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EVA MUCHACHAS PERONISTASpor Jorge Torres Roggero

1.- ¿Un plan de ajuste peronista?

Cierto día de 1952, los clientes de una panadería de Barrio Norte, comprobaron con horror que el pan se había vuelto negro.  Daba bronca ver en su mesa ese pan color peronista. ¿Qué hacía allí ese pan “cabecita negra”? Era la respuesta del gobierno a la escasez de trigo ante tres malas cosechas consecutivas. Perón pensó que era mejor exportar trigo que gastarlo en el consumo interno. Entonces dictó un decreto que disponía mezclar trigo con mijo en todos los molinos del país. Hoy en día, si alguien quiere ese pan, debe buscarlo en las dietéticas y a muy alto precio. El General, hasta no queriendo, miraba el futuro.

Era morocho el pan con mijo, pero los que, de niños, lo hemos comido, lo encontrábamos sabroso. Dos actitudes ante una situación de emergencia: enojarse o saborear. Pero lo importante, para los peronistas, es que cuando decimos que los días más felices fueron peronistas, incluimos las gestas de austeridad, de ajuste, pero sin hambre y con control del pueblo.

En efecto, en 1952, Perón, ratificado en las elecciones de 1951, consideró que debía producir una rectificación (¿ajuste?) en la política económica para superar una coyuntura crítica y retomar los grandes objetivos de la revolución. Fue así como el 27 de febrero de 1952, apelando a la solidaridad de los argentinos, lanzó el Plan Económico de Austeridad. Hacía falta la participación de todos para superar una situación adversa. Para ello había que incrementar la productividad y reducir los consumos innecesarios. Había que crear condiciones para un mayor ahorro. Entre los objetivos del Plan sobresalían los siguientes: 1) aumentar la producción agropecuaria y en diversos ramos de la actividad nacional; 2) estimular las exportaciones  con los saldos disponibles y reducir las importaciones; 3) promover la austeridad en el consumo para incrementar el ahorro como base de una futura expansión económica.

Perón enseñaba que la austeridad en el consumo de ningún modo significaba sacrificar lo necesario, sino solamente eliminar el derroche: había que eliminar gastos innecesarios, renunciar a lo superfluo, postergar lo que era prescindible. Así, con el ajuste solidario en el consumo, se pensaba aumentar las exportaciones y reducir las importaciones. Según Perón: “si a la política de austeridad le agregamos aumento sólo de un 20% en la producción solucionaremos: el problema de las divisas, parte del problema de la inflación, y consolidaremos la capitalización del país”.

Para el logro del Plan, Perón distribuyó responsabilidades: 50% era asignado a la acción del gobierno, 25% a las organizaciones libres del pueblo: sindicatos, cooperativas y mutuales y, el otro 25%, al control del pueblo organizado en defensa de la economía familiar. Con lenguaje fácil y campechano, se detuvo a detallar las acciones concretas que debían encarar las familias y sobre todo las mujeres como organizadoras del consumo hogareño: “…economizar en las compras, adquirir lo necesario, consumir la imprescindible, no derrochar alimentos que llenen los cajones de basura, no abusar en las compras de vestuario, efectuar las compras donde lo precios sean menores como cooperativas, mutuales y proveedurías gremiales o sociales. Desechar prejuicios y concurrir a las ferias y proveedurías en vez hacer traer la mercadería a domicilio a mayor precio”.

No pagar, por hacerse los grandes, lo que le pidiesen y denunciar al comerciante inescrupuloso. También a los hombres les señalaba una serie de gastos superfluos. La lista comprendía desde el hipódromo al cabaret.

Adviértase que no se trataba de remiendos: era un plan que abarcaba la vida misma del pueblo con directivas claras y fáciles de controlar. Perón consideraba que eran medidas necesarias para el tránsito de una economía capitalista a una economía  justicialista. Por eso en sus discursos radiales el presidente pedía al pueblo que participara en el estudio del Segundo Plan Quinquenal e hiciera propuestas para incluirlas entre los objetivos del mismo. Había lugar para los empresarios y para los trabajadores: era el aumento de la producción. Pero la austeridad en el consumo y el fomento del ahorro fue el campo de acción de las mujeres. Un recuerdo personal: todos los niños sacábamos nuestra libreta de ahorros en que acumulábamos propinas y regalos.

Pero el papel de las amas de casa ( “madres del pueblo”, decía Evita) era el de cuidar la economía doméstica. Ellas son “las que saben” cuando se trata de las necesidades familiares, ellas diferencian entre ahorro y derroche.

¿Se advierte algo nuevo, estimado lector? El peronismo, de nuevo, con su pensamiento herético, saca a las amas de casa de la invisibilidad servil y les asigna una significación política y social. La famosa delegada censista Ana Macri, diputada nacional en 1951, una las fundadoras del Partido Peronista Femenino, perseguida por las dictaduras, expresó en una entrevista: “El ama de casa era una cosa nueva, una fuerza política nueva.” Esta participación de la mujer completó una política económica fundada en la participación popular con asistencia estatal. La participación, por otra  parte, se centraba en el papel de la mujer como conductora del consumo y el ahorro del hogar. Además, como la campaña se dirigía a todas las amas de casa, era inclusiva, abarcaba a todas las clases sociales.

Esta visión, por otra parte, no era nueva en el peronismo. Ya desde 1946, en épocas más benignas, Eva Perón, en sus discursos, las incitaba a participar en campañas “pro abaratamiento de la vida”. Les decía que no tuvieran miedo al desabastecimiento, que lucharan contra la especulación y el agio, que no pagaran, por nada en el mundo, un precio mayor al establecido ni admitieran mercadería de calidad inferior a la pedida.

En 1952, con la consigna de “ahorrar”, se asignaba a las mujeres, en parte, la responsabilidad del éxito del Plan Quinquenal. La revista Mundo Peronista insistía: “de su acción de todos los días depende en gran parte el éxito de nuestros planes. La mujer debe conocerlos, comprenderlos, ejecutarlos y vigilar por su ejecución.”

La campaña contaba también con los aportes científicos del Dr. Ramón Carrillo que bregaba por una correcta alimentación. La falta de leche, verduras y frutas en la alimentación propendía a la formación de una “raza raquítica y decadente proclive a la extinción”. Además, el gobierno promovió las “huertas de salud” para que en la casa se destinara una parte del terreno a la plantación de frutales y verduras. En los “fondos” de las casas hubo acelga, lechuga, zanahorias; y también durazneros y limoneros. Ello era posible porque los planes de vivienda de la Fundación construían casas dignas con “sitios” amplios. En los terrenos fiscales se instalaron huertas para abastecer a hospitales y regimientos. El Ministro de Agricultura, Carlos Emery, hizo campaña para que el Ejército destinara parte de sus propiedades para obtener productos agrícolas a menores costos. El Consejo Superior del Partido Peronista, por su parte, prohibió todo agasajo, banquete, vinos de honor durante todo el año 1952 para mejor cumplir con el Plan Económico de Austeridad y la implementación del Segundo Plan Quinquenal.

2.- Evita, las mujeres peronistas y el plan de austeridad

Las Unidades Básicas Femeninas cobran, a partir de 1952, una especial significación. Son las encargadas de organizar el consumo y el control popular. Evita es la primera en convocar a la mujer argentina. Ella es el corazón de la vida familiar y, por tanto, es fundamental su importancia para el desarrollo del Plan Económico: “no podemos excluir a la mujer argentina, decía la Presidenta del Partido Peronista Femenino, de esta responsabilidad social ni a las mujeres peronistas, que además representamos la esencia viva y fecunda del auténtico pueblo argentino. Por eso queremos asumir y asumimos, nuestra responsabilidad en patriótica tarea común.” En el hogar, en la escuela, en fábrica, en todas partes, la mujer peronista debía convertirse en predicadora de Plan Económico; y, con su práctica de todos los días, en ejemplo para toda la ciudadanía.

Eva Perón, casi agonizante, se puso al frente de la campaña dando, como siempre, el ejemplo. Para ello el Partido Peronista Femenino difundió  el Plan Económico en todas Unidades Básicas Femeninas del país. ¿Cuáles eran las directivas para la acción?: 1) La mujer peronista será en el seno de su hogar la vigía y garante de la austeridad. Consignas: evitar el derroche, disminuir el consumo, incrementar la producción. 2) Las mujeres peronistas vigilarán en sus puestos de trabajo fuera del hogar que se cumplan las directivas del Gral. Perón.3) Cada mujer peronista controlará, en sus compras, el cumplimiento fiel de los precios que se fijan.4) Todas las Unidades Básicas realizaban permanentes reuniones de estudio y difusión del Plan Económico. Evita pedía encarecidamente a todas las mujeres peronistas que secundaran en su acción a las delegadas y subdelegadas censistas en todo el país.

Mientras la rama masculina discutía los problemas políticos y la rama sindical se ocupaba de los problemas de la legislación obrera, a las mujeres peronistas, madres del pueblo, les tocó ocuparse de los problemas concretos: el presupuesto familiar, la alimentación, la educación y el cobijo de la prole. Su práctica no era un destino, era un función tan alta como la de las otras ramas: buscar soluciones concretas para temas concretos.

3.- Las Unidades Básicas femeninas

La Unidades Básicas Femeninas funcionaban todo el día. Eran el motor inmóvil desde donde las mujeres, debidamente adoctrinadas, salían no sólo a divulgar, sino también a aplicar el Plan. En las Unidades Básicas se desarrollaban cursos de economía doméstica, se enseñaba a preparar comidas alternativas sin carne (había días en la semana en que no se vendía carne), a controlar los precios máximos en los comercios del barrio. Se dictaban, además, cursos de corte y confección, de tejido, de modo que las mujeres estaban habilitadas para proveer de vestimenta a su familia.

Por supuesto que eran de especial importancia las directivas a las ama de casa para controlar precios en ferias y negocios. Por eso repartían cartillas de precios máximos, y se verificaba si los negocios exhibían los precios anunciados o alteraban los mismos. Fue así como las mujeres peronistas se organizaron para colaborar con el Plan Económico, para inspeccionar los precios. Distribuidas en turnos y zonas, si encontraban un agiotista, las subdelegadas debían denunciarlos a la policía.

Ahora bien, recordemos que el segundo objetivo del Plan era producir más. Fue entonces cuando surgió el apotegma de Perón que reza que cada uno de los componentes de una familia “debe producir por lo menos lo que consume”. Ya no era solo el padre, el jefe de la familia, el único que trabaja y produce. Cada miembro de la familia, en condiciones de trabajar, debe trabajar. Por lo tanto se multiplican las cursos de capacitación que ya venían implementando en el Partido Peronista Femenino. Había que capacitar laboralmente a la mujer para que ella también pudiera incorporarse a la producción.

Son famosas las máquinas de coser que proveía la Fundación Eva Perón. Ya vimos que servían para el abastecimiento de la familia. Pero las mujeres también cosían “para afuera” y, no pocas veces, para abastecer de ropa blanca y de abrigo a  los Hogares y Hospitales de la Fundación. Según la delegada censista Ana Macri: “Cuando se entregaban máquinas coser para la familia y para abastecer a la Fundación, eran también para ganarse la vida”.

En el discurso peronista, “las madres del pueblo”, “las anónimas heroínas del hogar humilde”, como llamaba Evita a las  amas de casa, adquirieron un significado nuevo. Su trabajo, antes ignorado, cobra un alto valor político. Otra vez, el peronismo deja que tomen la palabra las que estaban calladas y condenadas a una sola función. Cocinar, coser, criar, pasan a ser un trabajo productivo. Desde las Unidades Básicas Femeninas, lo que parecía no estar comienza a ser legitimado.

4.- El control del pueblo

Si bien hemos hecho hincapié en la participación de la mujer peronista en la realización del Plan Económico, no debemos perder de vista que todo el pueblo estaba llamado a llevarlo adelante. Según Perón, un principio básico del Segundo Plan Quinquenal, corolario del Plan Económico, era el control del pueblo: “La producción del Segundo Plan Quinquenal será centralizada en sus aspectos de verificación y de control pero sólo la percepción total del pueblo posibilitará la ejecución. El Segundo Plan Quinquenal es de todos y para todos: es del pueblo y para el pueblo. El gobierno puede controlar su parte de ejecución pero es el pueblo el único capaz de exigir el cumplimiento total. De allí la necesidad de que todo el pueblo conozca el plan, y con ese fin la formulación del plan es accesible a todo el mundo. El control del pueblo es más importante que el control del estado”(18/12/52).

El plan de estabilización logró, de a poco, una sustancial baja de la inflación que en 1954 era sólo el 3% y el salario real comenzó a recuperarse. Y quedó claro que, en la aplicación de cualquier estrategia económica, es fundamental el convencimiento y la participación del pueblo. Pero quizás el logro más alto fue comprobar la importancia de la participación de las mujeres que, a través de la temida austeridad, descubrieron su importancia política. Ellas habían participado con la fuerza del Partido Peronista Femenino en la campaña electoral  que llevó a Perón  a su segundo mandato. Ellas aprendieron a censar, a afiliar, a decir discursos, a pintar y pegar carteles, a instruirse y capacitarse y a buscar, juntas, soluciones para su hogares y sus barrios. Amas de casa, madres del pueblo, las mujeres peronistas poco apoco se convirtieron en reguladoras del consumo doméstico (frenando ciertos derroches masculinos) y en abanderadas del control popular para el cumplimiento del Plan Económico de Austeridad y del Segundo Plan Quinquenal. Pero quizás la mejor enseñanza del plan de austeridad es la certeza de que todo se puede mediante el fiel cumplimiento de una ley no escrita: la ley del corazón cuyo fundamento es la solidaridad como sostén de la justicia social; y la alegría de estar siendo junto con el otro.

Jorge Torres Roggero

Fuentes:

Barry, Carolina, 2009, Evita Capitana. El Partido Peronista Femenino, 1949-1955, Buenos Aires, EDUNTREF (Editorial Universidad Nacional de Tres de Febrero).

Perón,Eva, 1987,  Discursos completos, (2do.Tomo, 1949-1952), Buenos Aires, Editorial Megafón.                                                                                                                                                             

 

carrillo-1-640x381por Jorge Torres Roggero

En 1951, en los albores de la cibernética, Ramón Carrillo da cuenta de la creación del Departamento de Cibernología de la Nación. Tanto en el ámbito oficial, como en los sectores más críticos al gobierno, recibieron la noticia con asombro y desorientación. ¿Qué era lo que se escondía bajo el nombre enigmático de Cibernología? Para unos era un delirio, para otros un objeto de ludibrio, una prueba de la desmesura e ignorancia de los  “cabecitas negras”. Revisando algunos conceptos de Ramón Carrillo  en “Sobre Cibernología o el arte del gobierno”,  en  DINÁMICA SOCIAL (N° 19, marzo de 1952), se nos ocurrió la peregrina idea de relacionarla  con la Comunidad Organizada  y el Modelo Argentino. ¿Había meditado Carrillo sobre la utopía peronista de la Gran Armonía entre individuo y colectividad, la liberación del hombre insectificado y la alegría de ser como fundamento de la comunidad? ¿Habrá sido objeto de conversación entre los dos humanistas, entre el Jefe y el Sabio, “el arte de gobierno”, “ la comunidad organizada”, “el plan estratégico”?  Si Perón y Eva Perón fueron los testigos de casamiento de Ramón y Susana Pomar, seguramente compartían también sus más íntimas disquisiciones sobre el destino del hombre y de la Patria. Eso me impulsó en llamar a estas breves elucubraciones: “bosquejo de una comunidad organizada en el siglo XXI” como resultado de una verdadera “ciencia del hombre”. Ahora bien, antes de iniciar nuestra entrada al campo todavía inquietante de las reflexiones en que Ramón Carrillo habla de Cibernología y biopolítica, se impone una aclaración que solo tiene el objeto de distinguir para entender.

Me refiero a Michel Foucault y sus estudios sobre biopolítica. En tal sentido, es oportuno señalar que Carrillo se funda en un humanismo más próximo a la afectividad popular que al racionalismo instrumental del sabio francés que entiende a la biopolítica como mejora de la salud popular practicada por medio de dispositivos de vigilancia y control de los fenómenos sanitarios. Se trataría de una arquitectura de poder tendiente a estatizar lo biológico. La biopolítica sería un dispositivo de primer orden para conformar un saber destinado a la maximización de biopoder ejercido sobre “seres insectificados”. En otras palabras, la medicina social como estrategia de control. Por supuesto, este esbozo  no pretende discurrir sobre los distintos indicadores biopolíticos a través de la historia, ni sobre el uso del Estado como ordenador violento. Sólo queremos distinguir, postergando debates necesarios, dos características básicas en el concepto de biopolítica: Foucault, más cercano al positivismo mecanicista, habla de un biopoder sectorial; Carrillo, desde el humanismo peronista, despliega una poética abierta e integradora, un verdadero  arte de gobernar en que el sujeto es el pueblo. Nuestro sabio se empeña en crear las bases de una “eubiótica”, o sea, una ciencia de la salud superadora del “higienismo” “porque amplía con su lente los pequeños y grandes factores del bienestar humano”.

Eva Perón hablaba del derecho victorioso del más ” débil”. En consecuencia, a lo mejor la historia de nuestras luchas por la vida, de la selección de las especies y del dominio del más fuerte, no es la verdadera historia. Pero, como en la microbiología, existen otras posibilidades. Está comprobado que, mediante la cooperación, el débil logra sobrevivir y sobreponerse a la agresión del más fuerte. Refiriéndose a esto, dicen los microbiólogos Lynn Margulis y Dorion Sagan en Microcosmos: “La competencia en la cual el fuerte gana ha recibido mucha mejor prensa que la cooperación. pero ciertos organismos superficialmente débiles han sobrevivido formando parte de entidades colectivas, mientras el representante de los fuertes, al no haber aprendido el truco de la cooperación, fueron arrojados a la pila de los residuos de la extinción evolutiva”.

De tal modo, no seríamos seres autónomos, sino eslabones de una cooperación simbiótica. La vida es una forma de cooperación. Surgiendo de la confusión y el caos, se realimenta. La supervivencia no es una especialización de los más aptos, no es el dispositivo de un biopoder; es, en cambio, la cooperación como la más potente operación de cambio evolutivo.

A partir de una intuición poética, Kropotkin  postulaba una interpretación del origen de las especies diferente al determinismo positivista. En su libro Socorro Mutuo, plantea: “Si nosotros preguntamos a la naturaleza quienes son los más aptos, si los que continuamente guerrean entre sí o los que se respaldan mutuamente, vemos de inmediato que los animales que adquieren habito de socorro mutuo son indudablemente los más aptos. Tienen más oportunidades de sobrevivir y alcanzar, en sus clases respectivas, el mayor desarrollo de inteligencia y organización corporal”.

Cibernología y Cibernética

Carrillo postula la necesidad de crear un nuevo arte de gobernar. Para ello había que superar la etapa del método analítico que “despedazó la realidad humana” y se dedicó a estudiar  “fragmentos científicos” sin relación entre sí. Esto impidió pensar en “los fines de la vida humana o en su mejoramiento con relación a su integridad”. Obsérvese que Carrillo habla de fines, lo que implica una escatología; y, de “integridad”, o sea, a la necesidad de tener en cuenta componentes supra corporales del sujeto histórico pueblo. No sin antes referirse a la etimología común entre Cibernética y Cibernología (manejar un timón, gobernar o dirigir) se ocupa de establecer sus diferencias: “La Cibernética, pensaba Carrillo, ensaya establecer una teoría general de las máquinas de controles automáticos y  susceptibles de registrar datos de un problema determinado resolviéndolos en un tiempo mucho más corto de lo que podría hacerlo el cerebro humano. Con tales máquinas la cibernética empieza su marcha, sin duda, asintótica, hacia la realización del cerebro artificial. Su punto de arranque tanto como sus objetivos son, pues, completamente distintos a de la Cibernología.

La Cibernética parte de la mecánica y tiende hacia una mecanización cada vez más completa del trabajo del hombre, incluso el trabajo del intelecto, con el objeto de economizar esfuerzo y tiempo.”

Si prestamos atención, observaremos que, en esta caracterización, prevalecen vocablos referidos a valores cuantitativos: máquinas, controles automáticos, registro de datos, economía de tiempo cuyo objeto es un rumbo fijo: la meta final del cerebro artificial. Pero claro, la marcha es asintótica, es un aproximarse sin cesar a una meta a la cual nunca podrá arribar.

Entonces, para establecer diferencias , y llegar al componente totalizador que Carrillo atribuye a la cibernología, recurre a una serie de aproximaciones que van ampliando el horizonte de comprensión y, a la vez, precisando nuevos aspectos. En primer lugar, la cibernología cambia los fines con respecto a la cibernética. No mecaniza y ni altera el uso de los recursos científicos, pero los destina a humanizar el Estado y el Gobierno: “La Cibernología sería, entonces, la ciencia integral del hombre.”

Pero ¿ cuál es la finalidad que dirige todos los esfuerzos cibernológicos? Carrillo responde: “es la de incrementar el bienestar y hacer posible la felicidad, en términos colectivos, concebido esto en el sentido más elevado, como abarcando, desde la satisfacción de las necesidades fisiológicas hasta los aspectos psíquicos, toda la vida del hombre.” Se accede así a una segunda definición que ubica a la cibernología entre las ciencias humanas: “ es una ciencia que reúne todos los conocimientos relativos al hombre con la finalidad de promover su bienestar y felicidad.”

Cibernología y biopolítica

La tercera aproximación al concepto de cibernología se relaciona con la felicidad a la que se atribuye un carácter eminentemente social. El yo no es feliz si no lo es también el otro: “Hablo de la felicidad, la felicidad humana, que sólo es concebible dentro de una colectividad, pues el hombre es “par excellence” un ser social.” La cibernología, entonces, es también una praxis científica que se corporiza en reglas que permiten organizar la vida de las “comunidades humanas”. De tal modo,  la tercera definición de Cibernología tiende a enfocar su carácter de ciencia aplicada: “la Cibernología es la ciencia y arte de organizar las comunidades y gobernarlas. La biopolítica es una de sus técnicas.” Llegamos así al uso del término “biopolítica” en la visión de Ramón Carrillo. En primer lugar, habrá que señalar que es “una” de las técnicas de la cibernología. Recordemos que, desde el punto de vista peronista, la práctica social surge del seno del pueblo que es un totalidad abierta. Es lo integrador en contradicción viva con lo sectorial.

Entonces, la Cibernología es, según Carrillo: “el estudio integral del hombre a los fines de la organización científica de los pueblos y, en especial, de su gobierno, para procurar el bienestar y la felicidad total o del mayor número de individuos, asegurando el pleno desarrollo de la personalidad de cada uno sobre la base de una eliminación, lo más completa posible, de los factores ataxiológicos o desordenadores.” El factor ataxiológico es el desorden o falso orden. El falso orden es el que naturaliza, por ejemplo, la esclavitud que, según las épocas, puede ser producida por la explotación del hombre por hombre “o por la pobreza y la miseria producidas por el desorden económico y la falta de organización de los pueblos en cuanto a sus posibilidades de desarrollo material y espiritual. (…) Si el hombre no piensa cibernológicamente, jamás encontrará una salida al atolladero adonde nos ha conducido nuestra actual civilización.” Es la idea de caos compartida con Perón. El conductor político no conduce lo organizado sino lo orgánico, lo hirviente de vida. El caos sobreviene de lo profundo del pueblo, allí habla sin cesar, crea formas de poder que, para los “factores ataxiológicos” o agentes del falso orden, son monstruos amenazadores. Carrillo aplicó, por ejemplo, a la salud cierta idea sobre la existencia de un atractor extraño como operador de auto ordenamiento. En sus consideraciones sobre la planificación de la salud considera que toda organización es apasionante porque sólo es estática en el papel. En “cuanto surge la vida” o simplemente contrasta con la “proclividad del hombre a preferir senderos trillados a la picada en el monte abrupto”, es cuando vale la pena organizar algo. Entonces, cuanto se refiere a la vida de los semejantes, es un acto de amor. Primero, obrar sin exclusiones; después, fundamentar conceptualmente la acción. Como su amiga Evita, estaba convencido de que lo incluyente es el amor. Si me falta teoría, puedo incluir con el amor que, según Evita, “alarga la mirada de la inteligencia”. Entonces, la cibernología sería una ciencia axiológica y valorativa; pero, a la vez, técnica y práctica, una biopolítica. Es ciencia de vivir; y arte de inculcar la vida. Surge, entonces, la pregunta sobre el medio adecuado para superar el fetichismo cientificista al servicio del poder material, para “humanizar el capital” y la organización de la vida humana. Para eso llega a una cuarta aproximación a la Cibernología: “definida, pues, por su objetivo, el hombre, podríamos también definirla por el medio que maneja para alcanzarlo, esto es, el Estado. Desde este punto de vista, la Cibernología sería la ciencia y la técnica de la organización y conducción del Estado, fundado en el conocimiento, lo más completo posible, del hombre y de la sociedad y de las leyes naturales que regulan su existencia y su conducta a fin de asegurar un mínimo de bienestar y felicidad a un máximo de individuos. Pero solo  el Estado organizado sobre la ciencia y la técnica, puede promover un profundo cambio en la educación, en la vida cotidiana del hombre-masa, en sus hábitos y costumbres, regular sus instintos, perfeccionar su salud y prolongar su vida útil; solo un Estado técnicamente organizado puede cumplir un plan que sirva al hombre mismo y no al Estado; puede así el Estado organizar el trabajo colectivo, ubicar las masas humanas en ciudades urbanística y sanitariamente concebidas; crear viviendas dignas y legislar con respecto a las leyes naturales.”

El Estado cibernológicamente concebido

El papel cibernológico y ordenador atribuido al Estado es imposible sin una concepción del otro . Solo cuando incluyo al otro soy yo. Pero, entonces, somos. Somos tiempo acumulado (memoria colectiva), el individuo aislado es una abstracción, una categoría. La individualidad es en sus raíces una empresa colectiva (cooperativa). Es una secreta interconexión de universos. Existimos con todo el cuerpo y con el cuerpo de los otros. “Existo, luego pienso”, decía Rodolfo Kusch. Más aún, en esa organización del caos que es el Estado, cuando pensamos, no sólo piensan con nosotros los “otros hombres”, sino también los muertos: “Debemos reconocer, postula, que en un Estado y en una sociedad planificada, el hombre  no puede ser concebido sino en función de los demás hombres. Porque no sólo pensamos con el cerebro, sino que pensamos con todo el cuerpo; el hombre aislado es una utopía, ya que si bien  piensa y siente con su cerebro y su cuerpo, también piensa y siente con el cerebro y el cuerpo de los otros hombres. El hombre aislado es un artificio filosófico. Dependemos de todos los que nos rodean, incluso de los muertos que nos han legado su espíritu y sus obras.(…) La Cibernología y su técnica, la biopolítica, no son meras doctrinas filosóficas o científicas, constituyen un botiquín para una medicina de urgencia de la humanidad”. La cibernología, sería así, una “integración de integraciones” Por eso ambicionaba que los hospitales argentinos no fueran “casas de enfermedades”, sino “casas de salud”. El hospital carrilliano no solo era un centro asistencial para curar, sino también  un centro de cultura con sus salas de conferencias y de proyección cinematográfica para enseñar al pueblo a “vivir en salud”.

Arturo Carrillo, en un libro colectivo (cibernológicamente escrito, diríamos) titulado Ramón Carrillo, el hombre, el médico, el sanitarista, da cuenta del especial pedido de su hermano para que se dieran a conocer sus propuestas cibernológicas.  El original, inédito, consta de “18 capítulos escritos en el exilio, tipeados en una Olivetti, amarillentos y olvidados que guardaba con mucho celo su esposa Susana”.

Esto debe inducirnos a formar equipos para estudiar la obra y vida de Ramón Carrillo, sus proyectos y realizaciones, su filosofía antropológica, su entrega total al otro, a la felicidad del pueblo argentino. Este insigne “maestro” (así la consideraba Perón), como muchos otros del primer peronismo sufre todavía exilio y persecución. Después de todo, su vida y su obra fueron una actualización y puesta en práctica permanente de una de las 20 verdades. Aquella que considera al justicialismo como “una filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humana”.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito, Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba, 22 de abr. de 19

Fuentes:

Los datos, citas y transcripciones que hemos desarrollado reconocen las siguientes fuentes de consulta:

ALZUGARAY, R.A., 1988, Volumen I y II, Ramón Carrillo, el fundador del sanitarismo nacional, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina

BREVETTA RODRÍGUEZ, Miguel A., 1972, “La otra cara de Ramón Carrillo”. En: Cuadernos de Cultura, Municipalidad de Santiago del Estero, Año III, N° 6, octubre 1972.

CARRILLO, Arturo et alii, 2005, 2ª Edición, Ramón Carrillo, el hombre, el médico, el sanitarista, Buenos Aires,  Carrillo Ediciones.

CARRILLO, Ramón, 1947, Tres tomos, Plan analítico de salud pública, Buenos Aires, Ministerio de Salud Pública de la Nación

CARRILLO, Ramón, 1949, Dos tomos, Política sanitaria argentina, Buenos Aires, Ministerio de Salud Pública de la Nación

CARRILLO, Ramón, 1951,  Dos tomos, Teoría del hospital, Buenos Aires, Ministerio de Salud Pública de la Nación.

CARRILLO, Ramón, 1952, “Sobre la Cibernología o el arte del gobierno”. En: Revista Dinámica Social, Año II, N° 19, marzo de 1952.

CARRILLO, Ramón, 1952,  “Introducción a la Cibernología y a la biopolítica ( los espacios del hombre)”, en Hechos e Ideas, Nos. 98-99, Mayo y junio 1952, Buenos Aires.

CARRILLO, Ramón, 1974, “El criterio biológico en el reordenamiento económico de la alimentación en la Argentina”. En: Hechos e Ideas, Año 1, N° 1, mayo/junio 1974.

MAZZUCHI, Silvia Elizabet, 2002, La fundación “Eva Perón”, La Plata, Ediciones U.P.C.N., Pcia. de Buenos Aires.

BRIGGS, J. y PEAT, R.D., 1990, Espejo y Reflejo: del caos al orden, Barcelona, Gedisa Editorial

Hacia 1941 publicó dos títulos hoy inhallables: uno de carácter sociológico, Desarrollo de la industria agropecuaria en Santiago del Estero; otro, Caracteres etnográficos y sociológicos de la población de Santiago del Estero. Una lectura para- textual de los títulos hace suponer que su preocupación estaba dirigida al interior de su provincia y a las condiciones de la población más desvalida.

Por otra parte, no debemos olvidar que su obra filosófica fundamental permanece inédita. Destinada a cursos de postgrado en universidades brasileñas, la redactó en el exilio y contiene un mensaje de carácter universal referido a la salvación del hombre en lo que considera una crisis terminal de la civilización occidental. Se trata de Teoría General del Hombre (28 tomos y un tomo resumen).

 

por Jorge Torres Roggero

1.- Ramón Carrillo: lealtad al paloPerón y Carrillo

Los convido con algunos retazos de un librito que he titulado El Angel Sanador, y versa sobre Ramón Carrillo. He obviado en este nota la profusa bibliografía científica del Dr. Ramón Carrillo, su fama internacional. Tampoco menciono las prácticas médicas que llevan su nombre. La brevedad sólo me permite aludir a las fases principales de su labor en favor del pueblo que desarrolló como primer Ministro de Salud Pública de la historia argentina. Ser ministro fue su mayor rasgo de humildad y entrega, su mayor renunciamiento. Pero sobre todo, como se verá en mi libro, lo distinguió la inquebrantable lealtad al general Perón y a la causa peronista. Aun en la extrema pobreza, en la soledad, la intemperie y la muerte.

En los textos sagrados, así como, a veces, descienden ángeles aulladores que anuncian a los pueblos el castigo por sus prevaricaciones, o el anuncio de una nueva era; también descienden ángeles sanadores destinados a aliviar el dolor de los humanos, la miserabilidad de las multitudes. En nuestra tradición bíblica, Rafael es un  ángel sanador: provee salud y alimento.

Carrillo, científico de fama mundial y extraordinario neurocirujano, puso su conocimiento al servicio de los humildes. Fue un ángel sanador. Renunció al brillo académico, y se entregó entero a poner en actividad el derecho del pueblo a la salud , a una vida digna, a la alegría de vivir.

Como la mentalidad argentina en el ámbito universitario estaba marcada por la colonización cultural y el pensamiento del amo extranjero pensaba en la mente de “los que pensaban”, había adoptado un hilarante método cuando iba a presentar una idea nueva y era, por lo tanto, resistida por carecer de bibliografía extranjera. “La atribuía a Melonopski y no a Carrillo”. Como nadie se animaba a preguntar quién era Melonopski, o sea a confesar su ignorancia, lograba una rápida aceptación.

Si algo lo distinguió, fue su lealtad a la causa peronista y al Jefe, como designaba a Perón asemejándose en esto a Leopoldo Marechal. En el apartado siguiente, les regalo la mejor y más completa alabanza a la virtud clave de la lealtad que dejó como testamento a sus hijos. Ni Perón llegó a tal grado de desarrollo de la lealtad en su libro Filosofía Peronista.

Perón, por su parte, dio a Carrillo el mejor título que le cabía: maestro. Según Roberto Di Sandro, Perón dijo una vez: “Yo tengo un maestro del cual aprendí mucho de lo humano y su sencillez”. Preguntado por Américo Barrios: “Y ¿qué es lo que aprendió de él, General?” La respuesta fue muy reducida, pero con mucho contenido: “Aprendí esas cosas sencillas, pero reveladoras que hacen al conocimiento de la condición humana, y a las relaciones entre las personas. Algo que vale tanto como un “placer” para transitar la senda justa del hombre: la verdadera”. Y repetía: “Sólo un hombre fue mi maestro y de él aprendí algo trascendente: la condición humana y la verdad.” Admirable sencillez de Perón reconociendo una cualidad superior: la de maestro.

Cuando Carrillo arribó al Ministerio lo halló lleno de políticos “contreras” y trabajó con ellos a pesar del clima hostil que creaban. Su principio de convivencia era “no hacer nunca mal a nadie.” Jamás dejó cesante a un funcionario, aun de alta graduación, por razones de ideología política. Logró así que, en su Ministerio, no hubiera intrigas ni enconos. Dice el Dr. Germinal Rodríguez: “Carrillo no trabajó, ni para la gloria, ni para su beneficio personal”. Entremos, entonces, en los intersticios de su pensamiento. Pensemos con él la Patria y prójimo.

1.- Una palabra clave

La historia del peronismo es recorrida, desde sus inicios, por la palabra lealtad. En cierto sentido, la lealtad define a un peronista cabal. En sus escritos, Perón insiste con frecuencia en esta virtud. Si bien no se detiene en largas disquisiciones, deja en claro que la lealtad está fundada en la fe, es decir, en la confianza entre quienes deber ser compañeros y amigos, entre jefe y subordinado. No es estática. Para Perón, es una “virtud definitoria del peronismo”. Un hombre leal es un hombre en el que se puede confiar ciegamente tanto en las ideas como en la acción. En toda acción es fundamental la lealtad del compañero. Si no es leal, es un traidor. Y, ¿cómo llegar a un objetivo con un traidor?

Para el justicialismo la lealtad aporta un contenido eminentemente político. Es un condición sine qua non para lograr los objetivos comunes. Cada compañero necesita confiar en la lealtad del que marcha a su lado. Cada Pueblo necesita confiar en su Conductor. Claro que, el conductor también debe entregarse en cuerpo y alma a sus compañeros y a su pueblo: “La lealtad -lo ha expresado Perón- es la base de la acción; lealtad del que dirige, lealtad del grupo hacia sus dirigentes. La lealtad no puede ser nunca una condición a una sola punta” (24/07/1947).

Ramón Carrillo dejó en unas hojas sueltas lo que podemos considerar una herencia moral para sus hijos cuya adolescencia no pudo disfrutar a causa de su prematura muerte. Son las llamadas “diez palabras simbólicas”. No las vamos a desarrollar puesto que no disponemos de espacio. Las consignamos: solidaridad, tolerancia, verdad, conocimiento, libertad, amor, fe, alegría, utopía, honradez. Esas serían las diez virtudes del hombre, pero, para Ramón Carrillo,  lealtad es la “palabra clave”. Nos atrevemos, en consecuencias, a bautizar al texto de Carrillo que sigue con el nombre de:

3.- Himno a la lealtad peronista

 “La lealtad es una resultante de las diez virtudes del hombre.

1.- De la solidaridad: Con los humildes y desgraciados, y con todos aquellos a quienes les brinda su amistad, simpatía o afecto.

2.- De la tolerancia: Para saber perdonar al jefe, al amigo o subordinado sus pequeños errores y defectos humanos, propios de la imperfección.

3.- De la verdad: O sea la aptitud para sabérsele (sic) decir al amigo, al jefe o al subordinado, y decirle con la prudencia del sabio, la persuasión del maestro, la energía del hombre, pero decirla, si es que de su conocimiento el amigo puede escapar de la traición y la felonía.

4.- Del conocimiento: Para extraer todo aquello, que permite saber, porque se es leal a un persona o a  un ideal o a su patria. Con las personas hay que ser sólo consecuentes, pero hay que ser leal a lo que ellos representan o simbolizan.

5.- De la libertad: Porque sólo siendo independientes ( y dotado de valor) se puede afrontar las consecuencias angustiosas que tarde a temprano acarrea la Lealtad. Solo en la Libertad, se es leal sin titubeos.

6.- Del amor: Porque el amor no se conquista, ni se retiene sin lealtad, que a su vez no es más que una forma superior del amor, lo que no está alcance de cualquier desgraciado.

7.- De la fe: La fe implica confianza, porque solo se es leal a aquello en que se confía ciegamente.

8.- De la alegría: Porque no hay mayor fuente de emoción íntima y profunda que la satisfacción de sentirse leal, de no haber violado jamás la palabra dada, ni el compromiso contraído, ni el deber. Deber, palabra, compromiso, si no se cumplen, originan tristeza, angustia. Sólo la lealtad es fuente de alegría.

9.- De las utopías: Todo idealista (un grado más allá) utopista, es forzosamente leal a sus ideales y escéptico con respecto al cumplimiento total de las utopías.

10.- De la honradez: La honradez no es más que una forma parcial de la Lealtad. Se es honrado, porque antes se aprendió a ser leal; la lealtad origina la honradez humanizada e inteligente, y no la honradez estúpida y mojigata de los libros de moral.

Hay que ser honrados y comprender que otros no pueden serlo, sin humillarlos y difamarlos por eso. Enseñarles y evitar que sigan la labor fácil y no crear condiciones de organización tales que estimulen la deshonestidad.

Muchos son deshonestos porque la oportunidad y la tentación se les brinda todos los días. Sólo en último extremo castigar a los deshonestos. Pero entonces sí, castigarlos con toda la fuerza y el poder disponible.

Mucha gente roba un pan; esa persona no es deshonesta ni un delincuente. Es un hombre.”

(Ramón Carrillo)

Fuente:

CARRILLO, Arturo et alii, 2005, 2ª Edición, Ramón Carrillo, el hombre, el médico, el sanitarista, Buenos Aires,  Carrillo Ediciones.