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por Jorge Torres Roggero

1.- Un fiscal revolucionario

Naciortiz-pereyra-473x1024ó en Corrientes en 1883; falleció en Buenos Aires en 1941. Desde su puesto de fiscal federal, desafió a los leguleyos con insólitos dictámenes que revolucionaban la jurisprudencia de una semicolonia: se proponía humanizar la justicia.

Su principal interés se dirigía a preservar el interés social de la Nación. En un país en que la tradición jurídica es fallar a favor de los monopolios extranjeros y en contra del Estado, se animó a revisar los libros de la Liga Patriótica y la Asociación Nacional del Trabajo para demostrar que esas entidades que perseguían con crumiros y rompehuelgas a las, por ese entonces, ilegales organizaciones sindicales del proletariado criollo, eran sostenidas por las empresas extranjeras que explotaban la Patria.

En pleno gobierno de Alvear, levantó su voz contra “la férrea dictadura económica” (Cfr. Galasso) que la oligarquía ejercía sobre el pueblo argentino. En 1926, publica el libro Tercera Emancipacion. Actualidad económica y social de la República Argentina. Sostenía allí, entre otras cosas, que mientras estimulábamos la inmigración de personas, “íbamos organizando la emigración de nuestras ideas”. Denunciaba la sobresaturación de europeísmo que afectaba nuestras cabezas. Esa colonización mental nos podía conducir a cualquier parte, menos a la solución de nuestros problemas: “Si los extranjeros piensan por nosotros, ¿qué necesidad tenemos de sustituirlos en esa tarea? Así es como los extranjeros han arreglado a su gusto nuestra vida jurídica, social, cultural y económica.” Y añadía: “ Lo que ya no se puede discutir, lo que está demostrado y comprobado, lo que hoy es un hecho tangible, material, (…) es esa realidad grande como una catedral que soportamos todos los habitantes del país: la tiranía con que nos comercian los capitalistas ferroviarios, tranviarios, los dueños de la luz, del teléfono, de las empresas de navegación, de las cuatro o cinco firmas que gobiernan los precios de nuestras carnes y de nuestros cereales, todos, todos absolutamente todos extranjeros”.

Por supuesto, esta postura le costó pasar a encabezar la lista de los “malditos” y lo sumió en el destierro de la maquinaria de colonización cultural ejercida por los grandes medios de difusión y los suplementos culturales cuyos guardias pretorianos son los intelectuales cipayos que “lamen la cadena del amo” (Jauretche dixit).

El fiscal de que hablamos fue el primero en concebir al sujeto de conocimiento como históricamente construido. Todo sujeto individual es portador de un mundo “a través del cual sus juicios deben necesariamente reflejarse o refractarse”. En consecuencia, un sujeto colonizado, un hombre cero, con el cerebro lavado y “antropológicamente distorsionado” (cfr. F. Chávez), es una víctima de sugestiones sistemáticas, de abstracciones o juicios deformados “que penetran en su cerebro y este los asimila sin la menor sospecha de la conciencia”. En conclusión, los grandes medios, así como pueden constuir conocimiento, lo más común es que construyan ignorancia. En otras palabras, como dice el Papa Francisco, incitan al pueblo a la “coprofagia”, id est, a comer mierda.

2.- Los aforismos sin sentido

Ya en 1928, el fiscal que nos ocupa, publicó un libro titulado Por nuestra redención cultural y económica. Allí dirigió su crítica hacia los parlamentarios colonizados, esos que nos entregan con las manos atadas al capital financiero y/o a los oligopolios agrarios o mineros. Los llamó, por su afición a los discursos enfáticos, “zorzales en jaula de oro”. El fue el inventor inicial  de las “zonceras argentinas” que luego amplió y desarrolló brilantemente Arturo Jauretche: las llamó “aforismos sin sentido”.

Denunciaba nuestra debilidad por lo literariamente sonoro. Frases que suenan bien, que se nos pegan al oído y las adoptamos como canon, como “muletilla para razonar”. Hasta las tarareamos como “motivo musical cuando estamos solos.” En ningún momento se nos ocurre analizar, “menos dudar”. Nos sirven para charlar, para tomar decisiones individuales o para “componer el país”.

Estos son algunos de  “los aforismos sin sentido” que Jauretche llamó “zonceras argentinas”: a) “América para la humanidad”; b) “Debemos ahorrar sobre el hambre y la sed del pueblo”; c) “Capitales extranjeros, brazos extranjeros, libros extranjeros. ¿Qué dirán los extranjeros?”; d) “Comprar a quien nos compra”; e) “La ley de la oferta y la demanda”; f) “El Estado es mal administrador”.

Lo planteaba en El S.O.S. de mi pueblo (1935) y agregaba: “sin gozar independencia económica, todas las demás libertades son un mito”. La conclusión es, por cierto, un tanto escéptica: “¡Qué amigos somos de decir pavadas en solemne! Resultado: “Somos una factoría elegante”.

3.- Conservar la izquierda

Pero, ¿cuál fue la conducta de este fiscal federal cuando la oligarquía volteó, encarceló y pretendió entregar a una justicia “perduélica” a Hipólito Yrigoyen?

La Corte Suprema de Justicia, que debiera tener, ayer como hoy, la custodia de la Constitución Nacional, legalizó el golpe argumentando que la fuerza es un derecho. Fue lo mismo que sustentó en 1955. Por eso alguien escribió un libro titulado La fuerza es el derecho de las bestias.

Volvamos a nuestro fiscal federal. Estaba, evidentemente, ante un dilema: ¿podía asumir el papel de acusador público “de los militares y civiles que defendieron con las armas al gobierno legítimo contra los golpistas triunfantes?” Entonces decidió actuar como acusador público de la tiranía “ante el tribunal supremo de la conciencia argentina”. ¿Cuál fue, entonces, su proceder? Renunció como fiscal y se ofreció a Hipólito Yrigoyen como abogado defensor: se convierte así en fiscal del honor nacional ante la apostasía infame de los jueces.

Con su estilo campechano, criollo, asegura que se lanzó “desde el quinto piso del Palacio de Justicia a la plaza pública para defender los amenazados intereses de la nacionalidad, la dignidad del partido del cual era miembro y la libertad de su abanderado, cautivo en Martín García, cuyo nombre se pretendía por todos los medios, enlodar y escarnecer”.

Ayer como hoy, los aduladores, las “chinches gordas” no sólo se pasan al enemigo de la patria y el pueblo, sino que se ponen a la cabeza de los que combaten el “personalismo” y decretan la muerte política de los conductores/as populares.

Por eso el ahora ex-fiscal, cuando sus correligionarios burócratas, con Alvear al frente, negociaban “gobernabilidad”, “institucionalidad”, “república”, alzó su voz para convocar a los radicales para mantener en alto las banderas de la “reparación”, a poner en movimiento los postulados fundadores. Con el partido gangrenado, advierte a sus correligionarios: “Convengamos patrióticamente en que desde años atrás ambulábamos los radicales sin rumbo, nos agitábamos sin razón y buscábamos los defectos de los otros para objeto de nuestras críticas”.

Es, sin dudas, un momento de repliegue del movimiento nacional. Los radicales navegan, como decía el P. Benítez de los peronistas del 55, “en un mar de cagones” y desoyen cualquier llamado a la “radicalización”. Pero la oligarquía cívico-militar sí toma nota de la alerta del ex-fiscal, y lo recluye en la Penitenciaría Nacional en aplicación del estado de sitio. Opta por el exilio y va a parar a Montevideo. Ocho meses después, regresa. Los radicales trenceros y complacientes habían instaurado un slogan autodenigrante: “Gobernar no es payar”. Sólo un núcelo duro, entre los que se encuentran Julio R. Barcos y nuestro ex-fiscal , se proponen “radicalizar” al radicalismo.

Su consigna: “Ciudadano radical, ¡conserve su izquierda!” La ironía y el doble sentido es fácil de entender si se recuerda que, en esa época, imitando al amo inglés, era obligatorio circular por la mano izquierda en las rutas y calles. La realidad era que reconocían a Hipólito Yrigoyen como el abanderado de la orientación izquierdista de la U.C.R.

En 1932, funda el periódico Bandera Radical. En 1933, muere Hipólito Yrigoyen. El pueblo humilde lo acompaña en doliente muchedumbre, pero solo un grupito de militantes permanecen fieles a la intransigencia radical. Alvear, entre tanto, confiesa que le “causa mala impresión apretar la mano callosa de los correligionarios humildes.”

El ex-fiscal permanece firme en la brecha. Son los llamados “radicales fuertes”, los que que lanzan con Pomar a la patriada de Paso de los Libres. Allí estuvo el joven Jauretche e inmortalizó la gesta en un poema gauchesco.

Como último y frustrado intento de derrotar la conducción oligárquica de Alvear, de resucitar la rebeldía radical, el ex-fiscal, en el atardecer del 29 de junio de 1935, se encuentra con un grupo de jóvenes (Arturo Jauretche, Homero Manzi, Juan M Fleita y Félix Ramírez García, entre otros) y fundan FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) para dar batalla al Comité Nacional conciliador con el régimen. Allí nació su lema: “Somos un Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre”. Desde esa trinchera, anunciaron, sin saberlo, la alborada feliz del 17 de octubre de 1945.

4.- Manuel Ortiz Pereyra

El fiscal nacido en 1883, uno de los fundadores de FORJA, se llamaba Manuel Ortiz Pereyra. Como escritor, periodista y ensayista sufrió el boicot del silencio tanto de la crítica como de la prensa. Fue sepultado en las “trastiendas de las librerías”. Pero sus libros continúan hablándonos con el lenguaje corriente. Con la lengua viva del hombre común, nos desafía enarbolando el humor y la risa como arma poderosa de la cultura popular. Su impronta se inmortalizó en el “difícil arte de hablar fácil” de su “discípulo” Arturo Jauretche.

Así como Oliverio Girondo escribió sus “membretes” y Scalabrini Ortiz sus “connotaciones de fugacidades”, Ortiz Pereyra creó sus “cartelitos”. Aquí va uno: “Lord Vestey es dueño de tres mil carnicerías que en Londres venden carne argentina. La adquirió a vil precio, por un frigorífico Anglo de su propiedad y la transporta en la flota Blue Star, también suya. Se halla en Buenos Aires este feliz caballero inglés desde hace tres días. No se suscribió al empréstito patriótico aunque pertenece a la Liga Patriótica Argentina pero visitará al Gral. Justo porque es muy cortés con los argentinos”.

En otro texto, titulado “Un fakir hecho y derecho”, confiesa: “Después de haber sacrificado mi fortuna, la de mi esposa y la de mis hijos, dispongo lo bastante para vivir (modesta pero tranquilamente) entre los esplendores de la civilización europea, y sin embargo, prefiero (ríase usted de mí) volver a ser encarcelado en la Penitenciaría y seguir la suerte de mi pueblo antes de renunciar a mi ideal (¡si seré bárbaro!) de trabajar hasta la muerte por la redención económica, política y cultural de mis compatriotas. Un fakir hecho y derecho.”

Concluimos con esta elegía de Norberto Galasso: “El 23 de mayo de 1941, un puñado de forjistas despidió los restos mortales de Ortiz Pereyra (…) Ya nadie se acordará de él. Ni los radicales, renegados del irigoyenismo(…), ni el peronismo, de quien en cierto sentido ha sido el precursor”. Repudiado por amigo del pueblo: “Sólo en alguna “librería de viejo” aparece
, de vez en cuando, ajado y amarillento, alguno de sus libros. Sin embargo, este luchador infatigable convertido en “maldito”, fue la conciencia lúcida de  un momento de la Revolución Nacional”.

Jorge Torres Roggero. Profesor Emérito U.N.C.

Fuentes consultadas:

GALASSO, Norberto, 1984, Testimonio de un precursor de FORJA: Manuel Ortiz Pereyra, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina. Además de la fantástica introducción, nos provee una representativa antología de Ortiz Pereyra, y dos anexos de particular interés: “Ortiz Pereyra: el político con una política”, de Julio R. Barcos, tomado del libro Por el pan del pueblo, Edit.Librería Renacimiento,1933. Reviste, asimismo,gran importancia, el siguiente texto: “Alguna facultad argentina debería llevar su nombre”, proemio de Fermín Chávez a La recuperación de la conciencia nacional, Peña Lillo Editor, 1983. Véase: “Entrevista al Papa Francisco en el semanario católico belga Tertio”.(ACI Prensa, 07/12/2016). Juan Domingo Perón es el autor de La fuerza es el derecho de las bestias. Hay múltiples ediciones.

Principales obras de Manuel Ortiz Pereyra:

ORTIZ PEREYRA, Manuel, 1926, La tercera emancipación. Actualidad económica y social de la República Argentina, Buenos Aires, J.Lajouane y Cía. Editores.

                                              , 1928, Por nuestra redención cultural y económica. Apuntes de crítica social argentina, Buenos Aires, Editorial Peuser.

                                              , 1929, La Liga Patriótica y La Asociación Nacional del Trabajo. Instrumentos del capitalismo antiargentino, Buenos Aires, Vistas Fiscales, Edit. Democracia.

                                               , 1935, El S.O.S. de mi pueblo. Causas y remedios de la crisis económica argentina, Buenos Aires, Colección FORJA.

Por Jorge Torres Roggeromarechal

1.- Alguna claves

En Marechal, nada hay inocente. Inocente en el sentido originario de la palabra: “el que no sabe”. Más aún, detrás de la retórica, entre la maleza didáctica, es posible rastrear el “inicio” de un camino oculto. Sus novelas, poemas, ensayos, nos embarcan, sin más, en un argumento. Este argumento, en el sentido tradicional del término, implica siempre un relato acerca del destino, no como fatum, sino como proyecto, como orientación. El destino, como decía, René Guénon[1], es la “razón de ser” de las cosas. Martín Fierro, arrebatado por el misterio del canto, se sentaba “en el plan de un bajo/ a cantar un argumento”[2]. Era un “aliento” (pneuma, spiritus, viento) que hacía “tiritar los pastos”; y un juego libre del pensamiento: “con oros, copas y bastos/ juega allí mi pensamiento” En resumen, el argumento es pensamiento del corazón, contemplación, pero también el telar de desdichas y esperanzas con que un sujeto histórico teje rebeliones y utopías.

La síntesis de Marechal es la de un criollo que se anima a fatigar los saberes de una tradición milenaria y a poner en actividad diferentes registros de los símbolos latentes en la cotidianeidad del pueblo. Pensemos en este episodio del “Adán Buenosayres”[3].

Adán se dispone a descender a los infiernos, a la oscura ciudad de Cacodelphia, acompañado del astrólogo Schultze. ¿Y cuáles son los rituales que realizan para encontrar la entrada a las profundidades, al descenso y la prueba? Pues bien, es un contrapunto, una payada de adivinanzas tradicionales, remedios caseros, coplas y relaciones con la vieja Tecla, bruja folklórica universalizada por el humor y la parodia[4]. Se trata de un contrapunto de saberes que no son de los libros, sino de la cultura popular, transmitidos oralmente. Marechal recorrió, y amó, las provincias. En Santiago del Estero conoció el misterio de las salamancas, y también los secretos de la ciudad de Buenos Aires con sus iniciaciones y sus cultos populares.

Para él toda la creación es, en cierto modo, un libro; un libro que no deja de hablar y, en el que, hasta el mal (el pecado, lo considerado dañino) es parte viva e indispensable de nuestro mundo concreto. Si algo resulta de las metáforas de Marechal, es que son el soporte de un salto a la alegría y un cruce hacia una nueva dimensión. Téngase en cuenta, además, que según aseguraba, el hombre se balancea constantemente en la cuerda floja de lo sublime y lo ridículo. De allí el “humor angélico”, porque Marechal consideraba que todos somos ridículos, o sea, motivo de risa, por cuanto somos criaturas. Y, por lo tanto, imperfectos. Hasta los ángeles, en tanto criaturas, tienen su grado de ridiculez. En síntesis, nada de lo humano le es extraño. Yo diría que para leer a Marechal a lo mejor tenemos que desechar los presupuestos y los cánones literarios: ¿dar un salto de un registro a otro?, ¿comenzar a manejarnos con nuevos códigos? A lo mejor, con la “lengua perdida”, llamada también lengua de los ángeles o lengua de los pájaros, esa que entendía San Francisco de Asís y que muy pocos han podido recobrar. Quizás, por eso, Marechal sostenía: “Yo creo en el valor medicinal de la literatura. (…) La cura puede ser milagrosa” (en: Confirmado, 27/07/67). A partir de estas consideraciones, ¿cuál es la visión de la ciudad que le da nombre al Adán porteño?

2.- Sobre las ciudades

En la obra de Marechal conviven varias Buenos Aires. A veces le duele la ciudad entregada puramente a la acción porque “sabemos que la acción pura es una energía ciega que se destruye a sí misma, cuando no recibe y actúa según las leyes de un principio anterior y superior a ella, capaz de darle un sentido y un fin”. Contra ese aspecto se levantan voces acusadoras. “Babilonia, le gritan unos; Cartago, le dicen otros”.  Son voces que al poeta le duelen. Instintivamente enarbola un gesto en su defensa “porque amamos a Buenos Aires, y con una suerte de amor bien extraño por cierto”[5].

Pero Buenos Aires es, a la vez, una ciudad trascendente. Hablando sobre El banquete de Severo Arcángelo[6], declara: “Ud. No tiene idea de hasta qué punto nos rodean y manejan fuerzas misteriosas. Y en nuestro país particularmente (…) le aseguro que una ceremonia iniciática como el banquete es menos improbable de lo que usted piensa”. Resulta, entonces, necesario saber que sus libros esconden un sentido oculto, aparte del manifiesto. Y que lo más importante está dado por el sentido oculto. Marechal se acuerda de Goethe, que era ocultista, cuando sostenía que no todos los caminos son para todos los caminantes: “Quien no quiera o no pueda hincar el diente en la médula metafísica de El Banquete…, lo saboreará como un divertissement más…” (Confirmado, 21/10/1965).

Desde mi condición de literato en lucha con su miopía libresca, me dispongo a ingresar en las múltiples ciudades de Adán Buenosayres. Buscando más bien su costado rabelesiano (Rabelais, como Goethe, era un hermetista), nos aventuramos en el viaje de ida y vuelta del personaje: Adán Buenosayres, perdido en la multiplicidad, se dispone a agotar las posibilidades inferiores del ser antes de iniciar su ascenso tironeado tanto por el llamado de la belleza como por la vía penitencial de la redención.

2.- Ciudades de Adán Buenosayres: la Ciudad de la Gallina

Transitamos, entonces, una Buenos Aires visible entregada “al terrible y nunca dormido viento de la historia”. La ciudad y su hombre están caídos en la multiplicidad, en el amasijo informe de lo cotidiano en que se mezclan clases, conflictos sociales, sentimentales, culturales, metafísicos. Marechal dispone siempre una acción, un escenario (barrio, suburbio, casa de clase alta, glorieta, prostíbulo) y personajes que se enfrentan. El enfrentamiento abarca desde la discusión acalorada en la calle o el bar hasta la polémica filosófica. A veces concluye en una batalla campal a pedrada limpia (como en Recuerdos de Provincia de Sarmiento[7]) o en un duelo individual que se resuelve con un inofensivo alpargatazo. La teatralidad se configura, fundamentalmente, mediante encontronazos de palabras o acciones. Los personajes, frente a un conflicto, siempre se dividen en dos bandos dialogantes: representan un “agon”, un ritual mágico que revive el caos original. Como rebasamiento de la conciencia subjetiva, el caos convoca fuerzas desconocidas y revierte el individualismo. Por otra parte, el autor lo ha hecho notar,[8] detrás de cada episodio de la Buenos Aires visible revive, en modo farsesco, algún relato concreto de La Odisea o de La Ilíada o alguna elucubración en clave de los Fedeli d’Amore.

En la excursión a los bajo fondos de Saavedra, evoca algunos mitos muertos de la cultura oficial y del falso criollismo mediante ciertas parodias litúrgicas de las leyendas escolares.  Recordemos que Marechal se ganaba la vida como maestro de escuela primaria.

En tal sentido, basta recordar la aparición fantasmagórica del gliptodonte que refuta las teorías de Ameghino sobre la antigüedad del hombre en la pampa. El mensaje final de la bestia prehistórica es un buen ejemplo de la crítica al saber canónico. En efecto, el “Gliptodonte levantó la cola, dejó caer al suelo tres grandes esferas de bosta fósil y se borró en la negrura que lo había engendrado”. Ahora bien, la cultura oficial recoge las esferas y las destina “al Museo Nacional de Ciencias Naturales, erróneamente clasificada como aerolito; la otra, en el Museo Histórico, figura como proyectil de mortero arrojado en la Guerra del Paraguay; la última sostenida por dos cíclopes de hormigón armado, representa el globo terrestre en la cúpula del diario “El Mundo”. Esto no invalida la opinión del Gliptodonte cuando establece cierta analogía entre la formación del loess pampeano y la formación etnográfica de la patria que correspondería en mucho a su formación geológica: “ya que los contingentes humanos a que Samuel acababa de aludir se formarían también con elementos de destrucción, acarreados desde los ocho rumbos del Globo hasta nuestras llanuras por el terrible y nunca dormido viento de la historia”. Se instaura así una aparición dialogante del tema de la inmigración que cruza de punta a punta la novela como uno de sus múltiples metalenguajes. Introduce así a la aparición Santos Vega y el falso Juan sin Ropa, que no es otro de Ántrax, “un diablo menor, un pinche de cocina” que, cuando viaja de incógnito, usa el nombre de Progreso y que llegó al país en un momento en que las naciones “caían de hinojos para besarle el upite” al gran Satanás con la aparición del gran capital internacional. En realidad, Ántrax, confiesa: “No vengo a comprarles el alma, ¡ya tienen vendida!”

La denuncia a la oligarquía y a la defección de los intelectuales es un motivo permanente de la parodia marechaliana y se presenta como un hilarante contrapunto entre “el rigor científico y el rigor poético”. El Neocriollo, que hablaba con un “chorro de sonidos inarticulados, soltó una carcajada tricolor, se despachó con una inefable arenga política y se puso a bailar, con gracia autómata, catorce danzas folklóricas, pero no pudo ofrecer a los expedicionarios milagro alguno. Por eso, “girando sobre sí mismo, apuntó con sus nalgas a los héroes y soltó un pedo luminoso que ascendió en la noche hasta el cielo de los fijos y se ubicó en la constelación de Centauro, entre las estrellas alfa y beta. Hecho lo cual se desvaneció en la negrura”.

La melopea de los sapos-cisnes del bañado es una letanía de los usos folklóricos y científicos (brujería y terapéutica) con que los hombres atentan contra su frescura natural y poética. Silenciosamente, el texto avisa aquí y allá, proponiendo mensajes simbólicos: “las aguas infernales”, “el silencio del espíritu sin la esperanza del Verbo”, el misterio del Cuaderno de Tapas Azules.

Tras la regocijante payada entre Franky Amundsem (inmigración nórdica y rica) y el payador Tissone (“italiano de origen y aborigen de La Paternal”), Samuel Tesler confiesa su devoción por la sabiduría popular portadora de una misteriosa ciencia infusa que relaciona con la kabalá: “abominó en público de la ciencia erudita que profesaba, y anunció que solo escucharía en adelante las voces del saber gnómico, infuso en los humildes por el muy alto y muy escondido Tetragramaton”.

Es Samuel Tesler quien bautiza a la Buenos Aires visible. Samuel anticipa a Adán el título de una obra que está escribiendo: “La Ciudad del Búho contra la Ciudad de la Gallina”: “Desplumo la gallina y la meto en la olla hirviente de mi análisis. Le añado el choclo de la melancolía y el alegre perejil del sarcasmo”. Según Adán, será un buen ejemplo de nuestra literatura: “un pucherete a la criolla”. Samuel sostiene que, a través de su obra, “se verá un pueblo cacareante que remueve la tierra con sus patas afanosas y que picotea día y noche sin acordarse de la triste Psiquis, sin levantar los ojos al cielo, sin escuchar la música de las esferas”. Entonces, es cuando propone “que la paloma del Espíritu Santo sea cambiada por una gallina bataraza en el escudo de Buenos Aires”. La Ciudad de la Gallina será entonces unos de los nombres de la gran metrópoli que frecuentamos, azorados, los argentinos que no podemos viajar a París. Pero hay otro nombre para la ciudad que Adán peregrinó con su “grupo ebrio de la nave de locos”, camino hacia la Venus Terrestre, la Venus demónica y popular. Ciudad visible, cuya vigencia niega con un acto negativo que destruye la primera negatividad de la cultura oficial. Rito oscuro y necesario para matar la muerte en la también conocida como apocalíptica Ciudad de la Yegua Tobiana.

3.-Cacodelphia, Calidelphia, Philadelphia

Veamos ahora la contracara de la Buenos Aires visible sumida en la desorientación y tristeza que nace de lo múltiple. El astrólogo Schultze las llama Cacodelphia y Calidelphia. La primera, ciudad atormentada, nos sume en un descenso a las oscuridades, a las zonas inferiores del ser que es nuestra obligación agotar para poder iniciar el ascenso a la segunda, ciudad gloriosa. Pero el caso es que no son dos ciudades mitológicas. Existen realmente. “Es más, dice el astrólogo, las dos ciudades se unen para formar una sola. O, mejor dicho, son dos aspectos de una misma ciudad. Y esa Urbe, solo visible a los ojos del intelecto, es una contrafigura de la Buenos Aires visible”. Y aquí volvemos a Goethe: no todos los caminos son para todos los caminantes. Quien no quiera hincar el diente en la “médula metafísica”, lo mismo se va a divertir.

Lo cierto es que el Adán porteño quedará, al final de la novela, sumergido en el último círculo del infierno, al “borde mismo de la Gran Hoya” frente a la inmensa masa de gelatina, especie de molusco gigante: “Es el Paleogogo”, me advirtió Schultze gravemente”. Y Adán lo define con una retahíla de dichos populares que concluye con el sonoro: “Solemne como pedo de inglés”. El personaje, azorado, está en el fondo del infierno, pero, a la vez, triste ante la manifestación de lo diverso de la Buenos Aires visible, confiesa que sólo le fue dado rastrear al Verbo “por las huellas peligrosas de la hermosura; y extravié los caminos, y yo sólo un viajero, y tú el fin de mi viaje”. En un mundo de “capitalistas desalmados e inspectores coimeros”, Adán “levanta sus ojos hasta el Cristo de la Mano Rota”.

Veamos, ahora, cómo lo teatral, a que aludíamos antes, se manifiesta mediante el registro de la farsa. Adán Buenosayres, oscilando entre lo ridículo y lo sublime, funciona permanentemente como la memoria en acto del pueblo. Es la memoria como preservación de las promesas y potencialidades que han sido reprimidas por la civilización hegemónica del occidente anglosajón.

Ahora bien, las liturgias de la cultura popular suelen manifestarse mediante lo farsesco. Sus componentes se presentan heterogéneos y mezclados. Los especialistas hablan de burla, broma, parodia, donaire, humor, sátira, danza. En efecto, la farsa tiene que ver con la imaginación, la inspiración, la locura y la religión. Frente al mundo oficial, construye un anti-mundo inseparable de la libertad. Pone de relieve una verdad no oficial que no es autoritaria ni restrictiva y se relaciona con lo utópico y con la risa. La risa no respeta prohibiciones. El poder nunca habla el lenguaje de la risa porque la risa vence el miedo y lo amenazante. La risa ha sido siempre un arma del pueblo porque, de lo farsesco, nace un sentido participacional intenso. Es un canto de alegría vital. No es representación, es vida. Articula razón y sin-razón: es la imaginación de paso a una luminosa suprarracionalidad. Como apertura hacia aquello que podemos ser, hace estallar las grietas estructurales. En consecuencia, lo farsesco es un cuestionamiento a la seriedad de las minorías dominantes. Pero no puede enfrentarlas directamente, por eso recurre al humor. Amasijo de ternura, cariño, deseo, es algo distinto de lo estrictamente político: es “hacerse el loco”, es reírse del desorden introducido por las minorías explotadoras. Pensemos que el Adán…fue iniciado y escrito a lo largo de la Década Infame y publicado en 1948, en plena exaltación, victoriosa y desenfadada, de la cultura de la fiesta. Recordemos que la novela fue reprimida por intelectuales serios, por la cultura letrada, por los consagrados por el canon, que acusaron el golpe de la risa marechaliana hondamente arraigada en la tradición popular criolla, en la cultura no canónica de occidente (Rabelais), en el desarrollo paródico del relato clásico (Homero) y con una apertura a lo metafísico y suprarracional (San Isidoro, Dante, Guenon).

4.- La farsa como profecía

Tomando lo farsesco como negación de la vigencia de los cánones impuestos por la cultura oficial, hemos elegido un episodio del infierno zchultzeano por su actualidad y su carácter de vaticinio. El escenario: un recinto parlamentario, bancas en hemiciclo, tribuna presidencial, palco de prensa, barra. Una escena: los diputados en sus bancas, el presidente en su tribuna, los cronistas en sus pupitres. El Parlamento funcionaba casi sin ruido, con cierta deshumanización en los gestos que hacía pensar en una máquina bien aceitada.

Frente al hemiciclo, sobre un pedestal, estaba sentado un extraño personaje: “era un hombre rústico, de facciones tostadas y expresión atónita, que vestía bombachas de campo y un poncho de vicuña muy raído; en la base del pedestal se veían canastos de rosas y placas de mármol cuyas letras decían: A Juan Demos, homenaje de sus apasionados admiradores.” Los diputados discuten largamente la manera de computar el quorum. Los nombres de los legisladores son alegóricos, puesto que guardan una relación causa-efecto con lo que representan. Veamos algunos: Olfademos, o sea, “olfa” del pueblo; Plutófilo, o amante del dinero; Asinus, es decir, burro; Úngula, uña, cierta alusión al latrocinio; Vulpes, la vulpeja o zorra astuta siempre dispuesta a engañar; Cacófono, que suena mal. Se podrían agregar otros: Aristófilo, Equis, Alpha, Corno, Psittacus, Lunch que dan señales de preocupaciones seudoculturales, de afición a la comida o una excesiva despreocupación.

Todos estos diputados discuten acaloradamente banalidades reglamentarias. Por fin, se impone una moción. Entonces, Olfademos se dirige a Juan Demos y le pregunta: “¿Qué le parece don Juan? ¿Ha visto como acabo de jugarme a fondo por Ud.?”

Don Juan le responde: “Lindo”, pero aclara que no entendió gran cosa de lo que decían los doctores: “Eso sí, tengo bastante frío: este poncho viejo parece ya una telita de cebolla” (p.701).

Los diputados se pelean. Úngula hace moción de que se cierre una ventana; Aristófilo mociona que se cierren dos ventanas, pero Lunch propone que se cierren todas las ventanas del recinto. Esta moción es aprobada por aplastante mayoría.

Satisfechos, los diputados continúan discutiendo aspectos puramente formales. Votan una y otra vez sobre interpretaciones descabelladas de formalidades reglamentarias. Visto el resultado, el diputado Cacófono se ufana de haber ganado una batalla para Don Juan Demos. Pero el hombre del pedestal contesta: “Algo voy entendiendo ahora. Es como jugar a la taba, ¿no es cierto? Sale culo una vez, y otra sale suerte. ¡Lindazo! Pero dicen por ahí, silabeó Don Juan, que entretanto, y bajo cuerda, ustedes andan malvendiendo mis cositas a los gringos. El caso es que tengo hambre.”

Al escuchar esto, el diputado Equis, interrumpió diciendo: “Estamos en el país del trigo”, y mociona para que se le sirva en el acto “un café con leche, pan y manteca”, pero Vulpes considera indecorosa la moción y propone que el café con leche sea con tres medialunas. Alpha, sube la apuesta y mociona cinco medialunas. Por fin, Asinus llega al climax demagógico: “Que se le sirvan todas las medialunas del buffet”. Por supuesto, gana la moción de Asinus y luego, “los legisladores recobraron sus actitudes mecánicas y el debate se reintegró a un tono de indecible melancolía”.

No estamos hoy en la esmerada Ciudad del Orgullo del infierno zchultzeano. En nuestros días, Asinus, Cacóphono, Alpha, Olfademos, Úngula, Vulpes, Antrax, sin distinción de géneros, “andan malvendiendo nuestras cositas a los gringos” aunque, como dice Juan Demos, el ponchito está viejo, la telita gastada y, por qué no decirlo, el hambre acosa.

Resulta que, en la actual y concreta patria visible, nuestros representantes se votan aumentos desmedidos de sueldo y luego tienen que dar marcha atrás. Paralizan la actividad legislativa y se suspenden plenarios de comisiones porque se han vuelto viajeros. Los medios de comunicación difunden, desde EE.UU., “autofotos” con un minibús rebosante de sonrientes parlamentarios argentinos disfrutando (¿pagados por quién?) el desenlace de los comicios estadounidenses en que se resuelve la disputa entre Donald Trump e Hillary Clinton[9]. ¿Habrá algún premio por vender “nuestras cositas a los gringos”, como decía Juan Demos?

Pero abandonemos la Ciudad del Orgullo. Volvamos a Villa Crespo. Adán Buenosayres, sumido en la noche oscura del alma, desde el fondo de su dolor penitencial, sueña una no-ciudad venidera. No existe, pero es “la razón de ser” de la esperanza. Es Philadelphia: ella levantará “sus cúpulas y torres bajo un cielo resplandeciente como la cara de un niño (…) Una muchedumbre pacífica y regocijada frecuentará sus calles: el ciego abrirá los ojos a la luz, el que negó afirmará lo que negaba, el desterrado pisará la tierra de su nacimiento y el maldecido se verá libre al fin (…) Porque Philadelphia será la ciudad de los hermanos y conocerá los caminos del cielo y de la tierra, como las palomas de buches rosados que anidarán un día en sus torres enarboladas, en sus graciosos minaretes.”

Por supuesto, esta visión no suprime los aspectos aparentemente farsescos de la “ciudad de los hermanos”, porque, después de todo, no son extraños a la turbulenta realidad de la Buenos Aires visible donde los hombres “no se robarán las botellas de leche, no pondrán la radio a toda voz”, ni “se llevarán por delante”.

Ciudad de la Gallina, Ciudad de la Paloma, Ciudad de la Yegua Tobiana, Cacodelphia, Calidelphia, soñada Philadelphia, Buenos Aires es la amada ciudad que, según Marechal, “universaliza nuestras esencias”. Borges[10], en épocas en que era el compañero “criollósofo y gramático” de Adán Buenosayres (1929) asistió a su fundación mítico-poética: “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: / la juzgo tan eterna como el agua y el aire.”

Jorge Torres Roggero

Córdoba, 24/11/2016

Bibliofrafía básica:

[1] GUÉNON, René, 1987, El Simbolismo de la Cruz, Buenos Aires, Ediciones Obelisco, Cfr.Cap. VII, “La resolución de las oposiciones”

[2] HERNÁNDEZ, José, 1960, Martín Fierro, Buenos Aires, Eudeba. “Me siento en el plan de un bajo/ a cantar un argumento. / Como si soplara el viento/ hago tiritar los pastos. / Con oros, copas y bastos/ juega allí me pensamiento.”

[3] MARECHAL, Leopoldo, 1948, Adán Buenosayres, Buenos Aires, Sudamericana. Todas las citas son tomadas de esta edición.

[4] “Juntando a los canes en torno suyo, doña Tecla se arremangó las polleras y enaguas, y soltó el pedo más retumbante que yo había oído en este mundo: – “¡Busca, busca! – le gritó a la jauría- ¡Busca, Pastor! ¡Busca, Diente!”

[5] ANDRÉS, Alfredo (reportaje y antología) 1968, Palabras con Leopoldo Marechal, Buenos Aires, Carlos Pérez Editor.

[6] MARECHAL, Leopoldo, 1965, El Banquete de Severo Arcángelo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana.

[7] SARMIENTO, Domingo Faustino, 1948, Mi defensa. Recuerdos de Provincia. Necrologías y biografías, Obras Completas III, Buenos Aires, Editorial Luz del Día.

[8] MARECHAL, Leopoldo, 1966, Cuaderno de Navegación, Buenos Aires, Editorial Sudamericana. Vide: “Claves de Adán Buenosayres”.

[9] Cfr. DIARIO REGISTRADO, martes 8 de noviembre de 2016, “Legisladores viajaron a presenciar las elecciones estadounidenses y estalló la polémica”. Vide et. la fotografía subida por la diputada Graciela Camaño@Graciela Camano: “Rumbo a los centros de votación de Virginia y Mariland (sic)”

[10] BORGES, Jorge Luis, 1966,  Obra poética (1923-1966), Buenos Aires, Emecé, “Fundación mítica de Buenos Aires”( 1929). Según los críticos, en Adán Buenosayres, el personaje Luis Pereda es Jorge Luis Borges.

 por Jorge Torres Roggero (Artículo publicado en la revista El Avión Negro, Córdoba)

1.- Los Homoglobos

En el quincarlos-faytto círculo de su viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia, Leopoldo Marechal nos arroja, aferrados a una soga y entre violentas ráfagas, sobre una multitud de “hombres de goma inflados casi hasta reventar”. Son los Homoglobos. Sus gestos, fríos y solemnes; su discurso, “un verdadero camposanto de lugares comunes”. Está relatando la invención del Personaje o Figurón. El Personaje no es un “ente real” sino un “ente de razón” inventado por alguien. La esencia del Personaje es precisamente su falta de esencia, el vacío absoluto. Un Personaje bien cocinado habla siempre con supuesta idoneidad tanto de la situación de Medio Oriente como de la cocina egipcia o las internas peronistas.

Esta cosa pensaba mientras leía un artículo de Claudio Fantini, “La exclusividad de la impudicia” (La Voz, 01/11/ 2014) en que, tras “cartonear” en el basural a cielo abierto de la bibliografía más gorila, se solaza en numerar las impudicias peronistas. Lo que los demás deben ocultar, postula, los peronistas lo pueden ostentar. La culpa es de la “sociedad” que lo permite, que siente pánico ante el poder que detesta a los pusilánimes y “vive con la sensación de que solo el peronismo sabe sujetar el poder”. El artículo es una elegía, una lamentación anacrónica, una añoranza del golpismo, un solemne auto sacramental para ofrecer justificaciones a cualquier intento desestabilizador.

En eso estaba cuando terció Jauretche. Según el forjista, los figurones son el resultado de una técnica de fabricación: “La firma del personaje, o la simple aparición frecuente y destacada en los grandes diarios, sirven para construir el prestigio, prestigio que una vez logrado sirve a su vez para prestigiar las ideas y los hechos que el prestigiado apoya con su autoridad. Así constituido, el “figurón” va afirmando su personalidad a través de la cátedra, el libro prestigiado por los mismos medios, las academias, los premios científicos y literarios, las instituciones que consolidan el renombre adquirido (…) Es toda una construcción artificiosa y regulada cuyo acceso se logra a medida que se acredita la obsecuencia al aparato, y se da la certidumbre de que responderá con el prestigio que se le presta, dando prestigio a su vez”.  Y aquí es donde entra a tallar la historia del “doctorcito del sombrero aludo”.

2.- El doctorcito del sombrero aludo

Como siempre, Arturo Jauretche no se anda con vueltas para ilustrar su pensamiento. En 1958, proféticamente, nos mostró el nacimiento y los primeros pininos de un personaje que en nuestros días da mucho que hablar y que él había catalogado ya en épocas de FORJA. Decía Jauretche: “Para que mis lectores vean, por ejemplo, cómo se fabrica un personaje, los voy a invitar a que sigan la publicidad periodística sistemática que se le está haciendo a una llamada “campaña de educación democrática”, cuyo objeto es ir fabricando con tiempo un nuevo personaje que lo será, a la distancia, aunque sea una “distancia larga”, como decía Balbín, un mozo que fue candidato a la presidencia de la República y que desde luego tuvo prensa favorable.

“El personaje que están fabricando es un doctorcito Fayt que un día, con el título nuevecito, un sombrero aludo de esos de ribete, y tres guantes, los dos para ponerse y el de llevar en la mano, se apareció en FORJA y se afilió. “Pidió en seguida la tribuna y se la dimos tres veces. A la tercera lo llamé y le dije: “Vea, joven, usted no entiende lo que es FORJA, porque usted es un liberal crudo y su puesto está en el Partido Socialista. Acerté, porque actualmente actúa en el mismo y habla, habla, habla; ¡la pucha si habla!, y tiene prensa a bocha como que La Nación y La Prensa le dedican todas las semanas su buen cuarto de columna. Están fabricando un comodín, como hay tantos”.

Jauretche escribía esto en polémica con la Revolución Libertadora. Los profesores peronistas habían sido expulsados de la universidad. El decreto 6043 de Aramburu prohibía que fueran admitidos en los concursos. José Luis Romero, interventor en la Universidad de Buenos Aires precisaba aún más las restricciones a: “Los que hayan propuesto o participado en actos individuales o colectivos, encomiando la obra de la dictadura, realizados dentro o fuera de la Universidad, invocando o no su condición de universitarios”. El pretexto puede ser Perón o, en su momento, Yrigoyen. Pero el objeto es siempre el monopolio de la universidad por el pensamiento anti-nacional y oligárquico.

Recordemos. El 5 de setiembre de 1930, el decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA dictó una resolución en que asume como propio “el imperativo enunciado, en forma indeclinable por la conciencia juvenil, de exigir la renuncia del Presidente de la Nación, Sr. Hipólito Yrigoyen y la inmediata restauración de los procedimientos democráticos dentro de las normas constitucionales”. El decano golpista era Alfredo L. Palacios y los secretarios Julio V. González y Carlos Sánchez Viamonte. Tres personajes del socialismo cuya “transparencia” dice haber heredado “el doctorcito de sombrero aludo”. Son los famosos “maestros de juventud”. Gracias a ellos, los estudiantes reformistas apoyaron los golpes que voltearon los gobiernos populares de Yrigoyen y Perón.

En 1955, hubo jueces (Orgaz, Galli, Soler, Busso) dispuestos a avalar cualquier medida contra el pueblo y la patria. El “cansancio moral” que pretextaban nos les impidió declarar la constitucionalidad del Decreto-Ley 4161/56 que prohibía cualquier alusión a Perón, su esposa, y su doctrina. Ante el cuestionamiento a las sanciones impuestas a un periódico que elogiaba la obra de la Fundación Eva Perón y el pedido que se declarara inconstitucional la sentencia porque reprimía el derecho de expresar por la prensa aquello que, “bueno para unos y malo para otros, había quedado incorporado a la historia política del país”, la Corte desechó el reclamo. Consideraba absolutamente razonable que, en un período post revolucionario, las autoridades surgidas de la revolución establecieran restricciones a la propaganda contrarrevolucionaria, a la exaltación de las doctrinas y del estado de cosas que dieron origen, precisamente, a la revolución. Y pensar que, en nuestros días, la Corte avala las cautelares que blindan el poder hegemónico de las grandes corporaciones mediáticas, financieras y económicas.

Fruto tardío de la restauración oligárquica de 1955, sombra inasible del doctorcito al que Jauretche profetizó una “distancia larga”, el Dr. Carlos Fayt persiste en recitar la melopea que lo autoconstruye como personaje impoluto y letrado. Lo poco que sabemos de él proviene del reportaje concedido a la revista Lecciones y Ensayos de la Facultad de Derecho. Veamos cómo explica su llegada a la cátedra universitaria en la Universidad de la Plata y, luego, en la UBA.

“Producida la revolución que depone a Perón, dice, se designan interventores en las universidades y están libres las cátedras. Yo recibo la invitación del designado Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata para hacerme cargo de la cátedra de Historia de las Instituciones Representativas, pero también estaba vacante la de Derecho Político. Al poco tiempo de desempeñar la primera, hablé con el Decano y le dije que me parecía que iba a ser más útil en la segunda, me interesaba más la cátedra de Derecho Político. (…) Después de esto me ofrecen la cátedra que estaba vacante, que era la única que existía, en la Capital Federal, es decir, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, me refiero a la cátedra de Derecho Político”.  Como es fácil advertir, el relato contiene una especie de milagro: se depone al tirano, se intervienen las universidades y, maravillosamente, las cátedras quedan libres, en oferta para “doctorcitos de sombrero aludo”. Nada dice de la persecución a los docentes (aún a los no peronistas), nada de las proscripciones, nada del asalto impune a las organizaciones estudiantiles peronistas, nada de la entrega descarada de las cátedras y cargos universitarios a socialistas, comunistas y algunos radicales “reformistas” y a sus “maestros de juventud”. El “personaje” Fayt todavía era socialista. En 1969, Jauretche agrega esta nota a su predicción de 1958: “A estas horas, 1969, ya está fabricado, en profesor universitario, concurre a toda clase de congresos y es personaje en puerta para académico. Reemplazaría a los Sánchez Viamonte y a los Linares Quintana ya muy deteriorados por el uso, y bolillas demasiado conocidas”

Estaba recogiendo los frutos de la “campaña de educación democrática” encarada junto a su maestro, Carlos Sánchez Viamonte, autor de un libro de Derecho Constitucional que fascinó a Fayt. Sánchez Viamonte, feroz antiperonista, fue autor de un Compendio de Instrucción Cívica. Y ese es el costado comercial de las campañas de educación cívica del doctorcito y su maestro. Tras la caída de Perón, se instauró en la escuela secundaria la materia Educación Democrática y, hasta en las escuelas religiosas, el manual obligatorio fue el de Carloncho Sánchez Viamonte, socialista, pero de “familia patricia” y alta sociedad.

A Fayt tampoco le fue tan mal. Según él, durante la Revolución Libertadora, en sus campañas de educación democrática, “se proporcionó tribuna a los sin tribuna”. Fueron una experiencia de tolerancia, civilización política y participación popular. Sin embargo, algo calla el “doctorcito de sombrero aludo”: en ese momento, millones de peronistas estaban proscriptos, ni siquiera podían pronunciar el nombre de su conductor sin marchar presos. ¿Qué democracia predicaba? Por cierto, nada de denuncia sobre fusilamientos, torturas, operaciones masacre, clausura de periódicos, derogación por decreto de la Constitución. Tampoco cuenta un episodio frecuente en sus jornadas cívicas: a veces, los pibes de la naciente juventud peronista en la resistencia le arrebataban el micrófono, gritaban “¡Viva Perón!”, y salían corriendo para no ser detenidos.

Eso sí, tras un viaje a Europa para orientarse sobre cómo organizar su materia, logró sistematizarla en sus libros de Derecho Político, textos canónicos en las facultades de derecho. Y como Sánchez Viamonte, escribió también su Compendio. Fue, confiesa, “un acto de amor a los estudiantes”, “para facilitarles las cosas”. Con esa sinopsis “podían recordar esa materia y repasarla en dos horas antes de dar el examen”. El éxito lo “convierte en un clásico” y en texto obligatorio en universidades de Paraguay y Perú. En Argentina, más de once ediciones. Buen negocio el de la democracia y la transparencia socialista: un compendio, una prolija recopilación de teorías sin sustento en nuestra realidad, dan pingüe ganancia en universidades y facultades en que los profesores simulan ser apolíticos y los alumnos recitan de memoria.

3.- El Guinness de la incoherencia

En los últimos tiempos, el doctor Carlos Fayt, ahora de 97 años, vocal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se ha convertido en el centro de una polémica político-judicial en virtud de que se mantiene en el cargo pese a su avanzada edad. Distintas voces del gobierno consideraron que el juez debería dejar el cargo, e incluso desde el propio Poder Judicial crecen los comentarios sobre su real capacidad para ejercer sus funciones puesto que ya no concurre asiduamente el Palacio de Justicia de Plaza Lavalle.

Ya vimos cómo la revista Lecciones y Ensayos le dio pie, en una larguísima entrevista, para que se autoconstruyera como personaje de la democracia. Sin embargo, el eje predominante en sus memorias, es un acendrado antiperonismo. Su libro Naturaleza del Peronismo, si nos atenemos a la autobiografía, es apenas una inocente compilación en que hace gala de una generosa amplitud en la elección de los colaboradores. Sin embargo, la introducción, de 130 páginas, es un manual de antiperonismo. De acuerdo a su criterio, el peronismo, que carece de entidad propia, puede obedecer a tres factores:

1-El peronismo es simplemente Perón; o sea, “el peronismo sería un producto de la voluntad de poder del coronel Perón”.

2.-El peronismo es la versión argentina del fascismo italiano. “El peronismo sería un producto del nacionalismo argentino, que convirtió a las masas obreras en su instrumento, despojándolas de su espíritu de lucha”.

3.-El peronismo fue una necesidad histórica y sería la expresión de la lucha de los nuevos sectores de la clase media y de los sindicatos, pero como meros instrumentos. Para Fayt, “el peronismo es por naturaleza un movimiento fascista y totalitario, de un paternalismo elemental y directo”. Siempre, confiesa, “critiqué a los partidos -al peronismo y al radicalismo- que compran votos”. Por eso, en su libro no habla de la soberanía argentina sino de la “sobornería” argentina.

En este momento, el juez Fayt, Homoglobo ilustre, sigue respondiendo, ya mecánicamente, a las instituciones que le consolidan el renombre adquirido y lo “necesitan vivo”. Es conocida por todos la acordada que “re-re-reeligió” a Lorenzetti como presidente de la Suprema Corte de Justicia desde marzo de 2016 cuando todavía le faltaba un tercio de su mandato. La irregularidad de esa reelección adelantada puso de manifiesto que el Dr. Carlos Fayt no concurría desde hacía un mes al Palacio de Justicia y le llevaron todo redactado para que lo firmara en su casa. Jorge Caballero, en una nota de Tiempo Argentino titulada “La corte de la minoría automática”, pone en dudas la idoneidad del juez. “No son, dice, sus habilidades pasadas o el ritmo de su respiración lo que está en discusión”. La pregunta, sostiene, “es si Fayt entiende lo que firma o le hacen firmar un documento que “lo ubica en un lugar cuando estaba en otro”.

Comentando esta nota, la Presidenta CFK, ante la andanada de republicanismo y transparencia democrática de Clarín y la oposición que denuncian ataques a la Justicia por parte del gobierno, demuestra la contradicción de la corporación mediática y desestabilizadora. En efecto, el 24/08/1999, Clarín criticaba que no se aplicara la cláusula constitucional de los 75 años en el conocido “fallo Fayt” que exime al juez, en aquel entonces de 81 años, de cumplir con dispuesto en el artículo 99, inc.4to., denuncia la actitud corporativa del Poder Judicial y la declara contraria a la “voluntad política de los legisladores y los constituyentes”. La contradicción entre la postura actual de Clarín y la de 1999, según la Presidenta, “merece el Guinness de la incoherencia”.

Volviendo a Marechal: la historia del Homoglobo, o Personaje, o Figurón, que se aliena a tal punto que deja de ser el mismo para “pillársela” y pasar a ser la ficción de los intereses que lo construyen y le insuflan la bolsa de oxígeno del prestigio, se titula en realidad: “Invención y muerte del Personaje”. Muerte del “Personaje”, entiéndase bien. Nosotros sólo nos entretuvimos en desatar el pico del globo para que silbe al aire y escape de su envoltura. Su pneuma será bendecido por Monseñor Poli que llamó a Fayt “venerable y sabio letrado” y advirtió que, al cuestionarlo, se vulneraba “el orden constitucional” y las “normas éticas fundamentales de la convivencia pacífica”. ¡Otra vez la Libertadora!