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por Jorge Torres Roggero

1.- La escuela de enfermerasEvita con niños

La práctica feminista de Eva Perón es el modo de formular su firme postura en pos de la liberación de la mujer. Como lo testimonia en su obra escrita y sus discursos, ella leía la realidad con la “inteligencia del corazón”. Para Kusch, el juicio emitido desde el corazón es dos cosas contradictorias a la vez: racional e irracional. Por un lado, es percepción intelectual: dice lo que ve, o sea, es mirada, teoría. Pero al mismo tiempo tiene fe en lo que está viendo. Los operadores seminales permiten dejarse caer en un registro profundo, en la confusa zona en que, por una “especie de coordinación entre sujeto y objeto”, predomina un “sujeto total”. Partiendo de estas distinciones, entre las numerosas realizaciones de Evita, hemos elegido dos: la escuela de enfermeras y el Partido Peronista Femenino.

 El 15 de septiembre de 1950 fue inaugurada la Escuela de Enfermeras. La escuela de enfermeras fue una de las realizaciones más importantes en el vasto programa de acción social de la Fundación “Eva Perón”. La elaboración del plan de estudios corrió por cuenta del Dr. Ramón Carrillo que fundaba su planificación  en tres aspectos: medicina asistencial,  medicina sanitaria y medicina social. Para ello había que curar al enfermo, prevenir las enfermedades  por el control del ambiente y atacar los factores provenientes de la misma sociedad como carencias alimentarias, malas condiciones de trabajo e ignorancia de la higiene, entre otros.

En el “Plan Analítico de Salud Pública”, Carrillo destacaba la función social que debía cumplir una planificación que integrara las diversas ramas de la medicina. Detallaba allí el papel que debía desarrollar la enfermería y la necesidad de una adecuada formación profesional. Sostenía que el país necesitaba 20.000 enfermeras profesionales. Hasta 1947, las enfermeras egresaban de la Cruz Roja y de las escuelas dependientes de las Sociedad de Beneficencia de Capital Federal. Su desempeño dejaba mucho que desear. Y como el peronismo no compartía los criterios de la Sociedad de Beneficencia, planeó transformar estas escuelas e institutos para que respondieran al nuevo proyecto salud pública.

El curso constaba de 12 materias que conformaban el ciclo de grado. En primer año cursaban Anatomía y Fisiología, Semiología, Higiene y Epidemiología, Patología General y Terapéutica, Defensa Nacional y Calamidades Públicas. En segundo año, Primeros Auxilios, Enfermería Médica y Quirúrgica, Obstetricia, Ginecología y Puericultura, Dietética y Medicina Social.

La carrera se completaba con un post-grado de dos años en que las aspirantes debían circular por  prácticas hospitalarias en las siguientes especialidades: Transfusoras, Puericultura, Auxiliares Anestesistas, Auxiliares de Radiología y Fisioterapia, Psiquiatría y Neurología y Secretariado de Sala.

Las alumnas recibían, además, clases de conducción de automóviles, camiones y motocicletas, ya que la Escuela contó con un cuerpo motorizado de avanzada para la época y era necesario que la mujer tuviera destreza en el manejo de esas unidades para no depender de un chofer.

Toda unidad sanitaria de la Fundación constaba de una sección de emergencia provista de motocicletas y hospitales móviles. Cada hospital constaba de diez camas, una cabina quirúrgica y equipos de trasfusión y oxígeno. Poseía, además, ambulancias equipadas para operaciones de urgencia, jeeps con equipos de oxígeno y anestesia, camiones para transportar personal médico o enfermos. Era una utopía en marcha, era la reivindicación de la mujer como sanadora y sostén moral en el dolor.

Para ingresar a la escuela, las chicas debían ser mayores de 18 años y no superar los 35. Si tenían dificultades económicas, recibían un subsidio aparte de todos los beneficios y coberturas que brindaba el internado. Recibían, además, clases de gimnasia. Contaban con amplios comedores y terrazas para esparcimiento. Estaban a su alcance todas las comodidades para cubrir las necesidades de las estudiantes.

En 1951, 2000 alumnas desfilaron con su uniforme de enfermeras. Todo el equipo motorizado se desplazó por las calles de la Capital Federal. El público sorprendido contemplaba una sección de urgencias integrada por perros amaestrados que transportaban botiquines de primeros auxilios para la atención elemental y urgente de heridos.

Las egresadas de la Escuela realizaron su tarea en los policlínicos, participaron junto a la Fuerza Aérea en las campañas contra el paludismo o el mal de Chagas y recorrieron varios países latinoamericanos, y aun europeos, llevando auxilio y solidaridad cuando ocurrían catástrofes.

La enfermeras de la Fundación también participaron en el control sanitario a los participantes de los Campeonatos Infantiles Evita. Si bien los campeonatos en sus comienzos fueron dedicados al fútbol, luego incluyeron atletismo, ajedrez, esgrima, gimnasia, natación, básquet, saltos ornamentales y otros. Frente a un feminismo a veces sólo teórico, no estaría de más considerar el feminismo práctico de Evita: en 1951, por primera vez, se incluyeron mujeres en este tipo de competencias en oportunidad de los primeros Juegos Panamericanos; para 1955 ya competían cientos de mujeres en la especialidad atletismo de los Campeonatos Nacionales Evita.

2.- El peronismo de Evita

El 26 de julio de 1949, en la primera asamblea nacional del movimiento femenino peronista, Evita pronuncia un extenso discurso. Plantea en él una doctrina, una teoría y una práctica desde el género. Pero, además, formula una advertencia para nuestros días: “ Nosotras, las argentinas pertenecemos al mundo y no podemos acariciar el sueño imposible de vivir fuera de él. La interdependencia de todos los países de la tierra se acentúa cada día más y los modernos medios de transporte nos aproximan a las antípodas. Además, las fuerzas de la producción que el capitalismo desenvolvió han rebasado todos nuestros conceptos de estado y nación y nos obligan a una permanente vigilancia de nuestra propia soberanía”.

La fundación del partido peronista femenino, una de las grandes realizaciones de Eva Perón, muestra, como toda política peronista, un enmarque universalista. Las mujeres del pueblo deben saber, en primer lugar, que pertenecen a una Patria cuya soberanía está constantemente amenazada. Y en una patria sometida es imposible cualquier tipo de liberación sectorial.

En 1947, en el diario “democracia”, Evita escribió un artículo titulado “Por qué soy peronista” . Allí decía: “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho: en nuestros días ser peronista es un deber. por eso soy peronista” y agregaba: “soy peronista por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal, por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo”.

En otro artículo, refiriéndose al 17 de octubre, exaltaba la capacidad del pueblo para convertir en positivo lo negativo. El apelativo descamisado “lanzado como insulto, fue recogido como bandera, dejó de significar pobre, mal vestido y se transformó en sinónimo de lucha, de anhelos de reivindicaciones, de justicia, de verdad”. El descamisado pasó a conformar la “vanguardia de la nacionalidad”, entregado a la producción lo mismo en el agro, que en la fábrica o en el taller. Ha roto para siempre las cadenas que lo mantenían en el anonimato social, ya no es un elemento de explotación humana sino factor de progreso que “entierra los conceptos de un capitalismo egoísta y explotador, que fundaba su bienestar en la miseria del pueblo, es un soldado del trabajo, fogueado en las batallas por la independencia económica”. Por lo tanto,  el 17 de octubre significaba: unidad patriótica y reordenadora como sólo habíamos conocido en 1810 mediante una unificación de fuerzas antes antagónicas e irreconciliables. La cuestión consistía en traer a la superficie de nuestra vida común la unidad del pueblo.

 En otro texto, Historia del peronismo, definía al 17 de octubre como una victoria sobre la oligarquía. Pero aparece la palabra miedo, incluso habla del “mayor miedo”. ¿Cuál es? Que la oligarquía pudiera retornar a los mismos peronistas, coparles la mente y el corazón: “le tengo miedo al espíritu oligarca, decía, para ser una buena peronista, trato de ser humilde”. Para eso, es necesario arrojar la vanidad, el orgullo y, sobre todo, la ambición.

¿Qué es el espíritu oligarca? Preguntaba. Y respondía: “para mí es el afán de privilegio, es la soberbia, el orgullo, es la vanidad, es la ambición”. Y añadía: “yo a veces observo que cuando se dicen cosas importantísimas nos las aplauden, si tenemos razón, pero en la práctica hacen, esos mismos que aplaudieron, todo la contrario. Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más”. Y concluía: “El único privilegio y el único orgullo es sentirse pueblo”.

Perón había dicho: “no son los cargos los que dignifican a los hombres, sino los hombres los que honran a los cargos”. Evita es sumamente rigurosa con sus compañeros que ostentan cargos. Consideraba que “el funcionario que se sirve de su cargo es un oligarca”  porque en lugar de servir al pueblo, sirve a su orgullo, a su vanidad y a su egoísmo. Los dirigentes peronistas que forman círculos personales sirven a su egoísmo y a su desmesurada ambición. Esos  no son peronistas, son oligarcas, son ídolos de barro.

Va trazando así una ética del trabajo. Perón considera que su mayor título es haber sido honrado como “primer trabajador”. El más alto cargo de la república pertenece a los trabajadores cualquiera fuera su clase de trabajo. La oligarquía, en cambio, era una  clase cerrada. Nadie podía entrar en ella. Le pertenecían el gobierno, el poder y los honores. Se rodeaban sólo de sus amigos. Por eso los círculos son oligárquicos. Por lo tanto hay que estar en guardia permanente para aplastar y destrozar a esos señores. Cuando todos seamos trabajadores, cuando todos vivan de su propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos y más hermanos.

Los políticos que empiezan a trabajar para ellos se olvidan del pueblo. Mi mensaje está lleno de advertencias terribles y proféticas que se han cumplido hasta el final y se seguirán cumpliendo. Allí asegura que hay que “cuidar” (vigilar, controlar) a los dirigentes: “los pueblos deben cuidar a los hombres que eligieron para regir sus destinos…y deben rechazarlos y destruirlos cuando los ven sedientos de riqueza, de poder o de honores”, “la sed de riqueza es fácil de ver, es lo primero que aparece a la vista de todos”.

Las advertencias también van dirigidas a  los dirigentes sindicales.  A los sindicalistas que defeccionan les dedica las más terribles palabras: “el político que se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso, un dirigente gremial que se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor”

¿Cómo se notaron estas ideas en la vida cotidiana del movimiento? Las unidades básicas fueron reflejos del hogar central que es la patria (“la Argentina es el hogar”, dijo Perón). Eran como un espejo  de cada hogar construido por cada hombre y mujer en una dialéctica en que de lo diferente sale lo nuevo, una práctica que a la vez que es amor y gozosa unión carnal, es recinto de las contradicciones cotidianas. Vamos a recordar, creación ejemplar, la fundación del Partido Peronista Femenino y las características de sus unidades básicas.

3.- El Partido Peronista Femenino

El 29 de octubre de 1949 se inaugura el Partido Peronista Femenino en Capital Federal (Corrientes 938); el 5 de noviembre en La Plata; en ese mismo mes, en San Juan, Formosa, La Pampa, Salta y Córdoba.

Su organización contó con protagónica participación de las “delegadas censistas”. El lema de Evita era: “así como los obreros sólo pudieron salvarse a sí mismos y así como siempre he dicho que solamente los humildes salvarán a los humildes, también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres”.

En una breve digresión, tributamos nuestra recordación a las  delegadas censistas que recorrieron todas las provincias, pueblo por pueblo; y, en su tránsito, iban engrosando la columna de las mujeres peronistas: Catalina Allen (Bs.As.); Teresa  Adelina Fiora (Cap. Fed.); Delfina de Molina (Catamarca); Elsa Chamorro (Cba.); Celfa Argumedo (Corrientes); Juana Larrauri (E. Ríos); María Isabel de Parravicini (Jujuy); Juana María Beraza (La Rioja); Teresa Gibelli (Mendoza); Hilda Castiñeira (Salta); Trinidad Coronel (S. Juan); Blanca Elena de Rodríguez (S. Luis); Luisa Komel (S. Fe); Ana María García Ronzio (Sta. Cruz); Ana Macri (Tucumán); M. I. Solveira Casares (Chaco); Susana Míguez (Chubut); Sara Rodríguez Alderete(Formosa); Matilde Gaete de Iturbe (la pampa); Elena Fornícala (misiones); Clementina Palumbro (Neuquén); María Rosaura Islas (Rio Negro). Ellas formaron el Partido Peronista Femenino.

Eran todas muy jóvenes,  infatigables en la ayuda social y fervientes peronistas “de todas las horas” (como se decía entonces). Fanáticas de la doctrina de Perón, su misión era censar a todas las mujeres que a lo largo de todo el país abrazaban la causa peronista. Provenían  de distintas actividades y grupos sociales: amas de casa, enfermeras, maestras, una abogada. Hasta  una cantante: la famosa Juanita Larrauri

En enero de 1950 se inaugura la primera unidad básica femenina en el barrio de Saavedra ( se llamaba barrio Presidente Perón y había sido construido por la Fundación). Cuando fallece Evita había 3600 unidades básicas femeninas en todo el país. Las integraban mujeres de todas las clases sociales. Unidas por lo social y lo político, conducían a millones de mujeres. Recuérdese que en el Partido Peronista Femenino la participación masculina no estaba permitida. Más aún, los caudillos que intentaron entrometerse fueron expulsados de los estamentos partidarios. Era, exclusivamente, cosa de mujeres. Queda para otra ocasión el relato de los actos heroicos de las “muchachas peronistas” durante la Resistencia.

Las unidades básicas, verdaderos hogares del pueblo, se convirtieron en lugares de múltiples actividades. Eran escuela cívica donde se realizaban ensayos eleccionarios. Incluían, asimismo, aprendizajes útiles para las mujeres: ayuda escolar, alfabetización, corte y confección, danzas folclóricas, juguetería, peluquería, manicuría.  primeros auxilios, decoración, taquigrafía (hoy sería computación). Se prestaban, además, servicios de consultoría: médico ginecológica, jurídica. En las unidades básicas suburbanas se enseñaba el cultivo de la huerta, la preparación de comidas económicas y la utilización de los productos de cada región. Funcionaban el día entero de 8 a 20 horas

Para Evita había conducción en la medida que el pueblo se conducía a sí mismo sabiendo adónde va, qué quiere, qué defiende: “cada uno lleva en su mochila su bastón de mariscal”. Las unidades básicas eran, por lo tanto, totalidades abiertas y flexibles. Eran organizadas; pero, sobre todo, orgánicas, es decir, cuerpos vivientes. Su tarea fundamental era la difusión doctrinaria y la propaganda de la obra de gobierno. Trabajar, aprender, enseñar, era un modo de  practicar la doctrina. Pero la práctica, a su vez, comprendía una ampliación de la conciencia. Por eso estaban siempre llenas de mujeres y de niños (únicos privilegiados).

Las mujeres aprendieron a pegar afiches, a decir discursos. Su ejemplo y modelo era Eva Perón. Se cumplían, entonces, a rajatabla, los sencillos apotegmas peronistas que todavía llenan de contenido, fe y esperanza a muchos compañeros.

 4.- El realismo feminista de Evita

La doctrina no se enseña, se inculca con el ejemplo. La doctrina no se estudia, se siente,  y se comparte. Todo se puede compartir: el hambre, la pobreza, la injusticia; pero el hambre no se refiere solo al pan, sino a la lucha para organizar la libertad.

Por eso la unidad básica concebida por Evita era un reflejo de la casa grande y incolonizable de la cultura popular de la argentina criolla preexistente en que lo imprevisible está al orden del día. A lo mejor, tanto peronistas como no peronistas, podrían concertar en base a esos sencillos  acuerdos fundamentales.

Para eso hay sostenerse en una doctrina,  en un proyecto estratégico y debatir la conducción política para no reproducir la sociedad uniformizadora mundial, masificadora, unilateral, que sólo provee una ilusión de libertad. Evita consideraba que se vivía una edad sombría y que otra vez las madres salvarían al mundo porque ven con los ojos de amor: son portadoras de la inteligencia del corazón.

Advertía, entonces, sobre ciertas degradaciones  de la  mujer. En primer lugar, la vida social. Para ciertas mujeres el hogar es lo secundario y lugar de una vida sin objetivos. Las “mujeres de sociedad” ( las clases altas) viven llenas de pequeñeces, mediocridades y mentiras. Para ellas  lo principal son las fiestas y reuniones. La vida social, entonces, no representa la cultura del pueblo. Se dice “bien”, “culta”, recibe en su seno a escritores, pensadores,  artistas, poetas: pero “creo, como que hay sol, que la vida social, así como la sociedad aristocrática y burguesa son dos cosas que se van…”

En segundo lugar, Evita nunca acordó con el feminismo de las intelectuales. Tanto desde la izquierda, como desde la derecha, se habían opuesto a la política peronista a favor de las mujeres humildes del pueblo. Objetaban no sólo el voto femenino, si no la ayuda social provista por la Fundación a las empleadas, a las mujeres explotadas. Era un feminismo no inclusivo y elitista (Victoria Ocampo polemizaba con Evita): quedaban afuera las “lumpen”, las “sin conciencia”. Por eso Evita le teme a la parodia de lo masculino: “ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así…que por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo…mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres”, “parecían estar dominadas por el despecho de no ser hombre, más que por el orgullo de ser mujeres”. Con el advenimiento del peronismo, pensaba Eva, la situación de las mujeres había cambiado. Ahora eran parte de la lucha sin cuartel “contra los privilegios oligárquicos”. Más aún, las mujeres eran la “fuerza moral” del pueblo porque eran el sostén del hogar y ¿qué era la patria sino un gran hogar? El Partido Peronista Femenino se organizaba a partir de una doctrina y una causa. La mujer actuaba en política, participaba, elegía y era elegida. Debemos reconocer que el feminismo se mantuvo al margen de estas actividades y aún hoy le cuesta aglutinarse como fuerza política.

En resumen, las ideas que Eva transmitió a las mujeres giraban en torno a la necesidad de organizarse y unirse en torno a algunos puntos básicos: a) Organizarse alrededor de la doctrina y de la causa peronista; b) Partido independiente del de los hombres; c) Objetivos: redimir a la mujer; d) Independencia de criterio y de acción; e) La mujer es para la acción; f) Donde está la mujer está el hogar; g) Vale más capacitar, instruir y educar a una mujer que a un hombre; h) Sólo las mujeres salvarán a las mujeres; i) Consolidar la unidad; j) El primer trabajo: levantar un censo de las mujeres peronistas.

Aunque no era madre carnal, Evita portaba la fuerza simbólica de las madres y se consideraba madre del pueblo. Para el peronista las madres del pueblo son protagonistas esenciales en la construcción de una sociedad liberada. Evita había advertido la incipiente falta de conciliación entre la necesidad de ser esposa y madre con la necesidad de derechos como persona humana. Le parecía inconcebible “que solo acepten constituir un hogar verdadero (no medio hogar o medio matrimonio) las mujeres menos capaces…las que no encuentran fuera del matrimonio y del hogar otra solución  “económica” que sustente sus derechos mínimos.” “Así descenderá –postulaba-  la jerarquía de la madre de familia y solo las “tontas” quemarán las naves casándose, creando un hogar, cargándose de hijos”. Advertía que asistimos a una quiebra de los valores morales y sentenciaba: “ no serán los hombres quienes los restituyan a su antiguo prestigio…y no serán tampoco las mujeres masculinizadas. No. ¡serán otra vez las madres!”

La vida moderna, sostenía, impulsa a que millares de mujeres abandonen, día a día, el campo femenino. Se ven impulsadas a vivir como hombres, trabajan como ellos, los sustituyen en todo. En consecuencia, “No se resignan a ser madres o esposas”.

En este punto, Evita entona una alabanza a los hogares del pueblo cuyo centro es la mujer. “Nacimos -asegura- para constituir hogares”. Es un destino que conlleva una misión. Es  cierto, pensaba, que de la profesión de mujeres no se puede retornar: “En las puertas del hogar termina la nación entera y comienzan otras leyes y otros derechos…la ley y el derecho del hombre…que muchas veces sólo es un amo y a veces también….dictador”.

La madre  “es el único trabajador del mundo que no conoce salario, ni garantía, ni respeto, ni límite de jornadas, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelga de ninguna clase”, “.

Proponía que, así como el país debe tener independencia económica, así la mujer también debe tenerla para dignificar su trabajo y elevar su cultura social. Por eso propone el sueldo para las madres, con aumento por cada hijo y mejoras por viudez. Es una significativa propuesta que Evita consideraba tan adelantada para su tiempo que todavía no era prudente promover esa ley. Ya había recibido el embate de las mujeres de la “vida social” y de las “feministas intelectuales” cuando logró el voto femenino y el acceso de las mujeres a los cargos electivos.

Para el peronismo la palabra “hogar” está cargada de vivencias y profundos simbolismos. El hogar, es como el fogón: un centro que emana luz y calor. Donde se armonizan los contrarios. Es el seno materno, el cobijo en el desamparo, el lugar donde padre y madre anulan sus contradicciones. En la era oligárquica,  época de las sociedades de beneficencia, había orfanatos, casas cuna, reformatorios. Todas expresiones de una sociedad egoísta, individualista, y fundada en la explotación y la injusticia social. Por eso las creaciones de la Fundación Eva Perón se llamaban “hogares”: hogares escuela, hogar de la empleada, hogares de tránsito, hogares de ancianos. Y las ampliaciones del hogar, las ciudades: ciudad infantil, ciudad estudiantil, ciudad universitaria, ciudad-hospital. Evita quería que los dolientes, los excluidos, disfrutaran las comodidades, la calidez, el amor y la solidaridad del hogar. Todo era de primera calidad: desde la utensilios hasta el trato, la visión cultural y la asistencia.

La profundidad de la poética del hogar culmina con la definición del general Perón: la patria es el hogar. En el discurso del 1° de mayo de 1974 ante el Congreso de la Nación, hablando del continentalismo como etapa del universalismo, recurrió a la poética del hogar: “Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar” Esto armoniza con la  alabanza de Evita a los hogares del pueblo, sedes de creatividad y alegría de ser: “la mujer auténtica vive el pueblo y va creando, todos los días, un poco de pueblo”. Por eso es la “creadora de la felicidad del pueblo”.

Jorge Torres Roggero, Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba

FUENTES:

Bianchi, Susana y Sanchís, Norma, 1988, 2 volúmenes, El Partido Peronista Femenino, Buenos Aires, CEAL

Chávez, Fermín, 1984, Perón y el Justicialismo, Buenos Aires, CEAL

Demitropulos, Libertad, 1984, Eva Perón, Buenos Aires, CEAL

Dos Santos, Estela, 1983, Las mujeres peronistas, Buenos Aires, CEAL

Perón, Eva, 1987, Eva Perón habla a las mujeres, Lanús, Editorial Volver.

Perón, Eva, 1987, Eva perón habla. Patria. Pueblo. Recuperación, Quilmes, Edit. Volver.

Perón, Eva, 1985, Discursos Completos, tomo I, 1946/1948, tomo II: 1949/1952, Buenos Aires, Editorial Megafón. Consúltese también La Razón de mi Vida; Historia del Peronismo; Por qué soy peronista y Mi Mensaje, todos con varias y distintas ediciones.

Perón, Juan Domingo, 1976, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Sin indicación de lugar,  Ediciones del Modelo Argentino

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Por Jorge Torres Roggero

LA GRANDE ARG.LIBRO TAPA1.- La ficción institucional

Voy a recordar un libro de Lugones que suele servir para denostarlo. Libro muy mentado; pero, poco leído y estudiado. Me refiero a La Grande Argentina. Vivir, se preguntaba Lugones: ¿es un oficio o un arte? La respuesta es una poética de la Patria que no podemos desarrollar ahora. Lugones estaba convencido que Argentina es una nación solar llamada a la luz suprema y el heroísmo. Pero como el propio poeta (que lleva un Lunones oculto en sus entrañas), la Patria alienta en su seno contradictorias huestes lunares. El juego de esos simbolismos nos atrae a un abysos ( abismo, lugar-espacio sin fondo).

Aclaro, entonces, que no es mi propósito aventurarme en los peligrosos derroteros del simbolismo hermético. Por cierto, el tema de La Grande Argentina no es ajeno a esas contradicciones que lindan con lo sagrado, lo trágico y el destino. Si alguien quiere averiguar cómo funciona el pensamiento metafórico (uso una expresión de Julio Requena) en el autor, puede vislumbrar algo en mi libro La cara oculta de Lugones.

Por ahora, echemos un vistazo a La Grande Argentina. Es un libro dedicado a la política que, si bien es el arte de lo posible, lo es apenas de lo posible contingente, según predicaba Leopoldo Marechal. Pongo, también, este texto sobre la mesa, porque vengo de una generación que se planteó como objetivo de lucha por una “Argentina potencia”, o sea liberada. Una patria luminosa, no la sombría colonia que padecemos. Algo de eso profetizaba Lugones en el dilema que, como se verá en las líneas que siguen, nos planteó en 1930.

Es en La Grande Argentina donde Lugones procura conciliar mito y ciencia en el riesgoso plano de las posibilidades históricas. Por eso presenta sus inquisiciones como “acto de fe” y como “diagnóstico”. El diagnóstico es una denuncia de la Argentina semicolonizada en la inauguración misma de la “década infame”; y en el momento mismo en que es de nuevo desoído por los encargados de trazar un modelo argentino. La denuncia cubre tres aspectos de nuestra realidad.

En primer lugar, marca a fuego la colonización cultural. Lugones va a la raíz del problema en cuanto denuncia la estructura política misma de la república. La democracia y la república, afirma, deben ser argentinas y no anglosajonas. Sobre las instituciones importadas, debe prevalecer la Nación: “Al pueblo no le interesa la constitución, máquina anglo sajona que nunca ha entendido”. La crítica no es a la democracia, sino a la ficción liberal que nos entrega atados al poder colonial. Lugones invita a hondos debates.

La segunda denuncia se refiere al imperialismo económico y sus consecuencias. Sólo citaremos la observación de L. Lugones sobre monocultura, bancos y marina mercante en poder del extranjero. Su conclusión es taxativa: “Un país no puede ser exclusivamente mercado sin degradarse en la poltronería cartaginesa. (…) Somos en realidad un colonia económica de los grandes compradores”.

Por último, su crítica se dirige al colonialismo interno. Bastaría esta simple cita: “Mientras en Buenos Aires se llega a mendigar con medias de seda, en el interior no se puede trabajar de alpargata”. La denuncias se fundan en la situación de 1930. Ahora, por cierto, la caída del pueblo y la degradación de la patria se han profundizado.

Las contradicciones que nos aquejan surgen claras si nos atenemos a los tres aspectos señalados. La hegemonía es ejercida por una república rural, latifundista, librecambista, es decir, por un Estado Colonial. A esa situación, es necesario oponer el crecimiento de una república industrial, con preeminencia de la siderurgia y la construcción, con control económico, o sea, con un Estado Nacional.

2.-Colonia o Potencia

En el plano contingente, postula, la Patria es un estado de necesidad: “la moral de la nación es distinta de la personal: es bueno lo que le conviene”. En tal caso, no deben ser las “ideas” las que gobiernen porque de nada sirve una constitución monumental pero inútil, sólo aplicable a un individuo genérico, a un ente abstracto. Deben gobernar en cambio las necesidades , lo que es eficaz y útil para el ciudadano argentino concreto, lo es para el país. “El objeto de la Nación no es la virtud, afirma, sino el bienestar y la seguridad de sus hijos”. Su deber “no es la moral sino la victoria”. Por supuesto que esa victoria será fruto de las virtudes de los ciudadanos. Y el ciudadano, como en las democracias griegas, debe ser un soldado, aclarando que, para Lugones, ser soldado es un estado del ser cualitativamente superior pues está relacionado con el aspecto solar y flamígero de la espada, símbolo del Verbo.

Llega, pues, un momento en que la lectura del texto exige cierto estado de gracia por parte del lector que, si se aferra a cierta grosera literalidad, queda ayuno sobre el significado profundo de los símbolos lugonianos. Sobreviene una simpar angustia a los que hemos sobrevivido a la conversión del “soldado” en “fuerza armada”, o sea, a la literalidad de la violencia y el apartamiento del destino superior de la Patria.

Por supuesto que estas contundentes afirmaciones de L. Lugones hacen poner los pelos de punta a nuestros politólogos cualquiera sea su pelaje. Pero de acuerdo con la poética que trazan tanto la vida como la obra de nuestro comprovinciano, no es difícil advertir que para él la historia no es historiografía; ni el conocimiento,  bibliografía. Otros son los instrumentos para zambullirse en la realidad. Lugones, en el estado contingente propio de su comunidad, reincide en el camino solar que ya señalara en Prometeo (1910): “La felicidad, o sea la salud del alma, es un negocio colectivo. Y así como la solidaridad de la higiene comporta un interés eminente porque de lo contrario las plagas infecciosas son el castigo del egoísmo, la solidaridad de la dicha constituye el supremo interés para las sociedades cuyo porvenir amenaza el egoísmo con un castigo peor: el odio convertido en tentadora voluptuosidad para los débiles y en vengativa satisfacción para los fuertes. (…) La nación que adoptara al nacer el sol como emblema, impúsose con ello un existencia de heroísmo sin término”.

La Grande Argentina es un llamado a la comunidad a cumplir con su destino solar, aunque deba pasar sobre la moral y las instituciones de los políticos, como exigencia impuesta por el “tiempo irreparable” del verso antiguo, “ya que habiendo para todo época propicia, la Nación tiene que aprovechar con acierto lo que podría llamarse la hora de su destino. (…) Hora grave, porque se trata de una opción definitiva. O empezamos a transformarnos en potencia, o nos conformamos con la subalterna situación de un país de segunda clase”.

Lugones traza, entonces, en La Grande Argentina, una ética de la nacionalidad en que los aspectos lunares, no del individuo sino de la comunidad, son conjurados e incorporados. La Argentina debe cumplir su destino solar. La disyuntiva es de hierro: COLONIA o POTENCIA.

La aplicación del simbolismo hermético en la organización de la potencia está dada en la propuesta de una comunidad jerárquica y solidaria. Así se manifestaría lo oculto en la realidad viviente, en el orden contingente de las patrias. Toda nación que no se organice de acuerdo con el modelo sagrado del cosmos ( “patria celeste”, según Marechal, “comunidad organizada”, según Perón), será presa fácil de la ley fatal que le reserva un destino de “país de segunda clase”, o sea, “servil”. Enfrentado al “racionalismo desenfrenado” y al “orgullo lógico”, Lugones desecha el cientificismo en la política, porque “la política no es una ciencia ni una filosofía. Es un arte. Vale decir una actividad en la cual predomina el acierto intuitivo, o, si se quiere, la inspiración, “dones por cierto, personalísimos y escasos”.

Y concluyo esta incursión lugoniana. Pero esto de la política como un arte, seguramente les hizo acordar a un Gran Conductor que decía en 1952: “Así como una “Piedad” de Miguel Angel no puede ser creada por un organismo técnico-escultórico, tampoco en la conducción política o militar puede surgir una obra de arte prescindiendo del artista. Con buenos técnicos y artesanos, sólo puede ejecutarse un buen trabajo. Para crear es menester un artista, y la conducción impone un permanente e ininterrumpida creación” (Perón).

Jorge Torres Roggero, Profesor Emérito Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba, 21 de feb. de 19

Fuentes:

Lugones, Leopoldo, 1962, 1ª. Edic, 1930, La Grande Argentina, Buenos Aires, Huemul

Lugones, Leopoldo, 1962, Prometeo. En: Obras en Prosa, México, Editorial Aguilar

Torres Roggero, Jorge, 1977, La Cara Oculta de Lugones, San Antonio de Padua, Castañeda

Torres Roggero, Jorge, 2002, Elogio del Pensamiento Plebeyo, Córdoba, Silabario

por Jorge Torres Roggero

Imagen (38)1.- Manuel Ugarte: un maldito

En el prólogo del libro  La reconstrucción de Hispanoamérica, Manuel Ugarte (Bs.As., 1875/Niza, 1951) sostiene que lo que vamos a leer es “un testamento y una despedida”. Desde que, a comienzos del Siglo XX, inició su batalla cultural contra el imperialismo y por la unidad latinoamericana, solo tres libros suyos fueron editados en Argentina. Su lucha y su obra fueron silenciadas por el aparato cultural de la oligarquía. En gira de conferencias por toda América Latina, “agotó su fortuna personal, despertó la aversión de los cipayos, de derecha y de izquierda y fue expulsado del Partido Socialista por su “nacionalismo latinoamericano”. Sus libros principales fueron editados únicamente en España y Francia.

El libro póstumo, que vamos a recorrer juntos, fue editado en 1961 por Editorial Coyoacán. Su viuda, Thérese Desmard comenta: “Se le negó todo, hasta una jubilación como periodista a aquel que había invertido toda su fortuna en grandes campañas continentales, a principios de siglo, para pregonar la unidad de los pueblos de América Latina”. El desconocimiento deliberado de su obra asegura, es el resultado “de una confabulación del imperialismo contra el que luchó toda la vida”. Aislado y perseguido, se vio obligado “a asumir un destierro voluntario de cuarenta años”.

Los siete capítulos de La reconstrucción de Hispanoamérica que se publican fueron corregidos por Ugarte. Pero el prólogo es una recopilación de los apuntes que había preparado para una redacción ulterior. El manuscrito quedó inconcluso. Trabajaba en él cuando la sorprendió la muerte en 1951.

En 1945 había regresado fugazmente a la Argentina y, con disidencias, apoyó el movimiento popular naciente. Entre sus papeles, se encontró un texto en que sostenía: “Perón es la voluntad nacional y en ella se funda actualmente la salvación de la Patria. No he pertenecido nunca al bando de los aduladores y si hago ahora esta afirmación, si he vuelto especialmente de Europa para votar a Perón, es porque tengo la certidumbre absoluta de que alrededor de él debemos agruparnos, en los momentos difíciles porque atraviesa el mundo, todos los buenos argentinos.” Y concluía: “Todos los presentimientos y las esperanzas de nuestra juventud, volcada un instante en el socialismo, han sido concretadas definitivamente en la carne viva del peronismo que ha dado fuerza al argentinismo todavía inexpresado de la Nación. Ahora sabemos lo que somos y a dónde vamos. Tenemos nacionalidad, programa, derrotero.”

2.-Mestizaje: ¿el fuerte siempre gana?

Eva Perón hablaba del “derecho victorioso del más débil”. En consecuencia, a lo mejor  la  historia  de nuestras luchas por la vida, de la selección de las especies y del dominio del más fuerte, nos es la verdadera historia. Esas, diría Borges, son “nuestras imposibilidades”. Como en la microbiología, existen otras posibilidades. Está comprobado que, mediante la cooperación, el débil logra sobrevivir y sobreponerse a la agresión del más fuerte. Refiriéndose a esto, dicen los microbiólogos Lynn Margulis y Dorion Sagan en Microcosmos: “La competencia en la cual el fuerte gana ha recibido mucha mejor prensa que la cooperación. pero ciertos organismos superficialmente débiles han sobrevivido formando parte de entidades colectivas, mientras el representante de los fuertes, al no haber aprendido el truco de la cooperación, fueron arrojados a la pila de los residuos de la extinción evolutiva”.

También el sexo es un tipo de realimentación: ““El sexo, postulan, como la simbiosis, es expresión de un fenomeno universal, el principio de mezclarse y congeniar. Dos organismos, sistemas u objetos bien desarrollados y adaptados se combinan, reaccionan, vuelven a desarrollarse, definirse, adaptarse y surge algo nuevo”.

De tal modo, no seríamos seres autónomos, sino eslabones de una cooperación simbiótica. La vida es una forma de cooperación. Surgiendo de la confusión y el caos, se realimenta. La supervivencia no es una especialización de los más aptos; es, en cambio, la cooperación como la más potente operación de cambio evolutivo.

A partir de una intuición poética, Kropotkin postula una interpretación del origen de las especies de un modo diferente al determinismo positivista. En su libro Socorro Mutuo, plantea: “Si nosotros preguntamos a la naturaleza quienes son los más aptos, si los que continuamente guerrean entre sí o los que se respaldan mutuamente, vemos de inmediato que los animales que adquieren habito de socorro mutuo son indudablemente los más aptos. Tienen más oportunidades de sobrevivir y alcanzar, en sus clases respectivas, el mayor desarrollo de inteligencia y organización corporal”.

Estos aspectos que vuelven a ser tenidos en cuenta ante el peligro de disolución de la cultura occidental como catástrofe ecuménica, nos enfoca en la obra póstuma de Manuel Ugarte de la que daré cuenta somera como un modo de cultivo (cultura) de la esperanza. A nuestros pueblos todavía les es dado bregar por la autoorganización mediante la dependencia mutua. La coevolución está a nuestro alcance. La identidad está escrita en lo que hacemos. Recibimos información y recibimos caos: nuestro enigmático mestizaje genera pensamiento y conducta. A veces, los pensamientos son estereotipos, simplificaciones que seleccionan y abstraen sentimientos, sensaciones, matices, pero debajo de cada pensamiento fluyen nuevos reprofundos de sensaciones y sentimientos, florecen rizos de realimentación del cerebro con la palabra y la presencia de olvidados dioses.

3.-Un estuario de recuerdos

Ugarte postula que en Iberoamérica se intersectan dos vectores principales. Su presencia es tan poderosa que nada ni nadie puede desviar o suprimir estas dos grandes vertientes“la que emana de la América precolombina y la que irrumpe con la presencia hispana. Fundidas una y otra en estuario de recuerdos, realizaciones y esperanzas frágiles aun en ciertos órdenes, a pesar de todo un programa, una herencia y una brújula, hay que evitar que corran riesgo de desaparecer porque constituyen la promesa de una nueva modalidad humana, de un pensamiento distinto dentro de los valores universales” (p.9)

Fíjense en la poderosa metáfora: “estuario de recuerdos”. Los argentinos estamos marcados hasta en el nombre por un barroso estuario. Eso somos, una confusa patria, una barro que anda, cargado de vida bullente atacada por acosos externos, por agrotóxicos de toda laya. Somos un fluir de recuerdos y nuestras realizaciones y esperanzas son todavía frágiles. Sin embargo, postula Ugarte, hay que aferrarse a ellas. Siempre están en riesgo de desaparecer y siempre estamos evitando que desaparezcan porque ellas constituyen la promesa. Esa promesa es la de una nueva conciencia universal “una nueva modalidad humana, un pensamiento distinto dentro de los valores universales”.

4.-La Caldera

En la emergencia de América como etapa superior y “tiempo entero”,  sucedió que a los que se alejaban de la metrópoli no les quedaba otro remedio que elevar y aceptar al indígena dentro de la nueva nación. Por otra parte, es claro que la independencia nació del esfuerzo concordante del criollo de sangre blanca y de sangre mezclada. Cada grupo dio hombres que contribuyeron a alcanzar el resultado, volcándose todos, podríamos decir dentro de la caldera en que hervía la futura nacionalidad.

Empapados los dirigentes de ideas conservadoras hasta intentaron, en un momento,  la creación de monarquías o de imperios. Favorecieron, además,  dentro de la minoría blanca dominante, el nacimiento de grupos privilegiados, mitad aristocráticos, mitad plutocráticos. Fue un doble error que avivó la rebelión, la inseguridad y la indisciplina.” (p.27)

La oligarquía instaurada en la gesta libertadora asentó su justificación en una independencia teórica y estableció un cordón de hierro entre la minoría gobernante y las mayorías populares. A finales del XIX proliferan los conventillos en Buenos Aires. Guillermo Rawson publica en 1885 su estudio sobre las casas de inquilinato. La escasez y la miseria lo conmueven, pero, en el fondo, es una apelación al instinto de supervivencia de las clases dominantes todavía conmovidas por la fiebre amarilla de 1871. No basta la limosna, de esas “fétidas pocilgas” donde se cultivan gérmenes de terribles enfermedades salen las manos y los cuerpos que trabajan en los lujosos palacios. Así un buen día, el tifus, la difteria, atacan a ese hijo, “que es un ángel”. Este temor al pobre como amenaza innominada, puede palparse en dos conocidos cuentos de la literatura argentina “Tini” de Eduardo Wilde y “El hombrecito del azulejo” de Mujica Láinez en que los médicos Wilde e Ignacio Pirovano son personajes importantes.

De tal modo Buenos Aires es un taller de epidemias y el conventillo “tálamo en el cual la fiebre amarilla y el cólera se recrean”; pero, presenta, a la vez, una verdad más alegre. El conventillo es también “la olla podrida de la nacionalidades y las lenguas”: teatro de amores, de dramas y tragedias, lugar de encuentro, a través de una oralidad babélica, de milenarias recetas culinarias. Allí germinan las “multitudes argentinas” en la solidaridad de la pobreza, en los niños que en la escuela pública se “argentinizan”. La madre italiana de Nicolás Olivari canta junto al fuentón mientras lava la ropa. En la Musa de la mala pata, gringa canta “yo soy la morocha, la más agraciada”; y el poeta poetiza: “la primera palabra en argentino que le oí a mi madre”. Esa confusa patria alumbrará, como un todo de autoorganización poderosa, la chusma sagrada de Almafuerte e Hipólito Yrigoyen.

Esa creatividad secreta del pueblo estará siempre en contradicción con el odio secreto de la oligarquía que se convirtió en el mejor aliado del imperialismo.

Dice Ugarte:  “…se afianzó el prejuicio de que sólo me mantenía la dignidad con los títulos universitarios, el uniforme militar o las tareas de gobierno. Así resultó la independencia en cierto modo teórica. El colonialismo político pasamos al colonialismo económico. Se aceptó como natural que las riquezas nacionales – in nomine – fuesen explotadas y fiscalizadas por organismos ajenos a nuestro conjunto”(…) “…las empresas extranjeras se apoderaron del suelo y el subsuelo.”(…) “Se entorpeció, por encima de todo, la facultad de crear. Pese a la independencia aparente, toda iniciativa y todo esfuerzo siguió ajustándose a fórmulas importadas. Cuanto vivificó la tierra nueva continuó siendo accionado desde lejos. Cada empresa próspera dejó sus beneficios fuera de la colectividad. No se hizo sentir uno de esos movimientos unánimes que renuevan el espíritu y le permiten adueñarse de todo lo que le rodea”(p.28)

5.- Ponerse a deletrear hechos

Manuel Ugarte inicia así lo que él denomina un “modesto silabario para deletrear hechos y buscar soluciones”. Considera que la Segunda Guerra “proyecta una luz clara sobre la evolución del Continente. Percibe circunstancias y perspectivas nuevas que rebasan los panoramas habitualmente evocados. Hay situaciones que obedecen a “otras rotaciones”. Rescata una vieja palabra cara a su comienzos modernistas y que alude a sensibilidad especial para percibir aspectos no visualizados de la realidad: vibración. Lo que la mirada (teoría) europea no ve, es develado con los ojos penetrantes de la mirada propia. Persiste una vibración “que correponde a nuestra entidad geográfica, étnica y espiritual para favorecernos o salvaguardarnos en medio del trágico remolino”. (p.12)

Ante el silencio de los que mandan, se levantan tumultuosamente las preguntas: “¿Qué somos? ¿Cómo hemos vivido? ¿Qué nos aguarda? (…) La contemplación del horizonte todavía en llamas nos hace pensar en el futuro. Nunca se vio tan loca confusión de ideas, jamás estalló la desorientación en forma tan estruendosa. ¿A dónde vamos?

 

6.- Una radiografía heterodoxa

Todos recordarán el oscuro pesimismo de la Radiografía de la pampa. Munido de filosofía europea, de un primitivo psicoanálisis, de las doctrinas y símbolos de extremo oriente, Martínez Estrada condena a las multitudes argentinas y sus posibles caudillos a un laberinto sin salida, a importadores del subconsciente europeo y la cloaca de occidente.

Asimismo, la radiografía de Ugarte es mucho más alegre que “el pecado original de América”  de H. A. Murena que nos sumerge hasta la verija en la barbarie. “Al resplandor del incendio, postula Ugarte,  surgen perspectivas nuevas que ponen en evidencia errores endémicos y ofrecen, en cierto modo, una radiografía de nuestro estado” (p.12)

Entonces comienza su reivindicación del mestizaje como una energía genética y como apertura a una conciencia universal. Urge, por lo tanto, retomar “… problemas capitales que hasta ahora fueron olvidados: el de la convivencia de los diferentes componentes étnicos, el de nuestra debilidad en medio de los remolinos del mundo, el de la valoración de los elementos propios de riquezas nativas, para no citar más que algunos”. Para ello, es necesario no enfocar los problemas desde el punto de vista de las ideas generales (pura teoría) o de los apasionamientos instintivos como hinchas de un ininterrumpido match de fútbol. Dejemos de vivir “del contagio de Europa”, de las repercusiones de lo que allá dicen, piensan y hacen. Él, que fue expulsado del socialismo por su “nacionalismo latinoamericano”, es un vivo ejemplo. En efecto, “el socialismo fue enemigo en teoría del capitalismo nacional, pero no lo fue en ninguna forma del capitalismo extranjero” (p.102)

7.- Tumultos de la humanidad y horas confusas

Sin encarar la lucha antiimperialista, de nada valen las elucubraciones filosóficas y su carga de erudición prestada:  “Los imperialismos que nos supergobiernan tienen una verdad para ellos y otra para los pueblos que aspiran a seguir mediatizando” (p.13)“Francia en Marruecos, Inglaterra en la India y los Estados Unidos en Iberoamérica han seguido después ( la táctica de fingir favorecer las intrigas interiores exasperando los apetitos de los jefes como César)  la misma política, probando que el supremos peligro de los pueblos débiles suele residir, más que en la fuerza del enemigo, en la infidencia de los connacionales, en la deserción de una minoría que enlaza sus intereses con el invasor”(p.54) 200.000 soldados dio Iberoamérica bajo otras banderas en la guerra del 14 pero muy pocos acompañaron a Sandino cuando se “lanzó a reivindicar la libertad de Nicaragua”(p. 55)

Sin embargo, los imperialismos llevan en sus entrañas los gérmenes de su destrucción. “La misma captación unilateral, basada en privilegios comerciales, que representa la manera más perfeccionada del colonialismo, implica a la larga, desangramientos tanto más importantes cuanto más amplio es el radio en que se ejerce la acción. Resulta dudoso que un pueblo pueda sacar todo de otro durante mucho tiempo sin dejarle nada. Por disciplinados y estrictos que sean los procedimientos, siempre hay un desgaste que resta fuerza. El organismo conquistador se desvirtúa y decae en proporción a la distancia que le separa de sus bases. Esta ha sido en todas las épocas la causa que determinó la caída de los núcleos dominantes, inferiorizados por civilizaciones tributarias o sorprendidos por sublevaciones de esclavos”.

Hoy en día, pensamos, la flecha del tiempo se ha invertido. Los Estados Unidos han entrado en una fase entrópica y China ha salido desde la profundidades de su cultura milenaria al encuentro del futuro. Es una hora de tumultos; y el tumulto es un don iberoamericano. Han anunciado su presencia ciertas estructuras disipativas, cierto caos activo, caliente y energético, indemne a las pistolas táser y la vigilancia electrónica.

El caos turbulento que cada vez opaca con más fuerza el orden occidental, anuncia en silencio la desintegración del sistema y la emergencia de nuevos equilibrios. Es necesario restaurar el carácter abierto de la historia, “en los grandes tumultos de la humanidad unos núcleos naufragan y otros resurgen. Conviene familiarizarse con los defectos y las cualidades nuestras, con los puntos fuertes y los puntos vulnerables ajenos para encarar resueltamente el porvenir en el ring trágico de posibles victorias o derrotas de los siglos”(p.35) Ante este panorama, es necesario ensayar modos de ver propios y no dejarse sugestionar por constelaciones extrañas, ajenas a nuestro acontecer y a nuestros avatares concretos como sujetos históricos. Ugarte llama a: “Examinar en horas confusas nuestros intereses especiales, regionales, inalienables desde un punto de vista propio, desligado de extrañas sugestiones” (p.10)

En medio del desorden, hay que “sacar enseñanza de los errores pasados para preservar en la parte del planeta en que nacimos las formas de vida, de pensamiento, de acción que integran las distintivas, los resortes, la atmósfera sin la cual seríamos tributarios de otros pueblos y, a poco andar, virtualmente vasallos”. (p.10). Es claro que el idealismo, el derecho, la justicia, las fuerzas espirituales, en la historia fáctica, sólo triunfan fugaz y fragmentariamente. Es parte de nuestro conocimiento de la historia universal tener en cuenta que el punto de partida es un cruce o intersección: el de la América autóctona con la conquista ibérica. Idioma y cultura hispanas se sobrepusieron y de tal modo constituyen las bases dominantes. Por lo tanto, mientras más cerca de las fuentes, más personalidad; cuanto más pasado, más patria. Por supuesto, deberá tenerse en cuenta que el componente hispano es solo un aglutinante; pero el componente nativo es volumen vital que gravita sobre el porvenir. Los nativos, mal pagados, mal nutridos, llevan “sobre sus espaldas la riqueza que se va”. (71-74).

Ugarte no acepta el indigenismo ingenuo: “El indigenismo, o indianismo, significa regresión a la América precolombina y sólo puede tener curso como fantasía literaria.” “…cabe preguntarse en qué idioma se haría la campaña para exhumar el pasado” (p.72) La realidad de la nueva América es el mestizaje. La mezcla mantuvo mentalmente una jerarquía frente a las diferencias étnicas después de haberlas desmentido por la cohabitación en las costumbres.(p.60)

La independencia debe estar afirmada sobre cimientos vitales. “…el derecho, la justicia, la libertad no son leyes morales infalibles, sino consecuencias variables de los factores económicos y la situación material de los pueblos”(P.58) “El hueso de las naciones no está en sus preferencias filosóficas, políticas o sociales, sino en la organización de los recursos económicos que preservan la autonomía. (…)”De nada sirven principios o sistemas si el organismo material sucumbe y se extingue la fuerza vital sobre la cual aspiran los mismos teóricos bullangueros a ejercer acción”.(p.79)

8.- La Patria es un ser viviente

Como vemos, para Ugarte los “cimientos vitales” de un pueblo no residen en las grandes ideas, sino en lo que constituye su cuerpo vivo, sus vísceras humeantes, o sea, “los recursos económicos que preservan su autonomía”.

De entre esas materialidades emana “el alma” de un pueblo, su modo de plantarse en la historia y en la transhistoria individual y supraindividual: “Todo ser viviente –y la Patria es un ser viviente en la historia como puede ser un águila en el cielo – todo ser viviente, digo, por inferior que sea el rango que ocupa dentro de la zoología, tiene el instinto de perdurar. Hasta en la escala más rudimentaria, se precave, por un lado contra la agresión de las especies más fuertes, y por otro, contra los alimentos o climas que le son contrarios. Los pueblos que no quieren desaparecer muestran también esa doble preocupación de prevenir filtraciones extrañas y aportes que minan la salud y fortaleza. (p.79)

Nuestra América no tuvo en cuenta esta doble preocupación. ¿Cuál era el único peligro? Sin duda las acechanzas de las grandes naciones imperialistas. Sin embargo, organizó sus defensas pensando en las hermanas repúblicas limítrofes y las abrió de par en par a los poderosos imperios. Fue así como entregó las riquezas del suelo y subsuelo; aumentó desorbitadamente la deuda pública y derrochó su tiempo enredándose en debates estériles, en gritos de tero destinados a esconder el nido de iniquidad de la entrega por parte de los vendepatria. De tal manera, los extraños se apoderaron de la regulación de las funciones vitales del pueblo. ¿Si no accedemos a las exigencias de la usura internacional, dicen, ¿cómo venderemos nuestros productos? Ugarte daba el ejemplo del Pacto Roca/Runcinam. Funda, desde una perspectiva nacional y latinoamericana, en qué consiste estar “aislado del mundo” y “de las inversiones”.

Ugarte concluye con una apelación que implica una cambio en la flecha posible/duración. Paradójicamente, las naciones no pueden vivir sin una mística. Las patrias se van haciendo día a día: “La evolución de las patrias que aspiran a durar es una carrera de antorchas en el curso de la cual las generaciones se van pasando la llama encendida en vista de una finalidad que ninguno concreta en sí y que solo se cumple con la solidaridad en el curso de los tiempos”. Si es necesario que cada república mantenga su demarcación, sus costumbres y su gobierno; que, por lo menos, “en las líneas básicas y vitales, exista una esperanza, un orgullo y un derrotero común”. Estos son algunos lineamientos de un libro inconcluso cuyas últimas páginas fueron firmadas, a modo de despedida, en Niza, noviembre de 1950.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito, Universidad Nacional de Córdoba

FUENTES:

Briggs, J. y Peat R.D., 1990, Espejo y Reflejo: del caos al orden, Barcelona, Gedisa Editorial

Martínez Estrada, Ezequiel, 1961, 5ª Edic., Radiografía de la pampa, Bs.As., Losada

Mujica Láinez, Manuel, 1994, Misteriosa Buenos Aires, Barcelona, Seix Barral

Murena, H.A., 1954, El pecado original de América, Bs.As., Sur

Olivari, Nicolás, 1966, El gato escaldado, Buenos Aires, CEAL.

Páez, Jorge,1970, El conventillo, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina

Wilde, Eduardo, 1938, Prometeo & Compañía, Bs.As., Ediciones Anaconda

Ugarte, Manuel,1961,  La reconstrucción de Hispanoamérica, Buenos Aires, Coyoacán

por Jorge Torres RoggeroAJAURETCHE ESCR. INED

1.- El puntapié como soporte del salto metafísico: Leopoldo Marechal

La bofetada o el puntapié (chirlo, patada, según el vulgo) son antiguos, semibárbaros recursos punitorios y, a veces, pedagógicos. Sacados de su contexto o de su concretez suelen resultar objeto de interminables y apasionadas polémicas. Los viejos atesoramos algunas experiencias sobre esas anacrónicas prácticas. Memoriales de épicas grescas o severos correctivos. Todavía en estos tiempos, en forma no sabemos si metafórica o real, no es raro escuchar, en tren de castigar traiciones o penar defecciones, que se amenaza a los convictos con “sacarlos a patadas en el culo”. Pero ese no es mi tema hoy. Sólo pretendo mostrar dos casos en que el puntapié cobra categoría poética y cierta jerarquía epifánica. Tal carácter lo convierte en un gesto nodal capaz de cambiar el rumbo de una vida.

Incurro, entonces, en el “Primer Apólogo Chino” de Leopoldo Marechal. Versa sobre una disputa desencadenada entre jefe y empleado acerca de un viejo aforismo: “Primero vivir, luego filosofar” (Primum vivire, deinde philosophari).

Tsajü ha sido reprendido. Su patrón ha vituperado su tendencia a la introspección y le ha dejado una sentencia que lo ha perturbado. Acude intrigado al Maestro Chuang: ¿Qué es primero, vivir o filosofar? Tsajü medita y responde: “primero es vivir y luego filosofar”: “Sin decir una sola palabra, el Maestro Chuang le dio un bofetón enérgico y a la vez desapasionado en la mejilla derecha.” Y se fue a regar el duraznero florecido.

Tsajü no se enojó y pensó que aquella bofetada tenía un valor didáctico. Decidió prescindir de su ambiente de comerciantes y manufactureros y consultó a toda la jerarquía de la administración pública. Al mes, regresa y cuenta al Maestro Chuang que, habiendo consultado a hombres de experiencia, todos le han asegurado que primero es vivir y luego filosofar. Meditativo y justo, Chuang le dio una bofetada en la mejilla izquierda y se fue a estudiar el duraznero que ya tenía flores en agraz.

Tsajü entendió que la Administración Pública era “un batracio muy engañoso” y apeló a la ciencia de jueces, médicos, psiquiatras, astrofísicos, “generales en actividad” y “ostentosos representantes de la curia”. Contento, regresó a su maestro Chuang y le contó que todas “las jerarquías de los intelectos humanos” le juraron que “primero es vivir y luego filosofar”. “Dulce y meticuloso, Chuang hizo girar a su discípulo de tal modo que presentase la región dorsal. Y luego, con geométrica exactitud, le ubicó un puntapié didascálico entre las dos nalgas”. Hecho esto, se acercó al duraznero y se puso a librarlo de hojas excesivas.

Como a Tsajü su patrón lo había despedido por sus negligencias reiteradas, conoció el verdadero gusto de la libertad. Entonces ayunó, se recluyó en la cabaña de un eremita, trazó un círculo mágico para defenderse de enemigos terrestres e interferencias psíquicas hostiles y se entregó a una profunda concentración. Después de una semana, se dirigió a la casa de Chuang, y tras una reverencia, le contó lo que había reflexionado. Y era esto. La vida humana, desde el comienzo, es una accionar constante. Ahora bien, todo accionar de hombre debe responder a un Fin inteligente, necesario y bueno. Pero ¿cuándo se “ha de meditar ese Fin, antes o después de la acción”? La respuesta es ANTES de la acción “porque una acción libre de toda ley inteligente que la preceda va sin gobierno y sólo cuaja en estupidez y locura”. Por lo tanto: primero es filosofar y luego vivir.

El discípulo aguardó la respuesta de Chuang “ignorando aún si tomaría la forma de un puntapié o de una bofetada”. “Pero Chuang, cuyo rostro de yeso nada traducía, se dirigió a su duraznero, arrancó el durazno más hermoso y lo depositó en la mano temblante de su discípulo”.

El Maestro Chuang había cultivado, a la vez, con el mayor celo y del modo más extraño, la mente de su discípulo y el duraznero: el estar siendo para el fruto.

2.- Pedagogía básica: una patada oportuna y el maestro anarquista de Jauretche

Arturo Jauretche recuerda que, hacia finales de la década de 1920, fue antimperialista al estilo de la época: “le comía el hígado al águila norteamericana”, “mientras el león británico comía a dos carrillos sobre la tierra nuestra”. Fácil antimperialismo: “Milité en la Unión Latino Americana y en la Alianza Continental”. Los grandes diarios les daban manija: publicaban sus anuncios y transcribían sus discursos. Además, generosos benefactores contribuían con recursos económicos para las campañas, para los viajes por el interior y por toda América: “¡cuántos patriotas!”.

Cierta vez, se realizaba un acto de solidaridad con Sandino. Desde el balcón de una vieja casa hablaba Alfredo Palacios. Ahora bien, como también era tiempo de agitación por Sacco y Vanzetti, los anarquistas interferían todos los actos públicos. Un orador se subía a un árbol o a una reja, se ataba una pierna con cadena y candado y, luego, tiraba la llave que recogía un compañero. “En esa ocasión había uno que interrumpía las frases del “El Maestro”. Entre citas de las Vidas Paralelas, evocaciones de Garibaldi en la Porta Pia y la palabra ¡Libertad!, metía sus reclamaciones contra la ejecución de aquellos obreros.

“No había forma de silenciar a los anarquistas y se me ocurrió prenderle fuego a un periódico y arrimárselo al orador, confiado en que el compañero que tenía la llave, ante el peligro del fuego abriría el candado. Pero no fue así. Recibí en ese momento la más formidable patada en el traste que puede recibir un mozalbete. Me la había propiciado el compañero de la llave que me tomó de un brazo, me invitó a un café y me descubrió un mundo nuevo”. Estas fueron algunas de sus enseñanzas:

1.- La complicidad colonial entre las dos alas de la “intelligentzia”: la liberal oligárquica y la izquierdista internacionalista.

2.- Se reía del reformismo universitario. Y le explicaba esta aparente contradicción: Yrigoyen les abre las cátedras a los Maestros de la Juventud (próceres reformistas) y estos trabajan al lado de la oligarquía contra Yrigoyen.

3.- Lo hizo reflexionar sobre el aparente contrasentido entre la “Semana de Enero” y la de la Patagonia y la evidente simpatía de los anarquistas -que “fueron los que pusieron la carne y la sangre de esa matanza”– por Yrigoyen.

4.- Le mostró, además, que más allá de la sociedad ideal que ellos buscaban había una realidad contingente que exigía decidirse en cada momento histórico: la opción de todos los días no era entre teoría abstracta y el hecho concreto, sino entre los hechos concretos.

5.- Le hizo ver lo que representaba históricamente Yrigoyen y la alianza de fuerzas antinacionales y antisociales que se le oponían.

6.- Lo avivó sobre los primeros indicios de cuáles eran las fuerzas realmente dominantes en el país y qué significaba la agitación antiyanqui. El venía de la lucha entre los Sindicatos y los Directorios de la empresas. Y los Directorios no eran yanquis, eran ingleses.

Así fue como la patada en el traste del anarquista lo sacó del inmovilismo burocrático de los dogmas de la Reforma Universitaria, le abrió los ojos para descubrir el carácter colonial de la “intelligentzia” y lo impulsó a abrazarse al hombre concreto. Fue el inicio de sus campañas “de esclarecimiento del hecho argentino sacándolo del vago antimperialismo de las izquierdas, expertas en ocultar las raíces concretas del mal”.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba,28/10/18

FUENTES:

Jauretche, Arturo, 1967, 3ª. Ed., Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica, Buenos Aires, A. Peña Lillo Editor

Jauretche, Arturo, 1974, 3ª. Ed. Filo, contrafilo y punta, Buenos Aires, A. Peña Lillo Editor

Marechal, Leopoldo, 1966, Cuaderno de navegación, Buenos Aires, Editorial Sudamericana