense cuáles son: cupiditas, amor, teneritas, dolor, que pueden traducirse como deseo, amor, ternura, pesar. La palabra geocultura, tomada de nuestro maestro Rodolfo Kusch, postula eso: cruce de pensamiento y suelo, de pensamiento causal y pensamiento seminal.

La palabra ensayo, por otra parte, significa desconfianza hacia la institucionalización o normalización de eso que llamamos “realidad objetiva” en un intento de deslizarnos como pez en el agua a través de  lo heterogéneo y contradictorio y  tantear en las tinieblas el rostro todavía sin forma del futuro que  avanza hacia nosotros.

 Manuel Ugarte, uno de nuestros maestros, publicó en 1933 un libro titulado El dolor de escribir. En él  denuncia, entre otras cosas, cómo se transportan a la actividad intelectual las características de la vida pública. Así nacen, postula, también en nuestras letras “las oligarquías absorbentes, los compadrazgos, las arbitrariedades, la sujeción neocolonial”. Llamaba “alma popular” a la cultura popular y le asignaba el papel de reconstruir todo lo que habían destruido las oligarquías. Pedía al escritor fidelidad a sus certidumbres, obedecer sin cobardía y sin vanidad a sus más íntimas voces: “Es lo que, humanizando a la vez y divinizando el tema, podemos llamar el reino de la plebeya verdad”.

A veces, a causa de estas certidumbres íntimas, nuestro Grupo ha  sido o banalizado o acusado de sectarismo. Tener una clara posición de apoyo a los ensayos de liberación de nuestros pueblos como sujetos históricos y no como mera humanidad abstracta, compartir sus contradicciones y sus luchas, no es, sin embargo, ser sectario. El sectario, decía otro de nuestros grandes maestros, es como “el que se corta las manos”. Queda negado para la solidaridad: no sólo no puede dar una mano a otro; sino que, sobre todo,  ha renunciado a que le den una mano. Y como por sus frutos los conoceréis, aquí está Silabario, abriendo, como siempre, sus secciones  a todos los vientos de la polémica, cobijando y dando voz a todas posiciones teórico-metodológicas. Por otra parte, obedeciendo a una constante de Silabario, compartimos nuestras búsquedas con los hermanos sudamericanos, en este caso, brasileños.

Por último debemos confesar que siempre nos alegraba, y saludábamos con auténtico regocijo, la presencia en nuestros actos de presentación de las autoridades de la Escuela de Letras de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Hoy, el Director de la Escuela es Domingo Ighina, un compañero de nuestro Grupo. Por lo tanto,  además de celebrarlo, le tomamos asistencia. Deseamos también que traslade a todos nuestros compañeros docentes y estudiantes,  nuestra alegría de “estar siendo”, la vivencia de nuestra opción de pensar sin miedo. Y como nos  animamos  a tener fe en nuestras posibilidades, les contamos que ya estamos preparando el Nº 10 dedicado a nuestras patrias suramericanas y por lo tanto quedan invitados a colaborar. Si llegan a la página 283, accederán al temario.

Ojalá podamos  algún día sentirnos dentro y  encarnados en la entraña misma de la historia, en  el remolino de los “ásperos clamores” (pido  prestada esta expresión al título de un  libro de nuestros compañeros Andrea Bocco y Pablo Heredia) rodeados, como decía Scalabrini Ortiz, por la animadversión  de los soberbios de la fortuna, del poder y del saber pero  auscultando con humildad  la palabra oculta en lo más rudimentario de nuestra realidad, volviéndonos  hijos transitorios de la tierra capaces “de luminosa eternidad”.

 Presentación de SILABARIO  Nº 9 (04 de mayo de 2007)

 Jorge Torres Roggero