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por Jorge Torres Roggero

EVA MUCHACHAS PERONISTAS1.- Venían de Berisso

Lo cuenta Cipriano Reyes. En el amanecer del 17 de octubre de 1945, en Berisso, el movimiento estaba sincronizado en cada zona, según la distancia y perímetro que abarcaba,  y las manifestaciones tenían que comenzar a una hora determinada. A las nueve de la mañana una enorme multitud se volcó a la calle. Frigoríficos, fábricas textiles, el puerto, los talleres de Río Santiago, el comercio, habían enmudecido: “Hombres y mujeres de distintas edades, “plenos de fe, de vida, de entusiasmo”, con sus delegados al frente, se “levantaban como un verdadero pueblo en busca de su propia liberación”.

De pronto, Cipriano Reyes detiene el relato. Quiere resaltar el papel de las mujeres. A su lado, “marchaban mujeres extraordinarias entre las que se hallaba mi propia esposa, Clementina Salguero, quien me acompañó en todos los momentos de mi lucha, actuando junto a mí en el sindicato, en los grupos de activistas, acompañados muchas veces por nuestra hija, Argelia Griselda, de doce años de edad, que también fue conociendo desde niña el sacrificio que nos depara la lucha por la conquista de un mundo sin egoísmo y sin hambre”.

Exalta a María Roldán, delegada obrera del frigorífico Swift. Una imagen marcada por la emoción de su palabra y por cada acción de su pensamiento: “madre sacrificada en la vida y heroica en los sindicatos; sembradora del ideal cristiano y humanista que reclama la emancipación proletaria como ideal común de los desheredados; voluntaria en las barricadas y en todos los frentes de combate, en defensa de las conquistas sociales, por la paz y la seguridad de los que sufren y lloran su miseria; voz de la lucha en las tribunas, canción de justicia en el trabajo y bandera de libertad en el movimiento (…) María Roldán es un símbolo viviente y revolucionario de las luchas reivindicatorias de Berisso…”

Reyes enaltece a esas “mujeres maravillosas”. Con hogar, con hijos, siempre dispuestas a defender los ideales. Como en la poesía épica popular exalta sus nombres y virtudes. Estos son algunos nombres de esa “pléyade de mujeres hechas en el sacrificio”: Juana Carrizo, Esther Tata, Juana Bordagaray, Dora Roldán, Irma Suárez. Y los innúmeros nombres olvidados. Ellas y la juventud revolucionaria (no eran estudiantes ni intelectuales) marcharon en Berisso levantando banderas de libertad.

Cipriano Reyes está observando un fenómeno en la génesis del peronismo: el hombre y la mujer marcharon juntos, codo con codo. Desde entonces son compañeros y los une el amor y la lucha por la justicia social y la independencia económica de la Patria sin la cual no hay lugar para los derechos del pueblo y menos de la mujer. Como Eva y Juan,  mujer y hombre, son una “unio contrariorum”, la unidad en la diversidad, la fecundidad de lo diferente. Por eso, según Perón, “Argentina es el hogar”.

La participación de la mujer el 17 de octubre no es solo una percepción de Cipriano Reyes. También la prensa popular la destaca. En La Época del 18/10/45, la crónica remarca: “En medio de la columna obrera se destaca la presencia de la mujer, de la mujer trabajadora argentina, no el figurón elegante que pasea su garbo por la Quinta Avenida porteña u organiza “democráticos” picnics de champagne y emparedados en los canteros de la Plaza San Martín. Auténtica mujeres del pueblo estaban en marcha por sus libertades. Muchas de ellas del brazo de trabajadores evidenciando que los hogares argentinos -porque eran esposas, novias, hermanas de obreros, obreras ellas mismas- están con la causa del trabajador y apoyan al primer trabajador argentino”.

Fue la primera manifestación del “realismo feminista” del peronismo, fundado en la acción, falto de desarrollo teórico académico, pero con fuerte especificación en la conciencia del pueblo. Acontece enfrentado a cierto feminismo oligárquico e individualista, expresado en esa época por mujeres de alta clase social. Ese era un feminismo  de carácter meramente anti moralista y estético como rebelión contra los cánones de su clase. Su paradigma fue, sin dudas, Victoria Ocampo y el coro de “niñas bien” que disfrazaban de buen gusto el odio en la “marcha de la democracia” que precedió el encarcelamiento del coronel Perón.

2.- María Granata y las tres gestas de las muchachas peronistas

María Granata, poeta y novelista, autora de Muerte del adolescente, Corazón cavado y novelas  como Los viernes de la eternidad y Los Tumultos, entre otros numerosos libros de poemas y relatos, nos prodiga tres textos en que traza una poética de la mujer peronista en tres etapas distintas.

El primero se titula “La mujer en la gesta del 17”. Profiere, desde el momento inicial, una poética del peronismo en que la mujer es substancia primordial. Es materia (mater), matria. Ese será un signo de diferenciación que marca la originalidad del movimiento naciente. Es la mujer del pueblo, la formadora, el reservorio de la esperanza en la larga espera.

Inicia su artículo creando en clima genesíaco. Como Cipriano Reyes memora el “alba del gran día”: “No había comenzado la primera luz del 17 de octubre, día nuestro entre los días, y  ya estaba la mujer del pueblo, expectante, esperando su acontecer. En su larga esperanza ella había estado formando ese día; lo sentía levantarse desde su propia sangre, abrirse paso entre sus voces hasta ser un grito de júbilo, hasta ser un canto”.

Se trata del “gran día” de las profecías, el día del “canto”. Una gran epifanía, pero grito y canto revelados, habían sido engendrados en el seno de la mujer. Ella lo reconocía antes de empezar. No era un tiempo común, era la perduración del tiempo de la Patria: “ese que la mujer del pueblo esperaba desde el fondo transfigurado de su sufrimiento, desde la injusticia en que se debatía, desde ese descarnado amor a la vida que su corazón había salvado”. Toda la luz de ese día era un alumbramiento de la mujer. La mujer es la que determina, a la par del hombre, “el nacimiento del día histórico”. La mujer del pueblo fue al encuentro del 17 de octubre que pasó a ser signo, bandera.  Esas mujeres del pueblo eran una “suma de inusitadas fuerzas” y venían a reivindicar a las mujeres que las precedieron “en la callada esperanza que no alcanzaron a ver cumplida”. Las calles se “ensancharon” a su paso y casi no podían contener a “una maravillosa multitud que iba al encuentro de sí misma”.

Todo el pueblo levantado en busca de su líder y, en él, la mujer resistiendo la fatiga y la incertidumbre. Iba a rescatar al libertador del pueblo, “al hombre que vería en la mujer el fundamento de la sociedad humana”. Porque la mujer verdadera “no abandona al hombre en la hora de la lucha”: “Estaba allí, realidad viva y símbolo. Nada hubiera podido amedrentarla. Había empezado a mirar la vida de frente, en el ejercicio de su sufrimiento, en su experimentación de la injusticia social; había aprendido a mirar la imagen mutilada de esa vida que durante tanto tiempo perteneció a los pobres. Y había conocido (…) una nueva forma de justicia, un nivel de dignificación que ahora tenía que recuperar definitivamente”. La mujer y el niño, los sufrientes de la era oligárquica, serían el centro de la democracia social que venía a sustituir el machismo de la vieja democracia liberal, individualista y patriarcal.

El segundo texto de María Granata apareció en el libro La Nación Recobrada (1952). La revolución justicialista ofrece un pleno y pacífico despliegue. El capítulo se titula: “Valoración de la mujer en el peronismo”. No intenta configurar una teoría. Su intención es “empalabrar” la doctrina que emerge, silenciosa, de las nuevas prácticas políticas y sociales del peronismo.

María Granata postula que, como el peronismo es esencialmente social y “el sentido social es definidor de la naturaleza femenina”, resulta fácil comprender “cuánto hay de espontáneo y verdadero” en la incorporación de la mujer al Movimiento. Su fe en la nueva doctrina reconoció, en cada uno de sus postulados,  “su propia misión en el mundo, su generosidad sin vacilaciones, su función constructiva”, “advirtió que no se trataba de un movimiento meramente político, sino un impulso de redención humana”.

La mujer, a lo largo de la historia, piensa María Granata, representa la “construcción paciente” y se “opone a la impaciente destrucción de bienes y valores”. En la historia escrita, a la mujer no se le concede un “solo triunfo comparable al hombre”. Sin embargo, es sujeto de una victoria tácita pero continua en la “historia viva” de la humanidad. Su victoria está en la “esperanza salvada que ilumina la lucha del hombre”. Esperó largamente, pero no en espera pasiva sino de “acumulado sueño”. Por eso le fue fácil descubrir la “urgencia por participar en la lucha”.

Esto le permitió, asimismo, permanecer ajena al pensamiento colonial (“tendencias extrañas”) ajeno a la verdad de la Patria y a la verdad del Pueblo. Para no quemar la esperanza, hizo suya una causa redentora.

La diferencia entre en el hombre y la mujer es que la razón masculina puede establecer “una separación entre la acción política y la acción social”. Para el intelecto amoroso de la mujer, en cambio, política y acción son conceptos consubstanciales. Se visualiza una proyección común entre la mujer y la doctrina peronista. Ambas representan “creación y salvaguarda de valores”: “Ambos -la mujer y el Peronismo- coinciden en su posición ante la vida, en su responsabilidad ante el hombre, en su poder formativo de futuras generaciones”. La incorporación de las mujeres, por coincidencias de contenido, de convicciones  y de destino, es, por eso, espontánea y ferviente.

La injusticia social estaba naturalizada, era un costumbre. Se proclamaban derecho y libertades que los hechos negaban: “En nuestro país, gobiernos carentes de objetivos sociales habían creado la “costumbre” de subestimación política de la mujer”. El derecho cívico femenino era una señal de peligro para la política dominante.

La mujer posee un innato sentido de la tierra como “patrimonio intransferible”. Por eso no quiere construir sobre un suelo enajenado. Quiere construir sobre lo suyo y, a los gobiernos oligárquicos, sólo les faltaba “enajenar el cielo”. La toma de la palabra de la mujer fue una apuesta a la verdad sobre la mentira y a la preeminencia del costado social y solidario, sobre el egoísmo. Ella sólo aglutina “impulsos vitales, fuerzas positivas” que enfrentan “los factores de negación”.

La marginación de la mujer como ciudadana activa fue una estrategia consciente. Los dirigentes anteriores no ignoraban que la posición moral implícita en el espíritu femenino repudia instintivamente las acciones entreguistas, el futuro hipotecado de los hijos y la Patria. Su ejemplo es Eva Perón. Ella infunde espíritu vital al pueblo entero: “Su corazón puede expresarse resueltamente y entrar en la lucha (…) y abre en nuestra historia un camino a golpes luminosos de sentimiento”.

El advenimiento de la causa justa significó la plenitud de derechos. La ley 13.010 estableció que “la mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”. Eva Perón ha dicho: “El derecho del sufragio femenino no consiste sólo en depositar la boleta en la urna. Consiste esencialmente en elevar a la mujer a la categoría de verdadera orientadora de la conciencia nacional”.

María Granata señala la importancia del Partido Peronista Femenino como necesidad de aglutinar los aportes decisivos de la mujer en la configuración de la sociedad futura. De nada le había valido su heroísmo en la lucha por la independencia patria. “Sólo el Peronismo reparó todos los olvidos. Y ahora la mujer tiene derechos y tiene partido”. Exalta, también, la importancia de las Unidades Básicas femeninas tal como lo hemos descripto en una entrada de nuestro blog titulada: “El realismo feminista de Eva Perón: Escuela de Enfermeras, Partido Peronista Femenino”.

El peronismo representa la defensa de los valores genuinos de la mujer que, al participar de las decisiones importantes, al incorporarse a la vida política, afirma “los caracteres distintivos de su femineidad”. Hay cierto apartamiento de lo que Granata, en 1952, llama: “la enmarañada  psicología feminista internacional”. La mujer peronista entra en la historia como depositaria de la felicidad del pueblo. Y, “cuando entra, multitudinaria en la lucha, no es para dudar ni para equivocarse”. Si desvirtúa su naturaleza, ya no pertenece a la historia viva sino a una “ficción intelectualista”.

En la Razón de mi Vida, Eva Perón recuerda estas palabras del General: “Tal vez la mujer pueda salvarnos a condición de que no nos imite”. El peronismo reconoce las responsabilidades de la mujer en la sociedad y sus derechos. Eleva la dignidad del hogar “donde ella se define y se realiza y protege su trabajo fuera del hogar”. Defiende su modo de ser (su femineidad) para que no sucumba “en las duras condiciones de trabajo impuesta por la injusticia social de otros regímenes”. Para la doctrina peronista la mujer es una compañera en la lucha, codo con codo, al lado del hombre. Mas aún, en horas decisivas de la civilización (recuérdese que estamos en plena guerra fría, guerra de Corea -1951-1953),  resalta la “voluntad femenina de nuestra patria”, voluntad de paz en el “concierto mundial de las luchas y los intereses”: “La paz debe comenzar en cada hombre; no es bien privativo de actuaciones políticas. Cada hogar es, para asegurarla, la mejor cancillería”. Y la mujer peronista, pacifista por sí y por su adoctrinamiento, es en esta hora la representante por excelencia de la paz.

El tercer momento de la épica de la mujer peronista se refiere a su participación en la Resistencia. Marta Cichero en Cartas Peligrosas ofrece un apasionante panorama de la complejidad y las contradicciones de los militantes peronistas. Tiene especial relevancia la dramática trama de la contienda subterránea que tenía como campo de debate los periódicos clandestinos: secreta historia de los modos de financiamiento, de artículos de presos evadiendo las requisas, de los talleres clandestinos de impresión, de los avatares de la distribución.

En una carta de Jauretche al Padre Benítez, desde su exilio montevideano, desnuda algunas de las dificultades: “Mimeógrafo. Aquí trabajamos mucho con mimeógrafo y tenemos uno muy bueno pero por los inconvenientes de correo ya expresados poco se puede hacer por los de allí. Si allí hubiera una organización de mimeógrafos, nosotros podríamos mandar esténciles, es decir matrices que acá se pueden hacer con toda comodidad”. Recordemos que en la dictadura liberticida el Correo espiaba y requisaba correspondencia.

El 8/10/57, Lagomarsino le escribe Manolo Buzzeta. Le da cuenta de la aparición del segundo número de El Guerrillero y comenta las dificultades económicas que afrontan: “Sobre el problema $$ no tenemos por ahora ninguna posibilidad. Para conseguir 1.000 $ que faltaban para sacar el segundo número del periódico, tuvimos que hacer una colecta de relojes y empeñarlos”.

En esta dura etapa de la Resistencia Peronista, la mujeres estuvieron, como siempre, presentes. Muchas de ellas estaban presas, sobre todo las dirigentes del Partido Peronista Femenino, y las que desempeñaban cargos públicos, por la represión posterior a setiembre de 1955. También en la cárcel de mujeres “hubo lío” entre las “duras y las blandas”. Lo cierto es que sobreviven pocos testimonios de valiosísimo aporte de las mujeres en la resistencia. Quedan los nombres de algunas. Marta Cichero recuerda: “Mujeres heroicas como María Elena Márquez, del Comando Coronel Perón, y Lidia Yoda, que con tres puntadas rápidas confeccionaban una sotana en la que se escapaban los refugiados de la parroquia del Padre Benítez en Saavedra y que años más tarde salvarían la vida con sus disfraces a muchos perseguidos del proceso”.

María Granata dirigió el periódico Línea Dura. Marta Cichero recoge su testimonio:Línea Dura se imprimía donde se imprime el diario alemán (…) y todos los que trabajaban en el taller, hasta su jefe, eran peronistas. Yo presenciaba el armado pero como pasaba la policía resolvieron hacerlo de noche (…) Porque Línea Dura era la administradora Malena Legrand (que había sido muy amiga de Evita) y yo”. Malena había propuesto el nombre del periódico, Línea Dura, para expresar su tendencia ortodoxa y combativa. Al periódico lo financiaban los dirigentes gremiales que compraban todos sus ejemplares. “Nosotras no veíamos un centavo. Ellos retiraban de la imprenta una cantidad de ejemplares para su sindicato”.

María Granata, gran narradora, da un tono tragicómico a su constante codearse con el peligro: “Estuve a punto de caer presa por Línea Dura y en la imprenta me propusieron que se armara de noche. Yo necesitaba dar un último vistazo antes de la impresión. La administradora me dijo: “Vos te instalás en un bar y yo voy y vengo”. Era pleno Bajo. Nos instalamos en un bar alemán muy grande y tranquilo. Ella me traía las notas. Había citado también ahí a los dirigentes que venían a buscar la orden para retirar los ejemplares. Malena era un mujer rubia, llamativa. Primero llegó el dirigente de la Juventud Peronista Enrique Ninín, muy joven. Le entregó una cantidad de dinero. Ella salió, fue a la imprenta con él. Tardó unos quince minutos. Después un dirigente de frigoríficos, que puso el dinero sobre la mesa. Salió con él. Y el dirigente petrolero Acero, lo mismo. Al rato volvió. El alemán dueño del bar vino a los gritos a nuestra mesa: – ¡Prostitutas no!”

María Granata, luego de ponderar el modo de trabajo de la Fundación que conoció por dentro, concluye: “Eva era el motor. Si hubiera estado viva encabezaba la revolución social incruenta en la Argentina. Ella es la pasión del Peronismo y sin pasión nada puede crecer y sostenerse”.

Los testimonios que hemos aportado reafirman que, más allá de la ficción intelectualista, el peronismo libera para siempre los caracteres genuinos de la mujer. Y lo seguirá propiciando a través de los tiempos. Siempre a la vanguardia de las gestas de la mujer en su larga lucha por la visibilización y respeto de sus derechos.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba.

Fuentes:

CHÁVEZ, Fermín (comp.), 1996, La jornada del 17 de octubre por cincuenta autores, Buenos Aires, Corregidor.

CICHERO, Marta, 1992, Cartas Peligrosas, Buenos Aires, Planeta.

AA.VV., 1952, Una nación recobrada. Enfoques parciales de la Nueva Argentina, Buenos Aires, Subsecretaría de Informaciones, Presidencia de la Nación.

EQUIPO DE TRABAJO de la Fundación Tiempo Social, 1995, 17 de octubre de 1945. 50 Aniversario, Buenos Aires, Ediciones Historia Viva.

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por Jorge Torres Roggero

1.- La escuela de enfermerasEvita con niños

La práctica feminista de Eva Perón es el modo de formular su firme postura en pos de la liberación de la mujer. Como lo testimonia en su obra escrita y sus discursos, ella leía la realidad con la “inteligencia del corazón”. Para Kusch, el juicio emitido desde el corazón es dos cosas contradictorias a la vez: racional e irracional. Por un lado, es percepción intelectual: dice lo que ve, o sea, es mirada, teoría. Pero al mismo tiempo tiene fe en lo que está viendo. Los operadores seminales permiten dejarse caer en un registro profundo, en la confusa zona en que, por una “especie de coordinación entre sujeto y objeto”, predomina un “sujeto total”. Partiendo de estas distinciones, entre las numerosas realizaciones de Evita, hemos elegido dos: la escuela de enfermeras y el Partido Peronista Femenino.

 El 15 de septiembre de 1950 fue inaugurada la Escuela de Enfermeras. La escuela de enfermeras fue una de las realizaciones más importantes en el vasto programa de acción social de la Fundación “Eva Perón”. La elaboración del plan de estudios corrió por cuenta del Dr. Ramón Carrillo que fundaba su planificación  en tres aspectos: medicina asistencial,  medicina sanitaria y medicina social. Para ello había que curar al enfermo, prevenir las enfermedades  por el control del ambiente y atacar los factores provenientes de la misma sociedad como carencias alimentarias, malas condiciones de trabajo e ignorancia de la higiene, entre otros.

En el “Plan Analítico de Salud Pública”, Carrillo destacaba la función social que debía cumplir una planificación que integrara las diversas ramas de la medicina. Detallaba allí el papel que debía desarrollar la enfermería y la necesidad de una adecuada formación profesional. Sostenía que el país necesitaba 20.000 enfermeras profesionales. Hasta 1947, las enfermeras egresaban de la Cruz Roja y de las escuelas dependientes de las Sociedad de Beneficencia de Capital Federal. Su desempeño dejaba mucho que desear. Y como el peronismo no compartía los criterios de la Sociedad de Beneficencia, planeó transformar estas escuelas e institutos para que respondieran al nuevo proyecto salud pública.

El curso constaba de 12 materias que conformaban el ciclo de grado. En primer año cursaban Anatomía y Fisiología, Semiología, Higiene y Epidemiología, Patología General y Terapéutica, Defensa Nacional y Calamidades Públicas. En segundo año, Primeros Auxilios, Enfermería Médica y Quirúrgica, Obstetricia, Ginecología y Puericultura, Dietética y Medicina Social.

La carrera se completaba con un post-grado de dos años en que las aspirantes debían circular por  prácticas hospitalarias en las siguientes especialidades: Transfusoras, Puericultura, Auxiliares Anestesistas, Auxiliares de Radiología y Fisioterapia, Psiquiatría y Neurología y Secretariado de Sala.

Las alumnas recibían, además, clases de conducción de automóviles, camiones y motocicletas, ya que la Escuela contó con un cuerpo motorizado de avanzada para la época y era necesario que la mujer tuviera destreza en el manejo de esas unidades para no depender de un chofer.

Toda unidad sanitaria de la Fundación constaba de una sección de emergencia provista de motocicletas y hospitales móviles. Cada hospital constaba de diez camas, una cabina quirúrgica y equipos de trasfusión y oxígeno. Poseía, además, ambulancias equipadas para operaciones de urgencia, jeeps con equipos de oxígeno y anestesia, camiones para transportar personal médico o enfermos. Era una utopía en marcha, era la reivindicación de la mujer como sanadora y sostén moral en el dolor.

Para ingresar a la escuela, las chicas debían ser mayores de 18 años y no superar los 35. Si tenían dificultades económicas, recibían un subsidio aparte de todos los beneficios y coberturas que brindaba el internado. Recibían, además, clases de gimnasia. Contaban con amplios comedores y terrazas para esparcimiento. Estaban a su alcance todas las comodidades para cubrir las necesidades de las estudiantes.

En 1951, 2000 alumnas desfilaron con su uniforme de enfermeras. Todo el equipo motorizado se desplazó por las calles de la Capital Federal. El público sorprendido contemplaba una sección de urgencias integrada por perros amaestrados que transportaban botiquines de primeros auxilios para la atención elemental y urgente de heridos.

Las egresadas de la Escuela realizaron su tarea en los policlínicos, participaron junto a la Fuerza Aérea en las campañas contra el paludismo o el mal de Chagas y recorrieron varios países latinoamericanos, y aun europeos, llevando auxilio y solidaridad cuando ocurrían catástrofes.

La enfermeras de la Fundación también participaron en el control sanitario a los participantes de los Campeonatos Infantiles Evita. Si bien los campeonatos en sus comienzos fueron dedicados al fútbol, luego incluyeron atletismo, ajedrez, esgrima, gimnasia, natación, básquet, saltos ornamentales y otros. Frente a un feminismo a veces sólo teórico, no estaría de más considerar el feminismo práctico de Evita: en 1951, por primera vez, se incluyeron mujeres en este tipo de competencias en oportunidad de los primeros Juegos Panamericanos; para 1955 ya competían cientos de mujeres en la especialidad atletismo de los Campeonatos Nacionales Evita.

2.- El peronismo de Evita

El 26 de julio de 1949, en la primera asamblea nacional del movimiento femenino peronista, Evita pronuncia un extenso discurso. Plantea en él una doctrina, una teoría y una práctica desde el género. Pero, además, formula una advertencia para nuestros días: “ Nosotras, las argentinas pertenecemos al mundo y no podemos acariciar el sueño imposible de vivir fuera de él. La interdependencia de todos los países de la tierra se acentúa cada día más y los modernos medios de transporte nos aproximan a las antípodas. Además, las fuerzas de la producción que el capitalismo desenvolvió han rebasado todos nuestros conceptos de estado y nación y nos obligan a una permanente vigilancia de nuestra propia soberanía”.

La fundación del partido peronista femenino, una de las grandes realizaciones de Eva Perón, muestra, como toda política peronista, un enmarque universalista. Las mujeres del pueblo deben saber, en primer lugar, que pertenecen a una Patria cuya soberanía está constantemente amenazada. Y en una patria sometida es imposible cualquier tipo de liberación sectorial.

En 1947, en el diario “democracia”, Evita escribió un artículo titulado “Por qué soy peronista” . Allí decía: “si el pueblo fuera feliz y la patria grande, ser peronista sería un derecho: en nuestros días ser peronista es un deber. por eso soy peronista” y agregaba: “soy peronista por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal, por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo”.

En otro artículo, refiriéndose al 17 de octubre, exaltaba la capacidad del pueblo para convertir en positivo lo negativo. El apelativo descamisado “lanzado como insulto, fue recogido como bandera, dejó de significar pobre, mal vestido y se transformó en sinónimo de lucha, de anhelos de reivindicaciones, de justicia, de verdad”. El descamisado pasó a conformar la “vanguardia de la nacionalidad”, entregado a la producción lo mismo en el agro, que en la fábrica o en el taller. Ha roto para siempre las cadenas que lo mantenían en el anonimato social, ya no es un elemento de explotación humana sino factor de progreso que “entierra los conceptos de un capitalismo egoísta y explotador, que fundaba su bienestar en la miseria del pueblo, es un soldado del trabajo, fogueado en las batallas por la independencia económica”. Por lo tanto,  el 17 de octubre significaba: unidad patriótica y reordenadora como sólo habíamos conocido en 1810 mediante una unificación de fuerzas antes antagónicas e irreconciliables. La cuestión consistía en traer a la superficie de nuestra vida común la unidad del pueblo.

 En otro texto, Historia del peronismo, definía al 17 de octubre como una victoria sobre la oligarquía. Pero aparece la palabra miedo, incluso habla del “mayor miedo”. ¿Cuál es? Que la oligarquía pudiera retornar a los mismos peronistas, coparles la mente y el corazón: “le tengo miedo al espíritu oligarca, decía, para ser una buena peronista, trato de ser humilde”. Para eso, es necesario arrojar la vanidad, el orgullo y, sobre todo, la ambición.

¿Qué es el espíritu oligarca? Preguntaba. Y respondía: “para mí es el afán de privilegio, es la soberbia, el orgullo, es la vanidad, es la ambición”. Y añadía: “yo a veces observo que cuando se dicen cosas importantísimas nos las aplauden, si tenemos razón, pero en la práctica hacen, esos mismos que aplaudieron, todo la contrario. Hay que aplaudir y gritar menos y actuar más”. Y concluía: “El único privilegio y el único orgullo es sentirse pueblo”.

Perón había dicho: “no son los cargos los que dignifican a los hombres, sino los hombres los que honran a los cargos”. Evita es sumamente rigurosa con sus compañeros que ostentan cargos. Consideraba que “el funcionario que se sirve de su cargo es un oligarca”  porque en lugar de servir al pueblo, sirve a su orgullo, a su vanidad y a su egoísmo. Los dirigentes peronistas que forman círculos personales sirven a su egoísmo y a su desmesurada ambición. Esos  no son peronistas, son oligarcas, son ídolos de barro.

Va trazando así una ética del trabajo. Perón considera que su mayor título es haber sido honrado como “primer trabajador”. El más alto cargo de la república pertenece a los trabajadores cualquiera fuera su clase de trabajo. La oligarquía, en cambio, era una  clase cerrada. Nadie podía entrar en ella. Le pertenecían el gobierno, el poder y los honores. Se rodeaban sólo de sus amigos. Por eso los círculos son oligárquicos. Por lo tanto hay que estar en guardia permanente para aplastar y destrozar a esos señores. Cuando todos seamos trabajadores, cuando todos vivan de su propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos y más hermanos.

Los políticos que empiezan a trabajar para ellos se olvidan del pueblo. Mi mensaje está lleno de advertencias terribles y proféticas que se han cumplido hasta el final y se seguirán cumpliendo. Allí asegura que hay que “cuidar” (vigilar, controlar) a los dirigentes: “los pueblos deben cuidar a los hombres que eligieron para regir sus destinos…y deben rechazarlos y destruirlos cuando los ven sedientos de riqueza, de poder o de honores”, “la sed de riqueza es fácil de ver, es lo primero que aparece a la vista de todos”.

Las advertencias también van dirigidas a  los dirigentes sindicales.  A los sindicalistas que defeccionan les dedica las más terribles palabras: “el político que se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso, un dirigente gremial que se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores es un traidor y merece ser castigado como un traidor”

¿Cómo se notaron estas ideas en la vida cotidiana del movimiento? Las unidades básicas fueron reflejos del hogar central que es la patria (“la Argentina es el hogar”, dijo Perón). Eran como un espejo  de cada hogar construido por cada hombre y mujer en una dialéctica en que de lo diferente sale lo nuevo, una práctica que a la vez que es amor y gozosa unión carnal, es recinto de las contradicciones cotidianas. Vamos a recordar, creación ejemplar, la fundación del Partido Peronista Femenino y las características de sus unidades básicas.

3.- El Partido Peronista Femenino

El 29 de octubre de 1949 se inaugura el Partido Peronista Femenino en Capital Federal (Corrientes 938); el 5 de noviembre en La Plata; en ese mismo mes, en San Juan, Formosa, La Pampa, Salta y Córdoba.

Su organización contó con protagónica participación de las “delegadas censistas”. El lema de Evita era: “así como los obreros sólo pudieron salvarse a sí mismos y así como siempre he dicho que solamente los humildes salvarán a los humildes, también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres”.

En una breve digresión, tributamos nuestra recordación a las  delegadas censistas que recorrieron todas las provincias, pueblo por pueblo; y, en su tránsito, iban engrosando la columna de las mujeres peronistas: Catalina Allen (Bs.As.); Teresa  Adelina Fiora (Cap. Fed.); Delfina de Molina (Catamarca); Elsa Chamorro (Cba.); Celfa Argumedo (Corrientes); Juana Larrauri (E. Ríos); María Isabel de Parravicini (Jujuy); Juana María Beraza (La Rioja); Teresa Gibelli (Mendoza); Hilda Castiñeira (Salta); Trinidad Coronel (S. Juan); Blanca Elena de Rodríguez (S. Luis); Luisa Komel (S. Fe); Ana María García Ronzio (Sta. Cruz); Ana Macri (Tucumán); M. I. Solveira Casares (Chaco); Susana Míguez (Chubut); Sara Rodríguez Alderete(Formosa); Matilde Gaete de Iturbe (la pampa); Elena Fornícala (misiones); Clementina Palumbro (Neuquén); María Rosaura Islas (Rio Negro). Ellas formaron el Partido Peronista Femenino.

Eran todas muy jóvenes,  infatigables en la ayuda social y fervientes peronistas “de todas las horas” (como se decía entonces). Fanáticas de la doctrina de Perón, su misión era censar a todas las mujeres que a lo largo de todo el país abrazaban la causa peronista. Provenían  de distintas actividades y grupos sociales: amas de casa, enfermeras, maestras, una abogada. Hasta  una cantante: la famosa Juanita Larrauri

En enero de 1950 se inaugura la primera unidad básica femenina en el barrio de Saavedra ( se llamaba barrio Presidente Perón y había sido construido por la Fundación). Cuando fallece Evita había 3600 unidades básicas femeninas en todo el país. Las integraban mujeres de todas las clases sociales. Unidas por lo social y lo político, conducían a millones de mujeres. Recuérdese que en el Partido Peronista Femenino la participación masculina no estaba permitida. Más aún, los caudillos que intentaron entrometerse fueron expulsados de los estamentos partidarios. Era, exclusivamente, cosa de mujeres. Queda para otra ocasión el relato de los actos heroicos de las “muchachas peronistas” durante la Resistencia.

Las unidades básicas, verdaderos hogares del pueblo, se convirtieron en lugares de múltiples actividades. Eran escuela cívica donde se realizaban ensayos eleccionarios. Incluían, asimismo, aprendizajes útiles para las mujeres: ayuda escolar, alfabetización, corte y confección, danzas folclóricas, juguetería, peluquería, manicuría.  primeros auxilios, decoración, taquigrafía (hoy sería computación). Se prestaban, además, servicios de consultoría: médico ginecológica, jurídica. En las unidades básicas suburbanas se enseñaba el cultivo de la huerta, la preparación de comidas económicas y la utilización de los productos de cada región. Funcionaban el día entero de 8 a 20 horas

Para Evita había conducción en la medida que el pueblo se conducía a sí mismo sabiendo adónde va, qué quiere, qué defiende: “cada uno lleva en su mochila su bastón de mariscal”. Las unidades básicas eran, por lo tanto, totalidades abiertas y flexibles. Eran organizadas; pero, sobre todo, orgánicas, es decir, cuerpos vivientes. Su tarea fundamental era la difusión doctrinaria y la propaganda de la obra de gobierno. Trabajar, aprender, enseñar, era un modo de  practicar la doctrina. Pero la práctica, a su vez, comprendía una ampliación de la conciencia. Por eso estaban siempre llenas de mujeres y de niños (únicos privilegiados).

Las mujeres aprendieron a pegar afiches, a decir discursos. Su ejemplo y modelo era Eva Perón. Se cumplían, entonces, a rajatabla, los sencillos apotegmas peronistas que todavía llenan de contenido, fe y esperanza a muchos compañeros.

 4.- El realismo feminista de Evita

La doctrina no se enseña, se inculca con el ejemplo. La doctrina no se estudia, se siente,  y se comparte. Todo se puede compartir: el hambre, la pobreza, la injusticia; pero el hambre no se refiere solo al pan, sino a la lucha para organizar la libertad.

Por eso la unidad básica concebida por Evita era un reflejo de la casa grande y incolonizable de la cultura popular de la argentina criolla preexistente en que lo imprevisible está al orden del día. A lo mejor, tanto peronistas como no peronistas, podrían concertar en base a esos sencillos  acuerdos fundamentales.

Para eso hay sostenerse en una doctrina,  en un proyecto estratégico y debatir la conducción política para no reproducir la sociedad uniformizadora mundial, masificadora, unilateral, que sólo provee una ilusión de libertad. Evita consideraba que se vivía una edad sombría y que otra vez las madres salvarían al mundo porque ven con los ojos de amor: son portadoras de la inteligencia del corazón.

Advertía, entonces, sobre ciertas degradaciones  de la  mujer. En primer lugar, la vida social. Para ciertas mujeres el hogar es lo secundario y lugar de una vida sin objetivos. Las “mujeres de sociedad” ( las clases altas) viven llenas de pequeñeces, mediocridades y mentiras. Para ellas  lo principal son las fiestas y reuniones. La vida social, entonces, no representa la cultura del pueblo. Se dice “bien”, “culta”, recibe en su seno a escritores, pensadores,  artistas, poetas: pero “creo, como que hay sol, que la vida social, así como la sociedad aristocrática y burguesa son dos cosas que se van…”

En segundo lugar, Evita nunca acordó con el feminismo de las intelectuales. Tanto desde la izquierda, como desde la derecha, se habían opuesto a la política peronista a favor de las mujeres humildes del pueblo. Objetaban no sólo el voto femenino, si no la ayuda social provista por la Fundación a las empleadas, a las mujeres explotadas. Era un feminismo no inclusivo y elitista (Victoria Ocampo polemizaba con Evita): quedaban afuera las “lumpen”, las “sin conciencia”. Por eso Evita le teme a la parodia de lo masculino: “ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así…que por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo…mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres”, “parecían estar dominadas por el despecho de no ser hombre, más que por el orgullo de ser mujeres”. Con el advenimiento del peronismo, pensaba Eva, la situación de las mujeres había cambiado. Ahora eran parte de la lucha sin cuartel “contra los privilegios oligárquicos”. Más aún, las mujeres eran la “fuerza moral” del pueblo porque eran el sostén del hogar y ¿qué era la patria sino un gran hogar? El Partido Peronista Femenino se organizaba a partir de una doctrina y una causa. La mujer actuaba en política, participaba, elegía y era elegida. Debemos reconocer que el feminismo se mantuvo al margen de estas actividades y aún hoy le cuesta aglutinarse como fuerza política.

En resumen, las ideas que Eva transmitió a las mujeres giraban en torno a la necesidad de organizarse y unirse en torno a algunos puntos básicos: a) Organizarse alrededor de la doctrina y de la causa peronista; b) Partido independiente del de los hombres; c) Objetivos: redimir a la mujer; d) Independencia de criterio y de acción; e) La mujer es para la acción; f) Donde está la mujer está el hogar; g) Vale más capacitar, instruir y educar a una mujer que a un hombre; h) Sólo las mujeres salvarán a las mujeres; i) Consolidar la unidad; j) El primer trabajo: levantar un censo de las mujeres peronistas.

Aunque no era madre carnal, Evita portaba la fuerza simbólica de las madres y se consideraba madre del pueblo. Para el peronista las madres del pueblo son protagonistas esenciales en la construcción de una sociedad liberada. Evita había advertido la incipiente falta de conciliación entre la necesidad de ser esposa y madre con la necesidad de derechos como persona humana. Le parecía inconcebible “que solo acepten constituir un hogar verdadero (no medio hogar o medio matrimonio) las mujeres menos capaces…las que no encuentran fuera del matrimonio y del hogar otra solución  “económica” que sustente sus derechos mínimos.” “Así descenderá –postulaba-  la jerarquía de la madre de familia y solo las “tontas” quemarán las naves casándose, creando un hogar, cargándose de hijos”. Advertía que asistimos a una quiebra de los valores morales y sentenciaba: “ no serán los hombres quienes los restituyan a su antiguo prestigio…y no serán tampoco las mujeres masculinizadas. No. ¡serán otra vez las madres!”

La vida moderna, sostenía, impulsa a que millares de mujeres abandonen, día a día, el campo femenino. Se ven impulsadas a vivir como hombres, trabajan como ellos, los sustituyen en todo. En consecuencia, “No se resignan a ser madres o esposas”.

En este punto, Evita entona una alabanza a los hogares del pueblo cuyo centro es la mujer. “Nacimos -asegura- para constituir hogares”. Es un destino que conlleva una misión. Es  cierto, pensaba, que de la profesión de mujeres no se puede retornar: “En las puertas del hogar termina la nación entera y comienzan otras leyes y otros derechos…la ley y el derecho del hombre…que muchas veces sólo es un amo y a veces también….dictador”.

La madre  “es el único trabajador del mundo que no conoce salario, ni garantía, ni respeto, ni límite de jornadas, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelga de ninguna clase”, “.

Proponía que, así como el país debe tener independencia económica, así la mujer también debe tenerla para dignificar su trabajo y elevar su cultura social. Por eso propone el sueldo para las madres, con aumento por cada hijo y mejoras por viudez. Es una significativa propuesta que Evita consideraba tan adelantada para su tiempo que todavía no era prudente promover esa ley. Ya había recibido el embate de las mujeres de la “vida social” y de las “feministas intelectuales” cuando logró el voto femenino y el acceso de las mujeres a los cargos electivos.

Para el peronismo la palabra “hogar” está cargada de vivencias y profundos simbolismos. El hogar, es como el fogón: un centro que emana luz y calor. Donde se armonizan los contrarios. Es el seno materno, el cobijo en el desamparo, el lugar donde padre y madre anulan sus contradicciones. En la era oligárquica,  época de las sociedades de beneficencia, había orfanatos, casas cuna, reformatorios. Todas expresiones de una sociedad egoísta, individualista, y fundada en la explotación y la injusticia social. Por eso las creaciones de la Fundación Eva Perón se llamaban “hogares”: hogares escuela, hogar de la empleada, hogares de tránsito, hogares de ancianos. Y las ampliaciones del hogar, las ciudades: ciudad infantil, ciudad estudiantil, ciudad universitaria, ciudad-hospital. Evita quería que los dolientes, los excluidos, disfrutaran las comodidades, la calidez, el amor y la solidaridad del hogar. Todo era de primera calidad: desde la utensilios hasta el trato, la visión cultural y la asistencia.

La profundidad de la poética del hogar culmina con la definición del general Perón: la patria es el hogar. En el discurso del 1° de mayo de 1974 ante el Congreso de la Nación, hablando del continentalismo como etapa del universalismo, recurrió a la poética del hogar: “Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar” Esto armoniza con la  alabanza de Evita a los hogares del pueblo, sedes de creatividad y alegría de ser: “la mujer auténtica vive el pueblo y va creando, todos los días, un poco de pueblo”. Por eso es la “creadora de la felicidad del pueblo”.

Jorge Torres Roggero, Profesor Emérito. Universidad Nacional de Córdoba

FUENTES:

Bianchi, Susana y Sanchís, Norma, 1988, 2 volúmenes, El Partido Peronista Femenino, Buenos Aires, CEAL

Chávez, Fermín, 1984, Perón y el Justicialismo, Buenos Aires, CEAL

Demitropulos, Libertad, 1984, Eva Perón, Buenos Aires, CEAL

Dos Santos, Estela, 1983, Las mujeres peronistas, Buenos Aires, CEAL

Perón, Eva, 1987, Eva Perón habla a las mujeres, Lanús, Editorial Volver.

Perón, Eva, 1987, Eva perón habla. Patria. Pueblo. Recuperación, Quilmes, Edit. Volver.

Perón, Eva, 1985, Discursos Completos, tomo I, 1946/1948, tomo II: 1949/1952, Buenos Aires, Editorial Megafón. Consúltese también La Razón de mi Vida; Historia del Peronismo; Por qué soy peronista y Mi Mensaje, todos con varias y distintas ediciones.

Perón, Juan Domingo, 1976, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Sin indicación de lugar,  Ediciones del Modelo Argentino

por Jorge Torres RoggeroAJAURETCHE ESCR. INED

1.- El puntapié como soporte del salto metafísico: Leopoldo Marechal

La bofetada o el puntapié (chirlo, patada, según el vulgo) son antiguos, semibárbaros recursos punitorios y, a veces, pedagógicos. Sacados de su contexto o de su concretez suelen resultar objeto de interminables y apasionadas polémicas. Los viejos atesoramos algunas experiencias sobre esas anacrónicas prácticas. Memoriales de épicas grescas o severos correctivos. Todavía en estos tiempos, en forma no sabemos si metafórica o real, no es raro escuchar, en tren de castigar traiciones o penar defecciones, que se amenaza a los convictos con “sacarlos a patadas en el culo”. Pero ese no es mi tema hoy. Sólo pretendo mostrar dos casos en que el puntapié cobra categoría poética y cierta jerarquía epifánica. Tal carácter lo convierte en un gesto nodal capaz de cambiar el rumbo de una vida.

Incurro, entonces, en el “Primer Apólogo Chino” de Leopoldo Marechal. Versa sobre una disputa desencadenada entre jefe y empleado acerca de un viejo aforismo: “Primero vivir, luego filosofar” (Primum vivire, deinde philosophari).

Tsajü ha sido reprendido. Su patrón ha vituperado su tendencia a la introspección y le ha dejado una sentencia que lo ha perturbado. Acude intrigado al Maestro Chuang: ¿Qué es primero, vivir o filosofar? Tsajü medita y responde: “primero es vivir y luego filosofar”: “Sin decir una sola palabra, el Maestro Chuang le dio un bofetón enérgico y a la vez desapasionado en la mejilla derecha.” Y se fue a regar el duraznero florecido.

Tsajü no se enojó y pensó que aquella bofetada tenía un valor didáctico. Decidió prescindir de su ambiente de comerciantes y manufactureros y consultó a toda la jerarquía de la administración pública. Al mes, regresa y cuenta al Maestro Chuang que, habiendo consultado a hombres de experiencia, todos le han asegurado que primero es vivir y luego filosofar. Meditativo y justo, Chuang le dio una bofetada en la mejilla izquierda y se fue a estudiar el duraznero que ya tenía flores en agraz.

Tsajü entendió que la Administración Pública era “un batracio muy engañoso” y apeló a la ciencia de jueces, médicos, psiquiatras, astrofísicos, “generales en actividad” y “ostentosos representantes de la curia”. Contento, regresó a su maestro Chuang y le contó que todas “las jerarquías de los intelectos humanos” le juraron que “primero es vivir y luego filosofar”. “Dulce y meticuloso, Chuang hizo girar a su discípulo de tal modo que presentase la región dorsal. Y luego, con geométrica exactitud, le ubicó un puntapié didascálico entre las dos nalgas”. Hecho esto, se acercó al duraznero y se puso a librarlo de hojas excesivas.

Como a Tsajü su patrón lo había despedido por sus negligencias reiteradas, conoció el verdadero gusto de la libertad. Entonces ayunó, se recluyó en la cabaña de un eremita, trazó un círculo mágico para defenderse de enemigos terrestres e interferencias psíquicas hostiles y se entregó a una profunda concentración. Después de una semana, se dirigió a la casa de Chuang, y tras una reverencia, le contó lo que había reflexionado. Y era esto. La vida humana, desde el comienzo, es una accionar constante. Ahora bien, todo accionar de hombre debe responder a un Fin inteligente, necesario y bueno. Pero ¿cuándo se “ha de meditar ese Fin, antes o después de la acción”? La respuesta es ANTES de la acción “porque una acción libre de toda ley inteligente que la preceda va sin gobierno y sólo cuaja en estupidez y locura”. Por lo tanto: primero es filosofar y luego vivir.

El discípulo aguardó la respuesta de Chuang “ignorando aún si tomaría la forma de un puntapié o de una bofetada”. “Pero Chuang, cuyo rostro de yeso nada traducía, se dirigió a su duraznero, arrancó el durazno más hermoso y lo depositó en la mano temblante de su discípulo”.

El Maestro Chuang había cultivado, a la vez, con el mayor celo y del modo más extraño, la mente de su discípulo y el duraznero: el estar siendo para el fruto.

2.- Pedagogía básica: una patada oportuna y el maestro anarquista de Jauretche

Arturo Jauretche recuerda que, hacia finales de la década de 1920, fue antimperialista al estilo de la época: “le comía el hígado al águila norteamericana”, “mientras el león británico comía a dos carrillos sobre la tierra nuestra”. Fácil antimperialismo: “Milité en la Unión Latino Americana y en la Alianza Continental”. Los grandes diarios les daban manija: publicaban sus anuncios y transcribían sus discursos. Además, generosos benefactores contribuían con recursos económicos para las campañas, para los viajes por el interior y por toda América: “¡cuántos patriotas!”.

Cierta vez, se realizaba un acto de solidaridad con Sandino. Desde el balcón de una vieja casa hablaba Alfredo Palacios. Ahora bien, como también era tiempo de agitación por Sacco y Vanzetti, los anarquistas interferían todos los actos públicos. Un orador se subía a un árbol o a una reja, se ataba una pierna con cadena y candado y, luego, tiraba la llave que recogía un compañero. “En esa ocasión había uno que interrumpía las frases del “El Maestro”. Entre citas de las Vidas Paralelas, evocaciones de Garibaldi en la Porta Pia y la palabra ¡Libertad!, metía sus reclamaciones contra la ejecución de aquellos obreros.

“No había forma de silenciar a los anarquistas y se me ocurrió prenderle fuego a un periódico y arrimárselo al orador, confiado en que el compañero que tenía la llave, ante el peligro del fuego abriría el candado. Pero no fue así. Recibí en ese momento la más formidable patada en el traste que puede recibir un mozalbete. Me la había propiciado el compañero de la llave que me tomó de un brazo, me invitó a un café y me descubrió un mundo nuevo”. Estas fueron algunas de sus enseñanzas:

1.- La complicidad colonial entre las dos alas de la “intelligentzia”: la liberal oligárquica y la izquierdista internacionalista.

2.- Se reía del reformismo universitario. Y le explicaba esta aparente contradicción: Yrigoyen les abre las cátedras a los Maestros de la Juventud (próceres reformistas) y estos trabajan al lado de la oligarquía contra Yrigoyen.

3.- Lo hizo reflexionar sobre el aparente contrasentido entre la “Semana de Enero” y la de la Patagonia y la evidente simpatía de los anarquistas -que “fueron los que pusieron la carne y la sangre de esa matanza”– por Yrigoyen.

4.- Le mostró, además, que más allá de la sociedad ideal que ellos buscaban había una realidad contingente que exigía decidirse en cada momento histórico: la opción de todos los días no era entre teoría abstracta y el hecho concreto, sino entre los hechos concretos.

5.- Le hizo ver lo que representaba históricamente Yrigoyen y la alianza de fuerzas antinacionales y antisociales que se le oponían.

6.- Lo avivó sobre los primeros indicios de cuáles eran las fuerzas realmente dominantes en el país y qué significaba la agitación antiyanqui. El venía de la lucha entre los Sindicatos y los Directorios de la empresas. Y los Directorios no eran yanquis, eran ingleses.

Así fue como la patada en el traste del anarquista lo sacó del inmovilismo burocrático de los dogmas de la Reforma Universitaria, le abrió los ojos para descubrir el carácter colonial de la “intelligentzia” y lo impulsó a abrazarse al hombre concreto. Fue el inicio de sus campañas “de esclarecimiento del hecho argentino sacándolo del vago antimperialismo de las izquierdas, expertas en ocultar las raíces concretas del mal”.

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito Universidad Nacional de Córdoba

Córdoba,28/10/18

FUENTES:

Jauretche, Arturo, 1967, 3ª. Ed., Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica, Buenos Aires, A. Peña Lillo Editor

Jauretche, Arturo, 1974, 3ª. Ed. Filo, contrafilo y punta, Buenos Aires, A. Peña Lillo Editor

Marechal, Leopoldo, 1966, Cuaderno de navegación, Buenos Aires, Editorial Sudamericana

por Jorge Torres Roggero

Juan Filloy1.- Un preludio sobre Psique, el Alma

Cierto rey tenía tres hijas. Las tres eran hermosísimas, pero una de ellas, Psique (el Alma) era tan bella que asustaba a sus pretendientes. Casadas sus hermanas, los padres desesperaban:  nadie se animaba a desposarse con Psique. Entonces, consultaron a un oráculo.

El adivino les aconsejó que la vistieran de novia, la abandonaran en un alto monte y un horrible monstruo se allegaría a poseerla. Desolados, los padres la ataviaron y, en doliente cortejo, la depositaron en la cima rocosa.

Psique, sola y abandonada, sintió de pronto que era arrebatada por un fuerte viento. La ráfaga la levantó en las alturas, la sostuvo suavemente y la depositó en un valle profundo y verde. Psique cayó en un profundo sueño. Y al despertar, se encontró en un palacio de oro y mámol. Sus puertas de abrieron y, guiada por misteriosas voces, recorrió los aposentos. De sorpresa en sorpresa, llegó al anochecer. Entonces, sintió una presencia a su lado. No lo vio, pero no le pareció monstruoso: era el esposo prometido por el oráculo.

Así transcurrió el tiempo. Psique pasaba el día sola en su palacio lleno de voces. Por la noche, su esposo se reunía con ella. Era feliz. Pero empezó a extrañar su familia. ¿La creerían muerta? Entonces, pidió al esposo que la dejara pasar una temporada con sus padres. Él le hizo ver los peligros de su ausencia, pero Psique se salió con suya. Llevó suntuosos regalos y todo fue alegría en la casa. Solo que sus hermanas, envidiosas, le hicieron confesar que nunca había visto a su marido y la convencieron para que ocultase una lámpara en la alcoba así, durante la noche, podría contemplar el rostro dormido de su amado.

Regresó Psique a su morada, cumplió el plan urdido y descubrió a su lado a un hermoso adolescente. Tembló de emoción y una gota de aceite hirviente cayó de la lámpara. Al sentirse quemado, Eros, el Amor, que era el monstruo cruel del oráculo,se despertó y huyó para no volver jamás.

Sin la proteccion del Amor, Psique se entregó a vagar por el mundo. Afrodita, llena de cólera por su belleza, la perseguía a sol y sombra. Ninguna divinidad se animaba a recibirla.

Al fin, cayó en manos de la diosa que la encerró en su palacio, la atormentó día y noche y la cargó de humillantes obligaciones. No contenta, la obligó a descender a los infiernos. Allí debía obtener de Perséfone, la reina de las oscuridades, un frasco de agua de Juvencia, fuente de la eterna juventud. Psique cumplió el encargo, pero le fue prohibido abrir frasco. Sin embargo, desobedeció; y quedó sumida en un profundo sueño.

¿ Qué fue, entranto, de Amor? Estaba desesperado. No podía olvidar a Psique. Y al verla hundida en su sueño mágico, la despertó de un flechazo. Ascendió al Olimpo y le rogó a Zeus que le permitiera casarse con una mortal. Tal lo que cuenta Apuleyo[1] en su Metamorfosis.

En las pinturas de Pompeya, Psique es representada por una joven alada semejante a una mariposa que juega con amores alados como ella. En muchas culturas, la mariposa es emblema del alma y un símbolo de la atracción inconsciente hacia lo luminoso.¿Es la purificación  por el fuego? En el arte sacro se suele representar a un ángel alado que pone en la boca del profeta un carbón encendido. ¿Es la mariposa un símbolo del alma como ente espiritual y trascendente? ¿O es un símbolo de esta vida? Los gnósticos representaban al ángel de la muerte con pie alado y pisando una mariposa. ¿Y las representaciones del Amor que lleva en la mano una mariposa a la que acerca una llama? ¿Es , a lo mejor, como en el psicoanálisis, una figura del renacer?

La mariposa es, ciertamente, una fuerza de la vida; y, la metamorfosis, una maravillosa tranformación de la oruga y su fealdad. De una larva asquerosa, una preciosa entidad alada: prodigiosa exaltación de la alegría, pero también  triunfo de lo efímero. Psique, escindida de Eros, pero en mutua compenetración, es también un símbolo de la conjunción final del amor verdadero, la destrucción de la separación, la flor de loto, el corazón irradiante, el centro escondido. Ese centro no es un lugar, es un estado. Hasta en lo biológico, el acto de amor es un anhelo de disolverse en lo disuelto, de reconstruir el andrógino primordial.

He insistido en algunos de los sentidos latentes de la palabra alma como fuente seminal en un espacio geocultural vivo: ¿mariposa riente, descenso a los infiernos, encuentro con los monstruos interiores, con los espectros y fantasmas del pasado?  A través de “mensajes captados telestésicamente” vamos a acompañar a Juan Filloy en un peregrinaje por el alma en pena de la Patria. Respirando “hedor de espíritus sepultos”, vamos a navegar en un mar de traidores. Pero, inmersos en una fantástica sinfonía, aturdidos por corales de figuras teratológicas, agobiados por revelaciones abominables, nos ubicaremos  en el “eter”,“sobre el tiempo y el espacio” (en un espaciotiempo de ondas gravitacionales), en la “vereda rodante que se hunde en el alma de la patria”.

2.- Literatura y música

Pero, claro, hecha esta invitación, debo aclarar que me estoy refiriendo al libro Aquende (1935) de Juan Filloy. En el listado de la copiosa obra de este autor, suele aparecer  no como una ficción, sino como “una geografía poética argentina”. Pero lo cierto es que el autor la imaginó como “una sinfonía aborigen al rincón argentino donde nací”. Y realmente, ha sido “compuesta” como una obra musical.

En efecto, ese carácter es el que plantea la particularidad del texto. El canon resulta impotente ante el mestizaje expresivo que nos desafía. La confluencia entre música y literatura ha sido tratada por Cecilia Corona Martínez en “Literatura y música en Aquende de Juan  Filloy” (Gramma N°5, USAL) [2]. La autora plantea que: “La unidad de la obra se funda en la presencia de lo musical. Dicha presencia se manifiesta de diversas maneras; una de ellas es la denominación de cada apartado, que se construye a partir de una indicación de expresión característica de las partituras. Estas indicaciones guardan una estrecha relación con el contenido y/o la forma del texto correspondiente, y se construyen «a la manera de», pues junto a «In decrescendo » o «Allegro vivace», aparecen expresiones como «Burletta» o «Stravaganza» que no pertenecen estrictamente al discurso musical.” De tal modo, una de las características específicas del libro sería “la organización guiada por formas musicales y el uso de terminología propia del discurso musical. El empleo de estos elementos permite unificar y convertir en obra cerrada una serie de textos cuyo hilo conductor es, tal como se indica en el epígrafe ya citado, «una sinfonía aborigen al rincón argentino». La analogía con las obras musicales constituye un recurso manejado con pericia por el autor, que de esta manera construye un texto distinto, al que también podemos denominar «híbrido».

En consecuencia, será necesario leer Aquende como una sinfonía tal como lo propone el autor. Sus partes son: 1) Suite del viento y de la nieve;1) Interludio (Reverie. Los Atlantes); 3)suite del cielo y de la pampa; 4) Intermezzo. (Miserere. Los entregadores);5) suite del sol y de la selva; 6) Interludio. (Cantus choralis. Los inmigrantes);7) Suite del agua y la piedra.

Como todos los títulos de Filloy, Aquende consta de de siete letras y las partes de la sinfonía son siete. Es su número cabalístico. En esta ocasión, sólo me ocuparé del “Intermezzo”, el cuarto, que viene a ser representación del centro de un símbólico candelero de siete brazos, o la invisible “luz blanca” del centro del arcoiris, o  el hilo milagroso del collar sin el cual nos dispersamos, o la mariposa de luz nacida de la fealdad de la  oruga. Los invito a transitar un contrapunto dramático entre “modo expresivo” y contenido.

3.- Intermezzo. Las regiones ultrahumanas

Intermezzo es un término utilizado en S. XVIII para una serie de piezas de carácter cómico que eran interpretadas entre los actos o las escenas de una ópera (intermezzo en italiano = entreacto). Su contenido era independiente del espectáculo. Luego, el intermezzo pasó a ser una pieza orquestal de transición entre dos escenas, o un contraste en un movimiento instrumental. También se suele utilizar como título de un movimiento intermedio (nunca el primero ni el último) y de carácter más bien ligero. A veces se usó como título para series de piezas pianísticas (Schumann, Brahms)[3]. La palabra sugiere, por un lado, una sensación de espera; pero, también, la certeza de la fugacidad del momento. Heine escribió un Intermezzo lírico. En uno de sus poemas expresó: “De mis grandes penas, hago pequeñas canciones”. El tono procaz, paródico, de  un intermezzo es, en realidad, un modo de disimular la desazón que produce en el alma una situación de hiato, de vacío, y de subordinación a un sentido que prevalece al margen, en bloques expresivos obedientes a una fuerza extraña, a un orden de significados de otra lógica.

En realidad, el Intermezzo de Filloy es un viaje a las regiones ultrahumanas con una larga tradición en la literatura: Homero, Virgilio, Dante. Pero es el primero en la literatura argentina (antes que L. Marechal) como intento de registrar el otro lado de la realidad. En Filloy, no se produce el descenso, típico de estos textos, sino el paso a una atalaya, entre el tiempo y el espacio, para pesquisar la “atmósfera” exacta y estricta donde “se calca y se conserva la imagen verdadera de los hombres”. ¿Pero como se inicia el viaje? ¿Cuáles son los sujetos de la acción de pasaje y de los enunciados?

Alguién dice: “Venga. Ubiquémonos acá. Sí, acá: sobre el tiempo y el espacio”. Otro contesta: ¡“Deje al pasado ser el pasado!”. Pero no. El pasado está en nosotros, inmerge y se revivifica en nosotros. Ya han cruzado el espejo. Primero aparecen “sombras chuecas, crujientes, obcecadas, inverecundas, teratológicas”. Zafados del presente, dice el personaje que es el narrador, todo el “substractum” del pasado se corporiza. Percibirán todo el pasado, pero no lo que ha sido justo “porque la justicia es transparente y carece de representación”. Palparán la infamia de los hombres. Infiltrados en “zonas paramentales” contemplarán el absurdo de las vidas de nuestros próceres “porque la vergüenza, la ignominia, es lo que los  hace visibles”. El “aura de luz” que cada ser tiene ha perdido su diafanidad y se cubren de manchas y de “colores nauseabundos”. Los cuerpos astrales, alimentados mnemotécnicamente, padecen ciertas “verdades de ultratumba” inaccesibles a nuestra corporeidad: los seres “momificados por la historia son los peores habitantes del trasmundo”.

Lo que va suceder es un fenomenal “escrache” a los próceres instalados por los libros de historia: “contemple estos héroes leprosos de falsías, esos próceres ulcerados de “vivezas”, aquellos estadistas con eczemas de escarnio”. En el predio de los “efluvios mentales” “la personalidad de cada uno se presenta sin tapujos ni disfraces”. Las virtudes (deber, bonhomía, honor) fueron escarapelas que usaban en efemérides sin ideales. El reverso de la patria muestra “la triple reticencia de su sumisión, comprada con plata de cohecho; de su fortuna, adquirida con desasosiego y renunciamientos; y de su fama, trabajada por escribas y fariseos…”

Los interlocutores van a entrar al “País de los hombres solapados que se confiesan a plena voz”: son muchedumbres astrales, sombras turbias de deseos, coágulos de impulsos putrefactos. Se van a desplazar por ámbitos acústicos:  recordemos, es una sinfonía en que alternan intensidades de sonido (acentos, matices), movimientos (presteza, lentitud del ritmo), alteraciones y articulaciones; pero, también, estaremos atronados de “infatigables soliloquios” y corales ininteligibles[4].

El primer acompañante que, solo acompañaba al relator por dilentantismo, desiste del viaje. Hay almas  “que no soportan las altas presiones de la verdad”. Entonces, “mi “compañero” dio un respingo. Y en medio de tropeles confusos se perdió su alma en el exorcismo que consuma la ironía de volver el juicio a la “realidad” de afuera”.

Ese compañero desertor que se queda en la realidad de afuera es, evidentemente, la realidad corporal, externa. El “cuerpo astral” deja entrar una pesadez extraña, y una “cohorte de estratos la doblaron dulcemente en sus brazos”.

4.- Inicio del viaje

“Y partió”. Se inicia el viaje. Es un vuelo estático. Cruza las zonas maléficas de “venalidad de las plegarias” y las zonas pestíferas de las maldiciones. “Fue una singladura de sueños dentro de vaivenes cósmicos”, “afirmé en la plenitud del sueño la plenitud de mi conciencia”: “De improviso, se decantaron en mi presencia las civilizaciones. Todo el carrusel de los imperios se disolvió en el estruendo de  una flatulencia. Toda la farsa religiosa en un eructo. Todo el arte en un hipo”.

Se produce un concentración de milenios en un momento y aparece el primer coro de fantasmas que reaparecerá en todo el viaje. Es el desfile de un grupo de filósofos. “Cojos, tuertos, mancos…A cada uno le faltaba algo. Diabetes, cirrosis, nefritis…A todos los afligía algo”. Le clavan la vista, prorrumpen en “desencajadas carcajadas”. Y entonces, aparece la primera visión del alma: Psique  arrebatada por el viento se convierte en mariposa y esperanza. Dice el hermoso texto: “La risa se hizo brisa. La brisa, vendaval. Y, al caracolear sus corceles delante de mí, las crines espantaron infinitos enjambres de vampiros:- Simulacros…- SIMULACROS…– SIMULACROS…

Fue una barahunda infernal. Cada vampiro graznó esa palabra. Y dicha, clavaron sedientos sus trompas en mis ideas. La succión me convirtió en odre vacío. El estupor se adhería apenas a mi escualidez. Pero, ¡milagro! Mis efluvios mentales trocaron las vampiros en mariposas.

El vendaval tornó a ser brisa. La brisa, risa. Y mientras los filósofos retomaban la marcha, cada mariposa se desvaneció hecha sonrisa en sus labios”.

Había entrado al alma de la patria. Se produce entonces, la primera epifanía. Un resplandor y una voz. Un fantasma se le estaba presentando: “Soy José Gaspar de Francia, el vilipendiado doctor Francia, de quien se ocupó nada menos que Carlyle en la Revista de Escocia”.

5.- Balconeando la argentinidad con un guía “santo”

Francia se presenta como “paraguayo de nacimiento, pero cordobés por vocación”. Es un doctor “en ambos derechos” de la Universidad de Córdoba. Sucede un diálogo lleno de humor entre cordobeses. Lo curioso es que el dictador paraguayo, denostado por los libros de historia, en esas regiones es un santo porque “entre la clarividencia de Dios y los archivos del Papa median insondables abismos de sagacidad”. Resulta que todo es al revés en el ultramundo, resulta que “los que fuimos escarnecidos por el ludibrio de las pasiones, ni bien padecemos la reversión de la muerte, entramos de lleno en la confianza de Dios”. Más aún, en la “privanza de Dios”. Por eso a él se le ha asignado la función de arrear filósofos.

Convertido en guía, le explica que todo lo que en la vida terrena es hipócrita y fementido, aparece aquí tal cual es. Todos los espíritus llegan al transmundo con su bagaje de fraudes. Pero, ignoran que ese mundo, sin connivencias, es reglado por un “genio etéreo” regocijante que se hace confesar a cada uno todo lo que omitió o calló. Ya nada pueden disimular y están condenados a “vivir su muerte” mostrando felonías a través del “prisma turbio de sus cuerpos astrales”.

Viajero y guía llegan a lugares de escenografías fantásticas. Filloy muestra una magnífica ductilidad para mestizar su textos con alusiones a la pintura en compenetraciones de casas, luz y seres, planos y resplandores, frenesí de lampos y resplandores. Está pensando en los futuristas: Severini, Soffici, Carrá y Boccioni. En otros momentos se refiere a músicos de vanguardia. El doctor Francia lo estaba llevando, tras un desplazamiento por éter  bajo la “acción gravitacional y las fuerzas electromagnéticas”, hasta un “rincón astrofísico apacible”. Una suntuosa sala llena de lujos donde está el “palco de Dios”.

Estamos en un espacio-tiempo que abarca tanto el cielo como el infierno. Dios es presentado como un viejo jodón y comprensivo que abomina de los beatones: “El viejo sufre dromomanía. Debe andar ahora por el paraíso, el sector más anodino del cielo en donde los tontos, los beatos y los imbéciles se atascan de ambrosía. Sólo en estado paranoico los visita.”

Lo cierto es que, desde ese palco, el doctor Francia invita al relator a “balconear un rato la argentinidad”. Se produce, así, “el más pasmante fenómeno de espectroscopia que se pueda imaginar”. Alguien peroraba: “Distinguidas y miserables larvas: este proscenio de forma geográfica representa el territorio auténtico de la Argentina antes que lo desmenbraran los entregadores” a partir de Bernardino Rivadavia. El que hablaba era un pellejo fosforescente a través del cual se veía un aparato circulatorio circulando con tinta en lugar de sangre. Cada vez que resoplaba, tachaba con un borrón el párrafo vertido: era Vicente Fidel López, el historiador.

6.- Confesión y remordimiento

El escenario será la geografía argentina, y  será, a la vez, el lugar de los entregadores. Filloy alude en el texto la concienca literaria de vivir en la alegoría. Es un mundo subrealista, subverista, piensa. Más, en 1935, habla de un “realismo mágico”. Pero el intermezzo, el entreacto, no lo ha hecho olvidar que es sólo un hiato de su sinfonía aborigen, que está afincado (arraigado) en el lado de acá, que no caben las tentaciones de la cultura dominante pero sí sus tranfiguraciones. Sus ojos, “enorgullecidos de paisajes de la patria”, han evaluado en su “geografía musical una grandeza sinfónica de probabilidades”. Ahora había llegado el entreacto, el hilarante deschave de la solemnidad de historiadores, biógrafos y poetas: había llegado la hora de la “algarabía superrealista”.

Vicente Fidel López es el primer arrepentido. Un emigrado cuyo padre servía devotamente a Rosas. Autor de una historia argentina llena de diatribas y está dispuesto, ahora, a revelar las verdades amargas que ocultó. ¿Cuáles son sus rectificaciones?

La Argentina es preexistente. Ya “era” antes de conquistadores, adelantados y virreyes que introdujeron la cruz y su avidez: “¡Dos cosas incomprensibles al manso comunismo de los indios¡” Pero cuando el expolio se la colonia se iba tranformando en dominio, España declinó. Sucedió, entonces, la injerencia de dos imperialismos astutos: Inglaterra y Portugal. Los criollos cooperaron con su falsía y su destino fue triste: “ni bien consiguieron liberarse del yugo hispano quedaron atrapados en el yugo inglés”. El historiador confiesa que conoce el forro de las “caras bien vestidas” y que exaltó virtudes inesistentes para salvar el decoro de las familias patricias. La historia es faramalla de fiesta escolar: “Los próceres son próceres de tintero”. La Revolución de Mayo fue obra de Inglaterra. Los patriotas de la Primera Junta eran todos angófilos: “Durante la estada de las invasiones (inglesas), las mansiones más encumbradas de Buenos Aires acogieron con simpatía a los oficiales británicos”. La Revolución de 1810 “no fue un torbellino multitudinario como la francesa o la soviética. No hubo ni un muerto, ni un herido ni un desmayado…..Moreno, ante el virrey, pugnando el permiso para fletar cueros y frutos en barcoa británicos, inició sin querer la ominosa cadena de abogados argentinos que, acogotándonos, ha asesorado y defendido al imperialismo anglosajón….” Inglaterra, no pudiendo apoderarse de nuestro territorio, de apoderó de nuestra hacienda y logró lo que deseaba: nuestro vasallaje económico al Reino Unido, nuestro continuo mendigar créditos, nuestra sumisión al pago de intereses y dividendos. El historiador concluye: “Urge, en consecuencia, expulsar a los ingleses….Para ello es menester que nuestro ideal de emancipación de afirme en las fuerzas viva del espíritu. Que se trabaje de cualquier modo la libertad económica del pueblo. Que hay otra reconquista (….) De cualquier manera. Sólo así la patria será dueña de su destino”.

Dicho esto, entre vómitos de biles, el historiador Vicente Fidel López, se “disolvió entre náuseas.”

7.- El miserere: un coro de fantasmas

En ese momento, entró una caterva de figuras teratológicas, de seres mezclados. Gran cantidad de algas brotaban de su boca, sus manos y su sexo. Lengua, dedos, pene, ondulaban, en largas tiras, como llamas de un “fuego enfermo”. Entonces, a coro, la “caterva comenzó a salmodiar un amargo miserere”. Son los prohombres que mistificaron, tergiversaron, vilipendiaron; son los que, infidentes al honor, “prefirieron ser cómplices de quienes hicieron una patria genuflexa.” ¿Quiénes eran? Eran la aristocracia que incautó el país despues del año veinte, pero no cumplió con su deber y se convirtió en una oligarquía que ya no puede ocultarse en panegíricos de sátrapas.

Entonces comienza el agrio miserere. Sabemos que el Salmo 50 (51), llamado  “Miserere”, es de los más profundos poemas penintenciales. Es el canto a la justicia y la misericordia de Dios. Un acusado clama desde la oscura región del pecado. El pecador se reconoce “culpable desde el vientre de su madre”. Al final, prevalece la luminosidad de la gracia que se extiende de los individuos al pueblo. Por eso, una vez que el pueblo ha pagado lo que merecían sus pecados (la opresión y el destierro), es rehabilitado por la justicia divina .

Filloy organiza el miserere de la caterva deforme de la oligarquía en versículos que van entre signos de exclamación. Comienzan siempre con epítetos infamantes y su función es confesar publicamente las traiciones a la patria. Vamos ejemplificar con el primer versículo y el último,  que intensifica su expresión con letras mayúsculas. Recordemos que es un coro, que es una salmodia, que Filloy trabaja con las indicaciones del código musical. O sea, al “leer”, hagamos el esfuerzo de “oir”. El primer versículo es este y el improperio inicial es “ilusos”:

“¡Ilusos, porque asentimos las sandeces de Rivadavia soñando instaurar un príncipe extranjero y sumir al país bajo la férula de un protectorado!”. A continuación, registramos la execración con que inicia cada versículo para visibilizar las traiciones de los patriotas de los libros de historia: “badulaques”, “ruines”, “crápulas”, “perdularios”, “pavotes”, “cobardes”, “descastados”, “bestias”, “falsarios”, “inconscientes”, “necios”, “cretinos”, “depravados”, y concluye con esta antífona: “¡Sí, sépanlo bien, SÉPANLO BIEN, SÉPANLO BIEN: Somos los entregadores máximos. Los que humillamos el futuro de la patria humillando su pasado. ¡LOS QUE HUMILLAMOS EL FUTURO DE LA PATRIA HUMILLANDO SU PASADO! ¡¡ LOS QUE HUMILLAMOS EL FUTURO DE LA PATRIA HUMILLANDO SU PASADO!!”

Se escuchó un lamento lúgubre y las voces del coro se apagaron.

8.- Sofrenar el caos, la soledad de Dios y el fantasma elegante

Apagado el lúgubre miserere, millones de víboras se despiertan del marasmo. Caterva pringosa, “chorreaba luz y pus”. De un cielo sucio, caen enormes arañas y la repulsión hace saltar la órbita de los ojos que “sumergidos en condimentos de virus y detritus”, eran devorados con fruición.

El relator desfallece. Pero el doctor Francia lo incita a que se anime ya que los monstruos son “sólo símbolos”. Antes, le había advertido: “estamos en plena alegoría”. El paraguayo quiere minimizar tanta repugnancia con el pretexto de que se trata de pura representación, de ficción literaria. Intenta explicar quiénes eran las arañas, pero no puede continuar. Levantando polvaredas, entre profuso griterío, entran todos los montoneros juntos. Es el caos. Revuelo de ponchos, crines. Es el desenfreno de la barbarie.

Lo siniestro y lo pasado convocan. En medio de algaradas infernales, remolinean las huestes de López, de Ramírez y la bandera negra de Facundo. Pero debajo de esta algarabía, se escuchan susurros omnipresentes. Son los entregadores: “La caterva de entregadores y emigrados tramaba algo…Nuevos ardides venales…Nuevas ambiciones y patrañas…Nuevos saqueos y matanzas.”

El intermezzo avanza. Es un crescendo enérgico y firme, impetuoso. Se suceden diferentes matices y movimientos. Se vuelve, luego a un “misterio moderato”, se transita por términos en que se intersectan lo patético y lo nobile, lo afectuoso y apasionado.

Es que, enhorquetado en un potro luminoso y rampante, “sofrenando el caos”, Rosas “extendió la mano con el rebenque”.

Todos temblaron: nativos y extranjeros. Don José Gaspar Francia, el guía-dictador, vibra de entusiasmo. Se enardece con una extraña semblanza de Rosas: “Redujo todos los oprobios a un solo oprobio, sintetizó los exterminios inútiles de las guerras civiles en el exterminio necesario que salva la nacionalidad (…) Decente con la chusma. Inexorable con los entregadores”.

Juan Manuel anticipa la unificación de la patria, recobra su honor, clarifica las finanzas: “y cuando ya al tope la bandera vino el bloqueo, su autoridad erecta preñó la gloria en la Vuelta de Obligado (…) La tiranía quedó santificada ese día (…) Derrotar a Francia y a Inglaterra, fue solo perfomance suya. San Martín la homologó regalándole la espada (…) San Martín que murió entre las brumas de la Mancha puteando en silencio a los arribistas que forjan las desengaños de la patria”.

En ese momento, Dios, “que es ubicuo solamente en la tierra, se coló en el palco-mirador haciéndose el distraído: “Yo lo advertí. -dice el narrador- Venía cansado”. El doctor Francia, sorprendido, apenas atina a decirle: “-A propósito…Le presento…a Dios”.

Se produce, entonces, otra variación. Es un “a media voz”, “con grazia”, “con spirito” en que “Jehová, el más enculado de los dioses”, despacha al doctor Francia, lo invita a retirarse con el cordobés de turno y su recua de filósofos. De paso, aprovecha para denostar al beaterío de la ciudad de Córdoba: “Han llevado al colmo la especulación de la plegaria”. Con un ademán, borró el espectáculo que veían.

El viajero-relator comienza a especular que la rabieta divina “provenía de los páramos de sombras que acabábamos de atravesar”. En su pensamiento miró a Dios con ternura: “debía haber penado mucho. ¡Oh, nada fastidia tanto como el candor de los imbéciles!” Dios lo interrumpe: “He leído su pensamiento y su conmiseración. ¡Es tan raro que alguien se conduela de mí, que me ha conmovido sinceramente! Todos me pechan favores y milagros”.

Dios se alegra de que, siendo cordobés, no sea doctor. Los doctores le dan mucho trabajo: “Mienten con solemnidad. Difaman con elocuencia. Rehuyen dialécticamente cualquier compromiso”. Aunque, a veces, se adaptan; y resultan útiles. En eso, hace su aparición un fantasma elegante, “con barbita de neolux bien peinada”. Dios lo saluda: ¡Oportunísimo, doctor Juárez Celman! Le presenta, entonces, a un comprovinciano que anda de turista en el trasmundo y le ordena que lo guíe.

Juárez, a su vez, se extraña de que el viajero, siendo cordobés, no sea abogado, ni fraile, ni mendigo; y concluye “que forzosamente tiene que ser víctima”. El viajero, en tanto, ante el desparpajo, los vuelcos y los sarcasmos de Dios, se llenó de asombro. Dios, por su parte, próximo a dejarlos: “Extendió el brazo y, manipulando el éter como si fuera piel, hizo un pase magnético de atracción. En el acto, irrumpiendo del vacío, se colocó frente a nosotros una cabina maravillosa”.

9.- El eclipse de la conciencia argentina: los entregadores

Presurosos, el viajero de los tiempos y su nuevo guía, suben al estrafalario vehículo: “Ni aletas, ni alas. Ni esquife ni avión. No sé cómo navegábamos. Ibamos por abismos esclarecidos (…) Trepidaba a veces un émbolo secreto, cual si la agonía de un ángel interceptara la marcha. Pero después, recobrando el ritmo, la cabina se hundía en las ondas de la muerte lo mismo que la fatiga en el sueño”.

Nótese como Filloy marca constantemente el carácter sinfónico del texto. Como en una partitura, apunta ritmos, intensidad (acentos, matices), movimientos (aire, tiempos en diversos grados). De tal modo, se entrecruzan armónicamente sonidos que son gemidos de las profundidades o silencios cargados de expectativas: “El viaje a ese ultramar se efectuaba en deliciosa mudez”. Los viajeros defenestran a Mármol y Vélez Sarsfield. A la Iglesia: “Entre la Iglesia y Dios no hay nada en común (…) Es la verdad más jocunda del cielo”.

Hendían alborozados un mar de ozono, cuando de improviso, divisan “una caverna de monstruos empollando tormentas sobre enormes cúmulos rojos”. Tuercen hacia el nadir. “Planeábamos en un caos teórico”, dice el viajero. Desde la cabina, sienten las pasiones que bullen abajo. Son protestas de fusilados, aleteos de degüellos, burlas de ahorcados. Grandes explosiones de gritos y juramentos.

El doctor Juárez maniobra el aparato. Ahora se ciernen sobre el “aliento de las voces”, sobre “el dinamismo de cerebros invisibles”. Están bogando en el tiempo-espacio. Juárez Celman comenta que sobrevolaban el lapso que va del 52 al 86 del siglo XIX: “El lapso lúgubre de la historia puesto que en él se eclipsó la conciencia argentina”. Acerca de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, asegura: “Yo no tengo nada que ver con esa gente, a no ser que pagué los platos rotos”. En ese tiempo-espacio célico, aparece “la ropa interior de las ideas” y la “desnudez de los sentimientos” no embauca a nadie.

Mitre se alza contra Urquiza, contra el Congreso Constituyente, contra la Confederación, contra la federalización de Buenos Aires: las provincias son dominadas por los porteños.

Ahora la extraña nave transita altísimas montañas. Sopla un viento huraño. La cabina resbala sobre napas de aire. Abajo, en el valle turbio, una estatua bajó de su “pedestal de bilis”. Era Sarmiento y hacía señas, gritaba, para que lo levanten. Pero el doctor Juárez pasa de largo. Asegura que Dios lo puso “en el erial de tedio para mortificación”.

Se produce, entonces, un contrapunto de figuras patéticas. La aureola del prócer se enfrenta a la execración de los hechos. Una estructura retórica “en abismo” se reproduce en un sostenido fortísimo: este que aparece en la mente de…como//es// el que. Veamos un ejemplo: “Aparece en la mente de los escolares como el “genio benéfico de la patria”//…// “¡El que instigó y pagó con plata fiscal la horda asesina que eliminó al gobernador Virasoro, a su familia, a sus amigos, a sus guardias, para trepar él al gobierno de San Juan!

De este modo va refutando cada una de las formas en que Sarmiento aparece: en las mentes de los escolares, de las maestras normales, de los inspectores del Ministerio de Educación, de los bibliotecarios de barrio y de los diputados en campaña. En la mente de la cultura oficial, en suma.

El viaje continúa y Sarmiento queda atrás en su pedestal de bilis, sin poder trepar al cielo. Circulan por los garfios de la Constelación de Cáncer: la puerta de los muertos de las antiguas tradiciones. Se escucha un grito: “¡Miradlos!¡Hasta los que hicieron hincapié se hincaron!”

El lamento, sostiene Juárez, se refiere a los Constituyentes de 1853: “imitaron la Constitución yankee”, prefirieron los dogmas cuáqueros a la “proba sensatez” de la democracia federal: “En vez hacer hincapié en lo autóctono se hincaron ante la extranjería. No construyeron, copiaron. Una burda metempsicosis de renegados en patricios”.

El viaje continúa por los antros del extramundo: “cruzamos hades, tártaros, infiernos babélicos, sin cuento”. Descubren el Océano-del-Honor-Ahogado. Era inminente, entre “rompientes de almas y oleajes”, “el naufragio de una época entera”.

A Juárez Celman lo asedia un riesgo propio: “De doquiera enderezaban, filos, apóstrofes, soplos de inquina, descargas de diatribas en contra suyo”. Pero el abogado cordobés “gracias a sus pases mágicos” evitaba ser fulminado por sus antiguos amigos: abogados, financistas, militares, políticos. Entonces, el doctor Juárez, “sobre el clamor innumerable”, clavó rígido, su anatema.

10.- Los anatemas del doctor Juárez Celman

Sabemos que, si bien es una figura retórica, anatema es un término de fuerte resonancia bíblica. A veces se usa con valor de maldición; pero, en general, es una imprecación contra una persona que es excluida de la comunidad por ponerse ella misma bajo un signo de ajenidad. Filloy refuerza el anatema con el apóstrofe en segunda en segunda persona del plural. Intensifica, asimismo el patetismo con interrogaciones retóricas cuya respuesta es obvia. Los precitos, los condenados, gimen sin poder articular palabras. Son los “entregadores” purgando su codicia: “muchedumbre astral” envuelta en “úlulos apagados”, broncos aullidos y rechinantes espíritus desplomados en la “hirviente emulsión” del “Océano-del-Honor-Ahogado”. La estructura lineal de las maldiciones responde a la siguiente disposición:

(¿Qué queréis de mi+anatema?)+(¿Acaso no+anatema?)+(¿ Por qué+improperio+si?).

A cada anatema proferido con “voz de penacho de fuego”, responde, desde abajo, la turba de traidores a la patria con su clamor incomprensible: “Um cuem, ummmmmm cuemmmm,ummcuemm”. Se pueden registrar ocho ejemplos más de esta glosolalia salida de los abajos abismales.

El siguiente es el anatema número cuatro  seguido de la consecuente respuesta inarticulada de la turba:

“- ¿Qué queréis de mí, mercaderes que descompusisteis la balanza de la justicia en vuestra balanza comercial?¿Acaso no fundasteis aquí trusts, ligas, kartels, consorcios, compañías y monopolios para estrujar la tierra y la ley nativas, despojándolas de sus jugos y esperanzas? ¿ Por qué gemir, entonces, viles entregadores, si os faltan la carne y el trigo, el petróleo y la madera, el cuero y la lana en la miseria que purga vuestra codicia?” Y el coro responde: “Ajua-jah, ajuaaaa-jah, ajuaaa-jaah”.

Ahora bien, el anatema del doctor Juárez, que en el texto aparece como una serie sintagmática, como una larga linealidad, no fue una suma de elucubraciones encadenadas. Recordemos que estamos escuchando y dejándonos llevar por los movimientos de una sinfonía. Entonces, se trata de acordes, sonidos simultáneos, como una bocanada polifónica: “El anatema del doctor Juárez no emitió sus disquisiciones aisladas, en retahila, sino todas juntas, en manojo. Emergieron de su boca como llamas lancinantes, empujadas hacia el éter por un megáfono colosal”.

La “gran voz” dejó atónita de pavor a la muchedumbre astral: “y entre retumbos extraordinarios y retorcijones cósmicos se desplomó en vorágine la hirviente emulsión del Océano-del-Honor-Ahogado”. La erecta imagen del doctor Juárez se elevó y desapareció para siempre.

11.- Las piedras zalameras, el “descelamiento” y el vuelo de la mariposa

El relator se queda solo, rodeado de un pedregal. Sobre un canto rodado, recompuso su aura y su nimbo. Pero le ocurrió algo extraño. De improviso, su visión retrospectiva cobró una percepción tan aguda que perforaba y traspasaba la materia propia y ajena. Las piedras, en realidad, no eran piedras. Eran seres de “siete bocas y siete ojos” que reían y miraban. En medio de las piedras rientes, le llegó un mensaje urgente: “¡Cuidado! ¡Aléjese!”. Lo había captado “telestésicamente”. Era el Dr. Francia que lo salvaba de las piedras zalameras. Son los peores enemigos. Son los halagos que aparejan ruina y fracaso intelectual: Dios los corporiza en piedras en el trasmundo. Son escándalos, trampas.

El relator protesta. En la tierra está bien el tentador obstáculo; pero, en cielo no debería tropezar nadie: “Dios debiera limpiar tanta maleza y tanta alimaña fantástica”.

En eso habla Dios: “¿Cómo te atreves, calaña de cordobés, a señalar defectos sin estar aún desencarnado?”Dicho esto, Dios lo expulsa del cielo. Y “sin empujarme, su fuerza psíquica me inmergió en la corriente de una red de fluidos”.

El doctor Francia, semi-asfixiado, no podía comprender cómo el relator parecía gozar del enojo de Dios. Lo veía nadar parsimonioso en “subdeleites”. El paraguayo le explica que la expulsión se debe a que “la Subtancia y el Verbum divinos rechazan toda calificación humana, buena o mala”. Y concluye: “Al fin y al cabo, entre que los descele…” El relator pregunta: “- ¿Descele?”; “- Sí, responde, descele”….(Aquí no se destierra).

Descelado, listo para volver al mundo corpóreo, el relator se entera que se ha perdido el final de la historia, el Gran Monólogo de Dios: “Nunca podrá imaginar el excelente comediante que hay en él”. El relator se da cuenta que no podrá torcer la decisión ni con “cuñas”. Su desplante ante Dios no será olvidado: “El cielo es la memoria lúcida del mundo”.

El relator queda “sujeto por ondas y rayos de ectoplasma”. Francia se dirige hacia un andén azul. Otra vez, como el el inicio, lo rodea la recua de filósofos. De nuevo la risa, el vendaval, los simulacros, los vampiros sedientos que clavan las trompas en sus ideas. Y “después el vendaval tornó a ser brisa. La brisa, risa. Y…………………………………………….. “Nunca he sabido, cuenta el relator, cómo he llegado donde estoy. Solo me consta que, al despertar en la orilla del mundo una mariposa se desvaneció hecha sonrisa en mis labios”.

Psique, el alma en pena de la patria, se desvanece en los labios que pronunciaron su dolor, que concertaron los acordes de una sinfonía aborigen. Es, apenas, el aliento de un afincado en su “aquende”, un arraigado en su “estar ahí”, en la intemperie de la Patria. Por último, recordemos que la “música”, clave formal y portadora del sentido en Aquende, sirve para designar el “poderoso reino del tono”. La magia del tono, don de la deidad, a lo mejor la propia voz de Dios que es, a la vez, “vox populi”. Al escuchar el llamado espectral de lo más profundo de su ser, Filloy descubrió la “estructura tonal”(mousiké) de la verdad y la tradujo a un “modo de hablar” que algunos llamamos literatura.

Jorge Torres Roggero, 16/08/2018

Notas:

[1] Versión tomada de GRIMAL, Pierre, Diccionario de mitología griega y romana, Bs.As., Paidós

[2] Corona Martínez, Cecilia, en “Literatura y música en Aquende de Juan  Filloy”, GRAMMA N°5, USAL.https://p3.usal.edu.ar/index.php/gramma/article/view/4244    Para ampliar, de la misma autora: 2005, Literatura y Música. Confluencias en la obra de Daniel Moyano, Córdoba, Universitas, Facultad de Filosofía y Humanidades.

[3] RIEMANN, Hugo, 1934, Historia de la música, Barcelona, Editorial Labor

[4] WILLIAMS, Alberto, 1981, Teoría de la música, Buenos Aires, “LA QUENA” Casa de Música S.R.L.