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por Jorge Torres Roggero

EVA MUCHACHAS PERONISTAS1.- Venían de Berisso

Lo cuenta Cipriano Reyes. En el amanecer del 17 de octubre de 1945, en Berisso, el movimiento estaba sincronizado en cada zona, según la distancia y perímetro que abarcaba,  y las manifestaciones tenían que comenzar a una hora determinada. A las nueve de la mañana una enorme multitud se volcó a la calle. Frigoríficos, fábricas textiles, el puerto, los talleres de Río Santiago, el comercio, habían enmudecido: “Hombres y mujeres de distintas edades, “plenos de fe, de vida, de entusiasmo”, con sus delegados al frente, se “levantaban como un verdadero pueblo en busca de su propia liberación”.

De pronto, Cipriano Reyes detiene el relato. Quiere resaltar el papel de las mujeres. A su lado, “marchaban mujeres extraordinarias entre las que se hallaba mi propia esposa, Clementina Salguero, quien me acompañó en todos los momentos de mi lucha, actuando junto a mí en el sindicato, en los grupos de activistas, acompañados muchas veces por nuestra hija, Argelia Griselda, de doce años de edad, que también fue conociendo desde niña el sacrificio que nos depara la lucha por la conquista de un mundo sin egoísmo y sin hambre”.

Exalta a María Roldán, delegada obrera del frigorífico Swift. Una imagen marcada por la emoción de su palabra y por cada acción de su pensamiento: “madre sacrificada en la vida y heroica en los sindicatos; sembradora del ideal cristiano y humanista que reclama la emancipación proletaria como ideal común de los desheredados; voluntaria en las barricadas y en todos los frentes de combate, en defensa de las conquistas sociales, por la paz y la seguridad de los que sufren y lloran su miseria; voz de la lucha en las tribunas, canción de justicia en el trabajo y bandera de libertad en el movimiento (…) María Roldán es un símbolo viviente y revolucionario de las luchas reivindicatorias de Berisso…”

Reyes enaltece a esas “mujeres maravillosas”. Con hogar, con hijos, siempre dispuestas a defender los ideales. Como en la poesía épica popular exalta sus nombres y virtudes. Estos son algunos nombres de esa “pléyade de mujeres hechas en el sacrificio”: Juana Carrizo, Esther Tata, Juana Bordagaray, Dora Roldán, Irma Suárez. Y los innúmeros nombres olvidados. Ellas y la juventud revolucionaria (no eran estudiantes ni intelectuales) marcharon en Berisso levantando banderas de libertad.

Cipriano Reyes está observando un fenómeno en la génesis del peronismo: el hombre y la mujer marcharon juntos, codo con codo. Desde entonces son compañeros y los une el amor y la lucha por la justicia social y la independencia económica de la Patria sin la cual no hay lugar para los derechos del pueblo y menos de la mujer. Como Eva y Juan,  mujer y hombre, son una “unio contrariorum”, la unidad en la diversidad, la fecundidad de lo diferente. Por eso, según Perón, “Argentina es el hogar”.

La participación de la mujer el 17 de octubre no es solo una percepción de Cipriano Reyes. También la prensa popular la destaca. En La Época del 18/10/45, la crónica remarca: “En medio de la columna obrera se destaca la presencia de la mujer, de la mujer trabajadora argentina, no el figurón elegante que pasea su garbo por la Quinta Avenida porteña u organiza “democráticos” picnics de champagne y emparedados en los canteros de la Plaza San Martín. Auténtica mujeres del pueblo estaban en marcha por sus libertades. Muchas de ellas del brazo de trabajadores evidenciando que los hogares argentinos -porque eran esposas, novias, hermanas de obreros, obreras ellas mismas- están con la causa del trabajador y apoyan al primer trabajador argentino”.

Fue la primera manifestación del “realismo feminista” del peronismo, fundado en la acción, falto de desarrollo teórico académico, pero con fuerte especificación en la conciencia del pueblo. Acontece enfrentado a cierto feminismo oligárquico e individualista, expresado en esa época por mujeres de alta clase social. Ese era un feminismo  de carácter meramente anti moralista y estético como rebelión contra los cánones de su clase. Su paradigma fue, sin dudas, Victoria Ocampo y el coro de “niñas bien” que disfrazaban de buen gusto el odio en la “marcha de la democracia” que precedió el encarcelamiento del coronel Perón.

2.- María Granata y las tres gestas de las muchachas peronistas

María Granata, poeta y novelista, autora de Muerte del adolescente, Corazón cavado y novelas  como Los viernes de la eternidad y Los Tumultos, entre otros numerosos libros de poemas y relatos, nos prodiga tres textos en que traza una poética de la mujer peronista en tres etapas distintas.

El primero se titula “La mujer en la gesta del 17”. Profiere, desde el momento inicial, una poética del peronismo en que la mujer es substancia primordial. Es materia (mater), matria. Ese será un signo de diferenciación que marca la originalidad del movimiento naciente. Es la mujer del pueblo, la formadora, el reservorio de la esperanza en la larga espera.

Inicia su artículo creando en clima genesíaco. Como Cipriano Reyes memora el “alba del gran día”: “No había comenzado la primera luz del 17 de octubre, día nuestro entre los días, y  ya estaba la mujer del pueblo, expectante, esperando su acontecer. En su larga esperanza ella había estado formando ese día; lo sentía levantarse desde su propia sangre, abrirse paso entre sus voces hasta ser un grito de júbilo, hasta ser un canto”.

Se trata del “gran día” de las profecías, el día del “canto”. Una gran epifanía, pero grito y canto revelados, habían sido engendrados en el seno de la mujer. Ella lo reconocía antes de empezar. No era un tiempo común, era la perduración del tiempo de la Patria: “ese que la mujer del pueblo esperaba desde el fondo transfigurado de su sufrimiento, desde la injusticia en que se debatía, desde ese descarnado amor a la vida que su corazón había salvado”. Toda la luz de ese día era un alumbramiento de la mujer. La mujer es la que determina, a la par del hombre, “el nacimiento del día histórico”. La mujer del pueblo fue al encuentro del 17 de octubre que pasó a ser signo, bandera.  Esas mujeres del pueblo eran una “suma de inusitadas fuerzas” y venían a reivindicar a las mujeres que las precedieron “en la callada esperanza que no alcanzaron a ver cumplida”. Las calles se “ensancharon” a su paso y casi no podían contener a “una maravillosa multitud que iba al encuentro de sí misma”.

Todo el pueblo levantado en busca de su líder y, en él, la mujer resistiendo la fatiga y la incertidumbre. Iba a rescatar al libertador del pueblo, “al hombre que vería en la mujer el fundamento de la sociedad humana”. Porque la mujer verdadera “no abandona al hombre en la hora de la lucha”: “Estaba allí, realidad viva y símbolo. Nada hubiera podido amedrentarla. Había empezado a mirar la vida de frente, en el ejercicio de su sufrimiento, en su experimentación de la injusticia social; había aprendido a mirar la imagen mutilada de esa vida que durante tanto tiempo perteneció a los pobres. Y había conocido (…) una nueva forma de justicia, un nivel de dignificación que ahora tenía que recuperar definitivamente”. La mujer y el niño, los sufrientes de la era oligárquica, serían el centro de la democracia social que venía a sustituir el machismo de la vieja democracia liberal, individualista y patriarcal.

El segundo texto de María Granata apareció en el libro La Nación Recobrada (1952). La revolución justicialista ofrece un pleno y pacífico despliegue. El capítulo se titula: “Valoración de la mujer en el peronismo”. No intenta configurar una teoría. Su intención es “empalabrar” la doctrina que emerge, silenciosa, de las nuevas prácticas políticas y sociales del peronismo.

María Granata postula que, como el peronismo es esencialmente social y “el sentido social es definidor de la naturaleza femenina”, resulta fácil comprender “cuánto hay de espontáneo y verdadero” en la incorporación de la mujer al Movimiento. Su fe en la nueva doctrina reconoció, en cada uno de sus postulados,  “su propia misión en el mundo, su generosidad sin vacilaciones, su función constructiva”, “advirtió que no se trataba de un movimiento meramente político, sino un impulso de redención humana”.

La mujer, a lo largo de la historia, piensa María Granata, representa la “construcción paciente” y se “opone a la impaciente destrucción de bienes y valores”. En la historia escrita, a la mujer no se le concede un “solo triunfo comparable al hombre”. Sin embargo, es sujeto de una victoria tácita pero continua en la “historia viva” de la humanidad. Su victoria está en la “esperanza salvada que ilumina la lucha del hombre”. Esperó largamente, pero no en espera pasiva sino de “acumulado sueño”. Por eso le fue fácil descubrir la “urgencia por participar en la lucha”.

Esto le permitió, asimismo, permanecer ajena al pensamiento colonial (“tendencias extrañas”) ajeno a la verdad de la Patria y a la verdad del Pueblo. Para no quemar la esperanza, hizo suya una causa redentora.

La diferencia entre en el hombre y la mujer es que la razón masculina puede establecer “una separación entre la acción política y la acción social”. Para el intelecto amoroso de la mujer, en cambio, política y acción son conceptos consubstanciales. Se visualiza una proyección común entre la mujer y la doctrina peronista. Ambas representan “creación y salvaguarda de valores”: “Ambos -la mujer y el Peronismo- coinciden en su posición ante la vida, en su responsabilidad ante el hombre, en su poder formativo de futuras generaciones”. La incorporación de las mujeres, por coincidencias de contenido, de convicciones  y de destino, es, por eso, espontánea y ferviente.

La injusticia social estaba naturalizada, era un costumbre. Se proclamaban derecho y libertades que los hechos negaban: “En nuestro país, gobiernos carentes de objetivos sociales habían creado la “costumbre” de subestimación política de la mujer”. El derecho cívico femenino era una señal de peligro para la política dominante.

La mujer posee un innato sentido de la tierra como “patrimonio intransferible”. Por eso no quiere construir sobre un suelo enajenado. Quiere construir sobre lo suyo y, a los gobiernos oligárquicos, sólo les faltaba “enajenar el cielo”. La toma de la palabra de la mujer fue una apuesta a la verdad sobre la mentira y a la preeminencia del costado social y solidario, sobre el egoísmo. Ella sólo aglutina “impulsos vitales, fuerzas positivas” que enfrentan “los factores de negación”.

La marginación de la mujer como ciudadana activa fue una estrategia consciente. Los dirigentes anteriores no ignoraban que la posición moral implícita en el espíritu femenino repudia instintivamente las acciones entreguistas, el futuro hipotecado de los hijos y la Patria. Su ejemplo es Eva Perón. Ella infunde espíritu vital al pueblo entero: “Su corazón puede expresarse resueltamente y entrar en la lucha (…) y abre en nuestra historia un camino a golpes luminosos de sentimiento”.

El advenimiento de la causa justa significó la plenitud de derechos. La ley 13.010 estableció que “la mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. Eva Perón ha dicho: “El derecho del sufragio femenino no consiste sólo en depositar la boleta en la urna. Consiste esencialmente en elevar a la mujer a la categoría de verdadera orientadora de la conciencia nacional”.

María Granata señala la importancia del Partido Peronista Femenino como necesidad de aglutinar los aportes decisivos de la mujer en la configuración de la sociedad futura. De nada le había valido su heroísmo en la lucha por la independencia patria. “Sólo el Peronismo reparó todos los olvidos. Y ahora la mujer tiene derechos y tiene partido”. Exalta, también, la importancia de las Unidades Básicas femeninas tal como lo hemos descripto en una entrada de nuestro blog titulada: “El realismo feminista de Eva Perón: Escuela de Enfermeras, Partido Peronista Femenino”.

El peronismo representa la defensa de los valores genuinos de la mujer que, al participar de las decisiones importantes, al incorporarse a la vida política, afirma “los caracteres distintivos de su femineidad”. Hay cierto apartamiento de lo que Granata, en 1952, llama: “la enmarañada  psicología feminista internacional”. La mujer peronista entra en la historia como depositaria de la felicidad del pueblo. Y, “cuando entra, multitudinaria en la lucha, no es para dudar ni para equivocarse”. Si desvirtúa su naturaleza, ya no pertenece a la historia viva sino a una “ficción intelectualista”.

En la Razón de mi Vida, Eva Perón recuerda estas palabras del General: “Tal vez la mujer pueda salvarnos a condición de que no nos imite”. El peronismo reconoce las responsabilidades de la mujer en la sociedad y sus derechos. Eleva la dignidad del hogar “donde ella se define y se realiza y protege su trabajo fuera del hogar”. Defiende su modo de ser (su femineidad) para que no sucumba “en las duras condiciones de trabajo impuesta por la injusticia social de otros regímenes”. Para la doctrina peronista la mujer es una compañera en la lucha, codo con codo, al lado del hombre. Mas aún, en horas decisivas de la civilización (recuérdese que estamos en plena guerra fría, guerra de Corea -1951-1953),  resalta la “voluntad femenina de nuestra patria”, voluntad de paz en el “concierto mundial de las luchas y los intereses”: “La paz debe comenzar en cada hombre; no es bien privativo de actuaciones políticas. Cada hogar es, para asegurarla, la mejor cancillería”. Y la mujer peronista, pacifista por sí y por su adoctrinamiento, es en esta hora la representante por excelencia de la paz.

El tercer momento de la épica de la mujer peronista se refiere a su participación en la Resistencia. Marta Cichero en Cartas Peligrosas ofrece un apasionante panorama de la complejidad y las contradicciones de los militantes peronistas. Tiene especial relevancia la dramática trama de la contienda subterránea que tenía como campo de debate los periódicos clandestinos: secreta historia de los modos de financiamiento, de artículos de presos evadiendo las requisas, de los talleres clandestinos de impresión, de los avatares de la distribución.

En una carta de Jauretche al Padre Benítez, desde su exilio montevideano, desnuda algunas de las dificultades: “Mimeógrafo. Aquí trabajamos mucho con mimeógrafo y tenemos uno muy bueno pero por los inconvenientes de correo ya expresados poco se puede hacer por los de allí. Si allí hubiera una organización de mimeógrafos, nosotros podríamos mandar esténciles, es decir matrices que acá se pueden hacer con toda comodidad”. Recordemos que en la dictadura liberticida el Correo espiaba y requisaba correspondencia.

El 8/10/57, Lagomarsino le escribe Manolo Buzzeta. Le da cuenta de la aparición del segundo número de El Guerrillero y comenta las dificultades económicas que afrontan: “Sobre el problema $$ no tenemos por ahora ninguna posibilidad. Para conseguir 1.000 $ que faltaban para sacar el segundo número del periódico, tuvimos que hacer una colecta de relojes y empeñarlos”.

En esta dura etapa de la Resistencia Peronista, la mujeres estuvieron, como siempre, presentes. Muchas de ellas estaban presas, sobre todo las dirigentes del Partido Peronista Femenino, y las que desempeñaban cargos públicos, por la represión posterior a setiembre de 1955. También en la cárcel de mujeres “hubo lío” entre las “duras y las blandas”. Lo cierto es que sobreviven pocos testimonios de valiosísimo aporte de las mujeres en la resistencia. Quedan los nombres de algunas. Marta Cichero recuerda: “Mujeres heroicas como María Elena Márquez, del Comando Coronel Perón, y Lidia Yoda, que con tres puntadas rápidas confeccionaban una sotana en la que se escapaban los refugiados de la parroquia del Padre Benítez en Saavedra y que años más tarde salvarían la vida con sus disfraces a muchos perseguidos del proceso”.

María Granata dirigió el periódico Línea Dura. Marta Cichero recoge su testimonio:Línea Dura se imprimía donde se imprime el diario alemán (…) y todos los que trabajaban en el taller, hasta su jefe, eran peronistas. Yo presenciaba el armado pero como pasaba la policía resolvieron hacerlo de noche (…) Porque Línea Dura era la administradora Malena Legrand (que había sido muy amiga de Evita) y yo”. Malena había propuesto el nombre del periódico, Línea Dura, para expresar su tendencia ortodoxa y combativa. Al periódico lo financiaban los dirigentes gremiales que compraban todos sus ejemplares. “Nosotras no veíamos un centavo. Ellos retiraban de la imprenta una cantidad de ejemplares para su sindicato”.

María Granata, gran narradora, da un tono tragicómico a su constante codearse con el peligro: “Estuve a punto de caer presa por Línea Dura y en la imprenta me propusieron que se armara de noche. Yo necesitaba dar un último vistazo antes de la impresión. La administradora me dijo: “Vos te instalás en un bar y yo voy y vengo”. Era pleno Bajo. Nos instalamos en un bar alemán muy grande y tranquilo. Ella me traía las notas. Había citado también ahí a los dirigentes que venían a buscar la orden para retirar los ejemplares. Malena era un mujer rubia, llamativa. Primero llegó el dirigente de la Juventud Peronista Enrique Ninín, muy joven. Le entregó una cantidad de dinero. Ella salió, fue a la imprenta con él. Tardó unos quince minutos. Después un dirigente de frigoríficos, que puso el dinero sobre la mesa. Salió con él. Y el dirigente petrolero Acero, lo mismo. Al rato volvió. El alemán dueño del bar vino a los gritos a nuestra mesa: – ¡Prostitutas no!”

María Granata, luego de ponderar el modo de trabajo de la Fundación que conoció por dentro, concluye: “Eva era el motor. Si hubiera estado viva encabezaba la revolución social incruenta en la Argentina. Ella es la pasión del Peronismo y sin pasión nada puede crecer y sostenerse”.

Los testimonios que hemos aportado reafirman que, más allá de la ficción intelectualista, el peronismo libera para siempre los caracteres genuinos de la mujer. Y lo seguirá propiciando a través de los tiempos. Siempre a la vanguardia de las gestas de la mujer en su larga lucha por la visibilización y respeto de sus derechos.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba.

Fuentes:

CHÁVEZ, Fermín (comp.), 1996, La jornada del 17 de octubre por cincuenta autores, Buenos Aires, Corregidor.

CICHERO, Marta, 1992, Cartas Peligrosas, Buenos Aires, Planeta.

AA.VV., 1952, Una nación recobrada. Enfoques parciales de la Nueva Argentina, Buenos Aires, Subsecretaría de Informaciones, Presidencia de la Nación.

EQUIPO DE TRABAJO de la Fundación Tiempo Social, 1995, 17 de octubre de 1945. 50 Aniversario, Buenos Aires, Ediciones Historia Viva.

por Jorge Torres Roggero

Peron trabajadores1.- Introducción

El extraño escrito del Gral. Perón que voy a compartir parcialmente con Uds. llegó a mis manos de un modo insólito. Ocurrió que, revolviendo papeles, me llamó la atención un folleto sin tapas ni señas editoriales. Comienza en la página 5 con este texto aclaratorio: “El 16 de octubre del Año del Libertador General San Martín, 1950, el presidente de la Nación Argentina, general Juan Domingo Perón, reunió en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno a los delegados obreros latinoamericanos, invitados especialmente por la Confederación General del Trabajo con motivo de la celebración del Día de la Lealtad. En esa circunstancias, el primer magistrado pronunció las siguientes palabras”.

Con tono coloquial y cálido, el presidente da la bienvenida a los delegados y les ruega que se sientan como en su propia casa. Les asegura que podrán moverse con absoluta libertad, nadie les va a preguntar de adónde son, ni de dónde vienen.

Les aconseja que, aunque los compañeros trabajadores argentinos quieran agasajarlos mucho y acompañarlos siempre, vayan solos a todas partes. Vayan a los mercados, para saber cómo come y vive la gente; “y después a los lugares de trabajo, que es donde se observa cómo anda el país y cómo se trata al pueblo”.

Comienza, entonces, un breve relato de lo que “ha hecho, cómo lo ha hecho y por qué lo ha hecho su gobierno”. Expone, brevemente, sobre la situación imperante en la República Argentina en 1943. En lo político, fraude. En lo económico, “estábamos en las garras de los pulpos representados por los grandes capitalistas; y sufríamos la consecuencia directa de la explotación de los imperialismos (…) No mandábamos nosotros, lo hacían los imperialistas representados por esos grandes consorcios capitalistas”.

Como consecuencia, el estado social era lamentable. Nuestros obreros eran explotados por esos grandes consorcios que exportaban los dividendos a sus metrópolis. Éramos una colonia y nuestra gente era explotada como en todas las colonias.

Por lo tanto, hubo que estructurar una política que nos permitiera obtener la independencia económica: “Mientras no exista en un país independencia económica, no hay solución para el problema social”. ¿Qué pasaba en Argentina? “Aquí los ferrocarriles constituían un monopolio inglés; el teléfono, un monopolio americano; el gas, un monopolio inglés; la cosecha, un monopolio inglés con testaferros criollos; los seguros, un monopolio inglés y canadiense; los reaseguros, un monopolio inglés; la marina mercante pertenecía a monopolios ingleses y americanos”.

La mitad de la producción nacional se iba a las metrópolis. ¿Qué hicimos nosotros? Compramos los ferrocarriles, los teléfonos, el gas; argentinizamos los seguros y reaseguros. Compramos una marina mercante y hoy, esos cuatro mil millones de pesos que iban afuera, los repartimos entre los trabajadores argentinos. Por eso viven mejor.

2.- Los trabajadores al gobierno

Luego de este racconto, se inicia una especie de introducción a lo que Perón llama “un estado sindicalista”. Postula, de entrada, que para revertir del sometimiento del pueblo se necesita una sola cosa: “que los trabajadores estén en el gobierno”. Con los capitalistas en el gobierno, nada se hubiera podido realizar porque son sirvientes de los monopolios. Los capitalistas argentinos que, en su momento, organizaron el gobierno de la República Argentina,  se alquilaron siempre a los intereses de los monopolios.

Hoy en día, sostiene, el movimiento obrero es el que maneja el gobierno tal como antes la manejaba el capitalismo. Pone como ejemplo la nacionalización del Banco Central. Sobre 12 directores, 8 eran puestos por la banca extranjera. Hoy, el “dinero de la República Argentina lo maneja la República Argentina”.

La reforma económica permite utilizar todos los recursos de la República para el pueblo. Por eso hay una reforma de fondo en lo social. Se ha dignificado el trabajo. El justicialismo transformó una constitución capitalista en una constitución justicialista. Se han agregado los Derechos del Trabajador. Se ha creado la Justicia del Trabajo que es la que hace cumplir la Constitución y la Ley. Se ha creado el Ministerio de Trabajo y Previsión “que está en manos de los obreros y que deberá estar siempre en manos de un obrero”: “Nosotros no creemos en la eficacia de un Ministerio de Trabajo que esté en manos de un industrial, de un capitalista o de un oligarca. El Ministerio de Trabajo, para que sea efectivo y eficaz, debe estar en manos de un obrero auténtico.”

Por eso la Constitución transformó el régimen capitalista en un régimen de economía social. La economía ya no está al servicio del capital; es el capital el que está al servicio de la economía.

Sería interesante reconsiderar, aunque es bien conocida, la crítica que Perón despliega sobre lo que denomina “el principio hedónico” del capitalismo: “Yo sostengo lo contrario: es el capital el que debe estar al servicio del consumo “que es un ciclo de la economía”. Rechaza así la idea de “punto óptimo” según la cual se privilegia la ganancia sobre la producción para el consumo del pueblo.

Por último, señala la importancia de la independencia económica por cuanto, gracias a ella, la Argentina puede hacer “su voluntad”: “¿Voluntad de quién? Del pueblo”.

Es a esta altura de su charla cuando el Gral. Perón introduce un tema que considera prioritario: “Me refiero al orden de la organización social, es decir, cuál es la teoría justicialista sobre organización sindical y de dónde parte el principio justicialista de la organización social”.

3.- El Estado Sindicalista

Esta es la parte de la charla de Perón que me parece interesante destacar y repensar. A lo largo del texto hay advertencias y enseñanzas que podrían ser orientadoras tanto para los sindicalistas de hoy, como para quienes pretenden llevar a la práctica la doctrina del justicialismo. A partir de ahora, salvo algunas aclaraciones, se reproduce, en cursiva, el original.

“Nosotros hemos dicho que somos en gobierno de obreros. (…) Por eso yo tengo los dirigentes obreros en mi gobierno, y algunos son ministros. En el Congreso, tanto en la Alta Cámara como en la Cámara Joven, el pueblo está representada por obreros auténticos que salieron de su trabajo para ir a la función legislativa, y si no hemos puesto el 90 por ciento de ellos es porque yo he querido ir despacio para no hacer fracasar la primera intentona. Pero el número de representantes obreros ha de ir aumentándose. Y esto no es una cosa que obedezca solamente a mi simpatía, a que yo quiero a los obreros y ellos me quieren a mí. Yo he hecho esto con una alta especulación científica, porque además de ser eso grato a mi corazón, es también grato a mi entendimiento y a mi inteligencia.(…)

El justicialismo está en la idea que el futuro de la humanidad será la constitución de estados sindicalistas. Y observen ustedes que la historia nos va dando la razón. Hace veinte años, en cualquiera de nuestros países el factótum era el partido político. Hoy vemos qué poca influencia tiene ya el partido político. Yo observo que en los estados capitalistas, cuando alguien le mueve el piso al gobierno, no son nunca los partidos políticos, porque ellos están trenzaditos entre ellos; son los sindicatos obreros. Eso quiere decir que el sindicalismo va afirmando su línea en la acción y los dirigentes gremiales van teniendo por primera vez en el mundo la representación a que tienen derecho, encabezando las organizaciones de varios millones de hombres que están detrás de ellos para apoyar la voz y la acción de los compañeros de trabajo. Eso lo hemos interpretado aquí hace siete años y vamos con esa dirección.

Me dirán: “Pero usted tiene partido político y tiene sindicatos”. Sí; tengo partido político, pero yo estoy ayudando a la evolución. Y estoy ayudando a la evolución hacia el sindicalismo, apoyando de todas maneras a los sindicatos, que se van desplazando paulatinamente. Y quizá llegue en esta tierra el día en que le hagamos un entierro de primera con seis caballos a los partidos políticos, y constituyamos el Estado Sindicalista. ¿Por qué lo hacemos así? Porque nosotros no podemos producir por revoluciones; es necesario llevar adelante por evolución, que es un sistema incruento, siempre mejor que el cruento. Nuestro movimiento no ha costado una gota de sangre, y esta misma revolución, en otros países, ha costado millones de muertos, lo que quiere decir que nuestro sistema no es tan malo; nosotros vamos andando despacio, pero andamos. Vamos despacio, pero con firmeza y determinación (…).

Señores: El Gobierno quiere sindicatos fuertes, vale decir, con mucha gente bien unida. En segundo lugar, deben ser económicamente fuertes. ¿Por qué? En dos palabras se lo voy a explicar.

En principio, yo creo que el sindicalismo no puede reducirse a una comisión directiva formada por cuatro o cinco hombres capaces, que luchen por la defensa de los intereses profesionales. Porque sería muy magra la cosecha de un sindicato si su acción sólo se redujese a propugnar la lucha. Por otra parte, la lucha sindical casi ha desaparecido en nuestro país, porque hoy se forman comisiones paritarias y en ellas se discuten los problemas. Los obreros argentinos están bien asesorados y saben bien cuánto gana el patrón y cuánto les pueden dar de salario. Y cuando el patrón no dice la verdad, aparece el Gobierno detrás y le dice: “El año pasado usted ha ganado siete millones de pesos. ¿Por qué no deja dos o tres millones para sus pobres obreros, que son los que trabajan?”

Pero entonces, sintetizo,  entran a tallar los fueros sindicales. Perón explica cómo los sindicatos pasaron de ser “asociaciones ilícitas” a contar con la “personería gremial” que los hace inviolables dentro del régimen justicialista. Nadie, ni el Gobierno, puede intervenir un sindicato porque son absolutamente libres e inalienables: “Todo esto se puede garantizar no para ahora, sino para la reacción capitalista.” “Ahora la solución de los problemas se reduce a una discusión generalmente amable. Es de ver cómo se han acostumbrado los patrones a tratar con los obreros, ellos, que antes consideraban el trato con los obreros como un deshonor.” (…)

4.- Sindicatos multimillonarios

“Si los obreros abandonan el apoyo que prestan al régimen justicialista, el justicialismo se viene abajo en el día. Pero los obreros no habrán ganado mucho el día en que el régimen justicialista caiga. Por esa razón, si ellos nos apoyan a nosotros, nosotros los apoyamos a ellos y así, apoyándonos mutuamente, en el panorama social, económico y político argentino, nosotros somos invencibles. Y lo seremos mientras nos comprendamos y nos sirvamos mutuamente.

Por esta razón yo quiero sindicatos fuertes. El capitalismo lucha por destruir esas representaciones, subdividirlas en pequeñas fracciones y de esa manera crear veinte o treinta centrales obreras, que es la forma de romper a la Central. Nosotros, en cambio, luchamos por tener un solo sindicato. Pero esto no lo hacemos por ahora, sino por lo que pudiera suceder en el futuro, porque cuando todos los trabajadores estén unidos en una sola central, vale decir, en un solo sindicato, ellos estarán prácticamente en el Gobierno. Eso ocurrirá mientras permanezcan unidos, pero el día en que se dividan pierden el gobierno. Los capitalistas, que son pocos, pero organizados, mediante esa organización vencieron al número y explotaron a los trabajadores. ¿Qué ocurrirá entonces cuando los pueblos se organicen? y ¿qué harán los capitalistas? En todas esas concepciones se basa el justicialismo. Pero se basa, señores, en una conducta leal y sincera, en que ellos no nos engañan nunca y nosotros no los engañamos jamás. Yo quiero sindicatos fuertes y hay muchos de ellos que actualmente en servicios sociales, en propiedades, etcétera, tienen muchos, pero muchos millones de pesos. Eso es lo que yo quiero.

Quiero hacer de cada sindicato un asociación multimillonaria. No quiere decir que los obreros se van a enriquecer con eso. Ellos seguirán teniendo lo suyo, pero estarán apoyados y defendidos por asociaciones ricas y poderosas.

Observen ustedes. Cuando se organizaron los capitalistas, ¿los patrones qué hicieron? ¿Fueron ellos los que salieron a pelear a la calle con los obreros en huelga? No. Los obreros pelearon con la policía. ¿Y por qué iba la policía a pelear con los obreros? Porque los obligaban las asociaciones capitalistas, que los financiaban, los pagaban y los manejaban. Eran organizaciones poderosas. Cuando los obreros salían a la calle y se hacían romper la cabeza por la policía en los tumultos callejeros, el dueño, el capitalista, estaba en el Jockey Club fumando un habano y jugando una partida de ajedrez, o con una señorita.

¿Por qué podía él estar con una señorita o tomando un café mientras se dilucidaban sus intereses en calle, a balazos, entre los obreros y la policía? Porque él tenía una organización poderosa que manejaba al gobierno y a la policía. Entonces, ¿por qué los obreros no van a poder hacer lo mismo? Han de poder hacerlo porque en el futuro esas organizaciones poderosas son las que apoyarán a las organizaciones obreras.”(…)

No faltará ocasión de comentar este texto. Un ejemplo. Perón sostiene que las organizaciones deben ser multimillonarias, pero no los dirigentes sindicales porque entonces se convertirían en capitalistas y burócratas. O sea, se pasarían al enemigo. Serían traidores a su clase, a su pueblo y a la patria.

5.- Perón profetiza el neoliberalismo

“Pensamos que la situación del futuro no va a ser sonriente para el mundo, como muchos optimistas suponemos”. En ese momento, piensa, se está produciendo una larga guerra de desgaste. Se refiere, por supuesto, a la llamada “guerra fría”. Cuando termine, saldrá un ganador. Y ahí está el peligro para nosotros, “de todos estos pueblos de naciones chicas”.

Perón no cree que el comunismo gane la guerra. Va a ser aplastado y va a ganar el capitalismo.

“Y después, ¿qué va a pasar en el mundo? Va a venir una reacción capitalista en el mundo entero. ¿Por qué? Porque habrá que pagar esa guerra, y no va a haber en el mundo plata suficiente para pagarla, y además porque los capitalistas nunca han pagado las guerras que hacen. Se las hacen pagar a los otros, a los pobres y débiles.

Eso es lo que tenemos que ver. Tenemos que estar en la causa que es de todos, pero tenemos que precavernos creando nuestras organizaciones para que no volvamos a caer en la explotación, en la miseria y en el dolor de los pueblos latinoamericanos. Esas es nuestra concepción justicialista. Por eso quiero sindicatos fuertes, sindicatos poderosos. Yo he morir mañana o pasado y quiero dejar en manos de ellos su propio destino, formando sindicatos que sepan defenderse, que puedan defenderse. Por eso he organizado también un grupo de opinión, porque sé que lo primero que va a hacer el capitalismo en su reacción, será entrar en nuestro pueblo con la prédica, quizá inocente, de los diarios capitalistas, engañando a los propios obreros y llevándolos a apoyar una causa que les es perjudicial. Por eso he querido dejar a los trabajadores argentinos la organización de un grupo de opinión, para que tengan posibilidad de llegar al pueblo con sus propias ideas y convencerlo de la verdad”.

Obviamos algunos aspectos muy importantes de esta conversación con los delegados obreros latinoamericanos. Perón insiste en que los sindicatos no pueden reducirse a la lucha por los intereses profesionales. Pone como ejemplo a los ferroviarios que cuentan con mutuales, hospitales, cooperativas y locales propios en todo el país. Insiste en la importancia de las escuelas sindicales. En todo lo que es tarea común y paso del yo al nosotros.

Por último, considera un gran logro el haber interesado a todos los argentinos en la solución de nuestros problemas. Hasta el más humilde, casi analfabeto, sabe lo que debe defender porque tiene conciencia de que es de él. Los países en que los ciudadanos se desentienden de los problemas están perdidos.

“Yo he querido salvar a la Argentina llevando al hombre humilde para que él discierna con su buen sentido de humilde -que es el menos contaminado de todos- y pueda dar opinión, pesando en las decisiones del país. No creo que solamente los inteligentes o los más evolucionados tengan ideas buenas, porque ésos son muy alambicados y muy llenos de intereses, de pasiones y de vicios. En cambio, el hombre que trabaja primariamente suele tener sus sentimientos menos contaminados y menos obligados por los interese y pasiones”

6.- Inconclusiones

En una breve busca por mi memoria, traté de recordar algún antecedente en Argentina de esta concepción sobre el sindicalismo expuesta por el Gral. Perón en octubre de 1950. Me retrotraje, entonces, a los debates entre las ideologías revolucionarias en los alrededores del Centenario (1910). Entre las diversas corrientes anarquistas, revisten especial interés para nosotros, “los sindicalistas”. Algo podemos entrever en un libro que publicó en 1914 el francés Pierre Quiroule. Se titula La ciudad anarquista americana. Obra de construcción revolucionaria. Con el plano de la ciudad libertaria. El autor, cuyo verdadero nombre es Alejo Falconnet (Lyon,1867/Bs.As.,1838), traza una utopía y, como expresa en el subtítulo, hasta dibuja el plano “la ciudad libertaria”. Ahora bien, el autor imagina cuáles serán los problemas que se suscitaron en la época postrevolucionaria.

Y miren qué curioso. Antes de llegar a la etapa firme de la “comuna libertaria” (una singular “comunidad organizada”) se instaura un régimen sindicalista centralizado que posibilitó la erradicación del parasitismo de clase en la etapa previa a la instauración de las comunas agrícolas-industriales. En estas comunas quedan descartadas todas las posibilidades de imposiciones de unos sobre otros: “comunas de hombre libres, buenos, animosos y sabios: una fraternal civilización”.

Queda para el lector, interesado en la búsqueda de las raíces filosóficas del movimiento peronista, investigar las indudables relaciones del pensamiento de Perón con el anarquismo. Recordemos que, en gran parte, los primeros sindicatos peronistas fueron obra de militantes anarquistas. No por casualidad el primer secretario general de la CGT se llamó Libertario Ferrari.

Perón estaba en contacto diario con los obreros, hablaba con ellos, aprendía de ellos. Iba de la práctica a la teoría: “Y no es esto una cosa que obedezca solamente a mi simpatía, a que yo quiero a los obreros y ellos me quieren a mí. Yo he hecho esto con una alta especulación científica, porque además de ser eso grato a mi corazón, es también grato a mi entendimiento y a mi inteligencia”.  Corazón, entendimiento, inteligencia. Porque todo “eso” era un comunitario “quererse”.

Jorge Torres Roggero. Profesor Emérito Universidad Nacional de Córdoba

Fuentes:

Perón, Juan Domingo, 16 de octubre de 1950, “Palabras a los delegados obreros latinoamericanos”, Edición Oficial, s/d.

Weimberg, Félix, 1976, Dos utopías argentinas de comienzos de siglo, Bs.As., Solar Hachette