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por Jorge Torres Roggero

EVA MUCHACHAS PERONISTAS1.- Venían de Berisso

Lo cuenta Cipriano Reyes. En el amanecer del 17 de octubre de 1945, en Berisso, el movimiento estaba sincronizado en cada zona, según la distancia y perímetro que abarcaba,  y las manifestaciones tenían que comenzar a una hora determinada. A las nueve de la mañana una enorme multitud se volcó a la calle. Frigoríficos, fábricas textiles, el puerto, los talleres de Río Santiago, el comercio, habían enmudecido: “Hombres y mujeres de distintas edades, “plenos de fe, de vida, de entusiasmo”, con sus delegados al frente, se “levantaban como un verdadero pueblo en busca de su propia liberación”.

De pronto, Cipriano Reyes detiene el relato. Quiere resaltar el papel de las mujeres. A su lado, “marchaban mujeres extraordinarias entre las que se hallaba mi propia esposa, Clementina Salguero, quien me acompañó en todos los momentos de mi lucha, actuando junto a mí en el sindicato, en los grupos de activistas, acompañados muchas veces por nuestra hija, Argelia Griselda, de doce años de edad, que también fue conociendo desde niña el sacrificio que nos depara la lucha por la conquista de un mundo sin egoísmo y sin hambre”.

Exalta a María Roldán, delegada obrera del frigorífico Swift. Una imagen marcada por la emoción de su palabra y por cada acción de su pensamiento: “madre sacrificada en la vida y heroica en los sindicatos; sembradora del ideal cristiano y humanista que reclama la emancipación proletaria como ideal común de los desheredados; voluntaria en las barricadas y en todos los frentes de combate, en defensa de las conquistas sociales, por la paz y la seguridad de los que sufren y lloran su miseria; voz de la lucha en las tribunas, canción de justicia en el trabajo y bandera de libertad en el movimiento (…) María Roldán es un símbolo viviente y revolucionario de las luchas reivindicatorias de Berisso…”

Reyes enaltece a esas “mujeres maravillosas”. Con hogar, con hijos, siempre dispuestas a defender los ideales. Como en la poesía épica popular exalta sus nombres y virtudes. Estos son algunos nombres de esa “pléyade de mujeres hechas en el sacrificio”: Juana Carrizo, Esther Tata, Juana Bordagaray, Dora Roldán, Irma Suárez. Y los innúmeros nombres olvidados. Ellas y la juventud revolucionaria (no eran estudiantes ni intelectuales) marcharon en Berisso levantando banderas de libertad.

Cipriano Reyes está observando un fenómeno en la génesis del peronismo: el hombre y la mujer marcharon juntos, codo con codo. Desde entonces son compañeros y los une el amor y la lucha por la justicia social y la independencia económica de la Patria sin la cual no hay lugar para los derechos del pueblo y menos de la mujer. Como Eva y Juan,  mujer y hombre, son una “unio contrariorum”, la unidad en la diversidad, la fecundidad de lo diferente. Por eso, según Perón, “Argentina es el hogar”.

La participación de la mujer el 17 de octubre no es solo una percepción de Cipriano Reyes. También la prensa popular la destaca. En La Época del 18/10/45, la crónica remarca: “En medio de la columna obrera se destaca la presencia de la mujer, de la mujer trabajadora argentina, no el figurón elegante que pasea su garbo por la Quinta Avenida porteña u organiza “democráticos” picnics de champagne y emparedados en los canteros de la Plaza San Martín. Auténtica mujeres del pueblo estaban en marcha por sus libertades. Muchas de ellas del brazo de trabajadores evidenciando que los hogares argentinos -porque eran esposas, novias, hermanas de obreros, obreras ellas mismas- están con la causa del trabajador y apoyan al primer trabajador argentino”.

Fue la primera manifestación del “realismo feminista” del peronismo, fundado en la acción, falto de desarrollo teórico académico, pero con fuerte especificación en la conciencia del pueblo. Acontece enfrentado a cierto feminismo oligárquico e individualista, expresado en esa época por mujeres de alta clase social. Ese era un feminismo  de carácter meramente anti moralista y estético como rebelión contra los cánones de su clase. Su paradigma fue, sin dudas, Victoria Ocampo y el coro de “niñas bien” que disfrazaban de buen gusto el odio en la “marcha de la democracia” que precedió el encarcelamiento del coronel Perón.

2.- María Granata y las tres gestas de las muchachas peronistas

María Granata, poeta y novelista, autora de Muerte del adolescente, Corazón cavado y novelas  como Los viernes de la eternidad y Los Tumultos, entre otros numerosos libros de poemas y relatos, nos prodiga tres textos en que traza una poética de la mujer peronista en tres etapas distintas.

El primero se titula “La mujer en la gesta del 17”. Profiere, desde el momento inicial, una poética del peronismo en que la mujer es substancia primordial. Es materia (mater), matria. Ese será un signo de diferenciación que marca la originalidad del movimiento naciente. Es la mujer del pueblo, la formadora, el reservorio de la esperanza en la larga espera.

Inicia su artículo creando en clima genesíaco. Como Cipriano Reyes memora el “alba del gran día”: “No había comenzado la primera luz del 17 de octubre, día nuestro entre los días, y  ya estaba la mujer del pueblo, expectante, esperando su acontecer. En su larga esperanza ella había estado formando ese día; lo sentía levantarse desde su propia sangre, abrirse paso entre sus voces hasta ser un grito de júbilo, hasta ser un canto”.

Se trata del “gran día” de las profecías, el día del “canto”. Una gran epifanía, pero grito y canto revelados, habían sido engendrados en el seno de la mujer. Ella lo reconocía antes de empezar. No era un tiempo común, era la perduración del tiempo de la Patria: “ese que la mujer del pueblo esperaba desde el fondo transfigurado de su sufrimiento, desde la injusticia en que se debatía, desde ese descarnado amor a la vida que su corazón había salvado”. Toda la luz de ese día era un alumbramiento de la mujer. La mujer es la que determina, a la par del hombre, “el nacimiento del día histórico”. La mujer del pueblo fue al encuentro del 17 de octubre que pasó a ser signo, bandera.  Esas mujeres del pueblo eran una “suma de inusitadas fuerzas” y venían a reivindicar a las mujeres que las precedieron “en la callada esperanza que no alcanzaron a ver cumplida”. Las calles se “ensancharon” a su paso y casi no podían contener a “una maravillosa multitud que iba al encuentro de sí misma”.

Todo el pueblo levantado en busca de su líder y, en él, la mujer resistiendo la fatiga y la incertidumbre. Iba a rescatar al libertador del pueblo, “al hombre que vería en la mujer el fundamento de la sociedad humana”. Porque la mujer verdadera “no abandona al hombre en la hora de la lucha”: “Estaba allí, realidad viva y símbolo. Nada hubiera podido amedrentarla. Había empezado a mirar la vida de frente, en el ejercicio de su sufrimiento, en su experimentación de la injusticia social; había aprendido a mirar la imagen mutilada de esa vida que durante tanto tiempo perteneció a los pobres. Y había conocido (…) una nueva forma de justicia, un nivel de dignificación que ahora tenía que recuperar definitivamente”. La mujer y el niño, los sufrientes de la era oligárquica, serían el centro de la democracia social que venía a sustituir el machismo de la vieja democracia liberal, individualista y patriarcal.

El segundo texto de María Granata apareció en el libro La Nación Recobrada (1952). La revolución justicialista ofrece un pleno y pacífico despliegue. El capítulo se titula: “Valoración de la mujer en el peronismo”. No intenta configurar una teoría. Su intención es “empalabrar” la doctrina que emerge, silenciosa, de las nuevas prácticas políticas y sociales del peronismo.

María Granata postula que, como el peronismo es esencialmente social y “el sentido social es definidor de la naturaleza femenina”, resulta fácil comprender “cuánto hay de espontáneo y verdadero” en la incorporación de la mujer al Movimiento. Su fe en la nueva doctrina reconoció, en cada uno de sus postulados,  “su propia misión en el mundo, su generosidad sin vacilaciones, su función constructiva”, “advirtió que no se trataba de un movimiento meramente político, sino un impulso de redención humana”.

La mujer, a lo largo de la historia, piensa María Granata, representa la “construcción paciente” y se “opone a la impaciente destrucción de bienes y valores”. En la historia escrita, a la mujer no se le concede un “solo triunfo comparable al hombre”. Sin embargo, es sujeto de una victoria tácita pero continua en la “historia viva” de la humanidad. Su victoria está en la “esperanza salvada que ilumina la lucha del hombre”. Esperó largamente, pero no en espera pasiva sino de “acumulado sueño”. Por eso le fue fácil descubrir la “urgencia por participar en la lucha”.

Esto le permitió, asimismo, permanecer ajena al pensamiento colonial (“tendencias extrañas”) ajeno a la verdad de la Patria y a la verdad del Pueblo. Para no quemar la esperanza, hizo suya una causa redentora.

La diferencia entre en el hombre y la mujer es que la razón masculina puede establecer “una separación entre la acción política y la acción social”. Para el intelecto amoroso de la mujer, en cambio, política y acción son conceptos consubstanciales. Se visualiza una proyección común entre la mujer y la doctrina peronista. Ambas representan “creación y salvaguarda de valores”: “Ambos -la mujer y el Peronismo- coinciden en su posición ante la vida, en su responsabilidad ante el hombre, en su poder formativo de futuras generaciones”. La incorporación de las mujeres, por coincidencias de contenido, de convicciones  y de destino, es, por eso, espontánea y ferviente.

La injusticia social estaba naturalizada, era un costumbre. Se proclamaban derecho y libertades que los hechos negaban: “En nuestro país, gobiernos carentes de objetivos sociales habían creado la “costumbre” de subestimación política de la mujer”. El derecho cívico femenino era una señal de peligro para la política dominante.

La mujer posee un innato sentido de la tierra como “patrimonio intransferible”. Por eso no quiere construir sobre un suelo enajenado. Quiere construir sobre lo suyo y, a los gobiernos oligárquicos, sólo les faltaba “enajenar el cielo”. La toma de la palabra de la mujer fue una apuesta a la verdad sobre la mentira y a la preeminencia del costado social y solidario, sobre el egoísmo. Ella sólo aglutina “impulsos vitales, fuerzas positivas” que enfrentan “los factores de negación”.

La marginación de la mujer como ciudadana activa fue una estrategia consciente. Los dirigentes anteriores no ignoraban que la posición moral implícita en el espíritu femenino repudia instintivamente las acciones entreguistas, el futuro hipotecado de los hijos y la Patria. Su ejemplo es Eva Perón. Ella infunde espíritu vital al pueblo entero: “Su corazón puede expresarse resueltamente y entrar en la lucha (…) y abre en nuestra historia un camino a golpes luminosos de sentimiento”.

El advenimiento de la causa justa significó la plenitud de derechos. La ley 13.010 estableció que “la mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. Eva Perón ha dicho: “El derecho del sufragio femenino no consiste sólo en depositar la boleta en la urna. Consiste esencialmente en elevar a la mujer a la categoría de verdadera orientadora de la conciencia nacional”.

María Granata señala la importancia del Partido Peronista Femenino como necesidad de aglutinar los aportes decisivos de la mujer en la configuración de la sociedad futura. De nada le había valido su heroísmo en la lucha por la independencia patria. “Sólo el Peronismo reparó todos los olvidos. Y ahora la mujer tiene derechos y tiene partido”. Exalta, también, la importancia de las Unidades Básicas femeninas tal como lo hemos descripto en una entrada de nuestro blog titulada: “El realismo feminista de Eva Perón: Escuela de Enfermeras, Partido Peronista Femenino”.

El peronismo representa la defensa de los valores genuinos de la mujer que, al participar de las decisiones importantes, al incorporarse a la vida política, afirma “los caracteres distintivos de su femineidad”. Hay cierto apartamiento de lo que Granata, en 1952, llama: “la enmarañada  psicología feminista internacional”. La mujer peronista entra en la historia como depositaria de la felicidad del pueblo. Y, “cuando entra, multitudinaria en la lucha, no es para dudar ni para equivocarse”. Si desvirtúa su naturaleza, ya no pertenece a la historia viva sino a una “ficción intelectualista”.

En la Razón de mi Vida, Eva Perón recuerda estas palabras del General: “Tal vez la mujer pueda salvarnos a condición de que no nos imite”. El peronismo reconoce las responsabilidades de la mujer en la sociedad y sus derechos. Eleva la dignidad del hogar “donde ella se define y se realiza y protege su trabajo fuera del hogar”. Defiende su modo de ser (su femineidad) para que no sucumba “en las duras condiciones de trabajo impuesta por la injusticia social de otros regímenes”. Para la doctrina peronista la mujer es una compañera en la lucha, codo con codo, al lado del hombre. Mas aún, en horas decisivas de la civilización (recuérdese que estamos en plena guerra fría, guerra de Corea -1951-1953),  resalta la “voluntad femenina de nuestra patria”, voluntad de paz en el “concierto mundial de las luchas y los intereses”: “La paz debe comenzar en cada hombre; no es bien privativo de actuaciones políticas. Cada hogar es, para asegurarla, la mejor cancillería”. Y la mujer peronista, pacifista por sí y por su adoctrinamiento, es en esta hora la representante por excelencia de la paz.

El tercer momento de la épica de la mujer peronista se refiere a su participación en la Resistencia. Marta Cichero en Cartas Peligrosas ofrece un apasionante panorama de la complejidad y las contradicciones de los militantes peronistas. Tiene especial relevancia la dramática trama de la contienda subterránea que tenía como campo de debate los periódicos clandestinos: secreta historia de los modos de financiamiento, de artículos de presos evadiendo las requisas, de los talleres clandestinos de impresión, de los avatares de la distribución.

En una carta de Jauretche al Padre Benítez, desde su exilio montevideano, desnuda algunas de las dificultades: “Mimeógrafo. Aquí trabajamos mucho con mimeógrafo y tenemos uno muy bueno pero por los inconvenientes de correo ya expresados poco se puede hacer por los de allí. Si allí hubiera una organización de mimeógrafos, nosotros podríamos mandar esténciles, es decir matrices que acá se pueden hacer con toda comodidad”. Recordemos que en la dictadura liberticida el Correo espiaba y requisaba correspondencia.

El 8/10/57, Lagomarsino le escribe Manolo Buzzeta. Le da cuenta de la aparición del segundo número de El Guerrillero y comenta las dificultades económicas que afrontan: “Sobre el problema $$ no tenemos por ahora ninguna posibilidad. Para conseguir 1.000 $ que faltaban para sacar el segundo número del periódico, tuvimos que hacer una colecta de relojes y empeñarlos”.

En esta dura etapa de la Resistencia Peronista, la mujeres estuvieron, como siempre, presentes. Muchas de ellas estaban presas, sobre todo las dirigentes del Partido Peronista Femenino, y las que desempeñaban cargos públicos, por la represión posterior a setiembre de 1955. También en la cárcel de mujeres “hubo lío” entre las “duras y las blandas”. Lo cierto es que sobreviven pocos testimonios de valiosísimo aporte de las mujeres en la resistencia. Quedan los nombres de algunas. Marta Cichero recuerda: “Mujeres heroicas como María Elena Márquez, del Comando Coronel Perón, y Lidia Yoda, que con tres puntadas rápidas confeccionaban una sotana en la que se escapaban los refugiados de la parroquia del Padre Benítez en Saavedra y que años más tarde salvarían la vida con sus disfraces a muchos perseguidos del proceso”.

María Granata dirigió el periódico Línea Dura. Marta Cichero recoge su testimonio:Línea Dura se imprimía donde se imprime el diario alemán (…) y todos los que trabajaban en el taller, hasta su jefe, eran peronistas. Yo presenciaba el armado pero como pasaba la policía resolvieron hacerlo de noche (…) Porque Línea Dura era la administradora Malena Legrand (que había sido muy amiga de Evita) y yo”. Malena había propuesto el nombre del periódico, Línea Dura, para expresar su tendencia ortodoxa y combativa. Al periódico lo financiaban los dirigentes gremiales que compraban todos sus ejemplares. “Nosotras no veíamos un centavo. Ellos retiraban de la imprenta una cantidad de ejemplares para su sindicato”.

María Granata, gran narradora, da un tono tragicómico a su constante codearse con el peligro: “Estuve a punto de caer presa por Línea Dura y en la imprenta me propusieron que se armara de noche. Yo necesitaba dar un último vistazo antes de la impresión. La administradora me dijo: “Vos te instalás en un bar y yo voy y vengo”. Era pleno Bajo. Nos instalamos en un bar alemán muy grande y tranquilo. Ella me traía las notas. Había citado también ahí a los dirigentes que venían a buscar la orden para retirar los ejemplares. Malena era un mujer rubia, llamativa. Primero llegó el dirigente de la Juventud Peronista Enrique Ninín, muy joven. Le entregó una cantidad de dinero. Ella salió, fue a la imprenta con él. Tardó unos quince minutos. Después un dirigente de frigoríficos, que puso el dinero sobre la mesa. Salió con él. Y el dirigente petrolero Acero, lo mismo. Al rato volvió. El alemán dueño del bar vino a los gritos a nuestra mesa: – ¡Prostitutas no!”

María Granata, luego de ponderar el modo de trabajo de la Fundación que conoció por dentro, concluye: “Eva era el motor. Si hubiera estado viva encabezaba la revolución social incruenta en la Argentina. Ella es la pasión del Peronismo y sin pasión nada puede crecer y sostenerse”.

Los testimonios que hemos aportado reafirman que, más allá de la ficción intelectualista, el peronismo libera para siempre los caracteres genuinos de la mujer. Y lo seguirá propiciando a través de los tiempos. Siempre a la vanguardia de las gestas de la mujer en su larga lucha por la visibilización y respeto de sus derechos.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba.

Fuentes:

CHÁVEZ, Fermín (comp.), 1996, La jornada del 17 de octubre por cincuenta autores, Buenos Aires, Corregidor.

CICHERO, Marta, 1992, Cartas Peligrosas, Buenos Aires, Planeta.

AA.VV., 1952, Una nación recobrada. Enfoques parciales de la Nueva Argentina, Buenos Aires, Subsecretaría de Informaciones, Presidencia de la Nación.

EQUIPO DE TRABAJO de la Fundación Tiempo Social, 1995, 17 de octubre de 1945. 50 Aniversario, Buenos Aires, Ediciones Historia Viva.

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por Jorge Torres Roggero

1.- La escuela de enfermerasEvita con niños

La práctica feminista de Eva Perón es el modo de formular su firme postura en pos de la liberación de la mujer. Como lo testimonia en su obra escrita y sus discursos, ella leía la realidad con la “inteligencia del corazón”. Para Kusch, el juicio emitido desde el corazón es dos cosas contradictorias a la vez: racional e irracional. Por un lado, es percepción intelectual: dice lo que ve, o sea, es mirada, teoría. Pero al mismo tiempo tiene fe en lo que está viendo. Los operadores seminales permiten dejarse caer en un registro profundo, en la confusa zona en que, por una “especie de coordinación entre sujeto y objeto”, predomina un “sujeto total”. Partiendo de estas distinciones, entre las numerosas realizaciones de Evita, hemos elegido dos: la escuela de enfermeras y el Partido Peronista Femenino.

 El 15 de septiembre de 1950 fue inaugurada la Escuela de Enfermeras. La escuela de enfermeras fue una de las realizaciones más importantes en el vasto programa de acción social de la Fundación “Eva Perón”. La elaboración del plan de estudios corrió por cuenta del Dr. Ramón Carrillo que fundaba su planificación  en tres aspectos: medicina asistencial,  medicina sanitaria y medicina social. Para ello había que curar al enfermo, prevenir las enfermedades  por el control del ambiente y atacar los factores provenientes de la misma sociedad como carencias alimentarias, malas condiciones de trabajo e ignorancia de la higiene, entre otros.

En el “Plan Analítico de Salud Pública”, Carrillo destacaba la función social que debía cumplir una planificación que integrara las diversas ramas de la medicina. Detallaba allí el papel que debía desarrollar la enfermería y la necesidad de una adecuada formación profesional. Sostenía que el país necesitaba 20.000 enfermeras profesionales. Hasta 1947, las enfermeras egresaban de la Cruz Roja y de las escuelas dependientes de las Sociedad de Beneficencia de Capital Federal. Su desempeño dejaba mucho que desear. Y como el peronismo no compartía los criterios de la Sociedad de Beneficencia, planeó transformar estas escuelas e institutos para que respondieran al nuevo proyecto salud pública.

El curso constaba de 12 materias que conformaban el ciclo de grado. En primer año cursaban Anatomía y Fisiología, Semiología, Higiene y Epidemiología, Patología General y Terapéutica, Defensa Nacional y Calamidades Públicas. En segundo año, Primeros Auxilios, Enfermería Médica y Quirúrgica, Obstetricia, Ginecología y Puericultura, Dietética y Medicina Social.

La carrera se completaba con un post-grado de dos años en que las aspirantes debían circular por  prácticas hospitalarias en las siguientes especialidades: Transfusoras, Puericultura, Auxiliares Anestesistas, Auxiliares de Radiología y Fisioterapia, Psiquiatría y Neurología y Secretariado de Sala.

Las alumnas recibían, además, clases de conducción de automóviles, camiones y motocicletas, ya que la Escuela contó con un cuerpo motorizado de avanzada para la época y era necesario que la mujer tuviera destreza en el manejo de esas unidades para no depender de un chofer.

Toda unidad sanitaria de la Fundación constaba de una sección de emergencia provista de motocicletas y hospitales móviles. Cada hospital constaba de diez camas, una cabina quirúrgica y equipos de trasfusión y oxígeno. Poseía, además, ambulancias equipadas para operaciones de urgencia, jeeps con equipos de oxígeno y anestesia, camiones para transportar personal médico o enfermos. Era una utopía en marcha, era la reivindicación de la mujer como sanadora y sostén moral en el dolor.

Para ingresar a la escuela, las chicas debían ser mayores de 18 años y no superar los 35. Si tenían dificultades económicas, recibían un subsidio aparte de todos los beneficios y coberturas que brindaba el internado. Recibían, además, clases de gimnasia. Contaban con amplios comedores y terrazas para esparcimiento. Estaban a su alcance todas las comodidades para cubrir las necesidades de las estudiantes.

En 1951, 2000 alumnas desfilaron con su uniforme de enfermeras. Todo el equipo motorizado se desplazó por las calles de la Capital Federal. El público sorprendido contemplaba una sección de urgencias integrada por perros amaestrados que transportaban botiquines de primeros auxilios para la atención elemental y urgente de heridos.

Las egresadas de la Escuela realizaron su tarea en los policlínicos, participaron junto a la Fuerza Aérea en las campañas contra el paludismo o el mal de Chagas y recorrieron varios países latinoamericanos, y aun europeos, llevando auxilio y solidaridad cuando ocurrían catástrofes.

La enfermeras de la Fundación también participaron en el control sanitario a los participantes de los Campeonatos Infantiles Evita. Si bien los campeonatos en sus comienzos fueron dedicados al fútbol, luego incluyeron atletismo, ajedrez, esgrima, gimnasia, natación, básquet, saltos ornamentales y otros. Frente a un feminismo a veces sólo teórico, no estaría de más considerar el feminismo práctico de Evita: en 1951, por primera vez, se incluyeron mujeres en este tipo de competencias en oportunidad de los primeros Juegos Panamericanos; para 1955 ya competían cientos de mujeres en la especialidad atletismo de los Campeonatos Nacionales Evita.

2.- El peronismo de Evita

El 26 de julio de 1949, en la primera asamblea nacional del movimiento femenino peronista, Evita pronuncia un extenso discurso. Plantea en él una doctrina, una teoría y una práctica desde el género. Pero, además, formula una advertencia para nuestros días: “ Nosotras, las argentinas pertenecemos al mundo y no podemos acariciar el sueño imposible de vivir fuera de él. La interdependencia de todos los países de la tierra se acentúa cada día más y los modernos medios de transporte nos aproximan a las antípodas. Además, las fuerzas de la producción que el capitalismo desenvolvió han rebasado todos nuestros conceptos de estado y nación y nos obligan a una permanente vigilancia de nuestra propia soberanía”.

La fundación del partido peronista femenino, una de las grandes realizaciones de Eva Perón, muestra, como toda política peronista, un enmarque universalista. Las mujeres del pueblo deben saber, en primer lugar, que pertenecen a una Patria cuya soberanía está constantemente amenazada. Y en una patria sometida es imposible cualquier tipo de liberación sectorial.

En 1947, en el diario “democracia”, Evita escribió un artículo titulado “Por qué soy peronista” . Allí decía: “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho: en nuestros días ser peronista es un deber. por eso soy peronista” y agregaba: “soy peronista por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal, por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo”.

En otro artículo, refiriéndose al 17 de octubre, exaltaba la capacidad del pueblo para convertir en positivo lo negativo. El apelativo descamisado “lanzado como insulto, fue recogido como bandera, dejó de significar pobre, mal vestido y se transformó en sinónimo de lucha, de anhelos de reivindicaciones, de justicia, de verdad”. El descamisado pasó a conformar la “vanguardia de la nacionalidad”, entregado a la producción lo mismo en el agro, que en la fábrica o en el taller. Ha roto para siempre las cadenas que lo mantenían en el anonimato social, ya no es un elemento de explotación humana sino factor de progreso que “entierra los conceptos de un capitalismo egoísta y explotador, que fundaba su bienestar en la miseria del pueblo, es un soldado del trabajo, fogueado en las batallas por la independencia económica”. Por lo tanto,  el 17 de octubre significaba: unidad patriótica y reordenadora como sólo habíamos conocido en 1810 mediante una unificación de fuerzas antes antagónicas e irreconciliables. La cuestión consistía en traer a la superficie de nuestra vida común la unidad del pueblo.

 En otro texto, Historia del peronismo, definía al 17 de octubre como una victoria sobre la oligarquía. Pero aparece la palabra miedo, incluso habla del “mayor miedo”. ¿Cuál es? Que la oligarquía pudiera retornar a los mismos peronistas, coparles la mente y el corazón: “le tengo miedo al espíritu oligarca, decía, para ser una buena peronista, trato de ser humilde”. Para eso, es necesario arrojar la vanidad, el orgullo y, sobre todo, la ambición.

¿Qué es el espíritu oligarca? Preguntaba. Y respondía: “para mí es el afán de privilegio, es la soberbia, el orgullo, es la vanidad, es la ambición”. Y añadía: “yo a veces observo que cuando se dicen cosas importantísimas nos las aplauden, si tenemos razón, pero en la práctica hacen, esos mismos que aplaudieron, todo la contrario. Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más”. Y concluía: “El único privilegio y el único orgullo es sentirse pueblo”.

Perón había dicho: “no son los cargos los que dignifican a los hombres, sino los hombres los que honran a los cargos”. Evita es sumamente rigurosa con sus compañeros que ostentan cargos. Consideraba que “el funcionario que se sirve de su cargo es un oligarca”  porque en lugar de servir al pueblo, sirve a su orgullo, a su vanidad y a su egoísmo. Los dirigentes peronistas que forman círculos personales sirven a su egoísmo y a su desmesurada ambición. Esos  no son peronistas, son oligarcas, son ídolos de barro.

Va trazando así una ética del trabajo. Perón considera que su mayor título es haber sido honrado como “primer trabajador”. El más alto cargo de la república pertenece a los trabajadores cualquiera fuera su clase de trabajo. La oligarquía, en cambio, era una  clase cerrada. Nadie podía entrar en ella. Le pertenecían el gobierno, el poder y los honores. Se rodeaban sólo de sus amigos. Por eso los círculos son oligárquicos. Por lo tanto hay que estar en guardia permanente para aplastar y destrozar a esos señores. Cuando todos seamos trabajadores, cuando todos vivan de su propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos y más hermanos.

Los políticos que empiezan a trabajar para ellos se olvidan del pueblo. Mi mensaje está lleno de advertencias terribles y proféticas que se han cumplido hasta el final y se seguirán cumpliendo. Allí asegura que hay que “cuidar” (vigilar, controlar) a los dirigentes: “los pueblos deben cuidar a los hombres que eligieron para regir sus destinos…y deben rechazarlos y destruirlos cuando los ven sedientos de riqueza, de poder o de honores”, “la sed de riqueza es fácil de ver, es lo primero que aparece a la vista de todos”.

Las advertencias también van dirigidas a  los dirigentes sindicales.  A los sindicalistas que defeccionan les dedica las más terribles palabras: “el político que se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso, un dirigente gremial que se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor”

¿Cómo se notaron estas ideas en la vida cotidiana del movimiento? Las unidades básicas fueron reflejos del hogar central que es la patria (“la Argentina es el hogar”, dijo Perón). Eran como un espejo  de cada hogar construido por cada hombre y mujer en una dialéctica en que de lo diferente sale lo nuevo, una práctica que a la vez que es amor y gozosa unión carnal, es recinto de las contradicciones cotidianas. Vamos a recordar, creación ejemplar, la fundación del Partido Peronista Femenino y las características de sus unidades básicas.

3.- El Partido Peronista Femenino

El 29 de octubre de 1949 se inaugura el Partido Peronista Femenino en Capital Federal (Corrientes 938); el 5 de noviembre en La Plata; en ese mismo mes, en San Juan, Formosa, La Pampa, Salta y Córdoba.

Su organización contó con protagónica participación de las “delegadas censistas”. El lema de Evita era: “así como los obreros sólo pudieron salvarse a sí mismos y así como siempre he dicho que solamente los humildes salvarán a los humildes, también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres”.

En una breve digresión, tributamos nuestra recordación a las  delegadas censistas que recorrieron todas las provincias, pueblo por pueblo; y, en su tránsito, iban engrosando la columna de las mujeres peronistas: Catalina Allen (Bs.As.); Teresa  Adelina Fiora (Cap. Fed.); Delfina de Molina (Catamarca); Elsa Chamorro (Cba.); Celfa Argumedo (Corrientes); Juana Larrauri (E. Ríos); María Isabel de Parravicini (Jujuy); Juana María Beraza (La Rioja); Teresa Gibelli (Mendoza); Hilda Castiñeira (Salta); Trinidad Coronel (S. Juan); Blanca Elena de Rodríguez (S. Luis); Luisa Komel (S. Fe); Ana María García Ronzio (Sta. Cruz); Ana Macri (Tucumán); M. I. Solveira Casares (Chaco); Susana Míguez (Chubut); Sara Rodríguez Alderete(Formosa); Matilde Gaete de Iturbe (la pampa); Elena Fornícala (misiones); Clementina Palumbro (Neuquén); María Rosaura Islas (Rio Negro). Ellas formaron el Partido Peronista Femenino.

Eran todas muy jóvenes,  infatigables en la ayuda social y fervientes peronistas “de todas las horas” (como se decía entonces). Fanáticas de la doctrina de Perón, su misión era censar a todas las mujeres que a lo largo de todo el país abrazaban la causa peronista. Provenían  de distintas actividades y grupos sociales: amas de casa, enfermeras, maestras, una abogada. Hasta  una cantante: la famosa Juanita Larrauri

En enero de 1950 se inaugura la primera unidad básica femenina en el barrio de Saavedra ( se llamaba barrio Presidente Perón y había sido construido por la Fundación). Cuando fallece Evita había 3600 unidades básicas femeninas en todo el país. Las integraban mujeres de todas las clases sociales. Unidas por lo social y lo político, conducían a millones de mujeres. Recuérdese que en el Partido Peronista Femenino la participación masculina no estaba permitida. Más aún, los caudillos que intentaron entrometerse fueron expulsados de los estamentos partidarios. Era, exclusivamente, cosa de mujeres. Queda para otra ocasión el relato de los actos heroicos de las “muchachas peronistas” durante la Resistencia.

Las unidades básicas, verdaderos hogares del pueblo, se convirtieron en lugares de múltiples actividades. Eran escuela cívica donde se realizaban ensayos eleccionarios. Incluían, asimismo, aprendizajes útiles para las mujeres: ayuda escolar, alfabetización, corte y confección, danzas folclóricas, juguetería, peluquería, manicuría.  primeros auxilios, decoración, taquigrafía (hoy sería computación). Se prestaban, además, servicios de consultoría: médico ginecológica, jurídica. En las unidades básicas suburbanas se enseñaba el cultivo de la huerta, la preparación de comidas económicas y la utilización de los productos de cada región. Funcionaban el día entero de 8 a 20 horas

Para Evita había conducción en la medida que el pueblo se conducía a sí mismo sabiendo adónde va, qué quiere, qué defiende: “cada uno lleva en su mochila su bastón de mariscal”. Las unidades básicas eran, por lo tanto, totalidades abiertas y flexibles. Eran organizadas; pero, sobre todo, orgánicas, es decir, cuerpos vivientes. Su tarea fundamental era la difusión doctrinaria y la propaganda de la obra de gobierno. Trabajar, aprender, enseñar, era un modo de  practicar la doctrina. Pero la práctica, a su vez, comprendía una ampliación de la conciencia. Por eso estaban siempre llenas de mujeres y de niños (únicos privilegiados).

Las mujeres aprendieron a pegar afiches, a decir discursos. Su ejemplo y modelo era Eva Perón. Se cumplían, entonces, a rajatabla, los sencillos apotegmas peronistas que todavía llenan de contenido, fe y esperanza a muchos compañeros.

 4.- El realismo feminista de Evita

La doctrina no se enseña, se inculca con el ejemplo. La doctrina no se estudia, se siente,  y se comparte. Todo se puede compartir: el hambre, la pobreza, la injusticia; pero el hambre no se refiere solo al pan, sino a la lucha para organizar la libertad.

Por eso la unidad básica concebida por Evita era un reflejo de la casa grande y incolonizable de la cultura popular de la argentina criolla preexistente en que lo imprevisible está al orden del día. A lo mejor, tanto peronistas como no peronistas, podrían concertar en base a esos sencillos  acuerdos fundamentales.

Para eso hay sostenerse en una doctrina,  en un proyecto estratégico y debatir la conducción política para no reproducir la sociedad uniformizadora mundial, masificadora, unilateral, que sólo provee una ilusión de libertad. Evita consideraba que se vivía una edad sombría y que otra vez las madres salvarían al mundo porque ven con los ojos de amor: son portadoras de la inteligencia del corazón.

Advertía, entonces, sobre ciertas degradaciones  de la  mujer. En primer lugar, la vida social. Para ciertas mujeres el hogar es lo secundario y lugar de una vida sin objetivos. Las “mujeres de sociedad” ( las clases altas) viven llenas de pequeñeces, mediocridades y mentiras. Para ellas  lo principal son las fiestas y reuniones. La vida social, entonces, no representa la cultura del pueblo. Se dice “bien”, “culta”, recibe en su seno a escritores, pensadores,  artistas, poetas: pero “creo, como que hay sol, que la vida social, así como la sociedad aristocrática y burguesa son dos cosas que se van…”

En segundo lugar, Evita nunca acordó con el feminismo de las intelectuales. Tanto desde la izquierda, como desde la derecha, se habían opuesto a la política peronista a favor de las mujeres humildes del pueblo. Objetaban no sólo el voto femenino, si no la ayuda social provista por la Fundación a las empleadas, a las mujeres explotadas. Era un feminismo no inclusivo y elitista (Victoria Ocampo polemizaba con Evita): quedaban afuera las “lumpen”, las “sin conciencia”. Por eso Evita le teme a la parodia de lo masculino: “ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así…que por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo…mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres”, “parecían estar dominadas por el despecho de no ser hombre, más que por el orgullo de ser mujeres”. Con el advenimiento del peronismo, pensaba Eva, la situación de las mujeres había cambiado. Ahora eran parte de la lucha sin cuartel “contra los privilegios oligárquicos”. Más aún, las mujeres eran la “fuerza moral” del pueblo porque eran el sostén del hogar y ¿qué era la patria sino un gran hogar? El Partido Peronista Femenino se organizaba a partir de una doctrina y una causa. La mujer actuaba en política, participaba, elegía y era elegida. Debemos reconocer que el feminismo se mantuvo al margen de estas actividades y aún hoy le cuesta aglutinarse como fuerza política.

En resumen, las ideas que Eva transmitió a las mujeres giraban en torno a la necesidad de organizarse y unirse en torno a algunos puntos básicos: a) Organizarse alrededor de la doctrina y de la causa peronista; b) Partido independiente del de los hombres; c) Objetivos: redimir a la mujer; d) Independencia de criterio y de acción; e) La mujer es para la acción; f) Donde está la mujer está el hogar; g) Vale más capacitar, instruir y educar a una mujer que a un hombre; h) Sólo las mujeres salvarán a las mujeres; i) Consolidar la unidad; j) El primer trabajo: levantar un censo de las mujeres peronistas.

Aunque no era madre carnal, Evita portaba la fuerza simbólica de las madres y se consideraba madre del pueblo. Para el peronista las madres del pueblo son protagonistas esenciales en la construcción de una sociedad liberada. Evita había advertido la incipiente falta de conciliación entre la necesidad de ser esposa y madre con la necesidad de derechos como persona humana. Le parecía inconcebible “que solo acepten constituir un hogar verdadero (no medio hogar o medio matrimonio) las mujeres menos capaces…las que no encuentran fuera del matrimonio y del hogar otra solución  “económica” que sustente sus derechos mínimos.” “Así descenderá –postulaba-  la jerarquía de la madre de familia y solo las “tontas” quemarán las naves casándose, creando un hogar, cargándose de hijos”. Advertía que asistimos a una quiebra de los valores morales y sentenciaba: “ no serán los hombres quienes los restituyan a su antiguo prestigio…y no serán tampoco las mujeres masculinizadas. No. ¡serán otra vez las madres!”

La vida moderna, sostenía, impulsa a que millares de mujeres abandonen, día a día, el campo femenino. Se ven impulsadas a vivir como hombres, trabajan como ellos, los sustituyen en todo. En consecuencia, “No se resignan a ser madres o esposas”.

En este punto, Evita entona una alabanza a los hogares del pueblo cuyo centro es la mujer. “Nacimos -asegura- para constituir hogares”. Es un destino que conlleva una misión. Es  cierto, pensaba, que de la profesión de mujeres no se puede retornar: “En las puertas del hogar termina la nación entera y comienzan otras leyes y otros derechos…la ley y el derecho del hombre…que muchas veces sólo es un amo y a veces también….dictador”.

La madre  “es el único trabajador del mundo que no conoce salario, ni garantía, ni respeto, ni límite de jornadas, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelga de ninguna clase”, “.

Proponía que, así como el país debe tener independencia económica, así la mujer también debe tenerla para dignificar su trabajo y elevar su cultura social. Por eso propone el sueldo para las madres, con aumento por cada hijo y mejoras por viudez. Es una significativa propuesta que Evita consideraba tan adelantada para su tiempo que todavía no era prudente promover esa ley. Ya había recibido el embate de las mujeres de la “vida social” y de las “feministas intelectuales” cuando logró el voto femenino y el acceso de las mujeres a los cargos electivos.

Para el peronismo la palabra “hogar” está cargada de vivencias y profundos simbolismos. El hogar, es como el fogón: un centro que emana luz y calor. Donde se armonizan los contrarios. Es el seno materno, el cobijo en el desamparo, el lugar donde padre y madre anulan sus contradicciones. En la era oligárquica,  época de las sociedades de beneficencia, había orfanatos, casas cuna, reformatorios. Todas expresiones de una sociedad egoísta, individualista, y fundada en la explotación y la injusticia social. Por eso las creaciones de la Fundación Eva Perón se llamaban “hogares”: hogares escuela, hogar de la empleada, hogares de tránsito, hogares de ancianos. Y las ampliaciones del hogar, las ciudades: ciudad infantil, ciudad estudiantil, ciudad universitaria, ciudad-hospital. Evita quería que los dolientes, los excluidos, disfrutaran las comodidades, la calidez, el amor y la solidaridad del hogar. Todo era de primera calidad: desde la utensilios hasta el trato, la visión cultural y la asistencia.

La profundidad de la poética del hogar culmina con la definición del general Perón: la patria es el hogar. En el discurso del 1° de mayo de 1974 ante el Congreso de la Nación, hablando del continentalismo como etapa del universalismo, recurrió a la poética del hogar: “Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar” Esto armoniza con la  alabanza de Evita a los hogares del pueblo, sedes de creatividad y alegría de ser: “la mujer auténtica vive el pueblo y va creando, todos los días, un poco de pueblo”. Por eso es la “creadora de la felicidad del pueblo”.

Jorge Torres Roggero, Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba

FUENTES:

Bianchi, Susana y Sanchís, Norma, 1988, 2 volúmenes, El Partido Peronista Femenino, Buenos Aires, CEAL

Chávez, Fermín, 1984, Perón y el Justicialismo, Buenos Aires, CEAL

Demitropulos, Libertad, 1984, Eva Perón, Buenos Aires, CEAL

Dos Santos, Estela, 1983, Las mujeres peronistas, Buenos Aires, CEAL

Perón, Eva, 1987, Eva Perón habla a las mujeres, Lanús, Editorial Volver.

Perón, Eva, 1987, Eva perón habla. Patria. Pueblo. Recuperación, Quilmes, Edit. Volver.

Perón, Eva, 1985, Discursos Completos, tomo I, 1946/1948, tomo II: 1949/1952, Buenos Aires, Editorial Megafón. Consúltese también La Razón de mi Vida; Historia del Peronismo; Por qué soy peronista y Mi Mensaje, todos con varias y distintas ediciones.

Perón, Juan Domingo, 1976, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Sin indicación de lugar,  Ediciones del Modelo Argentino

Jauretche Filo contrafilopor Jorge Torres Roggero

1.- Moral nacional y “moralina” doméstica

Leo en Hoy Día Córdoba (04/10/2018) que el NewYork Times atribuye la fortuna de Trump a un fraude. Amplias investigaciones sobre archivos y declaraciones impositivas permiten asegurar que Trump y sus hermanos crearon una empresa falsa para esconder millones de dólares procedentes de sus padres e incluso desvalorizaron enormemente los activos del negocio inmobiliario heredado para evitar pagar impuestos cuando se hicieron cargo de la empresa.

Esto me hace recordar viejas lecturas: 1) Por un lado, las biografías de los grandes magnates en que astucias, agachadas y estafas son consideradas parte del heroísmo capitalista y del culto al dinero como un dios; 2) Por otro, la reverencia y admiración que se prodiga a esos personajes desde el pensamiento colonizado. El colonialismo mental nos domina de tal modo que los elevamos al sitial de paradigmas y los convertimos en objeto de culto. En resumen, la corrupción y la guerra son implícitas a la matriz capitalista. Fueron, son y serán el motor del dominio de Occidente sobre el resto del mundo o, mejor dicho, de los países medularmente colonizados como el nuestro.

Es aquí cuando me acuerdo de un texto de Jauretche publicado en Santo y Seña,  junio de 1962. Se titula “Moral nacional y “moralina” doméstica”. En esa época, desde las usinas psicológicas de la así llamada Revolución Libertadora, estaba de moda atribuir el robo del “oro que colmaba los pasillos del Banco Central” a Perón y al peronismo. Jauretche hace notar cómo los verdaderos escándalos eran callados por los grandes medios de la época, pero el desliz de algún coimero peronista cobraba ribetes apocalípticos.  Ya en 1956, en lo más duro de la represión y el oprobio, Jauretche había publicado en El 45, periódico clandestino, su poema “Oración por diecisiete almas” en homenaje a los presos peronistas del reabierto presidio de Ushuaia: “La inmensa multitud que se redime/ en su propio dolor de sus pecados,/ que tiene asco de vosotros: ¡Santos/ con el libro y el látigo en la mano;/ soberbios al pecado de los nuestros/ y al pecado extranjero arrodillados”.

Ahora recuerda que gracias a los verdaderos escándalos de la Década Infame como el revalúo preventivo de Federico Pinedo (¿abuelo de un senador actual?),  la sanción del Estatuto Legal del Coloniaje y los mega-negociados de ANSEC Y SEGBA,  Argentina llegó a ser considerada (en boca de nuestro vicepresidente de entonces), “como parte del Imperio Británico”. Más aún, un funcionario británico completó el concepto: Argentina era “la más hermosa perla de la corona”. Jauretche recuerda, asimismo, algunas “hazañas” de la Libertadora, entre ellas, la restauración del grupo Bemberg y la destrucción de la fábrica Mercedes Benz para después importar ómnibus de Brasil (donde recibieron la empresa); y la entrada, mucho más gravosa de las fábricas norteamericanas de automóviles. Eso no provoca escándalo, dice. No gozan del favor ni del pavor de la gran prensa, ni motiva la agitación de las agencias de noticias. Menos aún el alboroto de las cotorras de la política y la cultura.

2.- Vida, pasión y muerte del avivado criollo

Escuchemos un instante a Jauretche y padezcamos la rotunda actualidad de lo proferido en 1962. Salvo ciertas expresiones de época, siglas de oprobio o liberación (hoy desconocidas y ya perimidas para la mayoría), Arturo Jauretche parece estar presentando sucesos actuales. Es que escribió estas cosas durante, o en los tiempos inmediatos, de la Revolución Libertadora. Y ese fue un intento genocida, violento, de complicidad entre políticos y jueces, de restaurar a sangre y fuego la “república racional” y oligárquica, de sepultar bajo una parva de represión y mentiras al pueblo peronista y sus conquistas. Pero, oigamos un eco de sabiduría jauretcheana:

 “No provoca escándalo tampoco entregar todo el manejo de la producción rural argentina a los consorcios exportadores extranjeros. Se arma escándalo precisamente para tapar esto o para impedir aquello. Es escándalo que un comerciante haga una diferencia en un negocio con el IAPI y es coima. Si Bunge y Born, Dreyfus, etc. se quedan con todos los negocios del IAPI y con el de todos los productores es simplemente negocio; y acto de gobierno y libre empresa el que despoja a los productores de su ganancia y al país del precio internacional verdadero.

“El escándalo ocurre cuando un criollo o turco o judío local se arma de unos pesos. Nos han enseñado que debemos imitar el ejemplo de los Rockefeller, de los Morgan, de los potentados anglosajones, que como se sabe empezaron vendiendo diarios, que parece es un condición indispensable para llegar a millonario. Pero cuando algún enfermero, botellero, o cualquier clase de avivado criollo empieza a levantar cabeza, todo el mundo se indigna recordando que ha sido enfermero o botellero, y se pone a descubrir cómo hizo la plata y con qué ventaja. No se ponen a averiguar cómo la hicieron los Rockefeller y los Morgan, que no fue atando perros con longanizas. Es cierto que la guaranguería del enriquecido favorece el escándalo, porque empieza a aparecer con coches coludos, y con el consabido leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero. Esto provoca la reacción indignada del que tiene plata de antes, lo que no quiere decir que el padre no haya sido un botellero…”

3.- Razonamiento tilingo, prensa vendepatria y “embajador borracho”

Jauretche aporta, para seguir pensando esta cuestión, dos ejemplos. En el primero, un intendente peronista premia a una chica muy pobre del pueblo que se había recibido de maestra: le consiguió trabajo y, como no conocía Mar del Plata, le tramitó un pasaje y una estadía en el balneario a través del turismo social. Años después, se encuentra con la madre de la maestra y le pregunta si ese verano “ha ido la nena a Mar del Plata”. La madre responde: “No, ahora va a Punta del Este. A Mar del Plata va cualquier clase de gente”. Y Jauretche nos da otra lección actual: “Esto lo cito para que se vea que los tilingos andan por todas partes (…) Cualquier guarango botellero, una vez que se “para”, ya empieza a razonar como tilingo y a despreciar a los que vienen atrás. Y a pensar como si lo hubiera heredado”.

El segundo caso tiene que ver con el escándalo y la prensa vendepatria. Sucedió durante el gobierno de Perón. Quiere que los peronistas aprendan y no “entren” cuando arman el escándalo. Sucede que en la India había un impecable embajador sanjuanino, el doctor Tascheret. Un inglés “lo agredió primero verbalmente y después físicamente” en un gran hotel. Las grandes agencias internacionales desfiguran el episodio. Presentan al embajador borracho y en un centro de diversión equívoco. Los diarios locales reproducen la información con grandes titulares y extensos detalles. También la cadena oficial.

Resultado: el embajador es llamado y apartado de su carrera diplomática sin más trámite. “Dos años después, un funcionario de la embajada argentina en la India, testigo del hecho, fue trasladado a Sudáfrica, y allí tuvo la oportunidad de reconocer al agresor en un alto personaje de los servicios de inteligencia de Gran Bretaña”.

“¿Qué había pasado? Sencillamente, que entre las importaciones “tradicionales de la Argentina, un renglón muy importante, el yute de la India, era utilizado por el comercio británico como uno de los medios de pago de nuestra producción. Tascheret, en tratativas directas con el gobierno de la India, había logrado vencer enormes obstáculos (…) y tenía en trámite muy adelantado un convenio de trueque de yute por productos argentinos. Esto significaba la apertura de un mercado directo para nuestra producción y la eliminación de un intermediario, que gravitaba en dos costos: venta y compra”.

Allí estaba la causa del escándalo: fue el último recurso para eliminar a un embajador que estorbaba. Mientras tanto, los tilingos argentinos, incluyendo a los peronistas, hicieron juego al escándalo. Fue así como, por la supuesta “mala conducta” del embajador, “perdimos junto con el mercado comprador de la India, la importación directa del yute que necesitábamos”.

4.- La corrupción y la política del escándalo: la cuota de inmoralidad

Llegamos así a ciertas conclusiones. Pedimos al lector que cuando vea el noticiero, prenda la radio o lea los titulares de los diarios, medite, una y otra vez, estas actuales reflexiones de Arturo Jauretche que van limpitas, sin interferencias. Si se les llegara a ocurrir que fueron escritas ahora y no en 1962, les “cliqueo” un “like”:

“Desarrollar el país implica aceptar que los negociados se hagan aquí y que sus beneficiarios sean locales. Es la cuota de inmoralidad que se paga pero no implica que la inmoralidad no existiera antes de esa prosperidad. Se trata de que es visible cuando los beneficiarios están a la vista, son personas de carne y hueso, que conocemos, y que el mecanismo de la inmoralidad internacional tiene interés que se pongan en evidencia”.

“Una sociedad de peones, la única inmoralidad que puede tener es la inmoralidad de los peones, que puede ir de lo sexual al pequeño hurto, pero no conoce la inmoralidad de los negocios, y a lo sumo conoce la del comisario que se traga dos vigilantes o del tinterillo que cobra coima por un trámite. Entre tanto, la inmoralidad vinculada con la expoliación del país pasa desapercibida, y nadie grita, por la inmoralidad de los tradicionales, y sobre todo cuando son extranjeros y tienen sus sedes en el exterior; nadie la percibe y el mecanismo de la publicidad está organizado para silenciarla”.

“Todo el mundo conoce a los políticos que viven del escándalo local. Es raro que griten contra esos mecanismos internacionales, pero son los mejores instrumentos para salirles al cruce a los competidores criollos. Algunos son de absoluta buena fe, hombres honrados, pero cuya capacidad mental no les permite superar la visión de la honestidad que no se refiera a una honestidad de vigilantes y ladrones. Otros son “declassés” sociales, que tienen todo el prejuicio de las viejas clases para los que vienen de abajo, y les retuerce el hígado la insolencia de los guarangos enriquecidos que pasan delante de ellos.”

A esas denuncias, sostiene Jauretche, los grandes medios de comunicación las amplifican y le dan resonancia. Pero intensificar el escándalo tiene un solo objeto que, a veces, hasta el enjundioso denunciante ignora: “Evidenciar el escándalo doméstico. Los pesos que gana, honradamente o no, cosa que en el comercio no es muy fácil precisar, alguien, algún piojo resucitado, y que antes ganaba el mecanismo exterior de dominio de nuestra economía, o simplemente porque perturbaba la estructura organizada para impedirnos que comerciemos como le conviene al país”.

Jorge Torres Roggero

Córdoba, 04/10/2018

Fuente: Jauretche, Arturo, 1974, 3ª.Edición, Filo, contrafilo y punta, Buenos Aires, A. Peña Lillo Editor S.R.L.

por Jorge Torres Roggero

1.- ElTapa del Libro simbolismo intelectual de la guerra

“Desde findes de 1955-les dije-, con un pueblo en derrota y su líder ausente, soy un desterrado corporal e intelectual”. Pero no sólo se trataba de un pueblo sumergido y una legión de “muertos civiles”. También vociferaban los ametrallados de José León Suárez y la sombra terrible de Juan José Valle.

La novela Megafón o la guerra de Leopoldo Marechal, como las grandes obras de la literatura universal, conlleva un mensaje iniciático que sólo será develado a los que se “rompan los dientes” mordiendo la dura cáscara de sus símbolos. En su plurivocidad, también puede ser leída como un precioso y complejo Arte de la Guerra. Una especie de hilarante tratado, un irreverente Sun Tzu criollo, un manual de resistencia integral.

La acción pura – postula L. Marechal – “es una energía ciega que se destruye a sí misma cuando no recibe y acata las leyes de un principio anterior y superior a ella, capaz de darle un sentido y un fin”. Megafón, su novela testamento, escrita de acuerdo con el ritmo épico de la rapsodia y organizada según “el simbolismo intelectual de la guerra”, presupone una didáctica de la “acción”. Es un tratado del soldado y su gesta en busca de una potencia oculta, de ciertas cualidades viriles integradas que obligan respecto a un preciso deber cuyo centro decisivo es una espiritualidad comprometida con la trascendencia, pero no abstraída de este mundo o patria.

La guerra es figura del devenir. Si bien su campo es lo histórico y contingente, no es menos importante su potencia simbólica, su capacidad de constituirse en soporte de una preparación ascética para la realización no de una expiación o castigo, sino de una purificación en vistas de lo no contingente e inmóvil: la eternidad.

Ahora bien, de acuerdo con un pensamiento no lineal que admite la posibilidad palingenésica, un final de ciclo es representado como una “edad de hierro” cuya “anormalidad” consiste en que el coraje se ha convertido en fuerza armada; la aventura heroica, en orgullo y violencia; y la mujer, de acuerdo con la construcción de los medios y el “marketing”, en seducción y fuerza succionadora del principio más profundo de la virilidad. Deberá entenderse, por supuesto, que la referencia a lo femenino y lo masculino no está planteando en manera alguna una cuestión de género. Se trata de dos principios que aquí funcionan como organizadores de la realidad en tanto manifestación de la unidad en la multiplicidad. Constituyen por lo tanto el soporte verbal de un haz de significaciones (el haz de lo posible) muchas veces contradictorias. Marechal construye, entonces, un héroe que marcha al rescate de la mujer sin cabeza, principio vivificante, portadora de una vida que transfigura y libera al ser. El guerrero, tropos del principio viril, no pierde su modo de significar; y su tarea heroica en pos de la Mujer Escondida, configura la búsqueda, en una época de ocultamiento de la realidad principial, de la potencia que ya no posee.

Dentro de las múltiples lecturas de estos operadores geotextuales, que abarcan tanto lo contingente como lo no contingente, no se puede prescindir de algunos aspectos de la realidad textual: las rapsodias que organizan la novela relatan, con referentes precisos y reconocibles, los avatares de una Patria Terrestre que ha perdido “su hombre” y que espera ser liberada por un héroe (no necesariamente individual) capaz de reconquistar el estado primordial mediante la superación de pruebas que le permitan alcanzar una integración en que la calidad viril es, a la vez, potencia y conocimiento.

La guerra propuesta por Marechal es una guerra integral, cualquiera sea el plano o zona existencial en que se libre. Lo que en sentido cósmico es lucha entre luz y tinieblas, será, en un plano espiritual, contradicción entre Lucía (luz, sumo bien y belleza) y Tifonéades (Tifón, gigante derribado por el rayo jupiterino y dios del mal en Egipto); entre Patricia Bell (patria guerrera, Belona) y un patriciado infiel a su destino; entre un “pueblo sumergido” y unos «figurones externos».

El campo de batalla abarca, en Megafón (Marechal: 1970), todos los dominios de la realidad: «Erase un barrio, una ciudad, un país o un mundo» (91). Dicha multiplicidad espacial puede comprender, asimismo, un microcosmos y su compleja trama interior.

Por otra parte, toda guerra actualiza un tiempo que se concreta como historia argentina, o sea, historia de un barrio, una ciudad, un país y un mundo.

La guerra es, por lo tanto, una entrada en la historia, pero también una salida de ella. En cuanto guerra terrestre, es una guerra material por la posesión del soporte único y capaz para el salto a la trascendencia, es la “pequeña guerra santa”. Pero “la gran guerra santa” o “batalla celeste”, es la que libra el héroe contra sus enemigos interiores, contra los poderes de dispersión de su potencia. Una guerra será «santa», y en consecuencia necesaria, si se libra para reconstruir una unidad perdida, para reducir un desorden introducido desde afuera a un orden crecido desde adentro. Ahora bien, si la Patria, cuyo símbolo es la víbora, se manifiesta en el siempre indeciso suceder, la guerra configura, llegado cierto punto preciso e inexorable, su único modo de existencia, su manera de soltar la pelecha muerta.

La guerra santa, deber ambicionado, es el geotexto organizador de Megafón e ilumina su carácter de novela estructurada de acuerdo con un encadenamiento de oposiciones binarias. En el suceder, siempre se texturan contradicciones, siempre fulgura un amasijo de pugna/abrazo: oposiciones y complementación. (Vide: Cirlot (1978), Perón (1971); Andrés (1968).

Lo que sigue es apenas un esbozo descriptivo de algunos de estos elementos antagónicos que, al final, se resuelven en una reconstrucción de la unidad perdida; en una desconstrucción de la pseudo-unidad cristalizada en inmovilidad impuesta desde afuera y en una necesidad de recomenzar la guerra santa. Consideramos, entonces, algunos aspectos del introito o entrada de la novela.

Tesler es el que profiere, el profeta de la guerra santa, el que anuncia la liberación de la vida ordinaria tanto del individuo como de la patria. No es casual que Marechal, llegado a este punto, articule sus oposiciones en base al Salmo 136: se oponen en él, Sion, la ciudad verdadera y llorada; y Babilonia, la ciudad prisión y opresora.

Son los oprimidos quienes guardan el secreto de la verdadera vida y es el opresor (que al oprimir se pierde a sí mismo) quien pide el canto del oprimido: “cantad para nosotros cánticos de Sion”. Tesler marca la aparición del misterio tremendo, de la dimensión apocalíptica de la guerra. Una guerra designa, por un lado, la culminación de un mundo (de un estado de cosas) y, por otro, el comienzo de cielos nuevos y nueva tierra tras una lucha de fuerzas espirituales, cósmicas y sociales. Claro que Marechal, tal como corresponde a un hombre de hierro que yace en tinieblas y sombras de muerte, encubre el logos palaiós con un velo de humor. Jonás ya no saldrá por la boca, sino por el culo de la ballena y la fe implícita a veces adquiere un tono de pregunta: “Y escudriñando la caja trasera vio que Jerónimo Capristo dormía ya en el sueño de los hombres, el de los faunos o el de los ángeles. ¿Qué sabíamos?”.

2.- La Víbora y sus dos peladuras

La paleoargentina (la Argentina oligárquica) ha cumplido su ciclo. De acuerdo con el simbolismo de la víbora y sus dos peladuras desarrollado en Megafón, la oligarquía o “paleoargentina”, es la vuelta de espiral que ya terminó su recorrido, es un círculo cerrado. Y todo “círculo cerrado”, decía Evita, es oligárquico.

Esta es la parábola de la víbora y sus dos peladuras: “Esos fantasmas reencarnados, expuso él, constituyen ahora la exterioridad visible del país. Juran hoy en la Casa Rosada, luego dibujan su pirueta en el aire bajos reflectores, caen al fin reventados como títeres en el suelo para ceder su lugar a otros fantasmas igualmente ilusorios que juegan el destino del país en un ajedrez tan espectral como ellos. Oiga, ese cascarón fósil es la peladura externa de la Víbora.” – “¿Y quién es la Víbora?”, inquirí en mi falso desconsuelo. –“La Patria”, dijo Megafón. – “¿Por qué una Víbora?”- “La víbora es  una imagen del ‘suceder’: enrosca sus anillos en un árbol o se desliza por el suelo; clava su colmillo en una víctima, se la engulle y duerme luego su trabajosa digestión. Y la Patria o es un ‘suceder’ o es un bodrio”. –“¿Y cuál es la otra peladura de la Víbora?”. –“Usted habló recién de un pueblo sumergido, y yo diría que la verdad es más alegre. Cierto es que su vieja peladura lo ciñe y ahoga exteriormente; pero la Víbora ya construyó debajo su otra piel. De modo tal que ahora, mientras los figurones externos consuman la muerte de una dignidad y la putrefacción de un estilo, la piel interna de la Víbora quiere salir a la superficie y mostrar al sol sus escamas brillantes. ¿Entiende?” –“El contraste entre las dos peladuras, insistió él, fue para mí una Segunda Incitación a la Guerra.” –“¿Usted medita una guerra?”, le pregunté sin ocultarle mi asombro. –“Estoy planificando una guerra”. – “¿Con qué fin?”- “Es necesario que la Víbora suelte ya su inútil pelecho de fantasmas”.

Volví a inquietarme. “- “La guerra es hermosa cuando es necesaria”, les advertí. –“¿Y le parece que no se está dando su “necesidad” ?, repuso Megafón. –“¡La Víbora y sus dos peladuras!”, me recordó Patricia con urgencia. –“¿Quién es la Víbora?”, les volví a preguntar. – “¡La Patria!”, dijo ahora Patricia Bell.” (p.16,17)

 La neoargentina arranca, en el punto exacto donde concluyó la otra. El pueblo, fuente viva, es una espiral abierta y creciente. Pero la guerra es necesaria, porque la oligarquía aún se resistirá y como en su fase final sólo estará sostenida por aliados exteriores y mercenarios de adentro, la batalla contra la oligarquía será una guerra santa, una defensa de la propia identidad para lo cual habrá que estar calificado para un largo ayuno de poder, de riqueza o de brillo académico prestado. A esto Marechal lo escribía en 1970; hoy nadie podría negar que su profecía se ha cumplido puntualmente: mientras la oligarquía tema al pueblo, el pueblo deberá beber esta contingencia hasta sus últimas heces: “Parecería evidente -le dije- que todo lo popular le afectaba y le afecta el miocardio. Lo que aseguro es que a otro coletazo del Gran Oligarca se debió la historia reciente de Juan Domingo y aún se resistirá ¡no lo dude!, mientras un aliado interior y otro exterior lo sostenga por sus agallas” (p. 161).

Por las agallas o por la literalidad, la momia oligárquica es sostenida desde afuera. ¿Cuál es el modo de plantarse ante ella?, ¿Como el pampa Casiano o como el correntino Berón?

Casiano, indio aculturado, cicerone entre cosas definitivamente muertas, representa la expansión de la mentalidad oligárquica que convierte a los argentinos en mestizos vergonzantes: se llega a tener vergüenza tanto del abuelo indio, como del abuelo gringo, o “turco”, o “gallego”. El miedo a ser “lo que se es”, ha empujado al argentino a engrosar la innumerable procesión de los marginados del mundo. El correntino Berón, haciéndose la señal de la cruz, recrea el mundo.

Por supuesto, habrá que tener en cuenta que lo “farsesco” es un encubrimiento de los mensajes secretos latentes. De ahí el juego permanente con desplazamiento entre lo sublime y lo ridículo. La Rapsodia III, por ejemplo, comienza con una alusión a Lucía Febrero (sublime), y se va deslizando hacia lo ridículo; la Rapsodia IV, en cambio, comienza con una desublimación de las Musas y se va deslizando hacia lo sublime (Lucía Febrero). Este deslizarse entre dos polos “pero con una simetría no fácil de alcanzar y rigurosamente necesaria” reubica al lector en el comienzo: la realidad es una, y única; cualquier desequilibrio o desorden produce contradicciones y enfrentamientos entre sus polos. Será, entonces, necesaria la guerra, como lo supieron y padecieron Juan José Valle, los fusilados de José León Suárez y todos los combatientes de su estirpe.

En realidad, Marechal no es un desubicado en perplejo vaivén entre lo “concreto” y lo “universal”: su comarca (su espacio-tiempo) es lo concreto y universal. Tal lo que emana de su postulado fundante: la realidad es una sola y son múltiples sus manifestaciones, todas necesarias, contingentes y en continuo devenir. En otros términos, amplía el campo de la realidad que abarca no sólo lo que ya se ha convertido en hecho sino también “el haz de lo posible”. La historia profana es así un discurso real cuyo significado pleno puede ser cumplido en el contexto de la historia sagrada o total: “La metafísica no es un flato poético de la imaginación ni un eructo grave del sentimentalismo: es la ciencia exacta de la posibilidad absoluta y de la imposibilidad de lo imposible”.

Los argentinos, en su corto bien que trajinado trote histórico, han rezumado suficiente sudor y sangre como para comprender sus contradicciones. O el pueblo despliega su parábola, se proyecta hacia un fin de acuerdo con un principio, y acepta lealmente el destino que le toca jugar; o será movido como marioneta por el autor de un sainete en que representará la víctima ridícula de un pneuma sin Pneuma, es decir, de la literalidad o alienación: “Un pneuma sin Pneuma sopla donde quiere Tifonéades el Griego, un palurdo que se agita en la más triste literalidad”.

Megafón, cansado de roer simbolismos “que tienen dura la cáscara y el jugo difícil”, ha decidido “agarrar el toro por las guampas”. Porque no se puede “jugar un juego” con los símbolos: hay que lastimarse las manos para cortar el higo maduro.

«Porque hay símbolos que ríen y símbolos que lloran. Hay símbolos que muerden como perros furiosos o patean como redomones, y símbolos que se abren como frutas y destilan leche y miel. Y hay símbolos que aguardan, como bombas de tiempo junto a las cuales pasa uno sin desconfiar, y que revientan de súbito, pero a su hora exacta. Y hay símbolos que se nos ofrecen como trampolines flexibles, para el salto del alma voladora. Y símbolos que nos atraen con cebos de trampa, y que se cierran de pronto si uno los toca, y mutilan entonces o encarcelan al incauto viandante. Y hay símbolos que nos rechazan con sus barreras de espinas, que nos rinden al fin su higo maduro si uno se resuelve a lastimarse la mano» (El Banquete de Severo Arcangelo: 1965, 258).

Se plantea así una poética geotextual en que el lenguaje de los símbolos se cierra para el que no se compromete. Los símbolos enmudecen si no son vividos. Vivirlos significa recorrer realmente un laberinto o librar una batalla históricamente determinada. Por lo tanto, el núcleo o sentido profundo de Megafón encandila en el recinto final de Lucía Febrero. Dicho recinto o claustro es figura de la indeterminación absoluta cuyos atributos son el silencio y la noche. En la silenciosa noche (o caos primordial) sopla el espíritu. Esplenden los gérmenes de la luz y de la música. Lucía, fiat lux, es la manifestación primera de la inteligencia creadora, es logos en descenso y por eso está encadenada: “Entonces los maravilla el silencio y la noche que parece reinar en ese claustro: es un silencio en el que, no obstante, parecía bullir en germen toda la música posible; y es una noche que, sin embargo, parecería gestar en su vientre redondo todas las posibilidades de la luz. Y justamente allí, en el área central de aquella noche y aquel silencio, Megafón distingue ahora el pedestal en que se yergue ahora la Mujer Encadenada”.

Aunque caída en la materia manifestada, es el reflejo corpóreo de la Eva primera; por eso “es un canto de libertad y una risa de libertad y una danza caliente de libertad”. Lucía, luz primera, es el don que el héroe conquistó con su muerte: “Y es aquí donde Megafón, que ha triunfado, recibe de la Novia primero “la mirada”, en seguida “el saludo” y finalmente “la voz”.

Queda así revelado el misterio del nombre Megafón: os magna sonaturum. La redención es un canto de alegría, pero también una paradoja viviente ya que es el fruto de un sacrificio (sacrum facere). En tanto conciencia, Lucía crece y seguirá creciendo en la voz de Megafón; y, en cuanto ningún hombre es libre de una vez y para siempre, seguirá siendo una meta. En alguno de los tres mundos (corpóreo, psíquico o espiritual) que integran Buenos Aires, la Ciudad de la Paloma (o del Espíritu Santo) Lucía espera a los buscadores de la luz: “Al cerrar mi novena rapsodia, también doy fin al relato de los hechos que atañen a la Novia Olvidada y al Amante Perdido cuya leyenda no termina aquí. Tres mundos en superposición o tres barrios en escalada integran a Buenos Aires la ciudad de la paloma. En alguno de los tres vive aún y vivirá Lucía Febrero al alcance de los poetas que la busquen…”

3.- La encuesta del falo perdido

Megafón muere triunfante, es decir, liberado. Un hombre en lucha permanente por liberarse convierte su muerte en una abertura a lo posible, a las futuras batallas: “El fondo concreto de la gesta megafoniana está hoy, según dicen, en dos organismos iniciáticos que se ocultan uno en Villa Crespo y el otro en San José de Flores. Al parecer el de Flores consagra sus esfuerzos a estudiar la doctrina en todos y en cada uno de sus matices; y el de villa Crespo, dado más a la acción que a la meditación, trabajaría en una praxis que, a mi entender, y si ese organismo lo concretara realmente, haría polvo el esquema gris de Buenos Aires y del país entero. Se trataría de buscar y encontrar el miembro viril de Megafón, su falo ausente que Patricia Bell sustituyó por uno de terracota inmóvil. A esa búsqueda o encuesta del falo perdido serían invitadas las nuevas y tormentosas generaciones que hoy se resisten a este mundo con rebeldes guitarras o botellas Molotov, dos instrumentos de música. El problema está en la localización exacta del falo, ya que (nadie lo duda) ese órgano fue hallado en sus días con las demás piezas anatómicas del héroe y escondido más tarde con fines traicioneros. Estaría oculto según contradictorios investigadores, en el gorro frigio de la República marmórea que tirita o suda en la Pirámide; o en los duros juanetes del Obelisco; o en el sótano del Ministerio de Hacienda y encadenado allá en razón de su peligrosidad revolucionaria; o en una caja fuerte del Banco de Boston y disfrazado según las estrategias del imperialismo; o astutamente olvidado en el friso de la catedral metropolitana. Sea como fuere, todo está aquí en movimiento y como en agitaciones de parto. ¡Entonces, dignos compatriotas, recomencemos otra vez!”

La proposición de lucha encierra un objetivo: “buscar y encontrar el miembro viril de Megafón, su falo ausente que Patricia Bell sustituyó por uno de terracota…”

Patricia Bell (patria guerrera, Belona) deberá reencontrar a Megafón que es su propia voz perdida y que ahora yace oculta en la farsa, en la literalidad, en la inautenticidad del pelecho viejo de la víbora.

Las lamentaciones de Samuel, hijo de un pueblo sacrificial, nos anuncian una pulverización o destrucción. Y tras la destrucción se reconstruirá el miembro de la energía vital que está oculto y prisionero “debido a su peligrosidad revolucionaria”, “o disfrazado según las estrategias del imperialismo.”

Marechal culmina su novela con este llamado extraño, proferido desde las profundidades de un mundo en ruinas: “¡Entonces, dignos compatriotas, recomencemos otra vez!” Ese era el grito de la guerra santa. Recuperada la dignidad, los compatriotas (el pueblo) serán los sujetos de esa guerra defensiva e indefectible para solamente ser. Destruir la nada para enfrentarse con el espejo terrible de la verdad, para recobrar la potencia oculta de la Patria Terrestre, para recuperar la voz por la luz.

Jorge Torres Roggero

Córdoba,19/08/17

Ver este texto completo en mi libro Elogio del pensamiento plebeyo, 2002, Córdoba, Silabario.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

ANDRÉS, Alfredo: 1968, Palabras con Leopoldo Marechal, Bs. As., Carlos Pérez Editor.

BUTTERINI, Giorgio A.: “La Ley de la Guerra” (en: EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO, Año LXXXIV, N° 12, Dic. 1981).

CIRLOT, J. E.: 1978, Diccionario de Símbolos, Barcelona, Labor.

GHEORGHIU, C. Virgil: 1975, La Vida de Mahoma, Barcelona, Caralt.

GUENON, René: 1976, El Esoterismo de Dante, Bs. As., Dédalo.

MARECHAL, 1965, El Banquete de Severo Arcángelo, Bs. As., Sudamericana.

___________ 1970, Megafón o la Guerra, Bs. As., Sudamericana.

PERÓN, Juan Domingo: Conducción Política, Freeland, Bs. As. 1971.