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por Jorge Torres Roggero (Capítulo del libro Tumultos del corazón, Editorial Fundación Ross, Rosario

1.- La resistencia

María Granata fue una de los primeras intelectuales peronistas en descubrir el protagonismo de las mujeres y los jóvenes en el movimiento: “Ellas habían realizado un extraordinario esfuerzo, pero proseguían, a cada paso más transfiguradas, más en carne viva su grito de liberación.” Había escrito el libro Peronismo y Pueblo. Cuando la dictadura del 55 la silenció, sacó unas de las tantas publicaciones clandestinas de la resistencia peronista, LINEA DURA.

Felipe Vallese, obrero metalúrgico y delegado de la fábrica TEA, tenía 22 años. Militaba en el frente juvenil de la resistencia peronista. El 23 de agosto de 1962, junto a un grupo de compañeros, fue secuestrado por una patota de la Unidad Regional de San Martín. La implacable redada incluía a su hermano Italo, Francisco Sánchez, Osvaldo Abdala, Elba de la Peña, Rosa Salas, Mercedes Cerviño de Adaro, Felipe Vallese (h) de 3 años de edad y dos niñas de 8 y 10 años, hijas de una de las detenidas. A Vallese lo indagaban por el militante de la Juventud Peronista Alberto Rearte. “¿Dónde está Rearte?” insistían y era el eco trágico del “¿dónde está Tanco?” de la Operación Masacre de 1956. Felipe Vallese nunca apareció, ni vivo ni muerto. Su cuerpo fue ocultado como el de Eva, “gloriosa y doliente muchacha” (Marechal).

Su mejor  elogio insurge del comunicado policial: “Los detenidos tenían abundante propaganda peronista-comunista, panfletos cuyos títulos decían ‘Contra los préstamos del F.M.I. que atentan contra la soberanía del país’ y ‘No queremos préstamos que engorden a los enemigos del pueblo’. Firmado: Juventud Peronista”.
Felipe Vallese se erige así en paradigma viviente de la resistencia peronista: las consignas políticas que como militante vindicaba, su condición de víctima de desaparición forzada e involuntaria, la impunidad ejercida desde el estado, la aterradora precisión de los testigos de su martirio y la incesante lucha por mantener la memoria del desaparecido. No hay juventud peronista de los 70 sin resistencia peronista y la resistencia fue obra de compañeros anónimos de todas las edades y profesiones. No eran, ciertamente, aprendices de brujos hegelianos operando para sustituir los signos, para des-significar a Perón. La resistencia, por lo tanto, nos sigue interpelando y  peticiona urgente vindicación.

Paco Urondo intuyó la complejidad de los tumultos peronistas y de la historia de nuestro movimiento. Quizás por eso incluyó el caso Vallese en su novela Los pasos previos. Sin saberlo, describió en él a otros miles y a la matriz del tiempo venidero. Rodolfo Walsh la consideró: “Una crónica tierna, capaz que dramática, de las perplejidades de nuestra intelligentzia ante el surgimiento de las primeras luchas populares”. Publicada en 1974, prefiguraba el debate intelectual de los setenta en toda América.
2.- Tumultos de octubre.

1916.- Cuando Yrigoyen descendió la escalinata del Congreso para ocupar la carroza de gala, la muchedumbre arrolló a los agentes de policía que la contenían y rodeó el coche. Fue un momento impresionante. La policía inició el operativo para despejar la calle pero el presidente hizo un gesto y dio orden para que se dejase en libertad a la multitud que, como obedeciendo a una señal convenida, comenzó a manejarse a su antojo. En un instante desenganchó los caballos y comenzó a arrastrar la carroza. Así comenzó el desfile hacia la casa de gobierno. (La Nación, 13/10/16)

1945.“A caballo unos, en bicicleta o en camiones otros, a pie los más, aquella muchedumbre abigarrada reconociéndose en la decisión multitudinaria marchaba (…), fija la mirada colectiva como una gran pupila dilatada, en la imagen del hombre que había hablado el lenguaje del pueblo, y a quien, ese pueblo le devolvía dignidad recuperada con la voluntad de morir por su rescate. Las mujeres descamisadas y fieras, con sus vestidos raídos de colores chillones pegados al cuerpo, rotos los controles de la sumisión femenina, sumergidas en el odio justo, primordial y desenfrenado de la naturaleza exaltada, infundían fe en el corazón de aquella multitud masculina, apretada y furiosa en su silencio, argentina en su clamor nacional, nativa en su potencia histórica, corporizada ahora en las masas sin apellido, porque ellas mismas eran la patria desgarrada, humillada en ese pueblo argentino incógnito y proscripto por la injusticia secular. (…) Ahora aquella multitud cantaba” (J.J. Hernández Arregui)

2010.-“Allí se celebró la vida y no la muerte. La comitiva logró vadear con mucha dificultad y lentitud el río humano que se desbordó a los lados de la ruta desde el aeropuerto. (…) Como hacía en vida, Kirchner se zambulló por última vez en la multitud. (…) Unas pocas vallas cayeron por la presión humana y no faltaron empellones, entre petroleros y albañiles, a ver quién cuidaba mejor a Cristina. Los invitados por la presidenta vieron por televisión en Río Gallegos cuando Cristina hizo detener el auto, bajó y les recriminó a los policías por empujar a los que sólo querían despedirse de Kirchner. No era nuevo su gesto. Durante la campaña electoral también recriminó a un custodio que empujó a un militante que intentó acercarse al helicóptero: “Las elecciones se ganan con votos y no con seguridad. Y los votos se ganan de a uno”.

(H.Verbitsky, Página 12, 31/10/2010)

3.-Los tumultos K.

Volvemos a 1974. En ese año María Granata publicó Los Tumultos. El personaje principal Cenobia (koinos+bios) es la custodia del inestable equilibrio que rige la vida. El tumulto es el punto en que se insertan orden y caos. Sus valencias  desbordan el pensamiento único, urdido, puesto que es la transgresión del límite. A veces “lo que está parece quedarse como muerto pero sólo se está preparando para una resurrección.”

Cenobia reúne en el amor y conduce el tumulto. Es un amor que se impone al egoísmo: “Me desbordé en ellos, en todos” (p.50). El caos engendra. Néstor muerto, como Crisanto en Los Tumultos, “lo que tenía de violento era la dulzura…” Néstor difunto sigue siendo nuestro en su cajón cerrado: “El difunto sigue siendo de uno, el que se va, no”.

CFK, como la Patricia Bell marechaliana, fue la compañera de su vida cotidiana (eros) y de sus actos públicos (epos). Es sujeto individual y sujeto histórico: corajuda fidelidad que no afloja, voluntad no agresiva pero inquebrantable para cumplir el mandato histórico que en ella depositó el pueblo y abanderada de la ética de las posibilidades de la nación. Como Patricia Bell, “si de su corazón dejáramos caer una plomada encontraríamos que su centro de gravedad es el amor militante”(Rapsodia V). CFK es sujeto de un mandato histórico de reconstrucción de las redes invisibles y radiantes que organizan al pueblo. La viuda entra en campaña y se sumerge en la creatividad intrínseca de las masas populares. Ahora su amante-héroe es el pueblo. Admirables por su misterio y por su falta de misterio, los tumultos desplazan el centro que daba sentido a las estructuras hacia el afuera de su juego de relaciones y jerarquizaciones. Fuera del “ruido racional”, de las “disputas teóricas”, de las articulaciones mediáticas, el nuevo centro comienza a hablar otra vez desde la calle, en medio del torbellino, en el grito y la intensidad de los jóvenes. CFK sabe donde estamos los peronistas, desde los tumultos del S. XVIII y de la emancipación: “Somos peronistas, siempre estamos en medio del tumulto. No vamos a cambiar justo ahora” (Página 12, 31/10/2010).Torres Roggero-Tumultos