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por Jorge Torres Roggero

 

TINOCO1.- Tinoco: el último bosque nativo conservado de la Pcia. de Córdoba

¿Fue un azar? No sé qué tecla apreté. Lo cierto es que me apareció el sitio de La Ronda 91 FM (06/02/2020) que daba cuenta de un bosque nativo intacto, bien cerquita de Córdoba Capital.  Así me enteré de que Tinoco, “una comuna que cuenta con menos de 10 cuadras”, guarda un tesoro inapreciable: el último bosque nativo bien conservado del centro de la Provincia. Son cerca de  800 hectáreas protegidas por ley. Proliferan allí árboles centenarios: quebrachos blancos, algarrobos y otras numerosas especies de la flora autóctona. “Éste relicto de bosque se salvó de las topadoras gracias a la protección que le brindó su legítimo dueño, un campesino que mantuvo el monte como parte de su forma de vida y evitó que lo desmontaran”, explicó  a La Ronda 91 Fernando Barri, biólogo del Conicet.

Rodeado de cultivos intensivos, a tiro del glifosato, el santuario nativo no está exento de riesgos.  Y corre peligro su integridad. Según La Ronda 91, hasta el Gobierno Provincial atentó contra su integridad puesto que  desmontó decenas de hectáreas en el interior del bosque para construir un canal. Por suerte, gracias a la intervención de la Universidad Nacional de Córdoba, el CONICET, y la Dirección de Bosques de la Secretaría de Ambiente, se pudo proteger el bosque bajo la categoría 1 de las leyes Nacional y Provincial de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos. Como advierten desde el CONICET: “El bosque nativo de Tinoco debe protegerse a perpetuidad en la máxima categoría de conservación, independientemente de los cambios de titularidad o de dominio que puedan ocurrir y de los intereses que terceros o gobiernos locales o provinciales de turno puedan tener sobre esa tierra”.

2.- “Del tiempo’i mama”

La Ronda 91 FM despertó en mí recuerdos de infancia. Recuerdos ligados al amor, la sombra y el amparo de los árboles de mi niñez. ¿Y el perfume de sus flores, y el sabor de su frutos? ¿Y la sillita de algarrobo, y el cabo de chañar del hacha? ¿Y la batea del pan o de lavar? ¿Y el mortero y el catre de tientos? ¿ Y el té de quebracho flojo y las uñas del garabato? La anáfora puede continuar, es infinita. Pero hay un episodio que no olvido.

Cierta vez, habrá sido por 1949, nos reunieron en la escuela para hablarnos del árbol. De su historia, su belleza, su valor terapéutico. Mi pueblo estaba rodeado de bosques nativos, en sus alrededores pululaban los obrajes, y en la playa ferroviaria había montañas de leña y carbón que, desde una planchada, todos los días se cargaban  en los vagones abiertos  (chatas). ¿Qué enemigo invisible conducía esos trenes? ¿Cuál era el destino de nuestros árboles amados que dejaban sin casa a los pájaros y sin sostén a las lechiguanas?

Grandes devoradores de piquillín, algarroba, mistol, chañar, tunas y las “facturas” que nuestras madres fabricaban con ellos: arrope, jalea, patay, vaya si sabíamos de nuestra hermandad con el árbol. ¿Por qué entonces el alboroto de las maestras? Hasta nos organizaron en grupos para plantar árboles: la canchita de jugar a la mancha se convirtió en un hermoso plantío. Y cada grupo comenzó a cuidar su árbol.

Muchos años después, investigando sobre las revistas literarias durante el gobierno del Gral. Perón, me topé con la revista CULTURA del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires. Admirable revista, que según Lafleur, Provenzano y Alonso en su libro Las revistas literarias argentinas (1893-1967), aparte de su extraordinario nivel, “su envergadura intelectual”, ostentaba una virtud ejemplar. Dicen los autores: “Una publicación literaria patrocinada por el Estado puede sufrir ciertas limitaciones que, al fin, desnaturalizan su auténtico cometido. La propaganda política o la discriminación que de ella puede derivarse, suelen ser su casi inevitable fantasma. Debe señalarse con justicia que nada de esto pasó en Cultura”( p.215). No puedo dejar de señalar que la enorme hemeroteca de Provenzano  con nuestras revistas desde 1893 a 1967, que generosamente abría a los investigadores, hoy está en EE.UU. El Estado Argentino se desentendió de ese patrimonio.

Lo cierto es que en CULTURA (Año I, N° 1, 1949)  descubrí que en el curso de ese año se habían desarrollado en todo el país jornadas para “ilustrar al pueblo y hacer viva conciencia de los principios sustanciales de la Ley de defensa de la riqueza forestal”. Era un aporte a la campaña emprendida por el gobierno nacional. En la Pcia. de Buenos Aires de dictaron una serie de conferencias sobre la múltiple significación del árbol en L.R.11 Radio Universidad Nacional de La Plata. Los disertantes eran destacados escritores, científicos e intelectuales. Algunos temas: “El árbol, fuente de enseñanza espiritual”; “Árboles argentinos: leyendas y supersticiones”; “El árbol: como símbolo de la vida”; “El árbol en la literatura”; “El árbol y su influencia en el medio geográfico”; “El árbol en la pedagogía”; “El árbol y la música”; “El árbol en la historia”, “El árbol en la poesía”, “Importancia del árbol como base de la urbanización”; “El árbol en la historia de la pintura”. Culminó la serie el Director de Construcciones escolares disertando acerca de “El árbol en la economía del país”. Omito los nombres de los disertantes porque me interesa resaltar la visión integral de la cultura del peronismo: un intelecto amoroso tendido hacia las cosas que nos rodean, un humanismo basado en el respeto de la naturaleza y el perfeccionamiento individual y social.

2.- La defensa de los bosques y el  Primer Plan Quinquenal del peronismo

La producción forestal en el país se vio incrementada durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), como consecuencia de la falta de suministros de combustibles minerales, que fueron reemplazados por la leña y el carbón vegetal. También se necesitaban taninos para el curtido del cuero. En sintonía con la época, se auguraba que los árboles eran “los pulmones de los Estados y una de sus mayores riquezas”. Los países dispuestos a ocupar un puesto privilegiado en el concierto mundial de potencias deberían  “poseerlos en gran cantidad y de buena calidad” .

El Plan de Gobierno previsto para el ciclo 1947-1951 -el “Primer Plan Quinquenal”- estuvo a cargo de la Secretaría Técnica de la Presidencia de la Nación e incluía medidas tendientes a la reorganización administrativa, judicial y educacional. Sin embargo, uno de sus principales objetivos era la promoción de la industrialización del país.  Consistía en un Plan de Realizaciones e Inversiones para el quinquenio cuyo núcleo se concretaba en veintisiete iniciativas legislativas que serían sometidas a la aprobación del Congreso Nacional. Entre ellas, “la defensa de la riqueza forestal”.

El proyecto de ley forestal fue incluido dentro del Capítulo V, titulado “Producción”. De este modo, se proponía la intervención del Estado no sólo para  proteger y/o defender los bosques, sino también para regular su explotación. El rubro forestal estaba especialmente referido a lo atinente al fomento de la industria nacional: materias primas y productos semielaborados  de origen forestal. Se afirmaba allí que: “La extensión territorial de la República y las condiciones favorables de su suelo y subsuelo, permiten obtener en abundancia las materias primas de origen agropecuario y mineral para orientar la estructura industrial del país, a fin de que los productos argentinos excedentes salgan con el mayor y mejor grado de elaboración, lo que representará un aumento de trabajo y de riqueza para la Nación. En tal sentido el país debe organizarse para evitar en lo posible, que los productos primarios del mismo salgan como materia sin elaborar y vuelvan después en forma de productos manufacturados que dejan el trabajo y el beneficio en el exterior.” (Secretaría Técnica, 1946)

El Primer Plan Quinquenal fue presentado por el presidente Perón y el Secretario Técnico de la Presidencia en octubre de 1946. Con respecto al proyecto forestal propuesto, se señaló su “innegable trascendencia para la economía argentina”  y la importancia de dotar al país de una legislación eficiente para la defensa del patrimonio forestal de la nación, “que desde hace años reclaman vitales intereses nacionales”  Se alegaba entonces que: “Si hay muestra palpable del grado de cultura y prosperidad de un país, es sin duda la medida del interés que al mismo le merezca su riqueza forestal y el aprovechamiento ordenado de su riqueza. La máxima inserta y condensa las aspiraciones de la Argentina en tal materia y es su actual gobierno el que quiere legar a la Nación la primera ordenación forestal completa para convertir tan preclaros conceptos en realidad, mediante un proyecto de ley que sirva de instrumento para realizar plenamente las aspiraciones nacionales en cuanto se refiere al aprovechamiento de sus bosques. (Versión taquigráfica, 1946)

El valor estratégico de los bosques no  sólo estaba ligado a su importancia ambiental (influencia higiénica, importancia estética, función reguladora en aguas subterráneas y torrentes, defensa de los suelos contra la erosión y acción morigeradora sobre los vientos), sino principalmente por la indiscutible función social que éstos estaban llamados a cumplir en virtud de “su trascendente significado como fuente de trabajo y de recursos en la economía de todas las naciones”. La industria forestal significaba. “Dentro de la actividad industrial un movimiento anual de 1.500.000.000 de pesos; la simple mención de tan importante valor bastaría para justificar la atención que el Poder Ejecutivo ha prestado a este problema, si no se repara en que, fuera de sus aspectos intrínsecos, el mismo involucra la solución natural y adecuada de la ocupación permanente de millares de familias del campo argentino que van a encontrar en esta iniciativa la mejor garantía y resguardo de sus actividades ordinarias y la estabilidad y permanencia de naturales fuentes de recursos y trabajos. (…)

La importancia de semejante riqueza hace impostergable procurar su adecuada vigilancia y racional explotación, a fin de evitar su destrucción sea por el fuego o por el despilfarro que importa el aprovechamiento abusivo de los árboles, el uso inapropiado de las maderas o también lo que no es menos lamentable, la degradación de los bosques como consecuencia de su falta de explotación. (Versión taquigráfica, 1946)

3.-Debate legislativo y sanción de la Ley Nacional N° 13.273

Finalmente, la Ley Nacional N° 13.273 de “Defensa de la Riqueza Forestal” fue sancionada el 25 de septiembre de 1948, tras la “injustificada demora” del Senado en tratar el proyecto de ley aprobado por Diputados un año antes. La ley constaba de 87 artículos agrupados en once capítulos.

En ella se declara de interés público la defensa, mejoramiento y ampliación de los bosques. Deja sometido a las restricciones y limitaciones de la ley el ejercicio de los derechos sobre los bosques y tierras forestales de propiedad privada o pública, sus frutos y productos (tanto los bosques y tierras forestales ubicados en jurisdicción federal como aquellos ubicados en las provincias que se acogieran a la misma). Asimismo, en los artículos N° 13 y 14 se dejaba asentada la prohibición de la devastación de bosques y tierras forestales así como la utilización irracional de productos forestales, y se apuntaba a que los propietarios, arrendatarios, usufructuarios o poseedores de cualquier título de bosques no pudieran iniciar trabajos de explotación de los mismos sin la conformidad de la autoridad forestal competente, la cual se debía solicitar acompañada de un plan de trabajo (plan dasocrático).

La sanción de la ley implicaba debatir algunos temas centrales. En primer lugar,  la ley se dirigía a la defensa de los intereses nacionales, el fomento de la producción forestal nacional y la necesidad de poner freno a la explotación desmedida de los bosques y los estragos que los intereses particulares (en su mayor parte compañías extranjeras) habían ocasionado sobre el patrimonio forestal. Esto señalaba un legislador durante los debates en el Congreso de la Nación: “Si bien nos hemos llenado la boca de adjetivos admirativos sobre nuestra riqueza forestal, la verdad es que ella es, potencial y discriminatoriamente, casi desconocida; lo cierto es que la hemos despilfarrado con el criterio o el pensamiento de que sería inagotable; pero cuando la madera ha tenido un precio regular, se ha talado, cortado y herido al árbol despiadadamente, con la premura de hacerlo leña, para convertir la leña en dinero, empobreciendo vastas zonas del interior, transformándolas en desiertos, sin labrar la tierra desarbolada ni reponer las especies destruidas, en el loco y pernicioso afán de atender al negocio inmediato, sin reflexionar en que muchas especies son harto generosas y se reproducen a los tres, cuatro o cinco años y lo que es más triste, olvidando que plantar árboles es sembrar para el porvenir y que si ellos no pueden alcanzar a darnos su sombra generosa, esa sombra servirá a nuestros descendientes y a los hijos de nuestros hijos. (Versión Taquigráfica Senado, 1948)

En segundo lugar, la ley venía a remover una ley consuetudinaria: hasta entonces, había existido “el temor de lesionar intereses particulares, porque el derecho de propiedad se consideraba intangible y absoluto”. Ahora la legislación debía ser orientada “en un sentido superior al interés individual”. En su alocución, el miembro informante de la Comisión dejaba constancia de que a través del proyecto de ley: “Se establece, es cierto, limitaciones al derecho de propiedad de ciertas tierras de aptitud forestal y limitaciones a la libre disposición de los bosques; y además, control de los productos extraídos. Pero es que ya es teoría en desuso la de la propiedad ilimitada… La defensa de la colectividad impone el respeto del individuo a ciertas normas comunes. (Versión Taquigráfica Diputados, 1947)

En consecuencia, la Ley N° 13.273 establecía ciertas pautas (Art.1) que cambiaban  la interpretación tradicional que el derecho argentino había tenido sobre la propiedad privada; sobre  todo, la referida al reconocimiento de un derecho absoluto por parte de los propietarios individuales. Este concepto diferente de propiedad privada se refuerza en varios artículos. En el N° 2, al declarar de utilidad pública y sujeto a expropiación a los bosques protectores y/o permanentes; en el N° 13, al prohibir la devastación de bosques y la utilización irracional de sus productos; y en el N° 34, al declarar como inalienables los bosques que formaren dominio privado del Estado. La ley, asimismo,  trataba de conciliar la tensión entre la producción  y la protección de los bosques, su regeneración y/o ampliación. Como lo resumiera el legislador informante  en la Cámara de Diputados: “Son enormes los intereses en juego, tanto de orden público como privado. Nosotros debemos contemplar todos ellos, debemos pesarlos y respetarlos; procurar salvar los segundos, pero dar preeminencia a los primeros; debemos cuidar el futuro, pero realizar el presente. De allí que el planteamiento debe ser amplio, partiendo de la imprescindible obligación de salvar los restos de nuestra riqueza forestal y acrecentar y mejorar los bosques del país.” (VTD, 1947)

Recuérdese que una de las regulaciones impuestas por la ley para hacer frente a la utilización desmedida y sin control del recurso boscoso fue la obligación de presentar un plan de trabajo previo a toda explotación. Otro tema del debate parlamentario versó sobre   la necesidad de defender, mejorar y ampliar los bosques en virtud de su probada función ambiental, social y económica. Como decía el miembro informante: “La múltiple misión del árbol, como suministrador de materias primas para diversas e importantes industrias, como protector del suelo contra la erosión, como fijador de médanos, como defensor de corrientes de agua, como factor climatológico, como elemento decorativo y embellecedor y hasta como instrumento utilizable en diversos aspectos de la defensa nacional, de esa función, que en un país como el nuestro puede ser la base primaria de nuestra economía, ha sido despreciada hasta ahora, mejor dicho, ignorada. (VTS, 1948)

4.- El árbol “civilizador como un silabario”

Aún más, se apelaba no sólo a la importancia técnica y/o jurídica de la discusión sino que también se avanzaba en la valoración del árbol y del bosque como instrumentos de belleza en el aspecto sentimental. Al respecto, pueden encontrarse alusiones a las cuestiones morales y emotivas que suscitan los bosques, así como también son recurrentes las referencias a las “enseñanzas de nuestros grandes propulsores” y a la importancia “civilizadora” de los árboles: “Quien haya recorrido el país advierte la diferencia al pasar de una provincia a otra y en las llanuras santafecinas, por ejemplo, las interminables hileras de paraísos y la mancha continua de los montes que señalan las aguadas o los reparos para el ganado, constituyen una nota hermosa, que denuncia prosperidad, trabajo y eficiencia. Las interminables carreteras argentinas, huérfanas de arboleda en la mayor parte de su extensión, demuestran nuestro atraso en ese sentido, nuestro imperdonable descuido en un aspecto esencial de la cultura económica de un país y las palabras de Sarmiento, que llamaba al árbol, instrumento tan civilizador como un silabario, resuenan en mis oídos como un reproche, que la certeza de la sanción de esta ley aminora. (VTS, 1948)

Por supuesto, este aspecto lírico no opacaba la insistencia en la función económica que los bosques estaban llamados a cumplir como riqueza y fuente de recursos bajo la premisa del árbol como elemento de prosperidad material . Esa era la importancia social de la ley. Ya en el mensaje del PEN anunciando el Plan Quinquenal se había augurado que con la aplicación de la ley forestal se apostaba a lograr el bienestar de grandes sectores del país. En una publicación de la Dirección Forestal se destacaba que además de los productos normales (rollizos, durmientes, postes, leña) los bosques daban origen a poderosas industrias para la elaboración de la madera y sus múltiples y valiosas aplicaciones, las cuales “necesitan el empleo y trabajo de millares de hombres, mujeres y niños, con lo cual se resuelven problemas sociales y económicos de importancia”

No se trataba sólo de la defensa, mejoramiento y ampliación de los bosques, sino también de su utilización. La ley orientaba la producción y uso de los recursos forestales existentes con sistema de explotación racional. Esto sostenía un diputado en su alocución: “La República Argentina necesita madera para construcciones, envases para sus productos agropecuarios, tanino, pasta para papel, compensados, leña y carbón vegetal en cantidades cada vez más importantes. La concreción de este gran volumen de materia prima es perfectamente realizable en el país, y frente al déficit mundial de maderas y la opinión de las organizaciones específicas mundiales, nada justifica la demora en iniciar los trabajos pertinentes. (Versión taquigráfica , 1948)

En esta línea, en el Segundo Plan Quinquenal elaborado para la presidencia de Perón iniciada en el año 1952, la acción forestal también se incluyó bajo el capítulo destinado a la acción económica, teniendo como objetivo “el autoabastecimiento de la madera que necesite, asegurando, al mismo tiempo, la estabilidad y la evolución de una sólida economía forestal” Se destacaba que en el país: “Antes del gobierno del general Perón, profundamente defensivo del patrimonio nacional, se llevó a cabo un verdadero saqueo en las regiones forestales; se talaron bosques inmensos -particularmente en el Norte-, sin reforestar esas zonas. Obra de codicia y no de patriotismo. Entonces no importaba que grandes extensiones quedaran desposeídas de su riqueza. Pero felizmente el general Perón, en su 2° Plan Quinquenal, expone categóricamente el propósito de repoblar de árboles el país y de incrementar una economía forestal que será importantísima, pues ya se descuenta el aporte valioso de todos los argentinos. Porque no sólo se trata de plantar árboles, sino también de cuidarlos, y esto está al alcance de todos. Ahora bien, el bosque es comparable a un pueblo: si está debidamente organizado según su medio, su rendimiento será mayor. Al igual que un pueblo, esa masa arbórea tiene enemigos que conspiran contra su natural y victorioso crecimiento; estos enemigos -a veces invisibles como los opositores a toda causa digna- también están organizados, y de ahí emana su fuerza. Son las plagas, que es menester combatir estratégicamente. (Subsecretaría de Informaciones, 1953)

De acuerdo con este Plan, los beneficios derivados de una organizada y continua acción destinada al engrandecimiento de los bosques nacionales eran diversos e incalculables (madera, materias medicinales, curtientes y colorantes, además de los beneficios ambientales). La ya sancionada Ley N° 13.273 era la norma gracias a la cual se podría “asegurar la perpetuidad del bosque, su integral aprovechamiento, el uso más conveniente de la materia prima que proporcione, la protección del patrimonio forestal y su engrandecimiento”.

La sanción de la Ley N° 13.273 fue, sin duda, un “cohete señal” en la protección de los bosques en Argentina. Y constituyó un primer paso hacia una solución integral, controlada y planificada de los numerosos problemas de deforestación y degradación de los bosques nativos por causa de una explotación forestal desmedida y no planificada.

Jorge Torres Roggero

12/02/2020

Fuentes:

Alcoba, A. (1940). Tres conferencias sobre Régimen forestal argentino. La Plata: Universidad Nacional de La Plata.

Almuni, C. A. (1946). La cuestión forestal argentina. Córdoba: Imprenta de la Universidad de Córdoba.

Constantino, I. (1946). El bosque y su enemigo N° 1. Publicación Miscelánea N° 222. Buenos Aires:

Lafleur, Héctor R., Provenzano, Sergio D. y Alonso, Fernando P., 1968, Las revistas literarias argentina (1893-1967), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina

Ministerio de Agricultura de la Nación. Dirección General de Tierras y Bosques. Dirección Forestal. Dirección de Informaciones.

Schmidt , Mariana A., “Historizando la política de protección de bosques. La ley de “Defensa de la riqueza forestal”, (http://vip.ucaldas.edu.co/lunazul/downloads/Lunazul46_4.pdf)

por Jorge Torres Roggero

Candelaria1.- Barroco y pensamiento popular

El  barroco fue (y es)  una fuerza histórica y cultural generadora de formas políticas originales y representativas. Pero, en América, fueron rechazadas,  dejadas de lado y oprimidas. Sin embargo, el barroco  está, en sentido kuscheano,  instalado como momento inabolible e inabordado de la no-identidad, de lo diferente que completa y despliega nuestra identidad. “Historia inconsciente”, “cuenca semántica”,  se manifiesta como multiplicidad contradictoria y desdramatiza las situaciones de dependencia  prestando oídos a las voces de lo profundo y aceptando con humildad, como dice Leonardo Boff, que “estamos todos envueltos en una tela de inter-retro-relaciones“, es decir,  en el  remolino  dialéctico  del instinto articulador de la vida.

En consecuencia,  circunscribir  el barroco a lo meramente artístico es entregarlo a la mutilación iluminista que lo petrifica reduciéndolo a forma recargada y perversa. Su perduración en América es signo de la marginalidad, de la  jungla epistemológica en que se extravía el logos  de la razón dominante.

El barroco considerado  como un tipo de modulación y formulación europea pareciera destinado  a suprimir lo carnavalesco, lo bajtiniano y, por lo tanto, a negar la posibilidad de pensamiento en la cultura popular. En realidad, el control como mera formalidad incumplida, fue un intento de la jerarquía, tanto monárquica como eclesiástica, de encarcelar   la historia como presente y futuro que viene hacia nosotros. Los sínodos  de Lima, y los del antiguo Tucumán a comienzos del S.XVII,  vedan  la fiesta, la borrachera, los rituales. Algunas disposiciones rezaban: “Ordenamos y mandamos, so pena de excomunión mayor, que ninguna persona baile, dance, taña, ni cante bailes ni cantos lascivos, torpes ni deshonestos, que contienen cosas lascivas, y los introdujo el demonio en el mundo para hacer irremediables daños con torpes palabras y meneos”

Manda a decomisar libros: las Dianas, la Celestina, los de Caballería y “las sátiras y enfados y las poesías torpes y deshonestas”. Encargan, asimismo, que se controlen los indios hechiceros, “los llantos y ritos supersticiosos” y las “borracheras que son origen de idolatrías y horribles incestos, principalmente en el tiempo en que cogen algarroba.”

Ya en el siglo XVIII, cuando Tupac Amaru se rebela,  las autoridades prohibieron  la vestimenta tradicional del indio  porque era portadora en sus bordados de  la historia del pueblo; descolgaron los retratos y cuadros porque narraban la historia de la no-identidad; silenciaron las lenguas naturales que hilvanaban el relato de un pasado liberador que  venía hacia el pueblo como porvenir. Todavía en la época de la independencia las lenguas quichua, aimará, guaraní, se hablaban cotidianamente. Y otra vez las mujeres funcionaban como articuladoras de los distintos mundos lingüísticos puesto que se comunicaban con la servidumbre en lengua nativa. En ese sentido, es preciso revisar el papel de la represión en el pensamiento iluminista de los patriotas y el  relevante  papel de las masas populares y las mujeres en la revolución.

La modernidad que sube desde  Buenos Aires es una modernidad impuesta. Desde los Borbones, S. XVIII, cuando decidieron que esto no era el Reino de Indias sino una colonia, se inicia la dominación como acto  de enterrar viva la tradición. La clase dirigente se olvida siempre que, en realidad, está enterrando una semilla, un “estar siendo” que, como el palán-palán , brota hasta en los techos de las iglesias y la universidades. Sabemos que el palán-palán  se cría en las casas viejas, en los techos y paredes agrietadas, en los rincones y en los terrenos baldíos donde hay escombros. Pero sus hojas tienen la virtud de cicatrizar las heridas cortantes. ¿Ahora, quién escarba los rincones hedientos, para recibir su virtud? Solo cirujeando en el revés de lo conocido hallaremos jirones,  flecos, de pensamiento propio, pensamiento sin ninguna traición escondida.

2.- La modernidad alienante

Sin embargo, la provincia de Buenos Aires,  a lo largo del siglo XVII, incluso del siglo XVIII, era un escenario de gente errante, de gauderios, que trajinaban sus llanuras y las de  Santa Fe,  pasaban a Entre Ríos y a Uruguay transportando  cueros y  grasa. La ciudad de Buenos Aires, por su parte, era un nido de contrabandistas de esclavos y de telas. Y ser contrabandista era ponerse fuera del formalismo y la jerarquía del Imperio. La Revolución de Mayo sería, en cierto sentido, el desencadenante  de una lucha entre los sectores mercantiles, contrabandistas que vivían del comercio , y los ganaderos entrenados en desjarretar vacas para contrabandear cuero y sebo. Con esto queremos decir, que si había un lugar no moderno, ese era Buenos Aires. Proponer lo contrario dejaría  sin explicación a Rosas y a Sarmiento sin argumentos. 

En realidad, la modernidad alienante fue impuesta por la generación del 37 y partir de ella.  Mitre, Sarmiento, Alberdi, y  los positivistas del 80 eligen, y son claros en sus enunciaciones, un modelo de crecimiento y de construcción del país dependiente del modelo anglosajón. Pero los subordinados a ese  modelo eran las clases altas: adoptaban sus costumbres  mientras  las institutrices entrenaban a los futuros dirigentes en la admiración y la glosofilia del colonizador.  Jauretche, a través del  ejemplo emblemático de  Victoria Ocampo y Borges,  sin juzgar a los individuos, valorándolos,  desentrañó los  aspectos culturales de una clase convencida de su destino hegemónico y de su superioridad étnica y social. Asisten a la ceremonia del  té de las cinco, y el deber es mostrarse  fruncido, victoriano. ¿Cómo no se iban a asustar y sentir rencor frente al advenimiento de la chusma irigoyenista primero y, luego, de  los cabecitas negras? La clase media, por su parte, expoliada de su dignidad, remedó con soltura pero sin dignidad  a la clase alta. El resultado son los “locos” de Roberto Arlt y  la “euforia de una cabeza decapitada” como postuló Ezequiel  Martínez Estrada(1961:69) .

 Entonces ¿qué es la modernidad, cómo funcionó entre nosotros? Como una imposición colonialista, imperialista. Porque nosotros entramos en la modernidad en la etapa de la primera crisis del capitalismo. O sea, en la crisis del 90. Entre 1888 y 1892 los gobernadores, en  Córdoba, apenas duraban un año: era un tiempo de ruptura y cambio.

Repensar el barroco nos induce a reconsiderar  la modernidad en general. El método consiste en tirarse al cauce semántico de cierta  discursividad que fluye por los accidentes  de textos olvidados de nuestra historia, por  las pretericiones que opacan nuestra literatura, por la oralidad oculta en los libros de nuestros escritores. Deletrear esa oralidad oculta nos puede conducir hacia formas nuevas, a lo nuevo de lo que ya está.

3.- La Virgen de la Candelaria y los “lugares luz”

En Puno, en el Altiplano, junto al Lago Titicaca, se celebra  el 2 de febrero  la fiesta de la Virgen de la Candelaria. Quienes han descripto esta fiesta, la representan como “jornadas incansables de lucha, danzas, cantos y esperanzas”. Junto a la liturgia religiosa, los cantos y poemas anónimos.

La Virgen, de “rostro cholo”, es la madre de Jesucristo y es la madre Tierra. El hombre arraigado a la naturaleza, al sustento de la vida, deja que el Santoral marque la vida social de la ciudad, del barrio, de la familia: “Ahí nacen, dice Paniagua Núñez, las grandes amistades, en la festividad de la Candelaria, los negocios, los compromisos matrimoniales, los grandes amores de juventud. Los amores prohibidos se levantan espontáneos, al calor de la danza y la bebida, de modo imprevisto, como acciones ruidosas o inadvertidas”.

Como en toda fiesta popular se mezclan lujo y derroche. La liturgia religiosa se conecta con la celebración del carnaval. Las “diabladas” , con sus costosos disfraces fruto de las privaciones del tiempo de la producción (no sagrado), llenan las calles de exceso y mezcla. No es de extrañar, en consecuencia, que la celebración culmine  meses después con el bautizo de los “hijos de la fiesta”: “A los nueve meses de la festividad de la Virgen de la Candelaria, que en algunos años, se junta con los carnavales, es costumbre en estos lares, realizar una parodia de bautizo religioso, con una “guagua de bizcocho” (muñeco de masa dulce que lleva una careta con rostro de niño), donde la sátira y el chascarro aluden a los desbandes y excesos sexuales del mes de febrero, en que cerca de un centenar de comparsas, participan activamente, algunas por devoción y otras acaso la gran mayoría por diversión, paganismo y lujuria”.

La parodia y la burla,  formas de lo innombrable,  no tienen lugar en la racionalidad urbana impuesta por occidente. Cuando éramos niños, había algo que nos sacaba de casillas y nos inducía a reacciones violentas: que nos “remedaran”. El remedo es el nombre barroco americano de la crítica del pueblo al pensamiento urdido; y es, sobre todo, un acto de fecundidad. El derroche, la danza, la música, no son posibles para el solo. La fiesta es solidaridad. Los  participantes contribuyen con su aporte: bebida, comida, dinero, disfraz Y a veces sobra para donar y dar servicios.

En Puno, según  Paniagua Nuñez,  se guarda la fotografía de un cuadro quemado. Representa a la Virgen: en un brazo carga al Niño Jesús; en el otro, porta una candela (una vela). A sus pies, el diablo, ataviado con el disfraz color arcoiris, el de las “diabladas”, se aferra al blanco vestido y la mira con ternura y actitud de imploración.

Redundemos. Volvamos al barroco cordobés. Luis de Tejeda relata la liturgia de  esta festividad llamada de la purificación. La procesión con las velas recuerda que la  Virgen da a luz a Jesuscristo, Luz del Mundo: “luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc.2,32). Ella se sometió al rito de la purificación como era costumbre ( Lev. 12, 6-8).  Se conjugan en la celebración,  el ritual judío, las tradiciones paganas de purificación y los cultos originarios de América. Las  velas bendecidas en la fiesta religiosa no se empleaban para el consumo, sino que se reservaban  para usos de carácter religioso.

Esto que parece cosa del pasado está vivo. Consúltese una agenda de celebraciones del 2 febrero en el Noroeste argentino y se podrá advertir cómo la fiesta de la Candelaria convoca multitudes. Por otra parte, al  habitante de  Córdoba que ausculte el mapa de su provincia, le sorprenderá la proliferación de lugares luz (Candelaria) y su ubicación estratégica en un espacio que no  es aventurado nominar mítico. Cultos solares y cultos lunares, cultos de purificación y cultos de fertilidad, se enhebran para deletrear un cauce semántico enfocado hacia la vida y la esperanza. En la Guía de números postales, Encotel, 1981, se mencionan doce lugares Candelaria: cuatro en Córdoba, dos en Catamarca, dos en Santiago del Estero y uno en Salta, San Luis, Misiones y Santa Fe. Agrénguense los parajes no registrados por carecer de estafetas y todas las fiestas patronales de numerosos pueblos y ciudades.

4.- El barroco peronista

Ya que hemos venido insistiendo en la figura de la redundancia, redundemos otra vez. Retornemos la figura de la baraja de Martín Fierro: apenas hemos construido un pobre argumento jugando con “oros, copas y bastos”. Hemos notado el espacio de América como acción no del solo, sino de un todo abierto: los pueblos. Desde “los adentros” y desde los “reprofundos”, el pueblo formaliza estrategias  culturales de supervivencia, pero  los intelectuales  padecemos cierta impotencia para nombrarlas porque exceden en bloque el repertorio de categorías académicas de uso erudito.

Aceptemos la no-identidad, lo diferente, lo no detectado por el sistema. Nuestra entrada en el pensamiento de la modernidad, nos convirtió en apátridas, en proscriptos de nuestra raíz humana: la reconquista de nuestro hogar de humanidad  es la única posibilidad de aceptar nuestra diferencia como reunión de identidad y no-identidad. Desde el barroco, el pueblo americano nos viene indicando el camino con su práctica de lucha y esperanza, con su “remedo” burlesco de  las jerarquías religiosas y civiles.

Es un modo de pensamiento negado; pero, a través de él, se futuriza lo que viene del pasado. Pasado liberador y que viene hacia nosotros como porvenir es el modo en que Carlos Astrada definiría a esta acción del pueblo que se ha dado en llamar barroca. En tal caso, queda pendiente esta pregunta: ¿No será que el infamante y difamado populismo es una de las versiones actuales del barroco americano?. Esta pregunta final, de dudosa pertinencia, estuvo a punto de ser suprimida de este apartado. Una nota titulada “Signo: CGT dio la palabra a Duhalde y a De la Sota” la decretó necesaria y le dio certificado de supervivencia al barroco como forma reprimida de la cultura popular. Firma  la crónica Ezequiel Rudman y se refiere al traslado de los restos del Gral. Juan Domingo Perón. Tras sostener que “la cede (sic) de la central sindical se transformó en el “hall of fame” del paganismo peronista“, agrega: “Allí lo recibió el cacique taxista Omar Viviani en medio de un paisaje dominado por el barroco peronista”. (Ámbito Financiero, 18/10/2006)

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. U.N.C.

Fuentes: En el capítulo “Persistencias: formas de la cultura popular barroca”(pp.57-101) de mi libro Confusa Patria, Editorial Fundación Ross, 2007, Rosario, se podrá encontrar una abundante bibliografía y las claves de lectura de este fragmento.

EVA MUCHACHAS PERONISTASpor Jorge Torres Roggero

1.- ¿Un plan de ajuste peronista?

Cierto día de 1952, los clientes de una panadería de Barrio Norte, comprobaron con horror que el pan se había vuelto negro.  Daba bronca ver en su mesa ese pan color peronista. ¿Qué hacía allí ese pan “cabecita negra”? Era la respuesta del gobierno a la escasez de trigo ante tres malas cosechas consecutivas. Perón pensó que era mejor exportar trigo que gastarlo en el consumo interno. Entonces dictó un decreto que disponía mezclar trigo con mijo en todos los molinos del país. Hoy en día, si alguien quiere ese pan, debe buscarlo en las dietéticas y a muy alto precio. El General, hasta no queriendo, miraba el futuro.

Era morocho el pan con mijo, pero los que, de niños, lo hemos comido, lo encontrábamos sabroso. Dos actitudes ante una situación de emergencia: enojarse o saborear. Pero lo importante, para los peronistas, es que cuando decimos que los días más felices fueron peronistas, incluimos las gestas de austeridad, de ajuste, pero sin hambre y con control del pueblo.

En efecto, en 1952, Perón, ratificado en las elecciones de 1951, consideró que debía producir una rectificación (¿ajuste?) en la política económica para superar una coyuntura crítica y retomar los grandes objetivos de la revolución. Fue así como el 27 de febrero de 1952, apelando a la solidaridad de los argentinos, lanzó el Plan Económico de Austeridad. Hacía falta la participación de todos para superar una situación adversa. Para ello había que incrementar la productividad y reducir los consumos innecesarios. Había que crear condiciones para un mayor ahorro. Entre los objetivos del Plan sobresalían los siguientes: 1) aumentar la producción agropecuaria y en diversos ramos de la actividad nacional; 2) estimular las exportaciones  con los saldos disponibles y reducir las importaciones; 3) promover la austeridad en el consumo para incrementar el ahorro como base de una futura expansión económica.

Perón enseñaba que la austeridad en el consumo de ningún modo significaba sacrificar lo necesario, sino solamente eliminar el derroche: había que eliminar gastos innecesarios, renunciar a lo superfluo, postergar lo que era prescindible. Así, con el ajuste solidario en el consumo, se pensaba aumentar las exportaciones y reducir las importaciones. Según Perón: “si a la política de austeridad le agregamos aumento sólo de un 20% en la producción solucionaremos: el problema de las divisas, parte del problema de la inflación, y consolidaremos la capitalización del país”.

Para el logro del Plan, Perón distribuyó responsabilidades: 50% era asignado a la acción del gobierno, 25% a las organizaciones libres del pueblo: sindicatos, cooperativas y mutuales y, el otro 25%, al control del pueblo organizado en defensa de la economía familiar. Con lenguaje fácil y campechano, se detuvo a detallar las acciones concretas que debían encarar las familias y sobre todo las mujeres como organizadoras del consumo hogareño: “…economizar en las compras, adquirir lo necesario, consumir la imprescindible, no derrochar alimentos que llenen los cajones de basura, no abusar en las compras de vestuario, efectuar las compras donde lo precios sean menores como cooperativas, mutuales y proveedurías gremiales o sociales. Desechar prejuicios y concurrir a las ferias y proveedurías en vez hacer traer la mercadería a domicilio a mayor precio”.

No pagar, por hacerse los grandes, lo que le pidiesen y denunciar al comerciante inescrupuloso. También a los hombres les señalaba una serie de gastos superfluos. La lista comprendía desde el hipódromo al cabaret.

Adviértase que no se trataba de remiendos: era un plan que abarcaba la vida misma del pueblo con directivas claras y fáciles de controlar. Perón consideraba que eran medidas necesarias para el tránsito de una economía capitalista a una economía  justicialista. Por eso en sus discursos radiales el presidente pedía al pueblo que participara en el estudio del Segundo Plan Quinquenal e hiciera propuestas para incluirlas entre los objetivos del mismo. Había lugar para los empresarios y para los trabajadores: era el aumento de la producción. Pero la austeridad en el consumo y el fomento del ahorro fue el campo de acción de las mujeres. Un recuerdo personal: todos los niños sacábamos nuestra libreta de ahorros en que acumulábamos propinas y regalos.

Pero el papel de las amas de casa ( “madres del pueblo”, decía Evita) era el de cuidar la economía doméstica. Ellas son “las que saben” cuando se trata de las necesidades familiares, ellas diferencian entre ahorro y derroche.

¿Se advierte algo nuevo, estimado lector? El peronismo, de nuevo, con su pensamiento herético, saca a las amas de casa de la invisibilidad servil y les asigna una significación política y social. La famosa delegada censista Ana Macri, diputada nacional en 1951, una las fundadoras del Partido Peronista Femenino, perseguida por las dictaduras, expresó en una entrevista: “El ama de casa era una cosa nueva, una fuerza política nueva.” Esta participación de la mujer completó una política económica fundada en la participación popular con asistencia estatal. La participación, por otra  parte, se centraba en el papel de la mujer como conductora del consumo y el ahorro del hogar. Además, como la campaña se dirigía a todas las amas de casa, era inclusiva, abarcaba a todas las clases sociales.

Esta visión, por otra parte, no era nueva en el peronismo. Ya desde 1946, en épocas más benignas, Eva Perón, en sus discursos, las incitaba a participar en campañas “pro abaratamiento de la vida”. Les decía que no tuvieran miedo al desabastecimiento, que lucharan contra la especulación y el agio, que no pagaran, por nada en el mundo, un precio mayor al establecido ni admitieran mercadería de calidad inferior a la pedida.

En 1952, con la consigna de “ahorrar”, se asignaba a las mujeres, en parte, la responsabilidad del éxito del Plan Quinquenal. La revista Mundo Peronista insistía: “de su acción de todos los días depende en gran parte el éxito de nuestros planes. La mujer debe conocerlos, comprenderlos, ejecutarlos y vigilar por su ejecución.”

La campaña contaba también con los aportes científicos del Dr. Ramón Carrillo que bregaba por una correcta alimentación. La falta de leche, verduras y frutas en la alimentación propendía a la formación de una “raza raquítica y decadente proclive a la extinción”. Además, el gobierno promovió las “huertas de salud” para que en la casa se destinara una parte del terreno a la plantación de frutales y verduras. En los “fondos” de las casas hubo acelga, lechuga, zanahorias; y también durazneros y limoneros. Ello era posible porque los planes de vivienda de la Fundación construían casas dignas con “sitios” amplios. En los terrenos fiscales se instalaron huertas para abastecer a hospitales y regimientos. El Ministro de Agricultura, Carlos Emery, hizo campaña para que el Ejército destinara parte de sus propiedades para obtener productos agrícolas a menores costos. El Consejo Superior del Partido Peronista, por su parte, prohibió todo agasajo, banquete, vinos de honor durante todo el año 1952 para mejor cumplir con el Plan Económico de Austeridad y la implementación del Segundo Plan Quinquenal.

2.- Evita, las mujeres peronistas y el plan de austeridad

Las Unidades Básicas Femeninas cobran, a partir de 1952, una especial significación. Son las encargadas de organizar el consumo y el control popular. Evita es la primera en convocar a la mujer argentina. Ella es el corazón de la vida familiar y, por tanto, es fundamental su importancia para el desarrollo del Plan Económico: “no podemos excluir a la mujer argentina, decía la Presidenta del Partido Peronista Femenino, de esta responsabilidad social ni a las mujeres peronistas, que además representamos la esencia viva y fecunda del auténtico pueblo argentino. Por eso queremos asumir y asumimos, nuestra responsabilidad en patriótica tarea común.” En el hogar, en la escuela, en fábrica, en todas partes, la mujer peronista debía convertirse en predicadora de Plan Económico; y, con su práctica de todos los días, en ejemplo para toda la ciudadanía.

Eva Perón, casi agonizante, se puso al frente de la campaña dando, como siempre, el ejemplo. Para ello el Partido Peronista Femenino difundió  el Plan Económico en todas Unidades Básicas Femeninas del país. ¿Cuáles eran las directivas para la acción?: 1) La mujer peronista será en el seno de su hogar la vigía y garante de la austeridad. Consignas: evitar el derroche, disminuir el consumo, incrementar la producción. 2) Las mujeres peronistas vigilarán en sus puestos de trabajo fuera del hogar que se cumplan las directivas del Gral. Perón.3) Cada mujer peronista controlará, en sus compras, el cumplimiento fiel de los precios que se fijan.4) Todas las Unidades Básicas realizaban permanentes reuniones de estudio y difusión del Plan Económico. Evita pedía encarecidamente a todas las mujeres peronistas que secundaran en su acción a las delegadas y subdelegadas censistas en todo el país.

Mientras la rama masculina discutía los problemas políticos y la rama sindical se ocupaba de los problemas de la legislación obrera, a las mujeres peronistas, madres del pueblo, les tocó ocuparse de los problemas concretos: el presupuesto familiar, la alimentación, la educación y el cobijo de la prole. Su práctica no era un destino, era un función tan alta como la de las otras ramas: buscar soluciones concretas para temas concretos.

3.- Las Unidades Básicas femeninas

La Unidades Básicas Femeninas funcionaban todo el día. Eran el motor inmóvil desde donde las mujeres, debidamente adoctrinadas, salían no sólo a divulgar, sino también a aplicar el Plan. En las Unidades Básicas se desarrollaban cursos de economía doméstica, se enseñaba a preparar comidas alternativas sin carne (había días en la semana en que no se vendía carne), a controlar los precios máximos en los comercios del barrio. Se dictaban, además, cursos de corte y confección, de tejido, de modo que las mujeres estaban habilitadas para proveer de vestimenta a su familia.

Por supuesto que eran de especial importancia las directivas a las ama de casa para controlar precios en ferias y negocios. Por eso repartían cartillas de precios máximos, y se verificaba si los negocios exhibían los precios anunciados o alteraban los mismos. Fue así como las mujeres peronistas se organizaron para colaborar con el Plan Económico, para inspeccionar los precios. Distribuidas en turnos y zonas, si encontraban un agiotista, las subdelegadas debían denunciarlos a la policía.

Ahora bien, recordemos que el segundo objetivo del Plan era producir más. Fue entonces cuando surgió el apotegma de Perón que reza que cada uno de los componentes de una familia “debe producir por lo menos lo que consume”. Ya no era solo el padre, el jefe de la familia, el único que trabaja y produce. Cada miembro de la familia, en condiciones de trabajar, debe trabajar. Por lo tanto se multiplican las cursos de capacitación que ya venían implementando en el Partido Peronista Femenino. Había que capacitar laboralmente a la mujer para que ella también pudiera incorporarse a la producción.

Son famosas las máquinas de coser que proveía la Fundación Eva Perón. Ya vimos que servían para el abastecimiento de la familia. Pero las mujeres también cosían “para afuera” y, no pocas veces, para abastecer de ropa blanca y de abrigo a  los Hogares y Hospitales de la Fundación. Según la delegada censista Ana Macri: “Cuando se entregaban máquinas coser para la familia y para abastecer a la Fundación, eran también para ganarse la vida”.

En el discurso peronista, “las madres del pueblo”, “las anónimas heroínas del hogar humilde”, como llamaba Evita a las  amas de casa, adquirieron un significado nuevo. Su trabajo, antes ignorado, cobra un alto valor político. Otra vez, el peronismo deja que tomen la palabra las que estaban calladas y condenadas a una sola función. Cocinar, coser, criar, pasan a ser un trabajo productivo. Desde las Unidades Básicas Femeninas, lo que parecía no estar comienza a ser legitimado.

4.- El control del pueblo

Si bien hemos hecho hincapié en la participación de la mujer peronista en la realización del Plan Económico, no debemos perder de vista que todo el pueblo estaba llamado a llevarlo adelante. Según Perón, un principio básico del Segundo Plan Quinquenal, corolario del Plan Económico, era el control del pueblo: “La producción del Segundo Plan Quinquenal será centralizada en sus aspectos de verificación y de control pero sólo la percepción total del pueblo posibilitará la ejecución. El Segundo Plan Quinquenal es de todos y para todos: es del pueblo y para el pueblo. El gobierno puede controlar su parte de ejecución pero es el pueblo el único capaz de exigir el cumplimiento total. De allí la necesidad de que todo el pueblo conozca el plan, y con ese fin la formulación del plan es accesible a todo el mundo. El control del pueblo es más importante que el control del estado”(18/12/52).

El plan de estabilización logró, de a poco, una sustancial baja de la inflación que en 1954 era sólo el 3% y el salario real comenzó a recuperarse. Y quedó claro que, en la aplicación de cualquier estrategia económica, es fundamental el convencimiento y la participación del pueblo. Pero quizás el logro más alto fue comprobar la importancia de la participación de las mujeres que, a través de la temida austeridad, descubrieron su importancia política. Ellas habían participado con la fuerza del Partido Peronista Femenino en la campaña electoral  que llevó a Perón  a su segundo mandato. Ellas aprendieron a censar, a afiliar, a decir discursos, a pintar y pegar carteles, a instruirse y capacitarse y a buscar, juntas, soluciones para su hogares y sus barrios. Amas de casa, madres del pueblo, las mujeres peronistas poco apoco se convirtieron en reguladoras del consumo doméstico (frenando ciertos derroches masculinos) y en abanderadas del control popular para el cumplimiento del Plan Económico de Austeridad y del Segundo Plan Quinquenal. Pero quizás la mejor enseñanza del plan de austeridad es la certeza de que todo se puede mediante el fiel cumplimiento de una ley no escrita: la ley del corazón cuyo fundamento es la solidaridad como sostén de la justicia social; y la alegría de estar siendo junto con el otro.

Jorge Torres Roggero

Fuentes:

Barry, Carolina, 2009, Evita Capitana. El Partido Peronista Femenino, 1949-1955, Buenos Aires, EDUNTREF (Editorial Universidad Nacional de Tres de Febrero).

Perón,Eva, 1987,  Discursos completos, (2do.Tomo, 1949-1952), Buenos Aires, Editorial Megafón.                                                                                                                                                             

 

por Jorge Torres Roggero

eva oaz

1.- La obra como fuente de doctrina: la Fundación Eva Perón

Estas líneas persisten en lo que hemos llamado, en anteriores entradas, “el realismo feminista” de Eva Perón y el justicialismo. Sus actos y realizaciones, impulsados por energías generosas, dirigidos al bien común, enarbolaban la bandera de los oprimidos con espíritu constructivo, fraternal y apasionadamente patriótico. Sus orientaciones surgían de los profundos adentros de la cultura popular: todos se sentían parte de la obra de Juan y Eva Perón, todos priorizaban el derecho de los trabajadores a una asistencia mejor y digna de su condición humana. Las mayorías se sentían ejecutoras de  una nueva etapa cuyo capítulo inicial consistía en la dignificación del pueblo trabajador. El pueblo todo, hombres y mujeres, constituía una vanguardia creadora empeñada en reparar la injusticia mediante una reorganización económica dirigida a recuperar a las mayorías trabajadoras que sólo conocían las migas “del peremne banquete de los poderes ensoberbecidos y olvidados de Dios y sus hermanos productores”.

Por eso, en las obras de Perón y Evita, se hacía hincapié en el rescate del trabajador explotado, del anciano desvalido, del niño abandonado, la concubina, la desamparada. Eva Perón acudía al rescate del ser humano atrapado en situaciones límites. Percibía el dolor en carne propia y tendía su mano para sacar de la miseria a los caídos y abrirles , así, la posibilidad de divisar un horizonte. Sabía diferenciar entre pobreza y miseria. La miseria es una exigencia desesperada que no puede soportar demora. En La Razón de mi Vida, expresa: “devolver a los pobres lo que todos los demás les debemos, porque se lo habíamos quitado injustamente”. A partir de estas prácticas del peronismo, se deduce con claridad que la praxis solidaria es fuente de pensamiento vivo y articulador de totalidades abiertas y fraternales.

Consideremos, entonces, dos institutos de la Fundación “Eva Perón”: Los Hogares de Tránsito y El hogar de la Empleada. Quizás esto nos ayude a comprender cómo la praxis conlleva gérmenes doctrinarios, y hasta teóricos. Pero son intrínsecos, como un poder adviniente y todavía venidero.

Los Hogares de Tránsito vinieron a suplantar los antiguos asilos dependientes de la Sociedad de Beneficencia. ¿Cuál era la finalidad de estos Hogares? Evita decía (19/6/48): “remediar la escasez de viviendas (…), amparar al necesitado, al que momentáneamente no tiene lugar. Los acoge todo el tiempo necesario hasta que ayuda social le encuentre trabajo y le proporcione vivienda para que pueda llevar una vida tranquila y sentirse orgulloso de ser argentino.

El Hogar facilitaba “alojamiento, excelente comida, eficaz asistencia espiritual, material y moral”. A los niños se les brindaba recreación, clases de labores, costura, dactilografía: y “todo aquello que le puede ser útil”. En otras palabras, los servicios de los hogares de tránsito procuraban obtención de empleo, tratamiento médico, ropas, ayuda pecuniaria.

Si bien se recibía a todos los necesitados sin discriminación, en la categorización de problemas, tenían prioridad las mujeres con hijos, ya sean solteras, viudas o separadas: “las mujeres desamparadas fueron las primera beneficiadas con sus servicios y contención gratuitos”: “Durante el período 1947 a 1949, Evita trabaja pensando más exclusivamente en la mujer, ya que es en ese lapso cuando se dedica al tema del voto femenino y, además, agiliza la nueva política carcelaria femenina creando guarderías infantiles para las reclusas con hijos, habilitación de peluquerías y cursos de profesiones cortas, actividades recreativas, cine, teatro, deporte e implantación del trabajo remunerado” (Ferioli, 1989).

Ya hemos tratado, en una entrada anterior, sobre el Hogar de la Empleada. Su función era albergar a “mujeres del interior que llegaran a Buenos Aires para trabajar, tenía capacidad para 500 personas y para el acceso se requería no ganar un sueldo mayor a $500 (el sueldo mínimo de una empleada era de $300, para 2949) y no tener familiares directos en Capital Federal. Se les cobraba una mensualidad mínima que se fijaba con relación al ingreso de la pensionista, en concepto de derecho de pensión” (Mazzuchi, 2002).

Era un edificio de once pisos “amueblados y decorados con un lujo y buen gusto llamativos”. Nueve pisos estaban destinados a dormitorios. Un piso llamaba la atención: albergó a las pensionistas próximas a casarse y que pronto abandonarían el Hogar. Se llamaba “el piso de las novias”. En el último piso se hallaban los consultorios médicos y odontológicos con atención gratuita. La terraza era un solarium, con reposeras y mecedoras. El edificio, además, contaba con biblioteca, sala de costuras donde se dictaban cursos. Había una sala de música con una colección de discos de pasta y proyectores de cine sonoro.

El Hogar se mantenía, en gran parte, con la recaudación del restaurante que funcionaba en el entrepiso. Abierto a todo público, el comensal podía servirse un menú fijo o a la carta. En ese local funcionó la “Peña Eva Perón”. Evita cenaba allí con frecuencia rodeada de poetas y escritores. Acudían, entre otros, Castiñeira de Dios (su fundador), Fermín Chávez, C. Martínez Paiva, Julia Prilustzky Farny, Juan Ponferrada, J. Ellena de la Sota, José María Fernández Unsain, María Granata, Héctor Villanueva y Gregorio Santos Hernández. En esas reuniones, tras compartir con Evita una cena amistosa, recitaban sus poemas y los ponían a consideración de sus colegas.

En un folleto de la Fundación, transcripto por Néstor Ferioli, se postula que la ciudad es un centro de atracción para las jóvenes del interior. Es así como, el sistema de trabajo en cadena se aprovecha de esta búsqueda de nuevos horizontes. “La muchacha empleada u obrera es a veces un símbolo de la tumultuosa ciudad. Se nos presenta como signada por una madurez prematura en la mirada, viviendo en pensiones oscuras donde se intenta engañarla, en la puerta de negocios u oficinas a la hora del almuerzo y en los días festivos se la puede ver en largas caminatas caracterizadas por la soledad y la tristeza.”

2.- La visibilización de las mujeres compositoras de música  

La “mujer del pueblo”, en la terminología peronista, se refiere a la totalidad de la mujer en su condición de trabajadora y compañera. La designación abarca, por lo tanto, a las caídas en la miseria, a la empleadas asalariadas y, también, a las trabajadoras de la cultura.

Este aserto emerge de un artículo del músico Juan Francisco Giacobbe titulado “La Argentina se expresa en su música”. En ese escrito, publicado en el primer tomo de Argentina en marcha, traza un esbozo del patrimonio musical como “arte de significación nacional”.

Según el autor, si bien la música es un lenguaje universal en cuanto a la “lógica idiomática”, no lo es en función de la etnofonía.  En tal sentido, la música argentina es rapsódica: “Trozos de sensaciones de todas las latitudes; retazos de emociones de todos los horizontes; añoranzas y recordatorios de todas las razas, se suman para hacer su núcleo y darle una vida auténtica, que halla, en su comienzo, su realización en la forma espontánea de lo improvisado y que pasa por la inevitable angustia de perseguir el origen de toda representación: su forma.”

La estética argentina pena en busca de su forma “como germen de la totalidad de la vida”. Pero solamente en el arte llamado popular lo argentino ha encontrado su forma. Y la forma popular se traduce en rapsodia :“Todo estado de perfección estética va precedido siempre por la inquietud rapsódica, por una labor de búsqueda y amalgamiento que, evolucionando en el tiempo, fija el tipo artístico de una pueblo”.

Ese arte “en acto”, “en formación”, en su sentido formal es rapsódico. Desarrolla, entonces, la influencia del paisaje en el fenómeno etnofónico argentino. Repasa las características de los ritmos pampeanos: gato, malambo, firmeza, vidalita. Ellos son testimonio y germen del paso de  la etnofonía al género sinfónico.

Pasa luego a describir el momento actual de la etnofonía argentina. Rescata la labor de Andrés Chazarreta, J. Gómez Carrillo y Oscar Beltrame. Destaca los logros de Carlos Vega y Julián Aguirre. Exalta el imperativo etnofónico que triunfa como fórmula universal organizativa en el cierto tipo de óperas. Recuerda a  Alberto Williams, Alejandro y José Berutti, a Felipe Boero. Tras un recorrido por la música popular etnofónica y sus posibilidades universales, se detiene en la música suburbana.

Señalaremos dos aspectos. El primero es una cita de autoridad. El autor recuerda a Curt Sach,  que “en su extraordinaria y densa Historia Universal de la danza, cierra la historia con una referencia que dice así: “Siglo XX, la era del tango”.

Un segundo aspecto es la interesante posición de Giacobbe sobre el origen del tango. Postula que el tango es antológico. Reúne “aportes meridionales europeos”, o sea, hispánicos e itálicos, más el soplo criollo. Rechaza la influencia afro: “En el principio del tiempo, de un lado está el canto de la Europa pobre, y del otro, el canto de la pampa pobre”. La cadencia del tango, entonces, “deriva de la pobreza y el proletariado”, y nace en aquel período inevitable de las grandes progresiones históricas, en que las urbes, para superarse, necesitaban de la “combustión de muchas almas y de muchas sangres”. Es expresión sensible del conventillo como plasmación social y edilicia. Se relaciona, asimismo, con la aparición de un “nuevo argentino”, el “hijo de gringo”. Se detiene en los grandes poetas del tango: José González Castillo, Celedonio Flores, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo y Cátulo Castillo.

Como puede advertirse, no faltan en la reseña de Juan Francisco Giacobbe, ni los aportes originales, ni el costado polémico. Ahora bien, cuando se propone tratar lo que habitualmente se considera música culta aparece, de modo insólito, lo que hemos llamado “realismo feminista del peronismo”. Por primera vez, la mujer es incluida y visibilizada en la historia de la música argentina. Esta aparición se concreta cuando pasa a ocuparse  del “cultivo superior de la música”, o sea, de la que “daríamos en llamar: culta”.

Comienza por mencionar nuevos cultores de la ópera: Gilardo Gilardi, Floro Ugarte, Athos Palma, J. Torre Bertucci, Carlos López Buchardo. Observa cómo la creación del Conservatorio Nacional y el Conservatorio Municipal dieron pábulo a una generación moderna y a la proliferación de distintas tendencias. Surgen, así, los atonalistas: Juan Carlos Paz y Jacobo Fischer; los modernistas de tendencias avanzadas: Juan José Castro, Washington Castro y otros. El autor agrega nombres y orientaciones: Angel Lasala, M. Walman, Iglesias Villoud, Carlos Guastavino  y E. García Morello.

Entre tantos nombres, de golpe, Giacobbe hace un aparte: “Detalle aparte merece la actuación de la mujer en la música y en la vida argentina. Un renacer de fuerzas bien condicionadas y mejor dirigidas ha hecho que el elemento femenino tan apartado en los siglos de la composición musical haya venido a ocupar un lugar de seria estimación al lado de la creación masculina”. Es bueno señalar, en el párrafo citado, que la aparición de la mujer en la música está relacionada con su “actuación” en la “vida argentina”. Es cierto que todavía se habla de un “elemento femenino” cuyas fuerzas han sido “bien condicionadas y mejor dirigidas”, pero hay un hecho irreversible: la mujer “apartada por siglos de la composición musical” ocupa un lugar junto al hombre.

Observa que no sólo se dedica la mujer a la pequeña composición y al arte menor de planos elementales, sino que “resuelve y se empeña en arquitecturar el arte de trascendencia ideal”. Encara, así, la sinfonía, el concierto, el poema sinfónico y “aún la ópera”. Todos estos géneros, proclama, han sido ensayados con “plausible dedicación por la mujer argentina”.

En ópera se ha destacado Isabel Curubeto Godoy con la obra Pablo y Virginia, primera obra lírica compuesta por una mujer compositora y representada en el teatro Colón en 1946. Pia Sebastiani, salida del arte moderno, sobresale con Estampas Argentinas, concierto para piano y orquesta. Elogia, también la empeñosa actividad de Elsa Calcagno y Magda García Robson que fue la primera mujer directora del Conservatorio Nacional de Música.

Cortamos aquí esta sucinta exploración del “realismo feminista” de Eva Perón y su proyección en la doctrina peronista. Se trata de la dignificación de la totalidad de la vida humana, de la construcción de una comunidad organizada en que el individuo (cualquiera sea su género) se realiza en una comunidad que también se realiza. Se parte de una fe como certeza de lo que está por venir, como convicción de lo que se espera: la justicia social “en acto” y la soberanía de la Patria como motor de “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación”.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba

Fuentes:

AA.VV., 1947, t.1, Argentina en marcha, Comisión Nacional de Cooperación Intelectual, Buenos Aires.

Ferioli, Néstor, 1989, t. 1 y 2, La fundación Eva Perón, Buenos Aires, CEAL, Biblioteca Política.

Mazzuchi, Silvia Elizabeth, 2002, La Fundación Eva Perón, Buenos Aires, Ediciones U.P.C.N., Pcia. de Buenos Aires.