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por Jorge Torres Roggero

carrillo sanadorHacia 1954, Ramón Carrillo sufre los embates de la enfermedad (intensas cefaleas diarias que predicen agravamientos) y la ingratitud de quienes deberían ser sus compañeros. Por un lado, su salud se deteriora y, a pesar de su entrega total, surgen diarias imposibilidades; por el otro, la ausencia de Eva Perón, el ascenso del traidor Tessaire, dejan a Perón rodeado de adulones, arribistas e envidiosos. El Jefe sufre ahora la intemperie y soledad del poder.

A Carrillo se le hace cada vez más difícil tomar contacto personal con el general; plantearle, como siempre lo hizo, cara a cara los problemas. Esto da origen a las magníficas cartas que Carrillo dirige a Perón que son ejemplo de respeto amical, confianza y lealtad. El 16 de julio del 54 llega a decirle: “…necesito tener este desahogo en su confianza, para que sepa que este viejo amigo suyo, que jamás apareció para las buenas, que aguantó en silencio cuantos ataques injustos se le hicieron, siempre estuvo a su lado en los momentos difíciles, porque amo su obra titánica, porque la he visto nacer y crecer. Uno quiere al peronismo como se quiere a un hijo, porque sufrimos en su nacimiento y desarrollo. Es evidente que los neoperonistas, que a ahora nos corren a barrigazos por todos lados, no sentirán tanto como nosotros, los hombres de la guardia vieja. Al contrario, tratan de liquidarnos y desgraciadamente vamos quedando pocos. Tome estimado jefe y amigo, estas palabras como dictadas por el cariño y admiración que le profeso -y no por el deseo espurio de hacer méritos ante Ud.- que nunca lo hice por ser contrario a mi espíritu”.

La carta es una praxis extrema de la lealtad. Y ofrece, además, otra lectura de la realidad: Carrillo, guardia vieja, es en realidad, según hemos visto una vanguardia, una avanzada en política sanitaria. Llegó a proponer que cada fábrica debía ser un centro de salud, que la salud es una inversión con todos y cada uno participando de su financiación y sus beneficios. Además, la Cibernología y su técnica: la biopolítica.

El 16 de julio de 1954, Carrillo presenta su renuncia al Ministerio de Salud Pública de la Nación. El 15 de octubre de ese mismo año, en la cubierta del trasatlántico “Evita” de la flota del Estado, Ramón, su esposa Susana y sus cuatro hijos ven alejarse la ciudad ingrata, los rostros amados de los “cabecitas negras” con sus tonadas y sus esperanzas. Su destino es Nueva York. Nunca más podrá regresar a su patria.

Es el fin de epopeya política, su enfermedad avanza, la ingratitud de algunos, ponen a prueba su temple. Carrillo habita en los barrios más humildes de la gran ciudad de norte. Desea regresar: la oposición asedia al gobierno con ayuda de los medios y el imperialismo. Hacia 1955 comienza a enfrentar dificultades económicas. Con amargura, se entera del bombardeo del 16 de junio por aviones de la marina. A veces, la historia, vertiginosa, parece acelerarse. El 16 de setiembre estalla la subversión. La Marina no tiene otra táctica que la ley del odio: amenaza con la destrucción total. Los ingleses la han provisto, en alta mar, de las espoletas que necesitan para bombardear puertos y refinerías. Consciente de que debía ahorrar sangre de argentinos y de la perdurabilidad de su obra, Perón entrega su renuncia al Ejército y se asila en la Embajada del Paraguay. El vicepresidente, Alberto Tessaire, lloró ante las cámaras de TV y acusó a Perón de desleal, cobarde, dictador. A miles de kilómetros Carrillo se indigna ante la traición de Tessaire y, enterado de que el odio gorila quiere investigar a todos los funcionarios peronistas, gasta sus últimos centavos para enviar un telegrama a Lonardi en que pide ser investigado.

Su hermana Marta lo defiende ante la Junta Nacional de Recuperación Patrimonial justificando las dos casas que le han confiscado. Explica por qué fueron adquiridas y cómo fueron adquiridas. Era su único patrimonio junto a las obras de arte adquiridas a lo largo de su vida y su poblada biblioteca, la niña de sus ojos. Concluía la hermana: “El Dr. Carrillo que durante diez años ha manejado bienes del Estado por valor de más de cinco mil millones de pesos, está en la pobreza porque debe todo lo que aparentemente tiene. Es decir, no tiene nada”. Efectivamente, sus propiedades fueron compradas con créditos hipotecarios y corrientes, eran inferiores al margen correspondiente a su solvencia y estaban ubicados en las barriadas obreras de Villa Calzada y Adrogué. Diez años permanecieron interdictos estos bienes.

Más dolorosa aún le debe haber resultado la confiscación de los bienes de su esposa, Isabel Susana Pomar. Los había heredado de su padre José Pomar. Hombre de mediana posición, la había alcanzado con un negocio de farmacia en la localidad de Castelar. Téngase en cuenta que Isabel Susana Pomar se había casado con Ramón Carrillo en 1946 y su padre falleció en 1947. Como verán, la ley del odio no piensa: ¿de qué modo los bienes provenientes de esa sucesión pueden ser sospechados de enriquecimiento ilícito? Peor aún, también permanecieron diez años interdictos.

A Carrillo se le hizo imposible sostenerse en Nueva York. En su afanosa busca de empleo, logra que una empresa minera norteamericana, “Hanna Mineralization and Company” , lo contrate para una explotación a 150 kilómetros de Belem Do Pará, Brasil.

Fue el primer médico que vieron los obreros, indios caboclos, que vivían en condiciones infrahumanas y sometidos a una brutal explotación.

En el hospital de la ciudad no había servicio de neurología. El director trata de desalentarlo: no hay servicio especializado, no hay partida. Pero para Carrillo “no hay enfermedades, hay enfermos” y le responde que no le interesa cobrar sueldo. Al fin le dan el hueco de una escalera, una mesa y una silla. Poco a poco los jóvenes médicos se fueron acercando al “silencioso” médico argentino. Averiguaron su currículo y empezó a ser invitado a los ateneos científicos. Informados de su real identidad, comenzó a dar clases en el hospital. En el nosocomio de la fuerza aérea entrenó al personal en neurología, Cibernología y administración hospitalaria.

En 1956, su futuro parecía aclararse, pero sobrevino la muerte. Sufrió un derrame cerebral con parálisis de la mitad izquierda del cuerpo. Veinte días luchó con la muerte en el hospital de Belém. Falleció el 20 de diciembre a los cincuenta años de edad.

Pero la persecución de la ley del odio insistió hasta su último instante. Como Ramón, con ayuda de dos amigos, logró que le enviaran su medicación por avión desde Río de Janeiro, el embajador de la Revolución Libertadora (es difícil decir argentino), presentó una protesta ante la cancillería brasileña: ¿cómo, argüía, se proveían cuidados especiales y por vía oficial a un delincuente prófugo como Carrillo?

Su hermano Santiago, en carta a otra hermana, Carmen Antonia, le narra los avatares para la entrega y traslado del cuerpo de Ramón. Sus restos no pueden regresar a la Argentina. Allí quedará, en Belém de Pará, hasta que puedan volver a la patria. Es un modesto nicho municipal con una lápida de mármol negro con su firma grabada. Se buscó lo mejor y más aproximado a las costumbres argentina. En esa zona de Brasil era distinto. “Con decirles, prosigue Santiago, que aquí los ataúdes se alquilan. El fondo de los mismos se abre, girando sobre bisagras, como una trampera. Cuando se realiza un entierro, el cajón se ubica sobre la fosa y se abre el fondo, dejando caer el cadáver, al cual se lo cubre directamente con tierra. Por eso, cuando buscamos el cajón para Ramón nos encontramos con esa desgraciada novedad, que como se imaginarán, contribuyó enormemente a nuestro estado de ánimo”. En consecuencia, hubo que mandar a hacer el cajón de madera y la caja metálica. Y procuraron ponerlo en el lugar más alto para preservarlo de la humedad. Curiosamente, la ley del odio no puede barrer contra el viento de la historia. Los restos de Ramón Carrillo, el Ángel Sanador, fueron repatriados el 20 de diciembre de 1972. Estaba muerto, pero condenado al exilio, porque su cadáver atemorizaba a la oligarquía, aniquilaba el odio. Los héroes de la patria son la semilla viviente del pueblo. Y el pueblo nunca muere; y, siempre vence.

2.- En busca del soplo divino

Ramón carrillo era un justo, un creyente. Veía venir la muerte. En cartas a su hermana “Chata” y a su amigo Segundo Ponzio Godoy, se palpa el sufrimiento que padecía al saberse injustamente investigado, con captura recomendada. Predice, entonces, que “las injusticias tremendas y sangrientas como en mi caso, originarán las desgracias futuras de la República”. Esta carta a Ponzio Godoy es una expresión, como el poema del bíblico Job, del justo sufriente, del hombre sin odios que buscó siempre “el lado bueno” de los humanos con la secreta esperanza de llegar al “rincón en que cada uno de nosotros alberga el soplo divino”.

6 de septiembre de 1956

Querido Ponzio:

“Yo no sé cuánto tiempo más voy a vivir, posiblemente poco, salvo un milagro. También puedo quedar inutilizado y sólo vivir algo más. Ahora estoy con todas mis facultades mentales claras y lúcidas. Quiero que no dudes de mi honradez, pues puedes poner las manos en el fuego por mí.

He vivido galgueando y si examinas mi declaración de bienes y mi presentación a la comisión  investigadora encontrarás la clave en muchas cosas. Por pudor siempre oculté mis angustias económicas, pero nunca recurrí a ningún procedimiento ilícito, que estaban a mi alcance y no lo hice por congénita configuración moral y mental.

Eran cosas que mi espíritu no podía superar. Ahora vivo en la mayor pobreza, mayor de la que nadie pueda imaginar, y sobrevivo gracias a la caridad de un amigo. Por orgullo no puedo exhibir mi miseria a nadie, ni a mi familia, pero sí a un hermano como vos.

No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, pero, en todo caso, si yo desparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo, donde dejé mi vida.

Esa obra debe ser reconocida; yo no puedo pasar a la historia como un malversador y ladrón de nafta. Mis ex colaboradores conocen la verdad y la severidad con que manejé las cosas dentro de un tremendo mundo de angustias e infamias. Ellos pueden ayudarte.

Mi capacidad de trabajo está muy reducida, vivo como médico rural en una aldea. Ahora vuelvo a quedarme sin puesto pues la Compañía donde actuaba, levantó el campamento.

A mí poco a poco, se me han cerrado las puertas y no pasa un día que no reciba un golpe. He aceptado todo con la resignación que me es característica. No tengo odios y he juzgado y tratado a los hombres siempre por su lado bueno, buscando el rincón que en cada uno de nosotros alberga el soplo divino.

El tiempo y solo el implacable tiempo, dirá si tuve razón o no al escribirte esta carta, ya que en el horizonte de mis afectos no veo a nadie más capaz que vos de tomar esta tarea cuando llegue el momento, que llegará, cuando las pasiones encuentren su justo nivel. (Ramón Carrillo)

3.- Ramón Carrillo habla de salud pública. Salud y justicia social

“Últimamente hemos tenido una comprobación muy curiosa que ratifica en gran parte lo que hemos dicho en varias oportunidades: la política de salarios y de vivienda, que desarrolló el general Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, ha hecho más por la salud de la población necesitada que todo lo que pudimos haber hecho los médicos en muchos años. Por ejemplo: observamos un descenso en la mortalidad infantil en el norte, que no sabíamos a qué atribuir. Como esto coincidió con la “dedetización” de la zona, pensamos que habría sido consecuencia de la desaparición de las moscas.

Pero un análisis más detenido nos convenció de que se debía primordialmente a que el obrero rural gana más, y a que los niños andan más abrigados y limpios, se alimentan mejor y viven en excelentes condiciones de higiene.

Con buenos jornales en el norte, desaparecerán poco a poco los niños flacos, desnutridos y fisiológicamente miserables. La salud pública debe completar esa obra natural de la política social.

El aspecto actual de los niños del norte no es ni la sombra de las sombras que fueron hasta hace tres años aproximadamente, pero nadie discute que falta mucho por hacer y que apenas estamos en el comienzo de una obra efectiva, concreta y orgánica.

He hablado de política “sanitaria”, pero en realidad la palabra sanitaria está mal empleada, a menos que se la tome como sinónimo de salud pública. Deberíamos decir “política médico-social” o “política Argentina de salud pública”, términos que serían mucho más precisos. Pero empleamos la palabra “sanitaria” un poco por hábito y otro poco por extensión (…).

¿Por qué decimos “Argentina”? Porque toda política sanitaria o de salud pública tiene que ser nacional por distintos motivos. Las condiciones geográficas, las condiciones de vida, las costumbres, los factores epidemiológicos y sociales y una serie de circunstancias, son específicas de cada país, por lo cual su política sanitaria debe ser distinta. No obstante ser nacional, la política sanitaria no puede dejar de ser universal en cuanto a las ideas y principios en que se inspira, e internacional en cuanto a los problemas comunes de los países, especialmente entre los vecinos con dificultades lógicamente similares. Esto tiene la ventaja de que nutriéndose la acción en principios universales se evitan los sectarismos, la lucha de escuelas y las orientaciones. (Ramón Carrillo)

por Jorge Torres Roggero

El tango su historiaEran dos hermanos. Uno de ellos (no se sabe cuál) escribió un famoso soneto. Algunos de sus versos aún resuenan cuando nos referimos a la “beldad de la mentira”, o sea, cuando nos desengañamos y descubrimos el “rostro verdadero” de la realidad.

El mayor de los hermanos se llamaba Lupercio Leonardo de Argensola . Había nacido en 1559 y fue poeta, historiador y dramaturgo. El menor, Bartolomé Leonardo, había nacido en 1562. Era cura (capellán de la  emperatriz María de Austria), poeta e historiador.

Ciertamente, nadie se acordaría de ellos ahora, tampoco de sus mediocres obras, si no fuera por un soneto cuyo primer verso predica: “Yo os quiero confesar, don Juan, primero…” 

En los viejos secundarios  ( tiempos en los que  se dictaba literatura española en cuarto; y argentina e hispanoamericana en quinto) era inevitable toparse con este soneto. Era también increíble su poder de encantamiento. Resultaba imposible dejar de recordar, en mi caso para toda la vida, ese final en que el desengaño se extiende de los afeites de una mujer a toda la naturaleza: “Porque ese cielo azul que todos vemos,/ ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande/ que no sea verdad tanta belleza!”.

En efecto , el soneto comienza como un rutinario ejercicio, habitual en el barroco:  un tema trivial y vacuo se convierte en objeto de la maestría verbal e imaginativa de poetas que se regodeaban construyendo oraciones en nuestra lengua pero con sintaxis latina; mientras, al mismo tiempo, demostraban su capacidad para agotar las figuras del “ars dicendi”. El soneto comienza con una advertencia a don Juan: ¡Ojo!, la belleza que ostenta doña Elvira, que nos tiene a todos hechizados, es falsa. Es resultado de sus afeites. De tal modo, lo único que tiene de ella es el dinero que le costó. Sin embargo, es “tanta la verdad de su mentira”, que un rostro verdaderamente bello no puede competir con ella.

Pero de golpe, se produce un salto de registro. El poeta se siente abruptamente arrojado a un laberinto de apariencias. Desengaño total. Nada es verdadero. Recurre así a una especie de silogismo con apariencia de reflectáfora (una metáfora de metáfora):¿cómo no voy a andar “perdido” por semejante engaño si la misma Naturaleza (fuente de lo real) me pasa el cuarto todos días?: “pues que sabemos que nos engaña así Naturaleza”. Pero basta de chamuyo. Leamos, en voz alta si es posible, el famoso soneto y disfrutémoslo:

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y color de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero tras eso confesaros quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.

Mas ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el tango con un soneto barroco? Resulta que uno de los grandes poetas del tango, Homero Expósito (1918-1987), declaró cierta vez que no se puede escribir un buen tango si no se sabe escribir un soneto. Es claro, el también había estudiado y, a lo mejor, memorizado y recitado “al frente”, el soneto de los Argensolas. Porque en 1938, muy joven, con música de su hermano Virgilio, escribió “Maquillaje”.

De entrada no más alude al soneto: “No…ni es cielo ni es azul”. La mujer aquí también “compra su carmín”, el “pote de rubor” y “las ojeras con verdín”. Pero aquí lo que se le niega no es solo la juventud y la belleza, sino el “candor”. Aquí el rostro maquillado lo que  enmascara es el alma. Es inútil que quiera “llenar de amor” su “máscara de arcilla”. El poeta le advierte que, algún día, “sin fe y sin maquillaje”, cuando esté lista para el viaje final, “sabrás cómo te amé”.

El poeta del tango, entonces, desemboca, no en un desengaño retórico, sino en despojamiento de toda apariencia  en el  “color final”, en  el fin de un viaje, en el “despertar” misterioso de la muerte. En la estrofa final, sale de las elucubraciones existenciales, y regresa al llamado “sentimentalismo” del género: el reproche hacia aquella que le ha mentido. Parece decirle: “Vos sos un atado de mentiras. Son mentiras: tu virtud, tu amor, tu bondad, tu juventud. Y lo peor de todo, no solo te maquillaste la cara y simulaste candor, también “¡te maquillaste el corazón!”. Qué lástima, mentiste sin piedad.

MAQUILLAJE (de Homero Expósito)

No…
ni es cielo ni es azul, ni es cierto tu candor,
ni al fin tu juventud. Tú compras el carmín
y el pote de rubor que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín para llenar de amor
tu máscara de arcilla.

Tú,
que tímida y fatal te arreglas el dolor
después de sollozar, sabrás cómo te amé,
un día al despertar sin fe ni maquillaje,
ya lista para el viaje
que desciende hasta el color final…

Mentiras…son mentiras tu virtud, tu amor y tu bondad
y al fin tu juventud.
Mentiras…¡te maquillaste el corazón!
¡Mentiras sin piedad! ¡Qué lástima de amor!

Nota: Hay versiones varias de este tango. Las más conocidas son las de Goyeneche, de E. Rivero (particularmente apreciada por el autor) y, más recientemente, de Adriana Varela.

Jorge Torres Roggero

EVA MUCHACHAS PERONISTASpor Jorge Torres Roggero

1.- ¿Un plan de ajuste peronista?

Cierto día de 1952, los clientes de una panadería de Barrio Norte, comprobaron con horror que el pan se había vuelto negro.  Daba bronca ver en su mesa ese pan color peronista. ¿Qué hacía allí ese pan “cabecita negra”? Era la respuesta del gobierno a la escasez de trigo ante tres malas cosechas consecutivas. Perón pensó que era mejor exportar trigo que gastarlo en el consumo interno. Entonces dictó un decreto que disponía mezclar trigo con mijo en todos los molinos del país. Hoy en día, si alguien quiere ese pan, debe buscarlo en las dietéticas y a muy alto precio. El General, hasta no queriendo, miraba el futuro.

Era morocho el pan con mijo, pero los que, de niños, lo hemos comido, lo encontrábamos sabroso. Dos actitudes ante una situación de emergencia: enojarse o saborear. Pero lo importante, para los peronistas, es que cuando decimos que los días más felices fueron peronistas, incluimos las gestas de austeridad, de ajuste, pero sin hambre y con control del pueblo.

En efecto, en 1952, Perón, ratificado en las elecciones de 1951, consideró que debía producir una rectificación (¿ajuste?) en la política económica para superar una coyuntura crítica y retomar los grandes objetivos de la revolución. Fue así como el 27 de febrero de 1952, apelando a la solidaridad de los argentinos, lanzó el Plan Económico de Austeridad. Hacía falta la participación de todos para superar una situación adversa. Para ello había que incrementar la productividad y reducir los consumos innecesarios. Había que crear condiciones para un mayor ahorro. Entre los objetivos del Plan sobresalían los siguientes: 1) aumentar la producción agropecuaria y en diversos ramos de la actividad nacional; 2) estimular las exportaciones  con los saldos disponibles y reducir las importaciones; 3) promover la austeridad en el consumo para incrementar el ahorro como base de una futura expansión económica.

Perón enseñaba que la austeridad en el consumo de ningún modo significaba sacrificar lo necesario, sino solamente eliminar el derroche: había que eliminar gastos innecesarios, renunciar a lo superfluo, postergar lo que era prescindible. Así, con el ajuste solidario en el consumo, se pensaba aumentar las exportaciones y reducir las importaciones. Según Perón: “si a la política de austeridad le agregamos aumento sólo de un 20% en la producción solucionaremos: el problema de las divisas, parte del problema de la inflación, y consolidaremos la capitalización del país”.

Para el logro del Plan, Perón distribuyó responsabilidades: 50% era asignado a la acción del gobierno, 25% a las organizaciones libres del pueblo: sindicatos, cooperativas y mutuales y, el otro 25%, al control del pueblo organizado en defensa de la economía familiar. Con lenguaje fácil y campechano, se detuvo a detallar las acciones concretas que debían encarar las familias y sobre todo las mujeres como organizadoras del consumo hogareño: “…economizar en las compras, adquirir lo necesario, consumir la imprescindible, no derrochar alimentos que llenen los cajones de basura, no abusar en las compras de vestuario, efectuar las compras donde lo precios sean menores como cooperativas, mutuales y proveedurías gremiales o sociales. Desechar prejuicios y concurrir a las ferias y proveedurías en vez hacer traer la mercadería a domicilio a mayor precio”.

No pagar, por hacerse los grandes, lo que le pidiesen y denunciar al comerciante inescrupuloso. También a los hombres les señalaba una serie de gastos superfluos. La lista comprendía desde el hipódromo al cabaret.

Adviértase que no se trataba de remiendos: era un plan que abarcaba la vida misma del pueblo con directivas claras y fáciles de controlar. Perón consideraba que eran medidas necesarias para el tránsito de una economía capitalista a una economía  justicialista. Por eso en sus discursos radiales el presidente pedía al pueblo que participara en el estudio del Segundo Plan Quinquenal e hiciera propuestas para incluirlas entre los objetivos del mismo. Había lugar para los empresarios y para los trabajadores: era el aumento de la producción. Pero la austeridad en el consumo y el fomento del ahorro fue el campo de acción de las mujeres. Un recuerdo personal: todos los niños sacábamos nuestra libreta de ahorros en que acumulábamos propinas y regalos.

Pero el papel de las amas de casa ( “madres del pueblo”, decía Evita) era el de cuidar la economía doméstica. Ellas son “las que saben” cuando se trata de las necesidades familiares, ellas diferencian entre ahorro y derroche.

¿Se advierte algo nuevo, estimado lector? El peronismo, de nuevo, con su pensamiento herético, saca a las amas de casa de la invisibilidad servil y les asigna una significación política y social. La famosa delegada censista Ana Macri, diputada nacional en 1951, una las fundadoras del Partido Peronista Femenino, perseguida por las dictaduras, expresó en una entrevista: “El ama de casa era una cosa nueva, una fuerza política nueva.” Esta participación de la mujer completó una política económica fundada en la participación popular con asistencia estatal. La participación, por otra  parte, se centraba en el papel de la mujer como conductora del consumo y el ahorro del hogar. Además, como la campaña se dirigía a todas las amas de casa, era inclusiva, abarcaba a todas las clases sociales.

Esta visión, por otra parte, no era nueva en el peronismo. Ya desde 1946, en épocas más benignas, Eva Perón, en sus discursos, las incitaba a participar en campañas “pro abaratamiento de la vida”. Les decía que no tuvieran miedo al desabastecimiento, que lucharan contra la especulación y el agio, que no pagaran, por nada en el mundo, un precio mayor al establecido ni admitieran mercadería de calidad inferior a la pedida.

En 1952, con la consigna de “ahorrar”, se asignaba a las mujeres, en parte, la responsabilidad del éxito del Plan Quinquenal. La revista Mundo Peronista insistía: “de su acción de todos los días depende en gran parte el éxito de nuestros planes. La mujer debe conocerlos, comprenderlos, ejecutarlos y vigilar por su ejecución.”

La campaña contaba también con los aportes científicos del Dr. Ramón Carrillo que bregaba por una correcta alimentación. La falta de leche, verduras y frutas en la alimentación propendía a la formación de una “raza raquítica y decadente proclive a la extinción”. Además, el gobierno promovió las “huertas de salud” para que en la casa se destinara una parte del terreno a la plantación de frutales y verduras. En los “fondos” de las casas hubo acelga, lechuga, zanahorias; y también durazneros y limoneros. Ello era posible porque los planes de vivienda de la Fundación construían casas dignas con “sitios” amplios. En los terrenos fiscales se instalaron huertas para abastecer a hospitales y regimientos. El Ministro de Agricultura, Carlos Emery, hizo campaña para que el Ejército destinara parte de sus propiedades para obtener productos agrícolas a menores costos. El Consejo Superior del Partido Peronista, por su parte, prohibió todo agasajo, banquete, vinos de honor durante todo el año 1952 para mejor cumplir con el Plan Económico de Austeridad y la implementación del Segundo Plan Quinquenal.

2.- Evita, las mujeres peronistas y el plan de austeridad

Las Unidades Básicas Femeninas cobran, a partir de 1952, una especial significación. Son las encargadas de organizar el consumo y el control popular. Evita es la primera en convocar a la mujer argentina. Ella es el corazón de la vida familiar y, por tanto, es fundamental su importancia para el desarrollo del Plan Económico: “no podemos excluir a la mujer argentina, decía la Presidenta del Partido Peronista Femenino, de esta responsabilidad social ni a las mujeres peronistas, que además representamos la esencia viva y fecunda del auténtico pueblo argentino. Por eso queremos asumir y asumimos, nuestra responsabilidad en patriótica tarea común.” En el hogar, en la escuela, en fábrica, en todas partes, la mujer peronista debía convertirse en predicadora de Plan Económico; y, con su práctica de todos los días, en ejemplo para toda la ciudadanía.

Eva Perón, casi agonizante, se puso al frente de la campaña dando, como siempre, el ejemplo. Para ello el Partido Peronista Femenino difundió  el Plan Económico en todas Unidades Básicas Femeninas del país. ¿Cuáles eran las directivas para la acción?: 1) La mujer peronista será en el seno de su hogar la vigía y garante de la austeridad. Consignas: evitar el derroche, disminuir el consumo, incrementar la producción. 2) Las mujeres peronistas vigilarán en sus puestos de trabajo fuera del hogar que se cumplan las directivas del Gral. Perón.3) Cada mujer peronista controlará, en sus compras, el cumplimiento fiel de los precios que se fijan.4) Todas las Unidades Básicas realizaban permanentes reuniones de estudio y difusión del Plan Económico. Evita pedía encarecidamente a todas las mujeres peronistas que secundaran en su acción a las delegadas y subdelegadas censistas en todo el país.

Mientras la rama masculina discutía los problemas políticos y la rama sindical se ocupaba de los problemas de la legislación obrera, a las mujeres peronistas, madres del pueblo, les tocó ocuparse de los problemas concretos: el presupuesto familiar, la alimentación, la educación y el cobijo de la prole. Su práctica no era un destino, era un función tan alta como la de las otras ramas: buscar soluciones concretas para temas concretos.

3.- Las Unidades Básicas femeninas

La Unidades Básicas Femeninas funcionaban todo el día. Eran el motor inmóvil desde donde las mujeres, debidamente adoctrinadas, salían no sólo a divulgar, sino también a aplicar el Plan. En las Unidades Básicas se desarrollaban cursos de economía doméstica, se enseñaba a preparar comidas alternativas sin carne (había días en la semana en que no se vendía carne), a controlar los precios máximos en los comercios del barrio. Se dictaban, además, cursos de corte y confección, de tejido, de modo que las mujeres estaban habilitadas para proveer de vestimenta a su familia.

Por supuesto que eran de especial importancia las directivas a las ama de casa para controlar precios en ferias y negocios. Por eso repartían cartillas de precios máximos, y se verificaba si los negocios exhibían los precios anunciados o alteraban los mismos. Fue así como las mujeres peronistas se organizaron para colaborar con el Plan Económico, para inspeccionar los precios. Distribuidas en turnos y zonas, si encontraban un agiotista, las subdelegadas debían denunciarlos a la policía.

Ahora bien, recordemos que el segundo objetivo del Plan era producir más. Fue entonces cuando surgió el apotegma de Perón que reza que cada uno de los componentes de una familia “debe producir por lo menos lo que consume”. Ya no era solo el padre, el jefe de la familia, el único que trabaja y produce. Cada miembro de la familia, en condiciones de trabajar, debe trabajar. Por lo tanto se multiplican las cursos de capacitación que ya venían implementando en el Partido Peronista Femenino. Había que capacitar laboralmente a la mujer para que ella también pudiera incorporarse a la producción.

Son famosas las máquinas de coser que proveía la Fundación Eva Perón. Ya vimos que servían para el abastecimiento de la familia. Pero las mujeres también cosían “para afuera” y, no pocas veces, para abastecer de ropa blanca y de abrigo a  los Hogares y Hospitales de la Fundación. Según la delegada censista Ana Macri: “Cuando se entregaban máquinas coser para la familia y para abastecer a la Fundación, eran también para ganarse la vida”.

En el discurso peronista, “las madres del pueblo”, “las anónimas heroínas del hogar humilde”, como llamaba Evita a las  amas de casa, adquirieron un significado nuevo. Su trabajo, antes ignorado, cobra un alto valor político. Otra vez, el peronismo deja que tomen la palabra las que estaban calladas y condenadas a una sola función. Cocinar, coser, criar, pasan a ser un trabajo productivo. Desde las Unidades Básicas Femeninas, lo que parecía no estar comienza a ser legitimado.

4.- El control del pueblo

Si bien hemos hecho hincapié en la participación de la mujer peronista en la realización del Plan Económico, no debemos perder de vista que todo el pueblo estaba llamado a llevarlo adelante. Según Perón, un principio básico del Segundo Plan Quinquenal, corolario del Plan Económico, era el control del pueblo: “La producción del Segundo Plan Quinquenal será centralizada en sus aspectos de verificación y de control pero sólo la percepción total del pueblo posibilitará la ejecución. El Segundo Plan Quinquenal es de todos y para todos: es del pueblo y para el pueblo. El gobierno puede controlar su parte de ejecución pero es el pueblo el único capaz de exigir el cumplimiento total. De allí la necesidad de que todo el pueblo conozca el plan, y con ese fin la formulación del plan es accesible a todo el mundo. El control del pueblo es más importante que el control del estado”(18/12/52).

El plan de estabilización logró, de a poco, una sustancial baja de la inflación que en 1954 era sólo el 3% y el salario real comenzó a recuperarse. Y quedó claro que, en la aplicación de cualquier estrategia económica, es fundamental el convencimiento y la participación del pueblo. Pero quizás el logro más alto fue comprobar la importancia de la participación de las mujeres que, a través de la temida austeridad, descubrieron su importancia política. Ellas habían participado con la fuerza del Partido Peronista Femenino en la campaña electoral  que llevó a Perón  a su segundo mandato. Ellas aprendieron a censar, a afiliar, a decir discursos, a pintar y pegar carteles, a instruirse y capacitarse y a buscar, juntas, soluciones para su hogares y sus barrios. Amas de casa, madres del pueblo, las mujeres peronistas poco apoco se convirtieron en reguladoras del consumo doméstico (frenando ciertos derroches masculinos) y en abanderadas del control popular para el cumplimiento del Plan Económico de Austeridad y del Segundo Plan Quinquenal. Pero quizás la mejor enseñanza del plan de austeridad es la certeza de que todo se puede mediante el fiel cumplimiento de una ley no escrita: la ley del corazón cuyo fundamento es la solidaridad como sostén de la justicia social; y la alegría de estar siendo junto con el otro.

Jorge Torres Roggero

Fuentes:

Barry, Carolina, 2009, Evita Capitana. El Partido Peronista Femenino, 1949-1955, Buenos Aires, EDUNTREF (Editorial Universidad Nacional de Tres de Febrero).

Perón,Eva, 1987,  Discursos completos, (2do.Tomo, 1949-1952), Buenos Aires, Editorial Megafón.                                                                                                                                                             

 

por Jorge Torres Roggero

tapa_brochero_MUESTRA (1)1.- Los caminos del amor

En el oeste de la Provincia de Córdoba, detrás de las Sierras Grandes, se hallan los departamentos San Javier, San Alberto, Pocho, Minas. Brochero fue designado párroco del Curado de San Alberto en 1869. En 1885  se crea el nuevo Curato del Tránsito  y es nombrado al frente del mismo.

Ordenado sacerdote en 1866, habían quedado atrás su años de Prefecto de Estudios del Seminario, su aprendizaje de la práctica popular de los Ejercicios Espirituales con el jesuita Cubas y su heroico trajinar en la epidemia de cólera morbo que se llevó más de dos mil trescientas vidas en la ciudad de Córdoba. Ahora le tocaba fatigar cientos de leguas a lomo de mula en un curato que abarcaba altas cumbres, pampas desoladas y llanos poblados de matreros.

Encaremos el difícil resumen de su protagonismo en la epopeya del agua, su activa participación en la construcción de iglesias, en el trazado de caminos, en  la construcción de la Casa de Ejercicios  y en la promoción de la educación gratuita.

¿Cuál fue, por ejemplo, la epopeya del agua? El agua siempre generó contiendas en Traslasierra. Los habitantes se hallaban sometidos a los abusos de algunos terratenientes que se consideraban dueños del río.

El Cura bregará sin cesar para que el agua, bien destinado por la Providencia al bienestar común, alcanzara a todos. Los propietarios realizaban tomas arriba, disminuían la provisión de agua y atentaban contra la seguridad ante “el empuje de las crecientes”. No había escasez de agua: faltaba equidad, y el cumplimiento de la ley. Por eso Brochero organizó a los pueblos, gestionó y enfrentó a los poderosos con las razones del Evangelio.

Otro trabajo que emprende el cura de San Alberto es la reconstrucción de capillas. Muchas databan del S.XVIII y eran ranchos inmundos. Preocupado siempre por “el común”, consideraba que en los templos se manifestaba la presencia de Dios en la historia del pueblo. En efecto, eran el lugar de reunión en los solitarios parajes en que los pobladores vivían aislados. En torno a ellos florecieron poblaciones, revivió el culto, se renovó la práctica de los sacramentos y  la fiesta volvió a ser un bien de todos.

Para construir una capilla organizaba una asamblea y armaba una comisión. Consideraba que había dos tipos de colaboradores: “un hombre duro o un hombre derruido” pero “decidido” podía dar más que un hombre “sabio, influyente y con poca o ninguna decisión por la construcción”. Por eso para la capilla de Ambul eligió “tres perdidos, ignorantes y sin influjo”: “Yo espero en Dios y en la Virgen de la Purísima que con estos tres perdidos, ignorantes y sin influjo, se hace parte de la Iglesia (…) para que se vea que no es obra mía, ni de los tres que forman la comisión, sino que es obra de Dios, pedida por la Santísima Virgen y para que se vea que en dicha obra ha sucedido lo que sucedió en el planteo de la Iglesia, o sea la propagación de la religión cristiana, que se valió Dios de los hombres más rudos e ignorantes y aun ladrones como era San Mateo, para que se viera que en esa vuelta de costumbres del género humano había andado el dedo de Dios”. Así sucedió en la construcción de la capilla de Ambul.  Incluyendo a quienes la sociedad tenía por pecadores e indignos de confianza, decidió que “la iglesia se hace, aunque salga Luzbel con todos los diablos a oponerse” (ACEVEDO, 72).

Otra aspiración de los pueblos del Oeste era contar con una ruta directa a la ciudad de Córdoba. En 1883, Brochero puso todo su entusiasmo en la construcción del camino soñado. Para lograr el objetivo, invitó al gobernador Juárez Celman, su condiscípulo. Lo aguardó con los caballos ensillados. Juntos, emprendieron el viaje por el fragoso camino de herradura entre precipicios y quebradas. Juárez sufrió en carne propia lo que era cruzar la Sierra Grande.

Al regreso, el gobernador ordenó arreglar la ruta serrana de la Loma Pelada. Siguiendo la antigua ruta criolla, se procuró que el camino tuviera tres metros de ancho. Según la tradición, Brochero y su amigo Guillermo Molina demostraron el éxito de la apertura haciendo pasar por el camino un carrito ante el asombro general (BARRIONUEVO IMPOSTI, 599).

También intervino en la construcción del camino que cruzó la Sierra Grande pasando por San Roque, Tanti y La Cieneguita. Fue el inicio de una red de “caminos de ruedas” que unían las poblaciones del Valle. El Beato José Gabriel quería que los caminos fueran para todos. Por eso, cuando daba instrucciones para hacer llevadero el cruce de las Sierras Grandes por las mujeres de la ciudad, dejaba bien en claro: “hasta las sirvientas tienen que ir en coche hasta Tanti”, antes de iniciar la travesía a lomo de mula.

Cuando inició la construcción de la Casa de Ejercicios, el San José Gabriel había mandado abrir un hoyo. Entonó una oración y echó una gran piedra. Y tras bendecir esa tierra ahora santa, exclamó: “¡Te fregaste, diablo!

Su trabajo era siempre un codo con codo. Se fatigaba a la par de los humildes jornaleros de los hornos de ladrillo y arrastraba troncos a la cincha de su mula. Cierta vez, la mula se espantó, el Cura rodó por el pedregal y se quebró una pierna. Pero prosiguió trabajando con la pierna entablillada.

Era el rito dignificador de la minga. Cada cual aportaba lo que tenía: dinero, animales de carga, trabajo personal, terreno para edificar. El Cura, arremangada su vieja y desteñida sotana,  abría la marcha con una pila de ladrillos al hombro. Lo seguía todo el pueblo. Jóvenes y niños, mujeres y hombres avanzaban con religiosa unción. Cargaban sus ofrendas: bienes, cuerpos, trabajo, devoción. Era un acto litúrgico, era una procesión.. Y, en palabras de Brochero, “Dios bendijo la obra”.

En 1877, la Casa de Ejercicios quedó inaugurada. Las tandas excedían las setecientas personas. Mujeres y hombres hacían dos o tres días de caminos a pie para cumplir los ejercicios; otros, se disputaban la alegría de participar como servidores.

Brochero fue, además, un incansable impulsor de la educación. Construyó el Colegio del Tránsito con enseñanza gratis para las niñas. Promovía la enseñanza gratuita para varones y niñas en un lugar en que sólo el veinte por ciento podía pagarla. Y para los niños más pobres, los útiles sin cargo.

Aunque era licenciado en filosofía no entraba en discusiones políticas, tampoco acusaba, con voz engolada, de masones a los que no aceptaban las prácticas sociales que imponían el derecho canónico y las disposiciones dogmáticas. Como Jesús, comía con los pecadores y fatigaba los caminos agrestes anunciando a los afligidos y explotados que había llegado el tiempo de vivir. Mientras tanto, se fogueaba en  los Ejercicios,  porque estaba convencido que su misión era salvar almas, confortar a los enfermos, servir a los pobres y humillados, orar, predicar, confesar: tareas de cura. Había entregado a Dios, como dice San Ignacio, toda su libertad, su memoria, su entendimiento, su voluntad, todo su haber y poseer porque todo es del Señor y sólo le bastaba con su amor y su gracia.

Cabalgaba leguas y leguas por sierras y llanos sólo para llevar consuelo y confesión a algún leproso yacente en humilde tapera. Cruzaba milagrosamente ríos crecidos, bordeaba precipicios en las oscuridades y  las tormentas. Por eso, como confiaba en una carta a Juárez Celman, le habían crecido callos en las nalgas que no solo sangraban sino que le producían un increíble dolor.

Pero no aflojaba, caminaba firme en su fe, revestido de una invencible esperanza. Seguía en  “camino del amor” (Ef.5, 2, Jn.14, 6), o sea, en el Amor de Cristo Crucificado, Verbo de Dios, que se hizo carne, “y penetró como hombre en la historia del mundo” (Gaudium Spes, 38).

2.- La minga de Dios

El sistema de trabajo llamado “mink’ay” por los quechuas consistía en alquilar gente al amo para el trabajo. Sin embargo, en el Común criollo colonial el sistema fue evolucionando y ya hacia el siglo XVIII se fue marcando el carácter que perduró hasta nuestros días. La nueva forma pasó a ser una reunión de vecinos y amigos para realizar algún trabajo en común y desinteresadamente.

El tipo de trabajo es de lo más variado y corre desde la siega hasta el techado de la casa en los barrios populares. El sistema supone participación, solidaridad vecinal, sentido amistoso, espontáneo, para afrontar  tanto las adversidades como la fiesta celebratoria del fin de la tarea. Son fiestas comunales de trabajo. Mujeres y hombres trabajan parejo. Muchos  aportan sus herramientas. Todos ayudan y participan. Ya Martín Fierro definió el trabajo de la hierra, que era una minga, no como trabajo sino como “junción” (función, fiesta). Una buena comida, el canto, el baile, es el único premio. La solidaridad convierte de ese modo el trabajo penoso en general regocijo.

El San José Gabriel descubrió la presencia de Dios en la historia de su pueblo y organizó la participación de todos, hombres, mujeres, niños; poderosos a regañadientes y humildes llenos de alegría, mediante el luminoso sistema de la minga.

Todo el Común participaba. La minga de la Casa de Ejercicios, del Colegio de Niñas, del ensanchamiento de caminos, de la construcción de capillas y cementerios, de las tomas de agua, de los preparativos para el trazado del ferrocarril, partía de una profunda fe en la presencia de Dios encarnado en el corazón de los humildes; un Dios  expectante e invisible a la extraversión agresiva de los poderosos.

Pero también una tanda de ejercicios es una minga. Los ejercitantes van llegando con sus ponchos, su porción de azúcar y yerba, su pava. Dormirán en la carona. En las puertas hay braseros de barro. Vienen del bullicio y animación de la plaza; y se sumergirán en un silencio de durará seis días completos. Ellos mismos han levantado la humilde casa de ejercicios de piso de tierra y todavía sin revoque. Han donado animales en una cultura del trueque que Brochero, de impecable administración, va convirtiendo en materiales de construcción, alimento de los trabajadores, acarreo, insumos y herramientas. Esto testimonió San José Gabriel: “Y finalmente, digo que los que habitaban en el Tránsito en 1875, desde siete años arriba me llevaban ladrillos y cal quemada, al pie de la obra, en el hombro o en la cabeza, como lo hacían también las damas y señoritas, que me traían cal cruda, de una legua de distancia, en árganas o alforjas, para que la quemase en hornos que estaban en la plaza, y de diversos puntos me conducían los tirantes a remolque, o cincha de mula, viniendo muchas de estas vigas hasta de 20 leguas; pues a esta fecha, no había yo construido aún el camino carretero en el valle del oeste”. (Acevedo, 1928, 153)

“El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn, 1,14). Es por eso por lo que el Espíritu oculto en la historia, semilla del Verbo, actúa sin cesar en lo secreto del corazón de los pueblos. El Dios Trinitario, comunidad, ha saltado hacia el afuera, se ha injertado en la historia.  Nuestro cuerpo (sarx) es historia, nuestra cultura es la casa del pueblo y lugar de des-ocultamiento del rostro de Dios. Nuestra existencia está llamada a ser acto de amor. Pero no hay amor sin el otro/s. A partir de la entrada salvadora de Dios en la historia nuestro destino se resume en “caminar en el amor” (Ef.5, 2) para la Gloria de Dios (San Ignacio).

Dios ha acampado en nuestra casa para siempre y es nuestro compañero cotidiano. Más todavía, como amor trinitario, es una presencia actuante. Brochero nos enseñó con su ejemplo que sólo desde los re-profundos de nuestra cultura, desde el arraigo y la intemperie, permaneceremos conectados al Espíritu que no deja de respirar en nosotros  porque el amor es una especie de protopalabra y su residencia es la cultura de los pueblos.

BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA

Escritos

Conferencia Episcopal Argentina, 1999, El Cura Brochero. Cartas y Sermones. Introducción, compilación, búsqueda de fuentes, notas y bibliografía de Lic. Liliana de Denaro y Pbro. Dr. Carlos I. Heredia, Buenos Aires.

Biografía

Acevedo, D.J. (recopilador), 1928, El Cura Brochero. 50 años después de su obra en San Alberto, Córdoba, A. Biffignandi

Aznar, Antonio,  1951, El Cura Brochero, Buenos Aires, Paulinas

                         , 1952, Don José Gabriel Brochero y las tradiciones de la Madre Antula, Córdoba, Colegio de Sagrada Familia

                         ,  1956, Los caranchos y el cura Brochero, Buenos Aires, Sebastián Amorrortu

Baronetto, Luis Miguel, 2001, Brochero x Brochero,  Buenos Aires, Ediciones Lohlé-Lumen

Díaz Cornejo, Sor María Nora, 2005, José Gabriel Brochero. Un santo para nuestro tiempo, Buenos Aires, San Pablo

Torres Roggero, Jorge, 2012, El Cura Brochero y su Tiempo. Cultura popular. Santidad. Política, Córdoba, Babel Editorial

Bibliografía complementaria

Barrionuevo Imposti, Víctor, 1953, t. I, Historia del Valle de Traslasierra, Córdoba, Dirección General de Plublicidad de la Universidad Nacional de Córdoba

Bialet-Massé, Juan, 1968, El estado de las clases obreras argentinas a comienzos de siglo, Prólogo y notas de Luis A. Despontin, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba

Cárcano, Miguel Ángel, 1986, Sáenz Peña. La revolución por los comicios, Buenos Aires, Hyspamérica

Castellani, Leonardo, 1999, Cristo y los fariseos, Mendoza, Ediciones Jauja

Denaro, Liliana de, 2006, Los pagos del Venerable Cura Brochero, Córdoba, Ed. de  Autor.

Guevara, Osvaldo, 1997, Diálogos memoriosos con Arturo Cabrera Domínguez, Villa Dolores, Junta Municipal de Historia.

Medina, José Toribio, 1945, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las provincias del Plata, Buenos Aires, Editorial Huarpes

Rodríguez Isleño, Santiago C., 1987, Reseña histórica de la Frontera del Tiyú y de la enigmática Virgen de la Concepción, Instituto Paulino de Cultura y Comunicación, Córdoba