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Ilustración: Albertus Pictor

por Jorge Torres Roggero

La muerte jugando al ajedrez. Fresco de la iglesia de Täby, en Estocolmo (c. 1480)1.- El Séptimo Sello: una partida de ajedrez

Desde sus orígenes, la humanidad se enfrenta a un problema, al parecer, insoluble: la muerte. En ciertas épocas en que “lo sagrado” (numinoso) impregna la cotidianeidad, la respuesta y el sentido suelen emanar de las religiones. Pero en épocas “profanas” (hedonistas, materialistas) la búsqueda de sentido -aun en el sinsentido- queda en las manos falibles de los artistas.

En estos momentos, en que los textos bíblicos, quieras que no, parecen vociferar  y llamarnos al orden, en que la muerte ensaya en el mundo globalizado su danza macabra, vamos a recordar juntos tres joyas, dos del cine y una de la literatura, en que el arte disputa el señorío a la muerte. La primera es una película de Ingmar Bergman: El Séptimo Sello (1957).

El director nos orienta, en el inicio del filme, sobre el motivo dominante. Es un epígrafe tomado del Cap. 8,1 del Apocalipsis: “Cuando se abrió el séptimo sello, se hizo en el cielo un silencio de media hora”. Pensemos un ratito. De paso, no nos vendría del todo mal leer los capítulos 8 y 9 del libro joánico.

A medida que los siete ángeles tocan sus trompetas, las plagas se desatan sobre la tierra. Veamos dos casos. Una estrella cuyo nombre es “Ajenjo” (“aguas amargas”) emponzoña tierra y aguas. Aquí, podríamos recordar que Chernóbil significa en ucraniano “hojas de absintio”, es decir, ajenjo. Y en estos días es acosado por incendios. Pero lo que nos interesa es revisar  qué ha pasado. La media hora de silencio es, en realidad, el “silencio de Dios”. Callado el Verbo Ordenador, se desata el poder perverso del mal, la “anti-creación”. Las cosas buenas creadas por Dios: luz, agua, tierra, aire, se “desnaturalizan”.

Ahora bien, nosotros no somos iniciados, o sea, buceadores de los misterios escondidos en los símbolos apocalípticos. Por lo tanto, en la sucesión de catástrofes que se desatan sólo vemos su función pedagógica.

En tiempo de calamidad y desolación, los simbolismos apocalípticos nos ilustran sobre los resultados de las fuerzas del mal en la historia: opresión, injusticia, guerra. La poderosa langosta que lleva “una corona de oro en la cabeza”; y “con su cola de escorpión”, “puede hacer daño a los hombres por cinco meses “obedece a una rey llamado “Abadón” (el exterminador). Y aquí un respiro, ¿por qué no acordarse de la anunciadora novela de Ernesto Sábato? Y no olvidemos: el mal no viene de Dios, si no que se presenta cuando  ocurre “el silencio” o ausencia de Dios en la historia.

Pero entremos en el Séptimo Sello de Bergman. Todo sucede en el S.XIV. Antonio Block, caballero sueco, marcha junto a su escudero. Regresa de las Cruzadas, pero encuentra a su pueblo bajo el azote de la “peste negra”. La Muerte, personaje central, aparece soberana y el caballero la reta a una partida de ajedrez.

Inspirado en un mural del pintor medieval Alberto Pictor (que ilustra este texto), las escenas de la partida son memorables. ¿Está la vida en juego contra la muerte en la media hora del silencio de Dios? Por un lado sabemos que, a ese juego, lo vamos a perder. Pero también sabemos que depende de nuestra creatividad ganarle tiempo a la muerte. A lo mejor, agregando días a nuestros días, encontramos sentido y respuestas a los dramas que nos aquejan.

Ahora bien, para aliviar las tensiones, Bergman recurre a la cultura popular. Es también una partida paralela contra la muerte. Lo carnavalesco, la parodia, la comedia, también aportan respuestas profundas que, a veces, los intelectuales no registran. Por eso en el filme aparecen, cada tanto, en su carromato, los actores trashumantes Jof y Mia que dulcifican con representaciones, canciones y artilugios la terrible cuarentena de los pueblos.

El “dies irae”, el silencio de Dios, desata la quema de mujeres en la hoguera por brujería; violaciones a jóvenes indefensas por hombres supuestamente probos, flagelantes en procesión que se azotan para escaparle a la peste.

El director juega con los blancos y los negros: el paisaje es una tablero de ajedrez. Y al final, se divisa a la Muerte, danzando vencedora en una colina lejana. Jof, el juglar, describe la escena. Suenan tambores y un canto solemne. Pero Mia, la mujer de Jof, no se perturba. Ella y su hijo no ven la danza de la Muerte porque, en realidad, es sólo una alucinación de Jof. Ellos representan el bíblico “resto de Israel”, “la plebe pauperum”, los que “dominarán la tierra” y marchan, luminosos, en su carromato. Portadores de la risa y la palabra del pueblo humilde, rompen el silencio y parecen haber vencido a la Muerte.

2.- Juan Moreira: jugando al truco con la Muerte

El folletín Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez, en una época en que los  autores “cultos” carecían de lectores, mereció múltiples ediciones de millares de ejemplares. Más aún, en una época en que las salas teatro de Buenos Aires eran transitadas sólo por compañías extranjeras, la adaptación teatral de Juan Moreira atrajo multitudes, no a los teatros, sino a las trashumantes carpas del circo criollo. El tumulto popular se convertía en vocerío estruendoso cuando, en el picadero, irrumpía la partida a caballo. Sus gritos, mezclados con el ruido de los “latones”, se unían a los de la multitud que, habiendo tomado partido por el perseguido, avisaba al protagonista que estaba en el escenario, la llegada de sus perseguidores.

Como dice Vicente Rossi: “Con Moreira se vengaban desesperadamente, la honradez, la labor, el hogar, la familia, bárbaramente destruidos por la autoridad. Ese fue su bandolerismo…” En otras palabras, los gauchos del drama criollo y el pueblo echaron las bases del Teatro Nacional. Así nacieron los primeros actores de nuestro teatro, que luego fueron grandes protagonistas en el naciente cine nacional. Adviértase, además, que la tradicional estética del “género gauchesco” también alimentó la imaginación de generaciones de argentinos a través de la historieta.

Visto lo anterior, a modo de contextualización, volvamos a la ancestral contienda entre el hombre y la muerte. Vamos a asistir a una sensacional y plebeya partida. Un gaucho fugitivo de la justicia, Juan Moreira, juega su vida al truco con la Muerte.

En la película Juan Moreira, Leonardo Favio ha elegido la teatralidad de la tradición popular gauchesca para construir su relato. La historia es “cantada” por un payador y unos artistas trashumantes la representan. Nosotros nos limitaremos a contemplar un momento único: el diálogo de Juan Moreira con la Muerte.

El “gaucho malo” está echado en el suelo malherido y agonizante. Barro y sudor, gemidos; y abriéndose paso entre los altos pajonales y yuyales se acerca la Muerte . “No es chacota, Moreira, vengo por vos”. Echado en el suelo, casi sin voz,   Moreira se pregunta cómo es que va morir: “Con este sol”. No se avergüenza de tener miedo: “Miedo, sí. De no morir con sol”. Pero la Muerte le retruca exaltando la oscuridad: ella es el ángel de la sombra. Para ella el sol es apenas el “chispazo de un yesquero”. Ella es la noche infinita; y él, una ilusión. La Muerte ordena silencio con el dedo índice en la boca. Moreira dispara dos veces con su trabuco, pero ella, invulnerable, sigue avanzando. Lo acaricia: “¿Por qué tanta tristeza?- le pregunta. Él responde: “¿Es lejos?” Y ella: “Es al final del camino. Me entretiene caminar”.

Le da, entonces, una oportunidad: la partida de truco. Pero para acceder al juego, como en los cuentos populares tradicionales, debe sortear una prueba. Es una famosa adivinanza relacionada con el truco que trata de “la niña con un clavel en los labios”. Moreira la resuelve y se desencadena la partida. “Treinta y siete”, canta la Muerte. Y el matrero: “Treinta y ocho o más”. La Muerte comienza a sentirse perdida. “Tengo sed”, suplica el gaucho. La gradación ascendente llega a su culmen. La Muerte replica: “No tomés nada que la viruela anda por todos lados. No sé perder”. Moreira da un grito de impotencia: ha vencido a la Muerte, ha salvado su vida, pero la Muerte se lleva a su hijo.

Esa es la extraordinaria versión criolla de la vida en su eterno juego con muerte.

Pero siempre hay un resplandor de esperanza. Al final, Juan Moreira, traicionado, es acorralado en un lupanar de Lobos. Es el amanecer. El gaucho intenta escaparse escalando la tapia trasera, pero el sargento Chirino (que fue un personaje real) le clava la bayoneta en los riñones. Moreira, asomado al borde del paredón, mira salir el sol. Como en el pasaje previo del encuentro con la Muerte, exclama: “¡Con este sol!”.

¿Quién gana siempre?, ¿la Muerte o la Vida? Moreira muere en la localidad de Lobos. Pocos años después, en ese pueblo, un niño juega con la calavera de Juan Moreira en la casa de su abuelo médico. Juan Perón, contaba esta travesura de su niñez y también sobre la disputa entre su padre  y su madre: ella defendía a Moreira; él lo consideraba un bandido.

Juan Perón, nació en Lobos después de la muerte de Moreira. “¡Con este sol!” ¿Será que la poética de Leonardo Favio esconde siempre un férrea lealtad a los símbolos del pueblo?

3.- “El hombrecito del azulejo”: chamuyar a Madame la Mort

El cuento “El hombrecito del azulejo” de Manuel Mujica Láinez apareció originalmente en el libro Misteriosa Buenos Aires. El diálogo de dos médicos famosos, Ignacio Pirovano y Eduardo Wilde, nos introduce en la ficción. Hablan en voz baja: “esta noche será la crisis”, “hemos hecho cuanto pudimos”, “veremos mañana”,“ hay que esperar”. “Cierran la puerta de la calle sin ruido y sus pasos se apagan en la noche”.

Detrás, en el gran patio, la Muerte aguarda, sentada en el brocal del pozo. Ha oido el comentario y en su calavera flota una mueca. “También lo oyó el hombrecito del azulejo”.

El hombrecito del azulejo nació en Francia y llegó a Buenos Aires por equivocación. Era el único distinto entre los azulejos del lote. Los azulejos que lo acompañaban lucían dibujos geométricos estampados. El hombrecito es “azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y bastón en la mano derecha”. El obrero que ornamentaba el zaguán dio con él y lo dejó aparte porque nada tenía que ver con el friso. Pero como le hizo falta un azulejo para completar “lo colocó en un extremo, junto a la cancela que separa zaguán y patio”. Pasaron los años y nadie lo descubrió. Pero un día la casa se vendió y “entre sus habitantes hubo un niño que lo halló de inmediato”.

Ese niño es Daniel, a quien la Muerte atisba desde el brocal. Al niño lo apasionó el misterioso hombrecito diminuto, habitante de un cuadrado de diez centímetros de lado, y lo llamó Martinito.

Martinito es el compañero de su soledad. El niño se acurruca en el suelo junto a él y le habla durante horas: “Pero ahora el niño está enfermo, muy enfermo”. El hombrecito se asoma de su escondite y espía. Estudia el cráneo terrible de la Muerte. La Muerte bosteza. Martinito, apoyado en el bastón, piensa. La Muerte se hastía. Mira un reloj que cuelga de su pecho flaco y vuelve a bostezar.

De pronto alguien le dice: “Madame la Mort…” A la Muerte le encanta que le hablen en francés. Es que la Muerte de Daniel es una muerte de barrio, no es la Gran Muerte. Al oir que le dirigen la palabra en francés, cuando no lo esperaba, ha sentido crecer su jerarquía. Es hermoso que ese caballero la llame “Madame la Mort”. El hombrecito sonríe. Ahora se ha puesto a hablar. Habla y habla, naturalmente, sin citas latinas, sin enrostrarle nada, sin lágrimas. ¿Qué dice?

La Muerte consulta el reloj. Faltan cincuenta y cinco minutos. Martinito sigue hablando. Antes que ella le responda nada, se lanza a referir cuentos que transcurren en tierras lejanas, historias rientes de Buenos Aires y la Muerte suelta carcajadas. Faltan treinta y cinco minutos. Martinito habla y habla. Le narra antiguos duelos de la Muerte con caballeros famosos de Francia y rememora trágicas escenas medievales.

“La Muerte ríe como una histérica, aferrada al forjado coronamiento del aljibe”. “ Y además…, prosigue el hombrecito del azulejo”. Pero la Muerte da un grito siniestro porque ha mirado el reloj de nuevo y ha comprobado que el plazo que el destino estableció para Daniel pasó hace cuatro minutos.

La Muerte, furiosa, persigue a Martinito que se refugia en su azulejo, pero ella lo arranca, lo rompe y lo arroja al pozo. El final es muy bello  pero aquí me detengo. Los invito a leerlo. Eso sí. Me gustaría elucubrar un ratito sobre el chamuyo argentino del duende francés.

En nuestro lunfardo, chamuyo significa conquistar con mentiras, susurrar palabras engañosas para seducir y obtener algo de alguien. Como toda palabra, tiene un evidente costado negativo, pero en su habitualidad cotidiana el chamuyador tiene un carácter en cierto modo simpático. Es el que viene a “charlar”, a “contar” cosas sin parar. Martinito charló a la Muerte.

Al final todos moriremos. Y ya que comenzamos con el Apocalipsis, el cuento nos avisa que “también morirá la Muerte”. Y eso está a tono con la promesa bíblica. Pero ubiquemos a Martinito en su época. Entonces, en realidad,  aún no había nacido la palabra “chamuyar”. Por lo tanto,  digamos que el hombrecito era un “causeur”, como el Dr. Wilde del cuento. Uno de esos famosos “conversadores” de nuestra Generación de 1880. Claro, que si traducimos “causeur” nos da “hablador”.

Quedémonos con el aire optimista de esa generación argentina. Por eso, en medio de las tambores de la pandemia, dejamos el final sonriente del cuento. Daniel recupera al fin el azulejo por una especie de milagro: “Y el chico recibe en las manos tendidas el azulejo intacto con su hombrecito en el medio; intacto, porque si un enano francés estampado en una cerámica puede burlar a la Muerte, es justo que también puedan burlarla las lágrimas de un niño”.

4.- Colofón: leer señales

Mientras reveía las películas y revivía el cuento, leo en la prensa diaria cómo ciertas señales se multiplican. ¿Siempre ocurren y no les damos importancia? En algunos titulares se alude, con cierto temblor, a los textos sagrados. Leo Clarín y Página 12. Dan cuenta de una plaga de langostas de “proporciones bíblicas” que azotan el norte de África. Estamos en torno al 14 de abril de 2020. Las langostas saltonas del desierto avanzan. Han agigantado su tamaño y no hay registro de su cantidad. Según algunos datos pueden pulular 150 millones de ejemplares en un kilómetro cuadrado y alcanzan a consumir “una proporción equivalente a los cultivos para alimentar a 35.000 personas”. En su avance, devoran vegetales, granos y hasta vestimenta. Van en dirección a Chad, Níger, Senegal, Malí y Mauritania. Para combatirlas, hacen falta 150.000.000 de dólares.

Por otra parte, hacia el 10/04/20 ya era noticia la erupción del Krakatoa, volcán que provocó el tsunami de 2018, y otros quince volcanes del Cinturón de Fuego del Pacífico que incluye a nuestra América. El Popocatépetl registró una explosión que generó una columna cercana al kilómetro de altura. Sabemos que el Cinturón abarca volcanes de Ecuador, Perú y culmina en los Nevados de Chillán (Chile).

En todas la épocas ocurrieron estos sucesos de la naturaleza. En todas las épocas se realizaron lecturas divergentes. Pero hay momentos en que parecen estar alertando sobre algo, revelando un mensaje oculto. ¿Anda Madame la Mort ensayando su danza macabra? ¿Se ha producido el silencio de media hora? Los que transitamos con fe el laberinto de los misteriosos caminos de la Providencia debemos alegrarnos y no temer: “Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de la liberación” (Lc.21-18). El final de finales, el colofón, nadie sabe cuándo ocurrirá, “ni los ángeles del cielo”, pero sabemos que “Muerte y abismo fueron arrojados al foso de fuego” (Ap., 20,14). Claro, esto ya no corresponde a los registros del arte que nos han entretenido con el peligroso juego entre el hombre mortal y la muerte que, hasta ahora, parece invencible.

Jorge Torres Roggero

18 de abril de 2020

Fuentes:

Biblia del Peregrino. América Latina. Apocalipsis de Juan.

“El hombrecito del azulejo”, cuento de Manuel Mujica Láinez. Hay numerosas ediciones

“El Séptimo Sello”, 1957, Ingmar Bergman

Ilustración: “El Caballero y la Muerte” de Albertus Pictor

“Juan Moreira”, 1973, Leonardo Favio

Gutiérrez, Eduardo, 1987, Juan Moreira, Buenos Aires, CEAL.

Pavón Pereyra, Enrique, 1973, Perón tal como es, Buenos Aires, Ed. Macacha Güemes

Rossi, Vicente, 1969, Teatro Nacional Rioplatense, Buenos Aires, Solar-Hachette

Introducción y recopilación: Jorge Torres Roggero

Rabino Pinto1.- Los místicos y los mensajes de lo alto

Los problemas del  CoronaVirus, ¿fueron profetizados en el libro de Ezequiel?  Así parece demostrarlo un rabino místico residente en Marruecos. Para quienes estamos inmersos en la adoración de los ídolos del anarcocapitalismo, seguramente sus palabras resultarán el corolario de un exaltado pensamiento mágico. Ello sucede porque hemos perdido la facultad de conectarnos con los mensajes de vienen de lo Alto, de respirar el misterioso aliento del Espíritu.

Apabullados por lo fáctico y coyuntural de la historia profana, prisioneros del pensamiento metonímico (causal) vagamos ayunos de otras lógicas posibles que suelen manifestarse con fuerza en la cultura popular. En ella, por ejemplo, tiene una especial resonancia vivencial la palabra “mística”. También los poetas, casi desangelados, captan, en medio dolorosas búsquedas, fragmentos luminosos de esos misteriosos mensajes.

Ahora bien, aún en las épocas más oscuras, en todas la religiones, perviven, a veces ignorados o desoídos, “los justos”, ciertos hombres o mujeres, estudiosos de los textos sagrados y entregados a la oración para preservación del pueblo que les da cobijo. En este aspecto, es sumamente rica nuestra cultura judeocristiana tal como lo atestiguan las Sagradas Escrituras. En todas las época surgieron del medio del pueblo sacerdotes, jueces, reyes, pastores analfabetos, que, arrebatados por una hierofanía, fueron elegidos por el Misericordioso para enviar mensajes a la humanidad, sobre todo, cuando las culturas se entregaban a los desenfrenos de la idolatría. Hoy, sin duda, el ídolo es el dinero y su séquito de perversiones gobernando el mundo desde las bóvedas blindadas de los bancos, desde la invisibilidad de los circuitos virtuales. Son las cuevas inasibles donde las masas hambrientas  y la naciones traicionadas son sometidas  por el Imperialismo Internacional del Dinero.

Hubo épocas en Occidente en que, en grandes ciudades de España, Italia, Francia, y otras, sabios cristianos, judíos y musulmanes desentrañaban juntos, en oración y estudio, los libros sagrados y sacaban conclusiones para la historia concreta. Todo se ha oscurecido. Quizás sea conveniente revisar, en esta época, el papel, en la historia sagrada, de las mujeres como guías y profetisas del pueblo: ¿cómo no recordar a Myriam, Ana, Débora, Judit y muchas más? ¿O la madre de Jesús de Nazaret y las mujeres que seguían al maestro por los caminos de Tierra Santa? ¿O las Santas Doctoras como Hildegarda, Catalina de Siena, Teresa de Jesús o la discípula de Husserl, monja carmelita y víctima de la Shoá Santa Edith Stein? No siempre el elegido es el más santo, sino quien está listo para recibir y  transmitir el mensaje. En este caso, el rabino Pinto, descendiente de una familia de sabios con capacidad de hacer milagros, ha cometido algunos deslices de los cuales se arrepintió públicamente. Consejero de las élites económicas, con una fuerte impronta jasídica  y cabalística, es también un benefactor de los más humildes que siguen sus enseñanzas.

Quien esto escribe es solo un literato. Quizás un mal lector. Sólo quería introducir, desde la poética, esta  noticia que encontró en Radio Jai, transcripta del Israel News. La presento con pequeñas variantes impuestas por una necesidad narratológica.

2.- La visión del rabino

Transcribo: “El surgimiento del coronavirus ha sido sorprendentemente rápido. El 31 de diciembre, el gobierno de China trató los primeros casos del coronavirus que aparecieron en la provincia de Wuhan. Las primeras muertes fueron reportadas solo once días después. Diez días después, el virus se había extendido a otros países de Asia y un día después de eso, se informó el primer caso en los EE. UU. Un mes después de ser informado los primeros casos, la World Health Orgaization declaró emergencia sanitaria global y se impusieron restricciones a los viajes.”

A principios de enero, cuando el coronavirus era un problema poco conocido en un lejano remanso de China, el rabino Ioshiahu Yosef Pinto, un rabino místico israelí de fama internacional que actualmente vive en Marruecos, anunció haber tenido una visión.

“Todos saben que soy muy cuidadoso con lo que digo”, dijo el rabino Pinto a sus seguidores en un discurso grabado. “En Shabat, tuve una visión que no era para nada simple. Está a punto de producirse una enorme conmoción en el mundo en la escala del asesinato de un líder mundial o los ataques terroristas del 11 de septiembre. Será una escala muy difícil y vendrá en formas que son muy difíciles. Todos los judíos deben reunirse y fortalecerse para orar y arrepentirse. El mundo sufrirá una conmoción que pasará a la historia como una de las peores. Esto comenzará en unos pocos días. Tenemos que comenzar ahora mismo para endulzar el juicio”. Sin duda, glorificar al Altísimo es un poderoso refugio: “Servirás a Hashem tu Dios, y Él bendecirá tu pan y tu agua. Y yo quitaré la enfermedad de en medio de ti”. (Éxodo 23:25, La Biblia de Israel ™)

“La semana pasada, el rabino Pinto hizo una declaración confirmando que su visión era sobre el coronavirus: “Es importante no permanecer ambivalente”, dijo el rabino Pinto. “Debemos estar preparados. Lo que está sucediendo en China se está convirtiendo en una catástrofe global y las consecuencias llegarán a casi todos los rincones del mundo. Esto pronto quedará claro para todos. No estoy tratando de asustar a nadie. Solo vengo a decir la verdad. Desde el brote, decenas de miles han muerto en China, millones han estado retenidos en cuarentena durante varias semanas. Los que no mueren por la enfermedad mueren de hambre. Pronto, el suministro de alimentos se agotará y las fuerzas de seguridad se darán cuenta de que también están en cuarentena y tratarán de salvarse”.

 “Muy pronto, la gente comenzará a darse cuenta de que se está ocultando mucha información al público sobre cómo el gobierno está encerrando a las personas en sus casas. Estamos entrando en el período más difícil que el mundo ha experimentado en varios siglos”.

“La economía del mundo está equilibrada en China, pero China está al borde del colapso total. Todas las tiendas que venden productos chinos deberán cerrar. Ya no hay China tal como la conocemos. Esto ya ha sucedido. Los únicos productos chinos que tenemos en las tiendas son los que estaban en los depósitos antes del virus. Y habrá aún más plagas, más epidemias. China estará completamente en cuarentena”.

“El rabino citó una fuente profética para el coronavirus: “Derramaré mi ira sobre Sin, la fortaleza de Egipto, y destruiré la riqueza de No. Encenderé fuego a Egipto; Sin se retorcerá de angustia y No se desgarrará; y Noph se enfrentará a los adversarios a plena luz del día (Ezequiel 30:15 -16). En hebreo moderno, ‘Sin’ (סין) es el nombre de China.”

“Sé que lo que digo es aterrador, pero cada uno de nosotros tiene que rezar por el mundo entero, encender velas y buscar el perdón de Dios. Necesitamos orar por la redención como nunca antes”.

El rabino Pinto dijo varias palabras de consejo: recomendó que tuviéramos mucho cuidado de no tomar préstamos o contraer nuevas deudas. En una declaración separada, el rabino Pinto aseguró a sus seguidores que a Israel le irá mejor que a otros países. “Cada nación tiene su ángel designado que es responsable de lo que le sucede a la nación, ya sea para bien o para mal. Cuando los ángeles pelean, hay guerras en la tierra entre esas naciones”.

Cualquier judío que deba viajar en este momento debe prestar especial atención a leer las secciones de la Torá que tratan sobre los vagabundeos de los judíos en el desierto. También debe aprender las secciones de la Torá que tratan sobre el incienso en el tabernáculo, ya que era una protección contra la enfermedad, pero esto solo se debe aprender durante el día.”

Hasta aquí, el texto de A.E. Berkowitz. Ahora, como decía el maestro Marechal, a pescar “según anzuelo y carnada”. El Rabino Pinto sostiene que cada nación tiene su ángel. También las ciudades cuentan con un ángel protector. En esta ciudad Córdoba del Tucumán, nuestros antepasados dejaron un testimonio de esa creencia. Cuando vayan al centro, párense en la Plaza San Martín, admiren la catedral y observen: en las esquinas de la torres están representados los ángeles protectores de nuestras ciudad. Vestidos con ropas, no de españoles, sino de aborígenes, otean hacia los cuatro puntos cardinales dispuestos a alertar a población haciendo sonar  las trompetas de  portan en sus manos. ¿Son una defensa material, un ornato? ¿O son también un contrafuerte simbólico, un vallado mágico, una muralla espiritual contra los enemigos del alma?¿Podrán ahuyentar malarias y enfermedades?

En fin, como habrán obervado, la exégesis del Rabino Pinto, es sumamente breve y más bien precaria. Pero nos dio la oportunidad de irnos alegremente por las ramas. Juego peligroso. ¿Peligro de caerse? Seguro. Total, como decía mi abuela, “del suelo no va a pasar”. Y ella, cuando rezaba por todos, conversaba con los ángeles y los santos.

Por Adam Eliyahu Berkowitz- Israel news (16/02/2020). Adam Eliyahu Berkowitz es escritor de reportajes de Breaking Israel News. Llegó a Aliyah a Israel en 1991 y sirvió en las FDI como médico de combate. Berkowitz estudió la ley judía y recibió la ordenación rabínica en Israel. Ha trabajado como escritor independiente y dos obras de ficción, The Hope Merchant y Dolphins on the Moon, están disponibles en Amazon. Vive en los Altos del Golán con su esposa y sus cuatro hijos.

Traducido por Alicia Weiss para Radio Jai

Introducción y recopilación: Jorge Torres Roggero

 

por Jorge Torres RoggeroEVO EN EL SUELO

1.- Sobre turbas y cívicos

Partiremos de las crónicas de diarios bolivianos y su versión sobre lo sucedido durante el golpe de estado contra Evo Morales. ¿Por qué la representación subvierte la realidad? ¿Por qué el pueblo que defiende sus derechos y su dignidad es presentado como “vándalo”, es decir, horda errante y bárbara? ¿Por qué los paramilitares ostentan el “civilizado” apelativo de “cívicos”? Trataremos de leerlos con el soporte de la sabiduría popular develada por R. Kusch y descubrir, así, que más allá de la coyuntura política, económica, de “hegemonía” imperial, el pueblo es el portador de la victoria y la felicidad de todos.

Memoremos algunas crónicas del día 12/11/19 en algunos diarios bolivianos. El Diario cuenta  que “grupos de vándalos que enarbolan la Whipala se desplazaron en diferentes puntos de la ciudad”. Para La Prensa ocurrieron jornadas delincuenciales protagonizadas por “milicias masistas” que queman puestos policiales y roban documentos relacionados con investigaciones sobre narcotráfico. Es fácil advertir cómo ya se está anticipando el tenor de la persecución “jurídica” al gobierno popular derrocado. Porque dice más: el centro de operaciones está en Chimoré y Guayare. Desde allí Evo Morales (al que alude sin nombrarlo) imparte órdenes a “miles de hombres y mujeres armados”.

El diario Página 7 cuenta que los alteños (los de El Alto) marchan en contra de los policías. ¿Cuáles son sus razones? Los policías quitaron de sus uniformes un símbolo patriótico y lo quemaron. Han mancillado algo sagrado. ¿Cómo es posible, dicen los alteños en lucha, que hayan quemado la Whipala, cómo es posible que la hayan cortado? La  Whipala , dicen, es una conquista, es un derecho. El pueblo alteño siente como una mutilación y su cuerpo social se duele, se queja y se rebela y padece en su cuero curtido por siglos de resistencia. La  Whipala  es un símbolo de los pueblos. “No es de un partido, es de los pueblos”, dice un vecino. Y agregan: “No podemos permitir que la gente hable de indios, de hordas. Nosotros los alteños somos personas de bien, trabajamos todos días y no somos como dicen las redes sociales” (La Razón). Ese es el motivo por el cual algunos policías, según El Día, “fueron obligados a besar de rodillas la bandera Whipala – símbolo que fue retirado a la mañana de sus insignias policiales- y recién los dejaron libres”. El pueblo no tortura, exige respeto.

Tenemos entonces una idea general: según la prensa, las “turbas”, o sea, el pueblo organizado defendiendo sus derechos, quema y destruye. En cambio, los “cívicos” (réplica anacrónica de nuestros crueles “comandos civiles” de 1955) “ordenan” la vida. Curiosamente cuando tratan de definir a los cívicos, los engloban con los “periodistas y políticos de la oposición” entre los que están el rector de la principal universidad, los médicos en huelga y los estudiantes universitarios.

Los diarios sostienen  que  “el orden” será restablecido por la policía y las fuerzas armadas “en coordinación con los cívicos” (El Diario). Ahora bien, los cívicos son los que quemaron y saquearon la casa de la hermana de Evo Morales, los que vandalizaron la incomparable biblioteca de García Linera y rociaron con nafta los cuerpos atados de los familiares de funcionarios del Mas bajo la amenaza de achicharrarlos si no renunciaban. Son los que humillan a las mujeres aborígenes por sus polleras y sus cimbas, los que apalean y patean cuerpos caídos. Ellos, por fin, robaron y quemaron urnas y actas de los comicios para invalidar la elección. En otras palabras, representan una barbarie supuestamente ilustrada y blanca movida por el odio, el miedo al otro y la venganza; en cambio, lo que los diarios llaman “grupos vandálicos”, marchan sabiamente organizados, tienen conciencia de su dignidad y sus derechos vulnerados. Padecen, además, represión, violencia, tortura, violaciones. Sin embargo, a pesar de todo,  los alteños marchan cantando “No tenemos miedo” (El Diario). García Linera , ya con un pie en el avión rumbo al destierro, carga un pedazo de tierra boliviana: “lo tendré al lado del corazón y más pronto que tarde lo volveré colocar en su lugar”(Los Tiempos,12/11/19).

Evo Morales , antes de partir, se ha refugiado entre los suyos. Sabe que la Embajada y los poderosos lo quieren muerto. Por eso se radica. Acude al arraigo, al origen, a la intemperie inicial. Está “tumbado en el suelo”, en el puro estar, pero avisando por Twitter que “volverá con más fuerza y energía” (El Día). Está en el seno de sus organizaciones, “los hermanos de las federaciones del trópico”. Ellos le brindan “seguridad y cuidado”.

Los diarios resaltan que los alteños llevan como unamcham (estandarte) la  Whipala  y un gran número se cubre con el aguayo. Las funciones ancestrales del aguayo son muchas : desde portar la carga, hasta ser  cuna de un niño en la espalda. Pero también se extiende sobre la tierra para ofrendar a la Pachamama, o es usado como mantel el día de los muertos sobre las tumbas de los antepasados para compartir el alimento, o, simplemente, sobre el suelo familiar para celebrar la liturgia del comer y beber en comunidad. Evo dormido en el suelo sobre una precario aguayo ( colcha sin los colores vivos de la alegría de ser), ya está soñando futuras batallas.

2.- El miedo a pensar

Kusch siempre insiste en que hay que “animarse” a pensar, a “tantear” lo no dicho, el otro lado. Es necesario revestirse de un ánimo que nos induzca a perder el miedo, a arriesgar relaciones nuevas, a pronunciar lo innombrable, a desaprender para aprender. Esto obliga, en primer lugar, a  aceptar nuestra precaria individualidad de “sujetos culturales sin cultura” y a reconocer que el sujeto real es social, es el pueblo.

Nuestra primera tarea, postula Kusch, es animarnos a pensar lo propio. Todo intento de pensar en Latinoamérica nos divide en nuestros adentros y en nuestro afuera social: reproduce lo que no somos, mientras lo real, como la semilla, se subsume en las profundidades del mero estar. Quedan escindidos, así, el ser que vive y el ser que piensa.

Estas elucubraciones  sirven para trasportarnos a un primer episodio que funcionará como   soporte de nuestra meditación. Cuenta Kusch que, cierta vez, uno de los estudiantes que lo acompañaban en su trabajo de campo preguntó al brujo Ceferino Choque “cómo le iba a ir en Estados Unidos”. Era, a no dudarlo, uno de nuestros frecuentes becarios. Choque, que usaba las hojas de coca tanto para adivinar como para aconsejar, le pidió que “aquiete su corazón, aquí no más siempre va a estar bien”. Al rato, como mirando para adentro, sentenció: “No quiere ir, pero no quiere quedar acá; está doblado su corazón, está dividido su pensamiento”.

Choque, desde los adentros del pensamiento popular, plantea la fisura profunda entre dos formas de conocer que no pueden completarse aisladas: el corazón doblado divide el pensamiento. Pero el corazón se aquieta con el aquí no más, en el lugar del estar bien.

Lo que el yatiri enuncia es una indicación para radicarse y pensar lo propio. En efecto, pensar lo propio se refiere a un pensar culturalmente arraigado. La palabra arraigo es uno de los signos del pensar según Kusch. Como todo lo que implica “raíz”, se relaciona con suelo: “Detrás de toda cultura está siempre el suelo. No se trata del suelo puesto así como la calle Potosí en Oruro o Corrientes en Buenos Aires, o la pampa, o el altiplano, sino que se trata de un lastre en el sentido de tener los pies en el suelo, a modo de punto de apoyo espiritual, pero que nunca logra fotografiarse porque no se lo ve […] Y ese suelo así enunciado que no es ni cosa, ni se toca, pero pesa, es la única respuesta cuando uno se hace la pregunta por la cultura. (Geocultura del hombre americano).

Kusch postula que sin suelo no hay arraigo y, sin arraigo, no hay sentido. No hay cultura como casa del hombre: sólo una mímesis propicia a la   invasión depredadora. Accedemos así a una de las categorías que formalizan la matriz conceptual del pensamiento kuscheano:  geocultura, pero no es, por ahora, objeto de estas líneas.

Una primera reflexión sobre el paradigma que se preformula mediante la   lectura diferente que proponemos, desnuda nuestra carencia de una imagen mental que pueda enunciar las palabras que el brujo Ceferino Choque “lee” en las hojas de coca. Sentimos entonces, llenos de dolor y perplejidad, la estrechez de nuestra mirada y nos negamos a pronunciar “el mal que nos aqueja” y nos entumece:  el miedo. Miedo de pensar lo propio. Con tal de eludir la intersección entre pensamiento y suelo (lo que permitiría leer las hojas coca u oler la Biblia) se levantan barreras y se instauran sensores epistemológicos en las universidades, en los medios de comunicación y en el discurso político y estético. Uno de los separadores (constructos) más persistentes y depredadores es el destinado a distinguir entre pensamiento culto y pensamiento popular.

El primero, según este estereotipo, toma como modelo la racionalidad científico técnica: es sistemático y enciclopédico; el segundo, en cambio, parece destinado a pensar las áreas marginales de nuestras naciones y de nosotros mismos. Sin embargo, según vimos, “Detrás de toda cultura está siempre el suelo.” Pero no como lugar, sino como “lastre” que nos arraiga, o “punto de apoyo espiritual” invisible, no fotografiable. Es fundamento.

3.- Oler la Biblia: los signos del hedor

Kusch recuerda el famoso encuentro entre el Inca Atahualpa y el fraile Valverde. El cura le presenta la Biblia, el Inca no conoce la escritura del invasor, ignora de qué se trata y, entonces, la huele. Pensar lo nuestro, concluye, es algo así como ponernos de parte de los que huelen la Biblia, en vez de leerla. Oler nos propone que hay que animarse a conocer de otro modo, es sospechar que la escritura ha sido, no instrumento de liberación, sino  un modo de dominio en América y compendio del saber del amo (Geocultura del hombre americano)

Por eso el intelectual debe animarse a que lo consideren inculto y bárbaro para dejar de ser  un “sujeto cultural sin cultura”. ¿Por qué limitarnos a repetir una cultura letrada que no es la nuestra; por qué atribuirle patente de universalidad? Oler instaura una fase de sospecha: posibilidad de que el libro sacralizado por el canon esconda alguna traición. Atahualpa fue torturado por oler la letra. Oler es un modo otro de conocer.

En el golpe de estado de Bolivia, el jefe de los paramilitares cívicos, entró a la casa de gobierno portando una Biblia. Para exorcizar el recinto, había que desalojar a  la Pachamama (el suelo, el sustento) y la Whipala. Viejo error del colonizado: no saber dónde está parado, construir en el médano. Desgraciadamente, el intelectual convertido en “sujeto cultural sin cultura”, refleja en el espejo de su pensamiento el temor y el odio de los explotadores al pueblo. Porque el sujeto cultural en América (el filosofante, el lector, el culto) no somos los sujetos individuales letrados y arropados de libros extraños. En última instancia, el acto de pensar lo innombrable es el misterioso poder de un sujeto social:  “lo que llamamos pueblo”.

América Profunda desarrolla algunas de las formas del miedo entre los intelectuales, políticos y clases medias urbanas. Surge así que el miedo más paralizante es el de ser primitivos: pasar a la categoría de turba o vándalos. Si nuestro conocimiento tiene por objeto la realidad y no lo que de ella dicen los libros, habremos construido su representación.  Pero una representación se construye con signos y el signo que se levanta y flota sobre nosotros permitiendo que se intersecten todas nuestras contradicciones y que se ponga en movimiento el acto de conocer es el hedor.

A veces nos convencemos de que nuestro deber es, retrogreso vergonzante, avistar la tierra prometida del primer mundo. Nos pillamos, como advirtió Jauretche, y nos creemos investidos de la racionalidad de Occidente, de la pulcritud de las guerras “sin sangre” de CNN, sin muertos a la vista por virtud de cierta cirugía electrónica.

Pero, nos topamos ahí nomás con el cólera bajando por el Pilcomayo; con unos compatriotas víctimas de ríos contaminados por los civilizados. A “esos indios”, bajo la acusación de ignorancia, les atribuimos la peste que nos amenaza. He aquí que los cultos sienten, aterrados e indefensos, el contacto con las víboras que invaden las ciudades durante las inundaciones. Entonces se tiene miedo del tren cargado de bolivianos que bajan a la zafra, el tabaco o la vendimia, a las villas miserias del Gran Buenos Aires pobladas por generaciones de correntinos, paraguayos, por más riojanos que en La Rioja, por más santiagueños que en Santiago del Estero.

Ese rostro sucio siempre debe ser lavado para ponerse presentable. Por lo tanto, habrá que arrancar las vías y los trenes, así eliminamos la segunda clase, los vagones abarrotados de golondrinas. En “este país” todo se echa a perder y los servicios “nunca funcionan”. Privaticemos, enajenemos, entonces, el cuerpo y el pensamiento.  (Pensamiento Indígena y Popular en América)

Para vencer ese miedo, es necesario hacer algo impensado, algo que ya se considere superado: revivir lo más profundo de nuestro miedo, volver a estar expuestos al rayo, al trueno y al relámpago, estar echado en la manta cocalera. Subsumirse en la precariedad más antigua de la especie, hundirse en las regiones que el mito del progreso y de la técnica creen haber solucionado. Porque nuestra extrema pulcritud carece de signos para expresar el miedo. Si la pulcritud es una forma impuesta y el hedor lo informe y viviente, es hora de perder la “fascinación ante las cosas nombrables” y arrostrar el riesgo de “aventurarse a indagar las innombrables” (Pensamiento indígena y popular en América).

Accedemos así a una categoría que reviste especial importancia en Kusch: la de operador seminal.(Geocultura del hombre americano)  El operador seminal es un elemento constitutivo del símbolo y funciona como articulador entre la “reificación y la determinación emocional, como participante de la cosa y todo lo que no es la cosa” y conlleva la respuesta profunda que constituye al sujeto. Así cobran sentido los colores de la  Whipala y la celebración comunitaria con su carga energética. Y la fuerza invencible del pueblo. ¿Por qué las crónicas insisten que los alteños van cubiertos con los aguayos? No lo pueden comprender, pero una sabiduría ancestral nos dice que el aguayo, de múltiples colores y significados, está relacionado con el arraigo del pueblo y la solidaridad de las generaciones. Desde la época de Tupac Amaru vienen queriendo censurar el mensaje de las vestimentas. Porque la resistencia se repliega, a veces, en los cuerpos.

Yendo y viniendo entre lo útil y lo inútil, el operador seminal  totaliza el habitar, “constituye, a modo de simple promesa, el domicilio y da en un sentido (…) una plenitud a la existencia”. No clasifica, distribuye sentido: porque el sentido también debe ser distribuido de acuerdo a la “ley del corazón”.

Así como los pontífices de la lingüística, la filosofía, la semiótica y la psicología fundan sus aproximaciones con los nombres y las figuras de la mitología griega, Kusch se provee en la mitología incaica de los operadores seminales como formalizadores y distribuidores de sentido. Llamaremos a ese operador seminal hervidero espantoso. Esta nominación tiene su residencia en un suelo mental que está más acá del pensamiento occidental y sirve para definir la función del estereotipo en la historia concreta.

4.- La cruz de piedra y el hervidero espantoso

Entremos en este mitologema. Cerca del 1600, el padre Ávila se topó con el indio Joan de Santacruz Pachacuti yamqui de Salcamayhua. Fue en Cacha, unas cuantas leguas al sur de Cuzco, cerca del templo de Viracocha. Yamqui es un tratamiento o apellido y con él se designa a los más nobles de aquella comarca, “cuyo origen era una fábula”. Los españoles andaban por ahí haciendo redadas porque entre los indios habían cundido las herejías. Cristóbal de Medina, en su Relación de las fábulas y ritos de los incas cuenta que: “…creyeron que todas las huacas del reino, cuantas habían los cristianos derrocado y quemado, habían resucitado….y que ya las huacas andaban por el aire secas y muertas de hambre porque los indios no le sacrificaban ya…Y así fue que hubo muchos indios que temblaban y se revolcaban por el suelo, y otros tiraban pedradas como endemoniados, haciendo visajes…  [ diciendo] que la huaca fulana se le había entrado en el cuerpo”.  (América Profunda)

Los españoles reprimieron con saña a estos piqueteros del S. XVII, cuya supuesta irracionalidad los condenaba a la no-existencia. Lo cierto es, que como en el cuento  borgiano, en el S.XXI se repite la escena en Bolivia. En medio de ese hervidero espantoso ocurrió el encuentro entre el cura y el yamqui. Este, para explicar su concepción del mundo, le dibujó el esquema del altar del templo de Coricancha del Cuzco. Observa Kusch que una lectura actual asimilaría esa estructura gráfica a los trazados de los alquimistas del renacimiento y el barroco. Los tentados por esa ciencia sagrada, precursora de la química, como Giordano Bruno, Pico della Mirandola y muchos más, fueron también víctimas de represión, tortura y hoguera. Se avecindaban en las afueras del pensamiento único de la época: eran innombrables..

Uno de los cinco momentos de la manifestación de Viracocha, “dueño del  hervidero espantoso” ( manchay ttemyocpa), llamado unamcham , que significa signo o estandarte, era Tunupa.

Elegimos este tercer signo porque nos ilustra la concepción kuscheana del acto de conocer. En efecto, Tunupa, como fórmula ritual, significa “que va siendo mundo”. Es un desdoblamiento de Viracocha caído en el suelo como signo de la formalización necesaria. Crear un mundo, piensa Kusch, supone una vinculación entre dios y mundo. El mundo amorfo contamina al dios.

Pero, en el acto de creación, Viracocha, que es sólo teoría, pensamiento puro, lo que había que enseñar y debía permanecer incontaminado, carga, convertido en Tunupa, con el polvo de los caminos y se mancha en el hervidero espantoso: es hedor, rostro sucio. En él se materializa la enseñanza de Viracocha. Como un pobre y andrajoso peregrino, llega a los Andes de Carabaya.

Construye luego una cruz y entra a predicar la “doctrina del señor” en Carabuco, a orillas del Lago Titicaca. Enarbolando la cruz cósmica, avanza sobre las tinieblas, sobre el terrible hervidero cuyo caudillo es el jaguar terrorífico.  Tunupa, apresado y despedazado por el felino (uthurunku), ha enterrado la cruz en Carabuco. El caos la quiere destruir, pero ella se convierte en semilla y vuelve a aparecer portada por el harapiento peregrino que la petrifica, es decir, la formaliza. Esta muerte ritual nos arroja al milenario y tremendo complejo vital que, acosados por el miedo a lo desconocido, desintegramos de la mente racional.

Evo Morales “echado en el suelo” es la puesta en acto del mito que irrumpe en el horizonte del habla, permite proferir lo innombrable, exorciza el caos y conquista un equilibrio (cruz petrificada) como armonía de forma y vida. Por eso en la derrota, puede predicar la paz y la concordia.

Se ha construido así una representación del conocimiento como teoría y práctica del hacer. En América, postula Kusch, se nos presentan las cosas como absolutamente hechas. Y se lo hace en nombre de una “moral y estoicismo que ya fueron abandonados” en Occidente.

Esa sumisión a lo preformado nos lleva a reconsiderar el operador seminal  miedo. Hace más de quinientos años que nos empeñamos en suprimir lo vital: “miedo a dejarse estar, no sea que uno pierda el prestigio de hombre civilizado” o “no solucione urgentemente las cosas” (cfr. Pensamiento Indígena…). El miedo de vivir lo paraliza todo. Y en primer lugar el miedo de vivir lo americano. Moralidad, artes, política, son reducidos a un simple “canon que subsume la verdadera vida”.

4.- La Whipala ardiente

Ahora bien, si el pensamiento seminal “se mueve entre extremos innombrables, pero aunque pase a segundo plano, sigue acompañando, de cerca, las más racionales de las afirmaciones”, nos vemos obligados a reintentar la pregunta inicial que nos formula Kusch: ¿Cómo concebir al sujeto cultural en América?¿Cómo animarse a modos nuevos de conocer más acá (que es donde estamos) del canon?¿Cómo petrificar el signo o estandarte que captura el acto fulgurante en que lo racional se moviliza hacia lo real y lo real impregna lo racional?

Quizás sea preciso aceptar que en América lo viviente permanece como un entierro (tesoro guardado bajo tierra) en el subsuelo social: “En América lo viviente pertenece al subsuelo social, se asocia a la negación de la ciudad al punto de hacer arrancar a Borges la exclamación de que el Martín Fierro suele ser defendido por la anti-inteligencia”.

En lugar del arte de la forma y de los contenidos neutros con que fabricamos la universalidad, una vuelta a lo biológico, a la condición ameboidal (,”Anotaciones para una estética de lo americano” ) que  revuelca,   sin forma, en el charco barroso de la realidad su capacidad de sobrevivir y sustraerse a la estructura social opresiva. El conocimiento de lo real, antes de ser formalizado, es sólo una semilla enterrada en el espacio geocultural: germen de pensamiento sin correspondencia alguna con aquello que hemos convenido en clasificar como tal.

Las formas occidentales no tienen consistencia ante lo americano. América siempre se corre más acá de las formalizaciones de los superpoderes (leyes, constituciones, escuelas, universidades, medios, ciencia).

Kusch menciona a Juan Moreira. La obra de Gutiérrez desregulariza las formas teatrales europeas y perfila un género propio: el teatro criollo. Sobreviene una mudanza en el espacio: no en el teatro, en el circo; no sólo en el escenario, en el picadero. Entre una confusión de vestimentas, dialectos, gritos, música, caballos y fogonazos, el sujeto cultural cuestionaba su supervivencia en el margen mediante el despliegue vital de Moreira. Es el triunfo de lo humano sobre el caos, es el conjuro (la formalización) del hervidero espantoso. Todo lo sin solución, propone salvación en Martín Fierro, en Juan Moreira, en el arte popular, en el ritual del tango, en los reprofundos del subsuelo social, en la Whipala, en el aguayo: en todo lo inconfesable de América. Claro que eso exige una ascesis al sujeto. No ya un sujeto biográfico o inteligencia individual, sino sólo gestor, sujeto de una acción en que el pueblo agota el fenómeno cultural como puro proyecto.

La cultura, la gran obra, ya no será privativa de un sujeto kantiano (una categoría), sino de la comunidad que ve en ella una especial significación. Ser creador de arte, de pensamiento, de política, consistirá entonces en convertirse en instrumento de una totalidad inteligente ante un requerimiento de formalización.

Con frecuencia, los instrumentos provistos por la universidad dejan al intelectual indefenso ante lo americano. Kusch propone estar para ser. A lo mejor cuando aprendamos a estar echados entre las guascas del Viejo Vizcacha o tirados como el Cacique de Juan Moreira “sobre un montoncito de tierra recién movida” o entubados al respirador jadeante del bandoneón de Troilo, habrá comenzado lo que nos toca de pensamiento a proferir,  la palabra de nuestro estar siendo. Como Evo Morales, “echado en suelo sobre una manta”, bajo cielo encimado de un precario toldo, a la intemperie, estando con el todo el pueblo para ser. Parece no estar, pero está; parece no ser, pero es. Quemando el estandarte, pretendieron desterrarlo y desalmarlo, pero la Whipala, hace milenios, no deja de arder en el corazón del pueblo.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito, Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba, 14/12/19

Bibliografía:

Kusch, Rodolfo, 1975, América Profunda, Bs.As., Bonum

                       , 1976, Geocultura del Hombre Americano, Bs.As., Fernando García Cambeiro.

                     , 1977, Pensamiento Indígena y Popular en América, Bs.As., Hachette.

                     , 1985, “Anotaciones para una estética de lo americano” (En: IDENTIDAD, Segunda Época, Revista de la Fundación Ross, Rosario). 

por Jorge Torres Roggero

1.- La escuela de enfermerasEvita con niños

La práctica feminista de Eva Perón es el modo de formular su firme postura en pos de la liberación de la mujer. Como lo testimonia en su obra escrita y sus discursos, ella leía la realidad con la “inteligencia del corazón”. Para Kusch, el juicio emitido desde el corazón es dos cosas contradictorias a la vez: racional e irracional. Por un lado, es percepción intelectual: dice lo que ve, o sea, es mirada, teoría. Pero al mismo tiempo tiene fe en lo que está viendo. Los operadores seminales permiten dejarse caer en un registro profundo, en la confusa zona en que, por una “especie de coordinación entre sujeto y objeto”, predomina un “sujeto total”. Partiendo de estas distinciones, entre las numerosas realizaciones de Evita, hemos elegido dos: la escuela de enfermeras y el Partido Peronista Femenino.

 El 15 de septiembre de 1950 fue inaugurada la Escuela de Enfermeras. La escuela de enfermeras fue una de las realizaciones más importantes en el vasto programa de acción social de la Fundación “Eva Perón”. La elaboración del plan de estudios corrió por cuenta del Dr. Ramón Carrillo que fundaba su planificación  en tres aspectos: medicina asistencial,  medicina sanitaria y medicina social. Para ello había que curar al enfermo, prevenir las enfermedades  por el control del ambiente y atacar los factores provenientes de la misma sociedad como carencias alimentarias, malas condiciones de trabajo e ignorancia de la higiene, entre otros.

En el “Plan Analítico de Salud Pública”, Carrillo destacaba la función social que debía cumplir una planificación que integrara las diversas ramas de la medicina. Detallaba allí el papel que debía desarrollar la enfermería y la necesidad de una adecuada formación profesional. Sostenía que el país necesitaba 20.000 enfermeras profesionales. Hasta 1947, las enfermeras egresaban de la Cruz Roja y de las escuelas dependientes de las Sociedad de Beneficencia de Capital Federal. Su desempeño dejaba mucho que desear. Y como el peronismo no compartía los criterios de la Sociedad de Beneficencia, planeó transformar estas escuelas e institutos para que respondieran al nuevo proyecto salud pública.

El curso constaba de 12 materias que conformaban el ciclo de grado. En primer año cursaban Anatomía y Fisiología, Semiología, Higiene y Epidemiología, Patología General y Terapéutica, Defensa Nacional y Calamidades Públicas. En segundo año, Primeros Auxilios, Enfermería Médica y Quirúrgica, Obstetricia, Ginecología y Puericultura, Dietética y Medicina Social.

La carrera se completaba con un post-grado de dos años en que las aspirantes debían circular por  prácticas hospitalarias en las siguientes especialidades: Transfusoras, Puericultura, Auxiliares Anestesistas, Auxiliares de Radiología y Fisioterapia, Psiquiatría y Neurología y Secretariado de Sala.

Las alumnas recibían, además, clases de conducción de automóviles, camiones y motocicletas, ya que la Escuela contó con un cuerpo motorizado de avanzada para la época y era necesario que la mujer tuviera destreza en el manejo de esas unidades para no depender de un chofer.

Toda unidad sanitaria de la Fundación constaba de una sección de emergencia provista de motocicletas y hospitales móviles. Cada hospital constaba de diez camas, una cabina quirúrgica y equipos de trasfusión y oxígeno. Poseía, además, ambulancias equipadas para operaciones de urgencia, jeeps con equipos de oxígeno y anestesia, camiones para transportar personal médico o enfermos. Era una utopía en marcha, era la reivindicación de la mujer como sanadora y sostén moral en el dolor.

Para ingresar a la escuela, las chicas debían ser mayores de 18 años y no superar los 35. Si tenían dificultades económicas, recibían un subsidio aparte de todos los beneficios y coberturas que brindaba el internado. Recibían, además, clases de gimnasia. Contaban con amplios comedores y terrazas para esparcimiento. Estaban a su alcance todas las comodidades para cubrir las necesidades de las estudiantes.

En 1951, 2000 alumnas desfilaron con su uniforme de enfermeras. Todo el equipo motorizado se desplazó por las calles de la Capital Federal. El público sorprendido contemplaba una sección de urgencias integrada por perros amaestrados que transportaban botiquines de primeros auxilios para la atención elemental y urgente de heridos.

Las egresadas de la Escuela realizaron su tarea en los policlínicos, participaron junto a la Fuerza Aérea en las campañas contra el paludismo o el mal de Chagas y recorrieron varios países latinoamericanos, y aun europeos, llevando auxilio y solidaridad cuando ocurrían catástrofes.

La enfermeras de la Fundación también participaron en el control sanitario a los participantes de los Campeonatos Infantiles Evita. Si bien los campeonatos en sus comienzos fueron dedicados al fútbol, luego incluyeron atletismo, ajedrez, esgrima, gimnasia, natación, básquet, saltos ornamentales y otros. Frente a un feminismo a veces sólo teórico, no estaría de más considerar el feminismo práctico de Evita: en 1951, por primera vez, se incluyeron mujeres en este tipo de competencias en oportunidad de los primeros Juegos Panamericanos; para 1955 ya competían cientos de mujeres en la especialidad atletismo de los Campeonatos Nacionales Evita.

2.- El peronismo de Evita

El 26 de julio de 1949, en la primera asamblea nacional del movimiento femenino peronista, Evita pronuncia un extenso discurso. Plantea en él una doctrina, una teoría y una práctica desde el género. Pero, además, formula una advertencia para nuestros días: “ Nosotras, las argentinas pertenecemos al mundo y no podemos acariciar el sueño imposible de vivir fuera de él. La interdependencia de todos los países de la tierra se acentúa cada día más y los modernos medios de transporte nos aproximan a las antípodas. Además, las fuerzas de la producción que el capitalismo desenvolvió han rebasado todos nuestros conceptos de estado y nación y nos obligan a una permanente vigilancia de nuestra propia soberanía”.

La fundación del partido peronista femenino, una de las grandes realizaciones de Eva Perón, muestra, como toda política peronista, un enmarque universalista. Las mujeres del pueblo deben saber, en primer lugar, que pertenecen a una Patria cuya soberanía está constantemente amenazada. Y en una patria sometida es imposible cualquier tipo de liberación sectorial.

En 1947, en el diario “democracia”, Evita escribió un artículo titulado “Por qué soy peronista” . Allí decía: “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho: en nuestros días ser peronista es un deber. por eso soy peronista” y agregaba: “soy peronista por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal, por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo”.

En otro artículo, refiriéndose al 17 de octubre, exaltaba la capacidad del pueblo para convertir en positivo lo negativo. El apelativo descamisado “lanzado como insulto, fue recogido como bandera, dejó de significar pobre, mal vestido y se transformó en sinónimo de lucha, de anhelos de reivindicaciones, de justicia, de verdad”. El descamisado pasó a conformar la “vanguardia de la nacionalidad”, entregado a la producción lo mismo en el agro, que en la fábrica o en el taller. Ha roto para siempre las cadenas que lo mantenían en el anonimato social, ya no es un elemento de explotación humana sino factor de progreso que “entierra los conceptos de un capitalismo egoísta y explotador, que fundaba su bienestar en la miseria del pueblo, es un soldado del trabajo, fogueado en las batallas por la independencia económica”. Por lo tanto,  el 17 de octubre significaba: unidad patriótica y reordenadora como sólo habíamos conocido en 1810 mediante una unificación de fuerzas antes antagónicas e irreconciliables. La cuestión consistía en traer a la superficie de nuestra vida común la unidad del pueblo.

 En otro texto, Historia del peronismo, definía al 17 de octubre como una victoria sobre la oligarquía. Pero aparece la palabra miedo, incluso habla del “mayor miedo”. ¿Cuál es? Que la oligarquía pudiera retornar a los mismos peronistas, coparles la mente y el corazón: “le tengo miedo al espíritu oligarca, decía, para ser una buena peronista, trato de ser humilde”. Para eso, es necesario arrojar la vanidad, el orgullo y, sobre todo, la ambición.

¿Qué es el espíritu oligarca? Preguntaba. Y respondía: “para mí es el afán de privilegio, es la soberbia, el orgullo, es la vanidad, es la ambición”. Y añadía: “yo a veces observo que cuando se dicen cosas importantísimas nos las aplauden, si tenemos razón, pero en la práctica hacen, esos mismos que aplaudieron, todo la contrario. Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más”. Y concluía: “El único privilegio y el único orgullo es sentirse pueblo”.

Perón había dicho: “no son los cargos los que dignifican a los hombres, sino los hombres los que honran a los cargos”. Evita es sumamente rigurosa con sus compañeros que ostentan cargos. Consideraba que “el funcionario que se sirve de su cargo es un oligarca”  porque en lugar de servir al pueblo, sirve a su orgullo, a su vanidad y a su egoísmo. Los dirigentes peronistas que forman círculos personales sirven a su egoísmo y a su desmesurada ambición. Esos  no son peronistas, son oligarcas, son ídolos de barro.

Va trazando así una ética del trabajo. Perón considera que su mayor título es haber sido honrado como “primer trabajador”. El más alto cargo de la república pertenece a los trabajadores cualquiera fuera su clase de trabajo. La oligarquía, en cambio, era una  clase cerrada. Nadie podía entrar en ella. Le pertenecían el gobierno, el poder y los honores. Se rodeaban sólo de sus amigos. Por eso los círculos son oligárquicos. Por lo tanto hay que estar en guardia permanente para aplastar y destrozar a esos señores. Cuando todos seamos trabajadores, cuando todos vivan de su propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos y más hermanos.

Los políticos que empiezan a trabajar para ellos se olvidan del pueblo. Mi mensaje está lleno de advertencias terribles y proféticas que se han cumplido hasta el final y se seguirán cumpliendo. Allí asegura que hay que “cuidar” (vigilar, controlar) a los dirigentes: “los pueblos deben cuidar a los hombres que eligieron para regir sus destinos…y deben rechazarlos y destruirlos cuando los ven sedientos de riqueza, de poder o de honores”, “la sed de riqueza es fácil de ver, es lo primero que aparece a la vista de todos”.

Las advertencias también van dirigidas a  los dirigentes sindicales.  A los sindicalistas que defeccionan les dedica las más terribles palabras: “el político que se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso, un dirigente gremial que se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor”

¿Cómo se notaron estas ideas en la vida cotidiana del movimiento? Las unidades básicas fueron reflejos del hogar central que es la patria (“la Argentina es el hogar”, dijo Perón). Eran como un espejo  de cada hogar construido por cada hombre y mujer en una dialéctica en que de lo diferente sale lo nuevo, una práctica que a la vez que es amor y gozosa unión carnal, es recinto de las contradicciones cotidianas. Vamos a recordar, creación ejemplar, la fundación del Partido Peronista Femenino y las características de sus unidades básicas.

3.- El Partido Peronista Femenino

El 29 de octubre de 1949 se inaugura el Partido Peronista Femenino en Capital Federal (Corrientes 938); el 5 de noviembre en La Plata; en ese mismo mes, en San Juan, Formosa, La Pampa, Salta y Córdoba.

Su organización contó con protagónica participación de las “delegadas censistas”. El lema de Evita era: “así como los obreros sólo pudieron salvarse a sí mismos y así como siempre he dicho que solamente los humildes salvarán a los humildes, también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres”.

En una breve digresión, tributamos nuestra recordación a las  delegadas censistas que recorrieron todas las provincias, pueblo por pueblo; y, en su tránsito, iban engrosando la columna de las mujeres peronistas: Catalina Allen (Bs.As.); Teresa  Adelina Fiora (Cap. Fed.); Delfina de Molina (Catamarca); Elsa Chamorro (Cba.); Celfa Argumedo (Corrientes); Juana Larrauri (E. Ríos); María Isabel de Parravicini (Jujuy); Juana María Beraza (La Rioja); Teresa Gibelli (Mendoza); Hilda Castiñeira (Salta); Trinidad Coronel (S. Juan); Blanca Elena de Rodríguez (S. Luis); Luisa Komel (S. Fe); Ana María García Ronzio (Sta. Cruz); Ana Macri (Tucumán); M. I. Solveira Casares (Chaco); Susana Míguez (Chubut); Sara Rodríguez Alderete(Formosa); Matilde Gaete de Iturbe (la pampa); Elena Fornícala (misiones); Clementina Palumbro (Neuquén); María Rosaura Islas (Rio Negro). Ellas formaron el Partido Peronista Femenino.

Eran todas muy jóvenes,  infatigables en la ayuda social y fervientes peronistas “de todas las horas” (como se decía entonces). Fanáticas de la doctrina de Perón, su misión era censar a todas las mujeres que a lo largo de todo el país abrazaban la causa peronista. Provenían  de distintas actividades y grupos sociales: amas de casa, enfermeras, maestras, una abogada. Hasta  una cantante: la famosa Juanita Larrauri

En enero de 1950 se inaugura la primera unidad básica femenina en el barrio de Saavedra ( se llamaba barrio Presidente Perón y había sido construido por la Fundación). Cuando fallece Evita había 3600 unidades básicas femeninas en todo el país. Las integraban mujeres de todas las clases sociales. Unidas por lo social y lo político, conducían a millones de mujeres. Recuérdese que en el Partido Peronista Femenino la participación masculina no estaba permitida. Más aún, los caudillos que intentaron entrometerse fueron expulsados de los estamentos partidarios. Era, exclusivamente, cosa de mujeres. Queda para otra ocasión el relato de los actos heroicos de las “muchachas peronistas” durante la Resistencia.

Las unidades básicas, verdaderos hogares del pueblo, se convirtieron en lugares de múltiples actividades. Eran escuela cívica donde se realizaban ensayos eleccionarios. Incluían, asimismo, aprendizajes útiles para las mujeres: ayuda escolar, alfabetización, corte y confección, danzas folclóricas, juguetería, peluquería, manicuría.  primeros auxilios, decoración, taquigrafía (hoy sería computación). Se prestaban, además, servicios de consultoría: médico ginecológica, jurídica. En las unidades básicas suburbanas se enseñaba el cultivo de la huerta, la preparación de comidas económicas y la utilización de los productos de cada región. Funcionaban el día entero de 8 a 20 horas

Para Evita había conducción en la medida que el pueblo se conducía a sí mismo sabiendo adónde va, qué quiere, qué defiende: “cada uno lleva en su mochila su bastón de mariscal”. Las unidades básicas eran, por lo tanto, totalidades abiertas y flexibles. Eran organizadas; pero, sobre todo, orgánicas, es decir, cuerpos vivientes. Su tarea fundamental era la difusión doctrinaria y la propaganda de la obra de gobierno. Trabajar, aprender, enseñar, era un modo de  practicar la doctrina. Pero la práctica, a su vez, comprendía una ampliación de la conciencia. Por eso estaban siempre llenas de mujeres y de niños (únicos privilegiados).

Las mujeres aprendieron a pegar afiches, a decir discursos. Su ejemplo y modelo era Eva Perón. Se cumplían, entonces, a rajatabla, los sencillos apotegmas peronistas que todavía llenan de contenido, fe y esperanza a muchos compañeros.

 4.- El realismo feminista de Evita

La doctrina no se enseña, se inculca con el ejemplo. La doctrina no se estudia, se siente,  y se comparte. Todo se puede compartir: el hambre, la pobreza, la injusticia; pero el hambre no se refiere solo al pan, sino a la lucha para organizar la libertad.

Por eso la unidad básica concebida por Evita era un reflejo de la casa grande y incolonizable de la cultura popular de la argentina criolla preexistente en que lo imprevisible está al orden del día. A lo mejor, tanto peronistas como no peronistas, podrían concertar en base a esos sencillos  acuerdos fundamentales.

Para eso hay sostenerse en una doctrina,  en un proyecto estratégico y debatir la conducción política para no reproducir la sociedad uniformizadora mundial, masificadora, unilateral, que sólo provee una ilusión de libertad. Evita consideraba que se vivía una edad sombría y que otra vez las madres salvarían al mundo porque ven con los ojos de amor: son portadoras de la inteligencia del corazón.

Advertía, entonces, sobre ciertas degradaciones  de la  mujer. En primer lugar, la vida social. Para ciertas mujeres el hogar es lo secundario y lugar de una vida sin objetivos. Las “mujeres de sociedad” ( las clases altas) viven llenas de pequeñeces, mediocridades y mentiras. Para ellas  lo principal son las fiestas y reuniones. La vida social, entonces, no representa la cultura del pueblo. Se dice “bien”, “culta”, recibe en su seno a escritores, pensadores,  artistas, poetas: pero “creo, como que hay sol, que la vida social, así como la sociedad aristocrática y burguesa son dos cosas que se van…”

En segundo lugar, Evita nunca acordó con el feminismo de las intelectuales. Tanto desde la izquierda, como desde la derecha, se habían opuesto a la política peronista a favor de las mujeres humildes del pueblo. Objetaban no sólo el voto femenino, si no la ayuda social provista por la Fundación a las empleadas, a las mujeres explotadas. Era un feminismo no inclusivo y elitista (Victoria Ocampo polemizaba con Evita): quedaban afuera las “lumpen”, las “sin conciencia”. Por eso Evita le teme a la parodia de lo masculino: “ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así…que por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo…mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres”, “parecían estar dominadas por el despecho de no ser hombre, más que por el orgullo de ser mujeres”. Con el advenimiento del peronismo, pensaba Eva, la situación de las mujeres había cambiado. Ahora eran parte de la lucha sin cuartel “contra los privilegios oligárquicos”. Más aún, las mujeres eran la “fuerza moral” del pueblo porque eran el sostén del hogar y ¿qué era la patria sino un gran hogar? El Partido Peronista Femenino se organizaba a partir de una doctrina y una causa. La mujer actuaba en política, participaba, elegía y era elegida. Debemos reconocer que el feminismo se mantuvo al margen de estas actividades y aún hoy le cuesta aglutinarse como fuerza política.

En resumen, las ideas que Eva transmitió a las mujeres giraban en torno a la necesidad de organizarse y unirse en torno a algunos puntos básicos: a) Organizarse alrededor de la doctrina y de la causa peronista; b) Partido independiente del de los hombres; c) Objetivos: redimir a la mujer; d) Independencia de criterio y de acción; e) La mujer es para la acción; f) Donde está la mujer está el hogar; g) Vale más capacitar, instruir y educar a una mujer que a un hombre; h) Sólo las mujeres salvarán a las mujeres; i) Consolidar la unidad; j) El primer trabajo: levantar un censo de las mujeres peronistas.

Aunque no era madre carnal, Evita portaba la fuerza simbólica de las madres y se consideraba madre del pueblo. Para el peronista las madres del pueblo son protagonistas esenciales en la construcción de una sociedad liberada. Evita había advertido la incipiente falta de conciliación entre la necesidad de ser esposa y madre con la necesidad de derechos como persona humana. Le parecía inconcebible “que solo acepten constituir un hogar verdadero (no medio hogar o medio matrimonio) las mujeres menos capaces…las que no encuentran fuera del matrimonio y del hogar otra solución  “económica” que sustente sus derechos mínimos.” “Así descenderá –postulaba-  la jerarquía de la madre de familia y solo las “tontas” quemarán las naves casándose, creando un hogar, cargándose de hijos”. Advertía que asistimos a una quiebra de los valores morales y sentenciaba: “ no serán los hombres quienes los restituyan a su antiguo prestigio…y no serán tampoco las mujeres masculinizadas. No. ¡serán otra vez las madres!”

La vida moderna, sostenía, impulsa a que millares de mujeres abandonen, día a día, el campo femenino. Se ven impulsadas a vivir como hombres, trabajan como ellos, los sustituyen en todo. En consecuencia, “No se resignan a ser madres o esposas”.

En este punto, Evita entona una alabanza a los hogares del pueblo cuyo centro es la mujer. “Nacimos -asegura- para constituir hogares”. Es un destino que conlleva una misión. Es  cierto, pensaba, que de la profesión de mujeres no se puede retornar: “En las puertas del hogar termina la nación entera y comienzan otras leyes y otros derechos…la ley y el derecho del hombre…que muchas veces sólo es un amo y a veces también….dictador”.

La madre  “es el único trabajador del mundo que no conoce salario, ni garantía, ni respeto, ni límite de jornadas, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelga de ninguna clase”, “.

Proponía que, así como el país debe tener independencia económica, así la mujer también debe tenerla para dignificar su trabajo y elevar su cultura social. Por eso propone el sueldo para las madres, con aumento por cada hijo y mejoras por viudez. Es una significativa propuesta que Evita consideraba tan adelantada para su tiempo que todavía no era prudente promover esa ley. Ya había recibido el embate de las mujeres de la “vida social” y de las “feministas intelectuales” cuando logró el voto femenino y el acceso de las mujeres a los cargos electivos.

Para el peronismo la palabra “hogar” está cargada de vivencias y profundos simbolismos. El hogar, es como el fogón: un centro que emana luz y calor. Donde se armonizan los contrarios. Es el seno materno, el cobijo en el desamparo, el lugar donde padre y madre anulan sus contradicciones. En la era oligárquica,  época de las sociedades de beneficencia, había orfanatos, casas cuna, reformatorios. Todas expresiones de una sociedad egoísta, individualista, y fundada en la explotación y la injusticia social. Por eso las creaciones de la Fundación Eva Perón se llamaban “hogares”: hogares escuela, hogar de la empleada, hogares de tránsito, hogares de ancianos. Y las ampliaciones del hogar, las ciudades: ciudad infantil, ciudad estudiantil, ciudad universitaria, ciudad-hospital. Evita quería que los dolientes, los excluidos, disfrutaran las comodidades, la calidez, el amor y la solidaridad del hogar. Todo era de primera calidad: desde la utensilios hasta el trato, la visión cultural y la asistencia.

La profundidad de la poética del hogar culmina con la definición del general Perón: la patria es el hogar. En el discurso del 1° de mayo de 1974 ante el Congreso de la Nación, hablando del continentalismo como etapa del universalismo, recurrió a la poética del hogar: “Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar” Esto armoniza con la  alabanza de Evita a los hogares del pueblo, sedes de creatividad y alegría de ser: “la mujer auténtica vive el pueblo y va creando, todos los días, un poco de pueblo”. Por eso es la “creadora de la felicidad del pueblo”.

Jorge Torres Roggero, Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba

FUENTES:

Bianchi, Susana y Sanchís, Norma, 1988, 2 volúmenes, El Partido Peronista Femenino, Buenos Aires, CEAL

Chávez, Fermín, 1984, Perón y el Justicialismo, Buenos Aires, CEAL

Demitropulos, Libertad, 1984, Eva Perón, Buenos Aires, CEAL

Dos Santos, Estela, 1983, Las mujeres peronistas, Buenos Aires, CEAL

Perón, Eva, 1987, Eva Perón habla a las mujeres, Lanús, Editorial Volver.

Perón, Eva, 1987, Eva perón habla. Patria. Pueblo. Recuperación, Quilmes, Edit. Volver.

Perón, Eva, 1985, Discursos Completos, tomo I, 1946/1948, tomo II: 1949/1952, Buenos Aires, Editorial Megafón. Consúltese también La Razón de mi Vida; Historia del Peronismo; Por qué soy peronista y Mi Mensaje, todos con varias y distintas ediciones.

Perón, Juan Domingo, 1976, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Sin indicación de lugar,  Ediciones del Modelo Argentino