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Introducción y recopilación: Jorge Torres Roggero

Rabino Pinto1.- Los místicos y los mensajes de lo alto

Los problemas del  CoronaVirus, ¿fueron profetizados en el libro de Ezequiel?  Así parece demostrarlo un rabino místico residente en Marruecos. Para quienes estamos inmersos en la adoración de los ídolos del anarcocapitalismo, seguramente sus palabras resultarán el corolario de un exaltado pensamiento mágico. Ello sucede porque hemos perdido la facultad de conectarnos con los mensajes de vienen de lo Alto, de respirar el misterioso aliento del Espíritu.

Apabullados por lo fáctico y coyuntural de la historia profana, prisioneros del pensamiento metonímico (causal) vagamos ayunos de otras lógicas posibles que suelen manifestarse con fuerza en la cultura popular. En ella, por ejemplo, tiene una especial resonancia vivencial la palabra “mística”. También los poetas, casi desangelados, captan, en medio dolorosas búsquedas, fragmentos luminosos de esos misteriosos mensajes.

Ahora bien, aún en las épocas más oscuras, en todas la religiones, perviven, a veces ignorados o desoídos, “los justos”, ciertos hombres o mujeres, estudiosos de los textos sagrados y entregados a la oración para preservación del pueblo que les da cobijo. En este aspecto, es sumamente rica nuestra cultura judeocristiana tal como lo atestiguan las Sagradas Escrituras. En todas las época surgieron del medio del pueblo sacerdotes, jueces, reyes, pastores analfabetos, que, arrebatados por una hierofanía, fueron elegidos por el Misericordioso para enviar mensajes a la humanidad, sobre todo, cuando las culturas se entregaban a los desenfrenos de la idolatría. Hoy, sin duda, el ídolo es el dinero y su séquito de perversiones gobernando el mundo desde las bóvedas blindadas de los bancos, desde la invisibilidad de los circuitos virtuales. Son las cuevas inasibles donde las masas hambrientas  y la naciones traicionadas son sometidas  por el Imperialismo Internacional del Dinero.

Hubo épocas en Occidente en que, en grandes ciudades de España, Italia, Francia, y otras, sabios cristianos, judíos y musulmanes desentrañaban juntos, en oración y estudio, los libros sagrados y sacaban conclusiones para la historia concreta. Todo se ha oscurecido. Quizás sea conveniente revisar, en esta época, el papel, en la historia sagrada, de las mujeres como guías y profetisas del pueblo: ¿cómo no recordar a Myriam, Ana, Débora, Judit y muchas más? ¿O la madre de Jesús de Nazaret y las mujeres que seguían al maestro por los caminos de Tierra Santa? ¿O las Santas Doctoras como Hildegarda, Catalina de Siena, Teresa de Jesús o la discípula de Husserl, monja carmelita y víctima de la Shoá Santa Edith Stein? No siempre el elegido es el más santo, sino quien está listo para recibir y  transmitir el mensaje. En este caso, el rabino Pinto, descendiente de una familia de sabios con capacidad de hacer milagros, ha cometido algunos deslices de los cuales se arrepintió públicamente. Consejero de las élites económicas, con una fuerte impronta jasídica  y cabalística, es también un benefactor de los más humildes que siguen sus enseñanzas.

Quien esto escribe es solo un literato. Quizás un mal lector. Sólo quería introducir, desde la poética, esta  noticia que encontró en Radio Jai, transcripta del Israel News. La presento con pequeñas variantes impuestas por una necesidad narratológica.

2.- La visión del rabino

Transcribo: “El surgimiento del coronavirus ha sido sorprendentemente rápido. El 31 de diciembre, el gobierno de China trató los primeros casos del coronavirus que aparecieron en la provincia de Wuhan. Las primeras muertes fueron reportadas solo once días después. Diez días después, el virus se había extendido a otros países de Asia y un día después de eso, se informó el primer caso en los EE. UU. Un mes después de ser informado los primeros casos, la World Health Orgaization declaró emergencia sanitaria global y se impusieron restricciones a los viajes.”

A principios de enero, cuando el coronavirus era un problema poco conocido en un lejano remanso de China, el rabino Ioshiahu Yosef Pinto, un rabino místico israelí de fama internacional que actualmente vive en Marruecos, anunció haber tenido una visión.

“Todos saben que soy muy cuidadoso con lo que digo”, dijo el rabino Pinto a sus seguidores en un discurso grabado. “En Shabat, tuve una visión que no era para nada simple. Está a punto de producirse una enorme conmoción en el mundo en la escala del asesinato de un líder mundial o los ataques terroristas del 11 de septiembre. Será una escala muy difícil y vendrá en formas que son muy difíciles. Todos los judíos deben reunirse y fortalecerse para orar y arrepentirse. El mundo sufrirá una conmoción que pasará a la historia como una de las peores. Esto comenzará en unos pocos días. Tenemos que comenzar ahora mismo para endulzar el juicio”. Sin duda, glorificar al Altísimo es un poderoso refugio: “Servirás a Hashem tu Dios, y Él bendecirá tu pan y tu agua. Y yo quitaré la enfermedad de en medio de ti”. (Éxodo 23:25, La Biblia de Israel ™)

“La semana pasada, el rabino Pinto hizo una declaración confirmando que su visión era sobre el coronavirus: “Es importante no permanecer ambivalente”, dijo el rabino Pinto. “Debemos estar preparados. Lo que está sucediendo en China se está convirtiendo en una catástrofe global y las consecuencias llegarán a casi todos los rincones del mundo. Esto pronto quedará claro para todos. No estoy tratando de asustar a nadie. Solo vengo a decir la verdad. Desde el brote, decenas de miles han muerto en China, millones han estado retenidos en cuarentena durante varias semanas. Los que no mueren por la enfermedad mueren de hambre. Pronto, el suministro de alimentos se agotará y las fuerzas de seguridad se darán cuenta de que también están en cuarentena y tratarán de salvarse”.

 “Muy pronto, la gente comenzará a darse cuenta de que se está ocultando mucha información al público sobre cómo el gobierno está encerrando a las personas en sus casas. Estamos entrando en el período más difícil que el mundo ha experimentado en varios siglos”.

“La economía del mundo está equilibrada en China, pero China está al borde del colapso total. Todas las tiendas que venden productos chinos deberán cerrar. Ya no hay China tal como la conocemos. Esto ya ha sucedido. Los únicos productos chinos que tenemos en las tiendas son los que estaban en los depósitos antes del virus. Y habrá aún más plagas, más epidemias. China estará completamente en cuarentena”.

“El rabino citó una fuente profética para el coronavirus: “Derramaré mi ira sobre Sin, la fortaleza de Egipto, y destruiré la riqueza de No. Encenderé fuego a Egipto; Sin se retorcerá de angustia y No se desgarrará; y Noph se enfrentará a los adversarios a plena luz del día (Ezequiel 30:15 -16). En hebreo moderno, ‘Sin’ (סין) es el nombre de China.”

“Sé que lo que digo es aterrador, pero cada uno de nosotros tiene que rezar por el mundo entero, encender velas y buscar el perdón de Dios. Necesitamos orar por la redención como nunca antes”.

El rabino Pinto dijo varias palabras de consejo: recomendó que tuviéramos mucho cuidado de no tomar préstamos o contraer nuevas deudas. En una declaración separada, el rabino Pinto aseguró a sus seguidores que a Israel le irá mejor que a otros países. “Cada nación tiene su ángel designado que es responsable de lo que le sucede a la nación, ya sea para bien o para mal. Cuando los ángeles pelean, hay guerras en la tierra entre esas naciones”.

Cualquier judío que deba viajar en este momento debe prestar especial atención a leer las secciones de la Torá que tratan sobre los vagabundeos de los judíos en el desierto. También debe aprender las secciones de la Torá que tratan sobre el incienso en el tabernáculo, ya que era una protección contra la enfermedad, pero esto solo se debe aprender durante el día.”

Hasta aquí, el texto de A.E. Berkowitz. Ahora, como decía el maestro Marechal, a pescar “según anzuelo y carnada”. El Rabino Pinto sostiene que cada nación tiene su ángel. También las ciudades cuentan con un ángel protector. En esta ciudad Córdoba del Tucumán, nuestros antepasados dejaron un testimonio de esa creencia. Cuando vayan al centro, párense en la Plaza San Martín, admiren la catedral y observen: en las esquinas de la torres están representados los ángeles protectores de nuestras ciudad. Vestidos con ropas, no de españoles, sino de aborígenes, otean hacia los cuatro puntos cardinales dispuestos a alertar a población haciendo sonar  las trompetas de  portan en sus manos. ¿Son una defensa material, un ornato? ¿O son también un contrafuerte simbólico, un vallado mágico, una muralla espiritual contra los enemigos del alma?¿Podrán ahuyentar malarias y enfermedades?

En fin, como habrán obervado, la exégesis del Rabino Pinto, es sumamente breve y más bien precaria. Pero nos dio la oportunidad de irnos alegremente por las ramas. Juego peligroso. ¿Peligro de caerse? Seguro. Total, como decía mi abuela, “del suelo no va a pasar”. Y ella, cuando rezaba por todos, conversaba con los ángeles y los santos.

Por Adam Eliyahu Berkowitz- Israel news (16/02/2020). Adam Eliyahu Berkowitz es escritor de reportajes de Breaking Israel News. Llegó a Aliyah a Israel en 1991 y sirvió en las FDI como médico de combate. Berkowitz estudió la ley judía y recibió la ordenación rabínica en Israel. Ha trabajado como escritor independiente y dos obras de ficción, The Hope Merchant y Dolphins on the Moon, están disponibles en Amazon. Vive en los Altos del Golán con su esposa y sus cuatro hijos.

Traducido por Alicia Weiss para Radio Jai

Introducción y recopilación: Jorge Torres Roggero

 

por Jorge Torres Roggero

Candelaria1.- Barroco y pensamiento popular

El  barroco fue (y es)  una fuerza histórica y cultural generadora de formas políticas originales y representativas. Pero, en América, fueron rechazadas,  dejadas de lado y oprimidas. Sin embargo, el barroco  está, en sentido kuscheano,  instalado como momento inabolible e inabordado de la no-identidad, de lo diferente que completa y despliega nuestra identidad. “Historia inconsciente”, “cuenca semántica”,  se manifiesta como multiplicidad contradictoria y desdramatiza las situaciones de dependencia  prestando oídos a las voces de lo profundo y aceptando con humildad, como dice Leonardo Boff, que “estamos todos envueltos en una tela de inter-retro-relaciones“, es decir,  en el  remolino  dialéctico  del instinto articulador de la vida.

En consecuencia,  circunscribir  el barroco a lo meramente artístico es entregarlo a la mutilación iluminista que lo petrifica reduciéndolo a forma recargada y perversa. Su perduración en América es signo de la marginalidad, de la  jungla epistemológica en que se extravía el logos  de la razón dominante.

El barroco considerado  como un tipo de modulación y formulación europea pareciera destinado  a suprimir lo carnavalesco, lo bajtiniano y, por lo tanto, a negar la posibilidad de pensamiento en la cultura popular. En realidad, el control como mera formalidad incumplida, fue un intento de la jerarquía, tanto monárquica como eclesiástica, de encarcelar   la historia como presente y futuro que viene hacia nosotros. Los sínodos  de Lima, y los del antiguo Tucumán a comienzos del S.XVII,  vedan  la fiesta, la borrachera, los rituales. Algunas disposiciones rezaban: “Ordenamos y mandamos, so pena de excomunión mayor, que ninguna persona baile, dance, taña, ni cante bailes ni cantos lascivos, torpes ni deshonestos, que contienen cosas lascivas, y los introdujo el demonio en el mundo para hacer irremediables daños con torpes palabras y meneos”

Manda a decomisar libros: las Dianas, la Celestina, los de Caballería y “las sátiras y enfados y las poesías torpes y deshonestas”. Encargan, asimismo, que se controlen los indios hechiceros, “los llantos y ritos supersticiosos” y las “borracheras que son origen de idolatrías y horribles incestos, principalmente en el tiempo en que cogen algarroba.”

Ya en el siglo XVIII, cuando Tupac Amaru se rebela,  las autoridades prohibieron  la vestimenta tradicional del indio  porque era portadora en sus bordados de  la historia del pueblo; descolgaron los retratos y cuadros porque narraban la historia de la no-identidad; silenciaron las lenguas naturales que hilvanaban el relato de un pasado liberador que  venía hacia el pueblo como porvenir. Todavía en la época de la independencia las lenguas quichua, aimará, guaraní, se hablaban cotidianamente. Y otra vez las mujeres funcionaban como articuladoras de los distintos mundos lingüísticos puesto que se comunicaban con la servidumbre en lengua nativa. En ese sentido, es preciso revisar el papel de la represión en el pensamiento iluminista de los patriotas y el  relevante  papel de las masas populares y las mujeres en la revolución.

La modernidad que sube desde  Buenos Aires es una modernidad impuesta. Desde los Borbones, S. XVIII, cuando decidieron que esto no era el Reino de Indias sino una colonia, se inicia la dominación como acto  de enterrar viva la tradición. La clase dirigente se olvida siempre que, en realidad, está enterrando una semilla, un “estar siendo” que, como el palán-palán , brota hasta en los techos de las iglesias y la universidades. Sabemos que el palán-palán  se cría en las casas viejas, en los techos y paredes agrietadas, en los rincones y en los terrenos baldíos donde hay escombros. Pero sus hojas tienen la virtud de cicatrizar las heridas cortantes. ¿Ahora, quién escarba los rincones hedientos, para recibir su virtud? Solo cirujeando en el revés de lo conocido hallaremos jirones,  flecos, de pensamiento propio, pensamiento sin ninguna traición escondida.

2.- La modernidad alienante

Sin embargo, la provincia de Buenos Aires,  a lo largo del siglo XVII, incluso del siglo XVIII, era un escenario de gente errante, de gauderios, que trajinaban sus llanuras y las de  Santa Fe,  pasaban a Entre Ríos y a Uruguay transportando  cueros y  grasa. La ciudad de Buenos Aires, por su parte, era un nido de contrabandistas de esclavos y de telas. Y ser contrabandista era ponerse fuera del formalismo y la jerarquía del Imperio. La Revolución de Mayo sería, en cierto sentido, el desencadenante  de una lucha entre los sectores mercantiles, contrabandistas que vivían del comercio , y los ganaderos entrenados en desjarretar vacas para contrabandear cuero y sebo. Con esto queremos decir, que si había un lugar no moderno, ese era Buenos Aires. Proponer lo contrario dejaría  sin explicación a Rosas y a Sarmiento sin argumentos. 

En realidad, la modernidad alienante fue impuesta por la generación del 37 y partir de ella.  Mitre, Sarmiento, Alberdi, y  los positivistas del 80 eligen, y son claros en sus enunciaciones, un modelo de crecimiento y de construcción del país dependiente del modelo anglosajón. Pero los subordinados a ese  modelo eran las clases altas: adoptaban sus costumbres  mientras  las institutrices entrenaban a los futuros dirigentes en la admiración y la glosofilia del colonizador.  Jauretche, a través del  ejemplo emblemático de  Victoria Ocampo y Borges,  sin juzgar a los individuos, valorándolos,  desentrañó los  aspectos culturales de una clase convencida de su destino hegemónico y de su superioridad étnica y social. Asisten a la ceremonia del  té de las cinco, y el deber es mostrarse  fruncido, victoriano. ¿Cómo no se iban a asustar y sentir rencor frente al advenimiento de la chusma irigoyenista primero y, luego, de  los cabecitas negras? La clase media, por su parte, expoliada de su dignidad, remedó con soltura pero sin dignidad  a la clase alta. El resultado son los “locos” de Roberto Arlt y  la “euforia de una cabeza decapitada” como postuló Ezequiel  Martínez Estrada(1961:69) .

 Entonces ¿qué es la modernidad, cómo funcionó entre nosotros? Como una imposición colonialista, imperialista. Porque nosotros entramos en la modernidad en la etapa de la primera crisis del capitalismo. O sea, en la crisis del 90. Entre 1888 y 1892 los gobernadores, en  Córdoba, apenas duraban un año: era un tiempo de ruptura y cambio.

Repensar el barroco nos induce a reconsiderar  la modernidad en general. El método consiste en tirarse al cauce semántico de cierta  discursividad que fluye por los accidentes  de textos olvidados de nuestra historia, por  las pretericiones que opacan nuestra literatura, por la oralidad oculta en los libros de nuestros escritores. Deletrear esa oralidad oculta nos puede conducir hacia formas nuevas, a lo nuevo de lo que ya está.

3.- La Virgen de la Candelaria y los “lugares luz”

En Puno, en el Altiplano, junto al Lago Titicaca, se celebra  el 2 de febrero  la fiesta de la Virgen de la Candelaria. Quienes han descripto esta fiesta, la representan como “jornadas incansables de lucha, danzas, cantos y esperanzas”. Junto a la liturgia religiosa, los cantos y poemas anónimos.

La Virgen, de “rostro cholo”, es la madre de Jesucristo y es la madre Tierra. El hombre arraigado a la naturaleza, al sustento de la vida, deja que el Santoral marque la vida social de la ciudad, del barrio, de la familia: “Ahí nacen, dice Paniagua Núñez, las grandes amistades, en la festividad de la Candelaria, los negocios, los compromisos matrimoniales, los grandes amores de juventud. Los amores prohibidos se levantan espontáneos, al calor de la danza y la bebida, de modo imprevisto, como acciones ruidosas o inadvertidas”.

Como en toda fiesta popular se mezclan lujo y derroche. La liturgia religiosa se conecta con la celebración del carnaval. Las “diabladas” , con sus costosos disfraces fruto de las privaciones del tiempo de la producción (no sagrado), llenan las calles de exceso y mezcla. No es de extrañar, en consecuencia, que la celebración culmine  meses después con el bautizo de los “hijos de la fiesta”: “A los nueve meses de la festividad de la Virgen de la Candelaria, que en algunos años, se junta con los carnavales, es costumbre en estos lares, realizar una parodia de bautizo religioso, con una “guagua de bizcocho” (muñeco de masa dulce que lleva una careta con rostro de niño), donde la sátira y el chascarro aluden a los desbandes y excesos sexuales del mes de febrero, en que cerca de un centenar de comparsas, participan activamente, algunas por devoción y otras acaso la gran mayoría por diversión, paganismo y lujuria”.

La parodia y la burla,  formas de lo innombrable,  no tienen lugar en la racionalidad urbana impuesta por occidente. Cuando éramos niños, había algo que nos sacaba de casillas y nos inducía a reacciones violentas: que nos “remedaran”. El remedo es el nombre barroco americano de la crítica del pueblo al pensamiento urdido; y es, sobre todo, un acto de fecundidad. El derroche, la danza, la música, no son posibles para el solo. La fiesta es solidaridad. Los  participantes contribuyen con su aporte: bebida, comida, dinero, disfraz Y a veces sobra para donar y dar servicios.

En Puno, según  Paniagua Nuñez,  se guarda la fotografía de un cuadro quemado. Representa a la Virgen: en un brazo carga al Niño Jesús; en el otro, porta una candela (una vela). A sus pies, el diablo, ataviado con el disfraz color arcoiris, el de las “diabladas”, se aferra al blanco vestido y la mira con ternura y actitud de imploración.

Redundemos. Volvamos al barroco cordobés. Luis de Tejeda relata la liturgia de  esta festividad llamada de la purificación. La procesión con las velas recuerda que la  Virgen da a luz a Jesuscristo, Luz del Mundo: “luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc.2,32). Ella se sometió al rito de la purificación como era costumbre ( Lev. 12, 6-8).  Se conjugan en la celebración,  el ritual judío, las tradiciones paganas de purificación y los cultos originarios de América. Las  velas bendecidas en la fiesta religiosa no se empleaban para el consumo, sino que se reservaban  para usos de carácter religioso.

Esto que parece cosa del pasado está vivo. Consúltese una agenda de celebraciones del 2 febrero en el Noroeste argentino y se podrá advertir cómo la fiesta de la Candelaria convoca multitudes. Por otra parte, al  habitante de  Córdoba que ausculte el mapa de su provincia, le sorprenderá la proliferación de lugares luz (Candelaria) y su ubicación estratégica en un espacio que no  es aventurado nominar mítico. Cultos solares y cultos lunares, cultos de purificación y cultos de fertilidad, se enhebran para deletrear un cauce semántico enfocado hacia la vida y la esperanza. En la Guía de números postales, Encotel, 1981, se mencionan doce lugares Candelaria: cuatro en Córdoba, dos en Catamarca, dos en Santiago del Estero y uno en Salta, San Luis, Misiones y Santa Fe. Agrénguense los parajes no registrados por carecer de estafetas y todas las fiestas patronales de numerosos pueblos y ciudades.

4.- El barroco peronista

Ya que hemos venido insistiendo en la figura de la redundancia, redundemos otra vez. Retornemos la figura de la baraja de Martín Fierro: apenas hemos construido un pobre argumento jugando con “oros, copas y bastos”. Hemos notado el espacio de América como acción no del solo, sino de un todo abierto: los pueblos. Desde “los adentros” y desde los “reprofundos”, el pueblo formaliza estrategias  culturales de supervivencia, pero  los intelectuales  padecemos cierta impotencia para nombrarlas porque exceden en bloque el repertorio de categorías académicas de uso erudito.

Aceptemos la no-identidad, lo diferente, lo no detectado por el sistema. Nuestra entrada en el pensamiento de la modernidad, nos convirtió en apátridas, en proscriptos de nuestra raíz humana: la reconquista de nuestro hogar de humanidad  es la única posibilidad de aceptar nuestra diferencia como reunión de identidad y no-identidad. Desde el barroco, el pueblo americano nos viene indicando el camino con su práctica de lucha y esperanza, con su “remedo” burlesco de  las jerarquías religiosas y civiles.

Es un modo de pensamiento negado; pero, a través de él, se futuriza lo que viene del pasado. Pasado liberador y que viene hacia nosotros como porvenir es el modo en que Carlos Astrada definiría a esta acción del pueblo que se ha dado en llamar barroca. En tal caso, queda pendiente esta pregunta: ¿No será que el infamante y difamado populismo es una de las versiones actuales del barroco americano?. Esta pregunta final, de dudosa pertinencia, estuvo a punto de ser suprimida de este apartado. Una nota titulada “Signo: CGT dio la palabra a Duhalde y a De la Sota” la decretó necesaria y le dio certificado de supervivencia al barroco como forma reprimida de la cultura popular. Firma  la crónica Ezequiel Rudman y se refiere al traslado de los restos del Gral. Juan Domingo Perón. Tras sostener que “la cede (sic) de la central sindical se transformó en el “hall of fame” del paganismo peronista“, agrega: “Allí lo recibió el cacique taxista Omar Viviani en medio de un paisaje dominado por el barroco peronista”. (Ámbito Financiero, 18/10/2006)

Jorge Torres Roggero

Profesor Emérito. U.N.C.

Fuentes: En el capítulo “Persistencias: formas de la cultura popular barroca”(pp.57-101) de mi libro Confusa Patria, Editorial Fundación Ross, 2007, Rosario, se podrá encontrar una abundante bibliografía y las claves de lectura de este fragmento.

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por Jorge Torres Roggero

Finales de enero. Semana brocheriana. Avanzamos por la Avda. Belgrano que a lo largo de un kilómetro y medio une Mina Clavero con Villa Cura Brochero. En su época, San José Gabriel imaginó un tranvía que uniera los pueblos y un ir y venir de carruajes en busca de las aguas sanadoras del Panaholma. Hace calor. Las veredas son desparejas. Pasamos frente a una tumultuosa sucesión de comercios. Todos tienen la imagen del santo: de cuerpo entero, en la malacara, con sombrero, con poncho, la cara limpia o azotada por la lepra. Él siempre está presente y sus paisanos y recienvenidos crecen y prosperan. Ya no sufren la “pobreza franciscana” que denunciaba en sus gestiones por ferrocarril. Por la avenida, un tránsito feroz de cuatro por cuatro y autos nuevos, transportes de carga y de pasajeros.

Desembocamos en la plaza y, al fondo, la iglesia es un hervidero. Como en un hormiguero, los fieles entran y salen pacíficos, con una sonrisa concentrada. Nadie los organiza pero las colas se forman serenas. El caos se auto-organiza.

De a poco, llegamos a la tumba del santo. La urna deja ver  la calavera y unos huesitos. Todos tomamos gracia; todos, por unos segundos, agradecemos en lo profundo del corazón y nos acordamos, como en un refucilo, de aquellos que amamos: de la patria, de los que se fueron, de los que vendrán. Celebramos. Los creyentes le decimos a eso: “comunión de los santos”. Son momentos en que todos somos iguales: está en la actitud de nuestros cuerpos, en la solidaridad implícita en la ocupación de los lugares, en las lágrimas y la emoción compartidas.

Nos sentamos a meditar en un banco, cerca del mausoleo. Desfilan los fieles: jóvenes, viejos, embarazadas, niños, parejas, alguna monjita. Nadie organiza. Le digo a mi esposa: “¿Has notado algo?” Pausa: “Sí, una cosa, me dice: los devotos de Brochero son los más pobres”.

En efecto. No visten ropas de marca. Un cura de la época de Brochero no los hubiera dejado entrar a la iglesia: musculosas desteñidas, bermudas raídas, escotes pronunciados, “minishores” reducidos, zapatillas trajinadas y celulares de penúltima generación.

No es la multitud que el día anterior llegó en combis, colectivos, camionetas y caravanas de autos: eran las asociaciones eclesiales de laicos, de piedad externalizada, de disciplina satisfecha. Estos fieles son la “santa clase media”. Algunos grupos cantan y siempre un guía los monitorea. Son los acompañantes de la jerarquía que organiza las ceremonias oficiales. Es un modo de piedad, de devoción, menos visceral pero no por eso menos auténtico. Estos vienen y se van, en dóciles tandas como vinieron.

Hoy está, tumultuosa, la siempre leal y bíblica “plebe pauperum”. La llamo bíblica porque en la Escritura, se les da el nombre de “resto”, “residuo”. Son los que no se han entregado a la “idolatría del dinero” y practican sin estridencia la solidaridad. Ese resto no es puro, no es “santo”, vive en la intemperie del cosmos y de la historia.

Pero ahora va y viene por el corazón escondido de Brochero, merodea y disfruta la “virtud” del santo y su hedor sube al cielo como un incienso palpitante. Al final, ellos heredarán la tierra.

Jorge Torres Roggero

por Jorge Torres Roggero

tapa_brochero_MUESTRA (1)1.- Los caminos del amor

En el oeste de la Provincia de Córdoba, detrás de las Sierras Grandes, se hallan los departamentos San Javier, San Alberto, Pocho, Minas. Brochero fue designado párroco del Curado de San Alberto en 1869. En 1885  se crea el nuevo Curato del Tránsito  y es nombrado al frente del mismo.

Ordenado sacerdote en 1866, habían quedado atrás su años de Prefecto de Estudios del Seminario, su aprendizaje de la práctica popular de los Ejercicios Espirituales con el jesuita Cubas y su heroico trajinar en la epidemia de cólera morbo que se llevó más de dos mil trescientas vidas en la ciudad de Córdoba. Ahora le tocaba fatigar cientos de leguas a lomo de mula en un curato que abarcaba altas cumbres, pampas desoladas y llanos poblados de matreros.

Encaremos el difícil resumen de su protagonismo en la epopeya del agua, su activa participación en la construcción de iglesias, en el trazado de caminos, en  la construcción de la Casa de Ejercicios  y en la promoción de la educación gratuita.

¿Cuál fue, por ejemplo, la epopeya del agua? El agua siempre generó contiendas en Traslasierra. Los habitantes se hallaban sometidos a los abusos de algunos terratenientes que se consideraban dueños del río.

El Cura bregará sin cesar para que el agua, bien destinado por la Providencia al bienestar común, alcanzara a todos. Los propietarios realizaban tomas arriba, disminuían la provisión de agua y atentaban contra la seguridad ante “el empuje de las crecientes”. No había escasez de agua: faltaba equidad, y el cumplimiento de la ley. Por eso Brochero organizó a los pueblos, gestionó y enfrentó a los poderosos con las razones del Evangelio.

Otro trabajo que emprende el cura de San Alberto es la reconstrucción de capillas. Muchas databan del S.XVIII y eran ranchos inmundos. Preocupado siempre por “el común”, consideraba que en los templos se manifestaba la presencia de Dios en la historia del pueblo. En efecto, eran el lugar de reunión en los solitarios parajes en que los pobladores vivían aislados. En torno a ellos florecieron poblaciones, revivió el culto, se renovó la práctica de los sacramentos y  la fiesta volvió a ser un bien de todos.

Para construir una capilla organizaba una asamblea y armaba una comisión. Consideraba que había dos tipos de colaboradores: “un hombre duro o un hombre derruido” pero “decidido” podía dar más que un hombre “sabio, influyente y con poca o ninguna decisión por la construcción”. Por eso para la capilla de Ambul eligió “tres perdidos, ignorantes y sin influjo”: “Yo espero en Dios y en la Virgen de la Purísima que con estos tres perdidos, ignorantes y sin influjo, se hace parte de la Iglesia (…) para que se vea que no es obra mía, ni de los tres que forman la comisión, sino que es obra de Dios, pedida por la Santísima Virgen y para que se vea que en dicha obra ha sucedido lo que sucedió en el planteo de la Iglesia, o sea la propagación de la religión cristiana, que se valió Dios de los hombres más rudos e ignorantes y aun ladrones como era San Mateo, para que se viera que en esa vuelta de costumbres del género humano había andado el dedo de Dios”. Así sucedió en la construcción de la capilla de Ambul.  Incluyendo a quienes la sociedad tenía por pecadores e indignos de confianza, decidió que “la iglesia se hace, aunque salga Luzbel con todos los diablos a oponerse” (ACEVEDO, 72).

Otra aspiración de los pueblos del Oeste era contar con una ruta directa a la ciudad de Córdoba. En 1883, Brochero puso todo su entusiasmo en la construcción del camino soñado. Para lograr el objetivo, invitó al gobernador Juárez Celman, su condiscípulo. Lo aguardó con los caballos ensillados. Juntos, emprendieron el viaje por el fragoso camino de herradura entre precipicios y quebradas. Juárez sufrió en carne propia lo que era cruzar la Sierra Grande.

Al regreso, el gobernador ordenó arreglar la ruta serrana de la Loma Pelada. Siguiendo la antigua ruta criolla, se procuró que el camino tuviera tres metros de ancho. Según la tradición, Brochero y su amigo Guillermo Molina demostraron el éxito de la apertura haciendo pasar por el camino un carrito ante el asombro general (BARRIONUEVO IMPOSTI, 599).

También intervino en la construcción del camino que cruzó la Sierra Grande pasando por San Roque, Tanti y La Cieneguita. Fue el inicio de una red de “caminos de ruedas” que unían las poblaciones del Valle. El Beato José Gabriel quería que los caminos fueran para todos. Por eso, cuando daba instrucciones para hacer llevadero el cruce de las Sierras Grandes por las mujeres de la ciudad, dejaba bien en claro: “hasta las sirvientas tienen que ir en coche hasta Tanti”, antes de iniciar la travesía a lomo de mula.

Cuando inició la construcción de la Casa de Ejercicios, el San José Gabriel había mandado abrir un hoyo. Entonó una oración y echó una gran piedra. Y tras bendecir esa tierra ahora santa, exclamó: “¡Te fregaste, diablo!

Su trabajo era siempre un codo con codo. Se fatigaba a la par de los humildes jornaleros de los hornos de ladrillo y arrastraba troncos a la cincha de su mula. Cierta vez, la mula se espantó, el Cura rodó por el pedregal y se quebró una pierna. Pero prosiguió trabajando con la pierna entablillada.

Era el rito dignificador de la minga. Cada cual aportaba lo que tenía: dinero, animales de carga, trabajo personal, terreno para edificar. El Cura, arremangada su vieja y desteñida sotana,  abría la marcha con una pila de ladrillos al hombro. Lo seguía todo el pueblo. Jóvenes y niños, mujeres y hombres avanzaban con religiosa unción. Cargaban sus ofrendas: bienes, cuerpos, trabajo, devoción. Era un acto litúrgico, era una procesión.. Y, en palabras de Brochero, “Dios bendijo la obra”.

En 1877, la Casa de Ejercicios quedó inaugurada. Las tandas excedían las setecientas personas. Mujeres y hombres hacían dos o tres días de caminos a pie para cumplir los ejercicios; otros, se disputaban la alegría de participar como servidores.

Brochero fue, además, un incansable impulsor de la educación. Construyó el Colegio del Tránsito con enseñanza gratis para las niñas. Promovía la enseñanza gratuita para varones y niñas en un lugar en que sólo el veinte por ciento podía pagarla. Y para los niños más pobres, los útiles sin cargo.

Aunque era licenciado en filosofía no entraba en discusiones políticas, tampoco acusaba, con voz engolada, de masones a los que no aceptaban las prácticas sociales que imponían el derecho canónico y las disposiciones dogmáticas. Como Jesús, comía con los pecadores y fatigaba los caminos agrestes anunciando a los afligidos y explotados que había llegado el tiempo de vivir. Mientras tanto, se fogueaba en  los Ejercicios,  porque estaba convencido que su misión era salvar almas, confortar a los enfermos, servir a los pobres y humillados, orar, predicar, confesar: tareas de cura. Había entregado a Dios, como dice San Ignacio, toda su libertad, su memoria, su entendimiento, su voluntad, todo su haber y poseer porque todo es del Señor y sólo le bastaba con su amor y su gracia.

Cabalgaba leguas y leguas por sierras y llanos sólo para llevar consuelo y confesión a algún leproso yacente en humilde tapera. Cruzaba milagrosamente ríos crecidos, bordeaba precipicios en las oscuridades y  las tormentas. Por eso, como confiaba en una carta a Juárez Celman, le habían crecido callos en las nalgas que no solo sangraban sino que le producían un increíble dolor.

Pero no aflojaba, caminaba firme en su fe, revestido de una invencible esperanza. Seguía en  “camino del amor” (Ef.5, 2, Jn.14, 6), o sea, en el Amor de Cristo Crucificado, Verbo de Dios, que se hizo carne, “y penetró como hombre en la historia del mundo” (Gaudium Spes, 38).

2.- La minga de Dios

El sistema de trabajo llamado “mink’ay” por los quechuas consistía en alquilar gente al amo para el trabajo. Sin embargo, en el Común criollo colonial el sistema fue evolucionando y ya hacia el siglo XVIII se fue marcando el carácter que perduró hasta nuestros días. La nueva forma pasó a ser una reunión de vecinos y amigos para realizar algún trabajo en común y desinteresadamente.

El tipo de trabajo es de lo más variado y corre desde la siega hasta el techado de la casa en los barrios populares. El sistema supone participación, solidaridad vecinal, sentido amistoso, espontáneo, para afrontar  tanto las adversidades como la fiesta celebratoria del fin de la tarea. Son fiestas comunales de trabajo. Mujeres y hombres trabajan parejo. Muchos  aportan sus herramientas. Todos ayudan y participan. Ya Martín Fierro definió el trabajo de la hierra, que era una minga, no como trabajo sino como “junción” (función, fiesta). Una buena comida, el canto, el baile, es el único premio. La solidaridad convierte de ese modo el trabajo penoso en general regocijo.

El San José Gabriel descubrió la presencia de Dios en la historia de su pueblo y organizó la participación de todos, hombres, mujeres, niños; poderosos a regañadientes y humildes llenos de alegría, mediante el luminoso sistema de la minga.

Todo el Común participaba. La minga de la Casa de Ejercicios, del Colegio de Niñas, del ensanchamiento de caminos, de la construcción de capillas y cementerios, de las tomas de agua, de los preparativos para el trazado del ferrocarril, partía de una profunda fe en la presencia de Dios encarnado en el corazón de los humildes; un Dios  expectante e invisible a la extraversión agresiva de los poderosos.

Pero también una tanda de ejercicios es una minga. Los ejercitantes van llegando con sus ponchos, su porción de azúcar y yerba, su pava. Dormirán en la carona. En las puertas hay braseros de barro. Vienen del bullicio y animación de la plaza; y se sumergirán en un silencio de durará seis días completos. Ellos mismos han levantado la humilde casa de ejercicios de piso de tierra y todavía sin revoque. Han donado animales en una cultura del trueque que Brochero, de impecable administración, va convirtiendo en materiales de construcción, alimento de los trabajadores, acarreo, insumos y herramientas. Esto testimonió San José Gabriel: “Y finalmente, digo que los que habitaban en el Tránsito en 1875, desde siete años arriba me llevaban ladrillos y cal quemada, al pie de la obra, en el hombro o en la cabeza, como lo hacían también las damas y señoritas, que me traían cal cruda, de una legua de distancia, en árganas o alforjas, para que la quemase en hornos que estaban en la plaza, y de diversos puntos me conducían los tirantes a remolque, o cincha de mula, viniendo muchas de estas vigas hasta de 20 leguas; pues a esta fecha, no había yo construido aún el camino carretero en el valle del oeste”. (Acevedo, 1928, 153)

“El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn, 1,14). Es por eso por lo que el Espíritu oculto en la historia, semilla del Verbo, actúa sin cesar en lo secreto del corazón de los pueblos. El Dios Trinitario, comunidad, ha saltado hacia el afuera, se ha injertado en la historia.  Nuestro cuerpo (sarx) es historia, nuestra cultura es la casa del pueblo y lugar de des-ocultamiento del rostro de Dios. Nuestra existencia está llamada a ser acto de amor. Pero no hay amor sin el otro/s. A partir de la entrada salvadora de Dios en la historia nuestro destino se resume en “caminar en el amor” (Ef.5, 2) para la Gloria de Dios (San Ignacio).

Dios ha acampado en nuestra casa para siempre y es nuestro compañero cotidiano. Más todavía, como amor trinitario, es una presencia actuante. Brochero nos enseñó con su ejemplo que sólo desde los re-profundos de nuestra cultura, desde el arraigo y la intemperie, permaneceremos conectados al Espíritu que no deja de respirar en nosotros  porque el amor es una especie de protopalabra y su residencia es la cultura de los pueblos.

BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA

Escritos

Conferencia Episcopal Argentina, 1999, El Cura Brochero. Cartas y Sermones. Introducción, compilación, búsqueda de fuentes, notas y bibliografía de Lic. Liliana de Denaro y Pbro. Dr. Carlos I. Heredia, Buenos Aires.

Biografía

Acevedo, D.J. (recopilador), 1928, El Cura Brochero. 50 años después de su obra en San Alberto, Córdoba, A. Biffignandi

Aznar, Antonio,  1951, El Cura Brochero, Buenos Aires, Paulinas

                         , 1952, Don José Gabriel Brochero y las tradiciones de la Madre Antula, Córdoba, Colegio de Sagrada Familia

                         ,  1956, Los caranchos y el cura Brochero, Buenos Aires, Sebastián Amorrortu

Baronetto, Luis Miguel, 2001, Brochero x Brochero,  Buenos Aires, Ediciones Lohlé-Lumen

Díaz Cornejo, Sor María Nora, 2005, José Gabriel Brochero. Un santo para nuestro tiempo, Buenos Aires, San Pablo

Torres Roggero, Jorge, 2012, El Cura Brochero y su Tiempo. Cultura popular. Santidad. Política, Córdoba, Babel Editorial

Bibliografía complementaria

Barrionuevo Imposti, Víctor, 1953, t. I, Historia del Valle de Traslasierra, Córdoba, Dirección General de Plublicidad de la Universidad Nacional de Córdoba

Bialet-Massé, Juan, 1968, El estado de las clases obreras argentinas a comienzos de siglo, Prólogo y notas de Luis A. Despontin, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba

Cárcano, Miguel Ángel, 1986, Sáenz Peña. La revolución por los comicios, Buenos Aires, Hyspamérica

Castellani, Leonardo, 1999, Cristo y los fariseos, Mendoza, Ediciones Jauja

Denaro, Liliana de, 2006, Los pagos del Venerable Cura Brochero, Córdoba, Ed. de  Autor.

Guevara, Osvaldo, 1997, Diálogos memoriosos con Arturo Cabrera Domínguez, Villa Dolores, Junta Municipal de Historia.

Medina, José Toribio, 1945, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las provincias del Plata, Buenos Aires, Editorial Huarpes

Rodríguez Isleño, Santiago C., 1987, Reseña histórica de la Frontera del Tiyú y de la enigmática Virgen de la Concepción, Instituto Paulino de Cultura y Comunicación, Córdoba